SÍNDROME DE PILATO 2° Edición





Detectando vicios del discipulado cristiano

“¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte, y que tengo autoridad para crucificarte?”

San Juan 19:10

Permanente evaluación

Una de las cosas que trajo el movimiento de renovación espiritual fue la práctica del discipulado cristiano. Jesús en Mateo capitulo 28: 18 al 20 nos envió a hacer discípulos a todas las naciones enseñándoles que guarden todas las cosas que él nos había mandado. Es imposible negar los beneficios de un acercamiento a un hermano mayor en la fe quien a través de su conocimiento y experiencia nos guíe en este camino. Con el paso del tiempo, se han incorporado distintas formas en la tarea de hacer discípulos algunas más ajustados a las sagradas escrituras que otros.
No obstante, siempre se corre el riesgo de hacer un énfasis erróneo y desmedido de esta práctica y contraer el síndrome de Pilato. 

¿En qué consiste esta enfermedad? 

Prevalece el pensamiento y la actitud de posesión hacia la persona que está a nuestro cuidado. “No sabés que tengo autoridad para soltarte y que tengo autoridad para crucificarte?” Cuando esto ocurre la relación se vuelve insana. De ahí urge la necesidad de repensar nuestra manera de discipular. Puede ser que no estemos en concordancia con lo que nuestro Padre pretende de nosotros. Tenemos que renovar los parámetros y conceptos sobre los cuales funciona esta práctica. La comprensión y la praxis sobre la cual se fundamenta nuestro discipulado deben estar sujetas a una permanente evaluación y re-direccionamiento.

Fascinación y algo de encantamiento.

Fascinar significa atraer, impresionar mucho a una persona o a alguien. Admirar exageradamente. Sugestionar, obnubilar, deslumbrar. Se puede dar el caso extremo y peligroso que se ejerza una influencia sobre una persona a tal punto que ésta llegue a quedar bajo un efecto de “encantamiento” hacia su líder o discipulador, tal vez sin darnos cuenta. Obviamente, nuestra única fascinación debe ser la persona del Señor Jesús, sin perder el respeto por los mayores en la fe.

Con mucha modestia sugiero:

1) Que las coyunturas no se tornen ataduras. “…tengo autoridad para soltarte y tengo autoridad para crucificarte”

2) Que la relación no se convierta en algo enfermizo u obsesivo. “¿A mí no me hablas?”

3) Que el discipulado no llegue a ser una nueva modalidad de esclavitud subyacente, encubierta y psicológica.

4) Que los vínculos no se vuelvan densos sino espiritualmente profundos, que es distinto.

5) Que los obreros del Señor gocen de esa bendita libertad de rever su situación si es que la relación de coyuntura no funciona como es debido o se observa alguna de las cosas antes señaladas. Pablo nos dice: “Estén afirmados en aquella libertad que Cristo Jesús alcanzó para ustedes”  (Versión libre  de Pablo a los Gálatas)

En conclusión  

El Señor Jesús nos invita a una vida de sujeción y estrecha relación, pero en plena libertad. Su carga es ligera y su yugo es fácil. Como alguien dijo acertadamente: “La carga que el Señor nos impone no es demoledora, sus mandamientos no son violentadores, ni  sicopatológicos”
Si anhelamos una iglesia de muchos hijos semejantes a Jesús será necesario tener en cuenta la salud psíquica, emocional y espiritual de los hermanos mediante una relación que sane, que trate, que edifique y actúe de manera vital en la vida en comunidad.

Oscar Gómez



























































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