LA VIDA CRISTIANA NO ES FÁCIL A.W.Tozer

 


Cuando empezamos a ir más adelante en la vida cristiana, y comenzamos a escalar mayores alturas, debemos esperar una mayor oposición y más dificultades en el camino, de parte del enemigo de nuestras almas. Aunque esto rara vez es mencionado a los cristianos como un hecho cierto de la vida, es un hecho muy sólido, como cada cristiano experimentado lo sabe, y uno que debemos aprender a encarar, o tropezar en él para vergüenza nuestra.
Satanás odia al cristiano verdadero por varias razones. Una de ellas es que es amado por Dios, y Satanás odia todo lo que Dios ama. Otra razón es que los cristianos, siendo hijos de Dios, llevan una semejanza del Padre, y de la casa de la fe. El antiguo odio y el viejo celo de Satanás hacia Dios no han cedido en lo más mínimo con el correr del tiempo. Cualquier cosa que le recuerda a Dios, es para él objeto de su maligno odio.
Una tercera razón es que el cristiano es un antiguo esclavo que ha escapado de las galeras, y Satanás no lo puede perdonar por esta afrenta. Una cuarta razón es que la constante oración del cristiano es una seria amenaza para la estabilidad del gobierno de Satanás. El cristiano es un rebelde santo, que está suelto en el mundo y que tiene acceso al trono de Dios. Satanás no sabe de qué dirección le vendrá el peligro. ¿Quién sabe cuándo puede surgir otro Elías, ú otro Daniel, otro Lutero ú otro William Booth? ¿Quién puede predecir cuándo o dónde ha de surgir otro Finney o Moody, para liberar a toda una ciudad, y aun un país entero por la predicación de la Palabra y la oración? Tal peligro es demasiado grande para ser tolerado. Por eso Satán procura desde muy temprano atacar al nuevo converso para prevenir que se le vuelva un enemigo demasiado formidable.
El nuevo convertido se convierte por eso en el blanco favorito de los dardos de fuego del maligno. Satán sabe que la mejor manera de deshacerse de un soldado es destruirlo antes que se haga un hombre. El niño Moisés tiene que ser matado antes que se haga hombre y venga a ser el libertador de una nación. No se le debe permitir al niño Jesús crecer, hasta hacerse hombre y morir en la cruz por los pecados de toda la humanidad. El nuevo cristiano tiene que ser anulado pronto, o por lo menos entorpecido para que no llegue a ser un problema real más tarde.
Yo no creo que Satanás tenga mucho interés en destruir a los cristianos físicamente. El soldado que muere en el campo de batalla, realizando un acto heroico, no es una gran pérdida para el ejército, y puede ser el objeto del orgullo de todo el país. Por otra parte el soldado que no pelea, y huye cuando suena el primer tiro del enemigo es una vergüenza para la familia y una desgracia para su nación. Por eso un cristiano que muere por su fe no es una pérdida irreparable para las fuerzas de la justicia en la tierra y ciertamente no es una victoria del diablo. Pero cuando regimientos enteros de cristianos profesantes son demasiado tímidos para pelear, y demasiado presumidos para avergonzarse, pondrán una sonrisa astringente ante la faz del enemigo, y por cierto que mucho rubor en las mejillas de toda la iglesia de Cristo.
La estrategia maestra del diablo, entonces, no es matar a los cristianos físicamente (aunque hay ciertas situaciones específicas cuando la muerte física entra mejor dentro de sus planes) sino anular nuestra capacidad de combate espiritual. ¡Y cuánto éxito no ha tenido Satanás en esto! El cristiano corriente en nuestros días es algo bastante inofensivo. Dios lo sabe. Es un niño, vistiendo con excesiva conciencia de sí mismo, la armadura del soldado. Es un aguilucho enfermo, que no tiene fuerza en las alas para remontarse. Es un cansado peregrino que, habiendo abandonado la jornada, se sienta a la orilla del camino con una laxa sonrisa, tratando de obtener alguna satisfacción de las flores que ha ido recogiendo por el camino.
Estos ya han sido atrapados. Satanás los agarró temprano. Por medio de falsas enseñanzas, o por medio de una enseñanza inadecuada, o por el gran descorazonamiento que viene de estar en una iglesia apagada, ha tenido éxito en debilitar sus resoluciones, neutralizar sus convicciones y domar el deseo de hacer hazañas. Ahora son poco más que números estadísticos que sostienen económicamente las finanzas de la institución religiosa. Y tantos pastores hay que se contentan con ser los curadores sonrientes de una iglesia llena, o casi llena, de tales vetustas piezas espirituales de museo.
       Si Satanás se opone al nuevo converso, mucho más se opone a aquel que está decidido a 'escalar las mayores alturas espirituales. La vida llena del Espíritu no es, como algunos suponen, una vida llena de paz, serenidad y quietud. Más bien parece lo opuesto.
Vista de cierta manera es un peregrinaje a través de un bosque infestado de bandidos; vista de otro es una amarga lucha continua con Satanás. Siempre hay lucha, y a veces una batalla campal con nuestra propia naturaleza donde las líneas se confunden tanto, que es del todo imposible localizar al enemigo; o decir cuando un impulso es del Espíritu y cuando es de la carne.
Puede haber una completa victoria para nosotros, si tomamos el camino del Cristo triunfante; pero eso no es lo que estamos considerando ahora. Lo que deseo señalar aquí es que, si deseamos desertar de la lucha, no tenemos más que volvernos a la vida cristiana sub-normal como es vista generalmente. Esto es lo que Satán desea. Esto echa por tierra nuestro poder, detiene nuestro crecimiento y nos deja inermes ante el reino de las tinieblas.
La deserción quitaría la presión. Satán no molesta más al hombre que ha abandonado la lucha. Pero el precio que paguemos por abandonar el campo de batalla resultará en una vida de pacífico estancamiento. Los que somos hijos de la eternidad no podemos tolerar tal cosa.





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