ATRAÍDOS HACIA EL TRONO



Cada semana miles de personas son atraídas a los estadios de fútbol y multitud de jóvenes encuentran atracción en lugares non sanctos. Observamos perplejos como los seres humanos son atraídos de muchas maneras y hacia diversas cosas, algunas por cierto muy exóticas. La buena noticia es que Dios ha implantado en el hombre la necesidad de ser atraído hacia su Persona, fue el pecado de Adán que hizo perder la orientación original. Cuando nos convertimos vuelve a ser Dios el objeto buscado y el centro de atracción.

*Una oración:      “Atráeme; en pos de ti correremos”  (Cantares 1:4)
*Una promesa: “Si fuere levantado de la tierra a todos atraeré a mí mismo” (Juan 12:32)
*El cumplimiento de la promesa: “Dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos 17:30/31)
ALGUNOS PENSAMIENTOS
El Espíritu Santo está en nosotros para dirigirnos hacia el Trono.
Ese poder de imantación que surge del Trono solamente lo puede captar el Espíritu Santo, de ahí que los que andan en la carne no se sienten atraídos a Dios, todo lo contrario, lo que viene de El les incomoda y repulsa. La única manera de ser atraídos hacia la misma presencia divina es estando llenos del Espíritu Santo. Es el Espíritu quien clama: “Abba Padre” (Romanos 8:15)
Cuanto más nos acercamos al Trono más conocemos a Dios.
La ignorancia espiritual es señal inequívoca de un alejamiento del Trono de Dios. La carencia de conocimiento es por falta de ese acercamiento. Cuando más busco a Dios más lo conozco, tal como lo expresó un compositor contemporáneo: “Cuanto más te conozco, quiero saber más de ti”. En intimidad con él descubro sus deseos, sus propósitos y también aquello que no le agrada.
El acercamiento al Trono produce santidad.
Cuanto más nos exponemos al sol, el calor  se torna más intenso. Dios es tres veces santo, el resultado de allegarnos a él es nuestra santificación. El trono irradia santidad. Esta fue la experiencia de Isaías en el capítulo 6. El hedonismo, el humanismo, el posmodernismo, todos los “ismos” que han surgido a través del tiempo tienen su fuente en el desconocimiento del Dios Santo. Un vocabulario liviano, una conducta poco clara y una vida sin límites morales evidencian que no se avistó a Dios, pero cuando vemos a una persona santa y temerosa no tengamos dudas que se trata de alguien que está cerca del Trono.
El Trono de Dios no tiene domicilio fijo.
No se trata de un lugar físico, no lo podemos ubicar o localizar geográficamente. Los judíos acostumbraban a adorar en Jerusalén y los samaritanos en el monte Gezirim. Sin embargo Jesús le enseñó a la mujer que no era ni en un lugar u otro. Los verdaderos adoradores iban a adorar al Padre en espíritu y en verdad. Se trata de un trono espiritual colmado de alabanza y de adoración. Allí contemplamos, admiramos y quedamos maravillados ante el Dios Supremo.
Nos acercamos hacia el Trono por medio de la fe.
La ceremonias, liturgias, cultos programados, lugares “sagrados” o sacralizados no son necesarios para acercarnos al Trono, es por fe. (Romanos 5: 1/2). (Hebreos 11:6) Tampoco es necesario prepararnos con algún tipo de ejercicio mental ni posturas corporales o formas determinadas, el requisito es estar rendidos ante el Señor.
Los tratos de Dios en nuestras vidas tienen como objeto conducirnos hacia el Trono.
Las pruebas no tienen por finalidad apagarnos, debilitarnos o apartarnos de Dios; eso es lo que procura Satanás. Por contraste, Dios pretende que las dificultades y las adversidades nos acerquen a Él. Esta no es una lección fácil. Las buenas cosas y las que no lo son tienen que acercarnos a su presencia, pero tengamos cuidado de no entristecernos demasiado. El quebrantamiento de corazón debe ser una circunstancia que me lleve a intimar con Dios.
Aprendamos a dirigirnos al Trono de Dios en cualquier momento del día.
El concepto generalizado es esperar que la iglesia se reúna para acercarnos a Dios expresando nuestra gratitud o nuestras necesidades. No tiene que ser así. Recordemos que fuimos constituidos sacerdotes, debemos ministrar a Dios en todo momento y lugar.
Es tiempo de dirigirnos hacia el Trono.
El viejo hombre nos lleva de continuo a otros objetivos, pero necesitamos conducirnos nuevamente hacia el Trono de la Gracia para encontrar el oportuno socorro (Hebreos 4:16). La tierra mediante la ley de gravedad nos atrae hacia su centro, de la misma manera necesitamos ser llevados una vez más hacia Dios. ¿Hacia dónde te orienta tu G.P.S.? ¿Cuál es tu norte? ¿Hacia dónde colocaste la proa de tu vida?
Nuestra responsabilidad es conducir a otros hacia el Trono de Dios.
“Atráeme; en pos de ti correremos” (Cantares 1:4) Procuremos no ir solos hacia el Trono, llevemos a otros, a nuestros cercanos, a aquellos que quieran acompañarnos. Invitemos a nuestros semejantes. El Trono de Dios es el único lugar seguro. (Salmo 95: 6-7)
Oscar Gómez



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