NO PERDAMOS EL ESPÍRITU AMATEUR Oscar Gómez




Hace unos años un compañero de trabajo estaba pasando por un momento difícil, tenía que ver con interrogantes acerca de la vida y la persona de Dios. Más allá de lo que le pude expresar, en virtud de su estado crítico le sugerí que entreviste a un pastor que lo aconsejara encargándome de pedir un turno para que sea atendido. Siendo Félix un profesional, me respondió que le gustaría compartir un tiempo informal con el pastor, fuera de todo ámbito de oficina o separados por un escritorio. Traté de interpretar sus dichos y pude ver que carecían de orgullo o petulancia, me dí cuenta que necesitaba un diálogo de igual a igual, cara a cara, con alguien encaminado en la vida que conociera a Dios, una charla de amigos, como punto de partida para salir adelante. En otras palabras, Félix quería compartir un rato con un hombre de Dios que tuviera espíritu amateur.
Amateur significa aficionado, no profesional. El que tiene una vida profunda con espíritu amateur ha decidido abandonar los protocolos propios del ministro ordenado para servir mejor a sus semejantes. No es el típico dirigente que cree equivocadamente que su cargo lo ha sobreelevado del común de las personas o que su palabra es ley inapelable.
Tener espíritu amateur en el reino de Dios es tener la actitud de un principiante, que no se arroga nada, que vive tratando de aprender todo como un niño, que se conmueve ante la palabra de Dios, que todavía sus entrañas se estremecen frente a la necesidad, al ver la miseria humana o al sentir resonar en su alma el mensaje del profeta genuino.
Es un cristiano que está al alcance de todos, que no tiene inconveniente en compartir las verdades del reino en una mesa, en un bar, en una casa pobre, en una plaza, sentado en el cordón de una vereda o haciendo algún deporte colectivo. El que tiene espíritu amateur influirá en su medio y llevará mucho fruto al no levantar las barreras del legalismo que toma distancia de la gente.
Seamos accesibles a todos como lo fue Jesús por más responsabilidades que tengamos en el servicio cristiano. En realidad, lo único que le importa al Señor son las personas, él puso eternidad en ellas. Son el objeto de su amor y redención.


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