BREVE HISTORIA DE NUESTRA COMUNIDAD


 
(Hugo De Francesco a la izquierda y Víctor Rodríguez a la derecha)

La comunidad cristiana de Rosario se remonta al año 1967 cuando el pastor Ernesto Boubilá reunió un pequeño grupo de personas después de recibir el bautismo en el Espíritu Santo, en su mayoría jóvenes quienes mediante  un fuerte énfasis en la predicación en las calles, escuelas, universidades y su entorno familiar, ganaron nuevos conversos. La iglesia se congregó en distintos sitios del macrocentro, entre ellos la sociedad polonesa de calle San Nicolás al 500, el ex sindicato de carniceros ubicado en Balcarce casi esquina Rioja, luego –por poco tiempo- en la sala Luz y Fuerza de Paraguay al 1100.


(Néstor y Gaby Scansetti a la iquierda)


La iglesia seguía creciendo y el Señor añadía los que habían de ser salvos. Al pasar el tiempo había mayor claridad acerca del discipulado, los grupos caseros, el orden para la familia y la extensión del reino de Dios, no sin problemas y conflictos. De allí nos trasladamos a las instalaciones cedidas gentilmente por la Municipalidad local sobre la Avenida Belgrano, al pié del Monumento Nacional a la Bandera. Por esos años experimentamos un crecimiento cuantitativo y cualitativo siendo su principal detonante la Campaña con el evangelista Carlos Annacondia llevada a cabo en octubre de 1985 y organizada por el incipiente Consejo de Pastores de la ciudad.


(Claudio Lancioni con guitarra en mano)

El clima de expansión era notable y nuevos pastores fueron reconocidos. Por la generosidad de los hermanos y la excelente administración de Vicente De Francesco junto con otros varones responsables, se logró adquirir el terreno de Calle Santiago 55 bis, donde se construyó el salón que actualmente utilizamos y fuera inaugurado en el año 1991. El proyecto consistía en un lugar polifuncional para las distintas actividades con niños, jóvenes, adolescentes y toda la iglesia.


Nuestra congregación cuenta con once pastores que componen un presbiterio netamente plural. En el marco general somos parte del movimiento de restauración y renovación que trajo el Espíritu Santo en nuestro país a comienzos de 1960. De restauración porque algunas verdades de la Palabra de Dios, olvidadas o adormecidas en el tiempo, fueron otra vez iluminadas. De renovación porque produjo una nueva frescura en la comunión y en las expresiones de amor entre los santos. También fue un punto vital la restauración del propósito eterno de Dios, entre muchas preciosas verdades descubiertas.




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