PARTICIPANTES DE CRISTO


Cristo no es solo la cabeza, sino también el cuerpo. Así que, al ser miembros de su cuerpo, llegamos a ser parte de mismo, somos uno con él.
Cristo es la vid verdadera y nosotros las ramas (Juan 15:5) La vid no consiste solo del tronco; también comprende las ramas. La vid es la totalidad, las ramas una parte de esa totalidad También nosotros somos parte de Cristo mismo, «la plenitud de aquel que lo llena todo por completo » (Efesios 1:23).
La expresión usada con más frecuencia para indicar nuestra unión con Cristo es «en Cristo». Aparece muchísimas veces en el Nuevo Testamento, especialmente en las epístolas de Pablo. Revela cuán estrecha y firmemente Dios nos ha unido a Cristo. Nos ha hecho una sola cosa con él. Este es el punto dular del kerigma de la edificación.
En virtud de nuestra unión con Cristo somos miembros los unos de los otros.

Porque somos todos miembros de un mismo cuerpo"
                                                             Efesios 4:25

"También nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está unido a todos los demás"
                                                              Romanos 12:5

Nuestra participación en la vida de Cristo nos ubica una relación orgánica con su cuerpo. No podemos participar de Cristo sin participar a la vez con otros que están unidos a Él. Nuestra unión con Cristo incluye la unión con todos los están unidos a él. Al ser uno con Cristo, también somos con los hermanos. 
El vínculo que nos une unos, con otros es espiritual (2° Corintios 5:16; Efesios 4:3). Es a la vez trascendente y eterno (Efesios 3:15). Se trata de la relación más importante que podemos tener en la tierra.
Todo otro vínculo es temporal, pero con nuestros hermanos en Cristo seremos uno por toda la eternidad. Cristo logró esta unidad por el sacrificio de sí mismo, por su muerte y resurrección. El creó en sí mismo una nueva humanidad, un solo pueblo (Efesios 2:14-15).
En Juan 17:20-23, Cristo ruega al Padre que los suyos sean unidos. Pide por una unidad perfecta, visible y manifiesta ante el mundo. Dios ya está respondiendo a la oración de su Hijo y continuará haciéndolo.
Debemos tener la mente de Cristo y vernos unos a otros como él nos ve: miembros de Cristo, todos uno con él y, por lo tanto, miembros los unos de los otros y uno con nuestros hermanos.
Somos hermanos. Somos hijos del mismo Padre (Juan 1:12-13; 1 Juan 3:1; Romanos 8:16-17; Gálatas 3:25-26; 4:4-7; 2 Corintios 6:18; Efesios 1:5).
Al nacer de nuevo somos engendrados por Dios, de modo que venimos a ser hijos de Dios. Dios nos adopta como hijos suyos por la fe en Cristo Jesús. Envía a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo. Nos enseña a orar invocándole como «Padre nuestro». ¡Aleluya! Somos hijos de Dios. Dios es nuestro Padre eterno.


Entradas populares de este blog

LOS MONTES EN LA BIBLIA- OSCAR GÓMEZ

EL SIGNIFICADO DE LOS BARCOS EN LA BIBLIA Oscar Gómez

9 BENEFICIOS DEL ESPÍRITU SANTO- OSCAR GÓMEZ