jueves, 17 de septiembre de 2015

LA OBRA DEL ESPÍRITU SANTO EN EL DISCÍPULO Jorge Himitian



Jesús se dedicó a formar doce discípulos: fue el maestro ideal, el ejemplo perfecto. Les dio toda la información y la formación debida. Pero el Señor sabía muy bien que había un tercer factor indispensable para que los doce alcanzaran la madurez: la transformación.

Informar y formar son indispensables, pero no suficientes. Para llegar a ser discípulos fieles a la voluntad de Dios: para crecer y ser con formados a la imagen de Cristo es indispensable la transformación. Los doce discípulos, después de haber recibido toda la enseñanza y la información de labios del más excelente maestro de toda la historia humana, y de haber sido formados por el más glorioso discipulador que jamás haya existido, se peleaban entre ellos disintiendo sobre quién sería el mayor, evidenciando ambición y carnalidad.

Ninguno de ellos tuvo la humildad de lavar los pies a sus condiscípulos. Pedro negó al Señor tres veces y maldijo al declarar no conocerlo. Todos abandonaron a Cristo y huyeron por cobardía. Judas lo entregó por treinta piezas de plata. ¡Qué final después de tres años de formación y discipulado! ¡Cuánto motivo tendría Jesús para sentirse desanimado y fracasado!

Sin embargo, el Señor no se alarmó ni se desanimó. ¿Por qué? Él sabía que había un tercer factor indispensable que aún no había entrado en el cuadro: la transformación de sus discípulos por el poder del Espíritu Santo.

Por eso, al finalizar su ministerio les habló tanto acerca del Espíritu Santo. Les insistió sobre la necesidad de esperar en Jerusalén hasta ser llenos del Espíritu y recibir el poder que transformaría sus vidas.

En una visión simplista, podríamos decir que no son necesarias ni la información o enseñanza, ni la relación personal del discipulado, sino solo experimentar la llenura y el poder transformador del Espíritu Santo. Pero Jesús no subestimó ninguno de los tres elementos, pues nuestro crecimiento espiritual se dará únicamente por la presencia de los tres como factores concurrentes.





A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...