LA DIMENSIÓN DEL ESPÍRITU Jorge Himitian


                                 Jorge y Silvia Himitian

La recuperación de nuestra facultad espiritual

Jesús vino al mundo para rescatar al hombre muerto espiritualmente en sus pecados. Por eso habló de la necesidad de un nuevo nacimiento. Al nacer de nuevo, el hombre recupera su facultad espiritual. Jesús le dijo a Nicodemo: «El que no naciere de nuevo no puede VER el reino de Dios» (Juan 3.3). El reino de Dios pertenece al ámbito espiritual, celestial, y el que no nace de nuevo no lo puede ver, no lo puede percibir. Es como pedirle a alguien que no tiene el sentido del olfato que huela el perfume de una flor. Es como pedirle a un sordo que escuche un concierto. Es como pedirle a un ciego que contemple un paisaje maravilloso.

Para ver el mundo espiritual es necesario nacer del agua y del Espíritu. Arrepentirse, aceptar a Jesús como Señor, bautizarse y recibir el bautismo del Espíritu Santo. El hablar en lenguas es la primera manifestación, la iniciación de una experiencia sobrenatural. Sobrenatural quiere decir más allá de lo natural, de lo físico y de lo intelectual. Las dos primeras manifestaciones en esta esfera son el hablar en lenguas y el oír en nuestro espíritu la voz de Dios.

El Espíritu Santo viene para introducirnos a esta dimensión espiritual. Nos da una nueva Biblia (aunque sea la misma). Nos revela la Palabra, nos inspira, nos ayuda a ver lo que está escrito. Nos revela a Cristo en la Palabra, nos lleva a la comunión con el Padre, nos introduce al ámbito celestial, inspira nuestra adoración, nos da nuevas canciones para Dios.

El Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que  somos hijos de Dios. Nos habla, anima, consuela, fortalece. Nos da alegría, paz, amor, palabras de ánimo para otros. Nos transmite valor para ser testigos de Cristo, unción y autoridad para predicar, fe para echar fuera demonios y sanar a los enfermos. Nos da poder para vivir en santidad. Y nos transforma día tras día a la imagen de Jesús. 

En 1 Corintios 12, Pablo, al instruir sobre las manifestaciones del Espíritu de carácter sobrenatural, menciona nueve dones: palabra de sabiduría, palabra de ciencia, fe, dones de sanidades, el hacer milagros, profecía, discernimiento de espíritus, diversos géneros de lenguas, e interpretación de lenguas. Son operaciones sobrenaturales que suceden desde el ámbito espiritual y producen un efecto tanto sobre lo material y físico como sobre lo espiritual.

La llave que acciona nuestra facultad espiritual

Sabemos usar nuestra mente. Sabemos usar nuestro cuerpo y nuestros cinco sentidos. Pero, ¿cómo usar nuestro espíritu? ¿De qué modo podemos usar nuestra facultad espiritual?  La clave es la fe.

La fe es lo que acciona nuestra facultad espiritual.
La fe no es una facultad de la mente sino del espíritu. La Biblia dice: «Con el corazón se cree» (Romanos 10.10).
La fe es un don y un fruto del Espíritu. Es un regalo de Dios.
¿Cómo nos llega ese regalo? Por la Palabra. «La fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Dios» (Romanos 10.17).
La fe es una substancia espiritual producida en nosotros por el Espíritu Santo cuando oímos la palabra de Dios y la recibimos. La Palabra es el estímulo; la fe es la respuesta a ese estímulo.

Hebreos 11.1 dice: «Es, pues, la fe la certeza (hipostasis= substancia) de lo que se espera, la convicción  de lo que no se ve».
Fe es ver al Invisible. Fe es ver lo invisible. Fe es ver la gloria de Dios en el firmamento, en cada flor, en cada árbol, en cada criatura que nace, en cada pollito que rompe el cascarón.

Fe es ver lo que la Palabra declara como hechos reales; más reales aun que el mundo material que contemplan nuestros ojos físicos. Fe es ver el reino de Dios, ver su trono, ver al que está sentado en el trono.

Fe es creerle a Dios. Es creer lo que Dios dice. Es creerle más a Dios que a nuestros cinco sentidos o a nuestra razón. Nuestros sentidos pueden engañarnos; también nuestros razonamientos. Más aun nuestros sentimientos. Pero Dios, jamás.

Fe es ver con los ojos del espíritu, ver al viejo hombre crucificado con Cristo, verme a mí mismo como una nueva criatura, verme con Cristo, sentado en lugares celestiales.

Europa se secó y murió por poner el intelectualismo por encima de la fe. Por poner como condición entender para creer. Cuando la realidad es inversa: creer lo que Dios dice para entender lo que Dios dice. Por eso la mayoría de los teólogos están muertos espiritualmente.  Muchos que tienen vocación ministerial van a los seminarios (mejor dicho, a los «cementerios») y allí con tanto intelectualismo terminan matándoles la fe. 

(Tomado del mensaje "Europa Vive" compartido por el autor en Roma Italia año 2015)

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