FORMACIÓN DE VIDAS Ángel Negro

             

 



Todos venimos de una manera errónea de vivir, equivocada, vana, sin sentido. El apóstol Pedro dice: "Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cuál recibisteis de vuestros padres", 1º P. 1.18. Y el apóstol Pablo nos recuerda "Entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás", Ef. 2.3. 


Por nuestra naturaleza pecaminosa, hemos adquirido una manera de pensar y actuar contraria a la voluntad de Dios. La manera de vivir de cada persona está conformada por: 


* El modo de pensar: la escala de valores. 

* La actitud: las intenciones del corazón. 

* La conducta: el trato con el prójimo y con los bienes ajenos y propios. 

* La actuación: lo que hacemos y decimos. 

* El estilo de vida: los gustos, las costumbres y los criterios. 

* Los rasgos del carácter, buenos o malos. 

* La personalidad: aquello que es muy propio de cada uno. 


Todo este conjunto conforma la manera de vivir de cada uno y hace de él lo que es. Por consiguiente, somos conocidos no sólo por nuestros rasgos físicos, sino por estos otros elementos que conforman nuestra persona. Todos estos rasgos de carácter, costumbres, criterios, conducta, etc. los heredamos genéticamente y adquirimos de nuestra familia, contexto social y situaciones de la vida. Éste es el bagaje que uno trae cuando viene al Señor. 


No podemos decir que todo es malo, sino que el eje central sobre el que gira la persona es incorrecto, ya que sus motivaciones no tienen como centro la voluntad de Dios. Su conducta es egocéntrica. Cuando una persona se convierte se produce un cambio notable en su vida. Al ser quitada la culpa por la obra de la cruz, su conciencia se alivia porque se ha desembarazado del peso del pecado que la agobiaba. Se siente feliz, tiene paz y el gozo del Señor brilla en su rostro. 


Al reconocer a Jesucristo como el Señor de su vida, se libra de una vida egocéntrica y ahora la motivación de sus acciones es otra. Aunque nadie le haya enseñado, su conciencia le da testimonio de las cosas que están mal. Si engañaba a su esposa, ya no lo quiere hacer, por el contrario, la trata con más cariño. Si miente, se siente reprendido en su interior. No obstante, hay muchas cosas que no sabe y por eso tiene que ser instruido. Es cierto que trata con más cariño a su esposa, pero no sabe que tiene que amarla como Cristo amó a la iglesia, Ef. 5.25. No sabe que su amor por ella ha de ser sacrificial. Que debe darlo todo para hacerla feliz. Desde que esa mujer se convirtió, respeta más a su marido, aunque ignora que debe estar sujeta a él como al Señor, Ef. 5.22. 


Cuando aquel joven se convirtió comenzó a querer más a sus padres, y está bien, pero necesita ser instruido con el mandamiento de Dios que dice: " Honra a tu padre y a tu madre para que te vaya bien y seas de larga vida sobre la tierra ", Dt. 5.16. Y hay muchas cosas más que desconoce, por lo que tiene que ser enseñado. 


Jesús dijo: "Id y haced discípulos a todas las naciones... ENSEÑÁNDOLES que guarden todas las cosas que os he mandado", Mt. 28.19-20. Constantemente el apóstol exhorta a los líderes o a los más crecidos en la iglesia a que enseñen. No hay crecimiento ni desarrollo sin enseñanza. Además, la persona trae hábitos, conceptos y vicios de carácter contrarios al espíritu de Cristo, por lo que necesita recibir la enseñanza de la Palabra y la orientación práctica de cómo modificar su conducta de vida. Toda persona merece ser enseñada. 


                      Toda persona merece ser ayudada.                                            

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