EL PELIGRO DE LAS SIMILITUDES Por Simon Desjardins

                 


Los colores pueden confundir una sustancia por otra parecida induciéndonos al error pues pensamos que es original. Esto ocurre regularmente con los componentes de una comida, luego de degustarla nos enteramos que no contenía lo que creíamos. Esta similitud puede ser peligrosa o inofensiva.
Los incidentes que resultan de similitudes oscilan de la diversión a la frustración, produciendo risa o desastre. No es de extrañar que Dios nos exhorta a no apoyarnos en nuestra propia prudencia (Prov.3:5).Porque si Jacob utilizó una falsificación para engañar a Isaac, y Tamar engañó a Judá por medio de la apariencia, el diablo puede conseguir engañarnos magistralmente a menos que actúe el discernimiento que proviene de Dios.

Supuestos Destructivos


De todos los engaños que causan las similitudes, el autoengaño es el más popular. Hacer que otros crean que somos lo que no somos actuando de una manera sugestiva es pecado; pero lo peor es creer lo que no somos, y más aún, nos comportamos como los que son de verdad. Esto es más destructivo que la polilla y la herrumbre combinado. Si alguien piensa que es intocable manteniendo distancia y estando más alto que el resto sufre del virus de los fariseos, que generalmente se enquista en la forma de pensar y se traslada a la manera de vivir. Una vez que incubó este virus cae en el autoengaño.
En Isaías capítulo cinco Dios compara a Israel con un viñedo que Él había plantado en una ladera fértil. El suelo se había preparado, plantado de vides escogidas, y una torre construida en medio de ella como un símbolo de la vigilancia de Dios sobre él. Por fin, se hizo un lagar. Como leemos en el final del versículo dos, Él espera que la viña produzca buenas uvas, pero dio uvas silvestres.
Leemos en el capítulo 15 del evangelio de Juan que Dios espera que llevemos fruto. Pero, ¿Qué tipo de fruto? En Lucas 6:44 está escrito: "No se recogen uvas de las zarzas" Por lo tanto podemos concluir que mientras produzcamos uvas genuinas todo está bien. Pero Dios dice que no es así de simple. Y no es tan simple porque hay uvas y uvas. No todos los frutos procedentes de una misma vid son ricos y agradables. En Isaías capítulo cinco encontramos las similitudes entre uvas silvestres y buenas uvas. Y aquí, sin duda, las semejanzas son muy engañosas.
Lo mismo sucede en nuestras comunidades. Son numerosas y muy sutiles las similitudes entre lo auténtico y lo que no lo es, puede ser confundido al punto de la desorientación. Dos creyentes pueden ir a la misma iglesia, cantar los mismos himnos, elevar las mismas oraciones, poner dinero en el mismo saco o bautizarse en las mismas aguas. Estas semejanzas nos pueden engañar, sin embargo no generan ningún problema para Dios, El conoce a cada uno. Sabe distinguir un corazón bueno de uno que no lo es.

Las uvas salvajes y buenas uvas


Las uvas silvestres y buenas uvas son iguales a la vista. No es de extrañar que el profeta Isaías afirma que Jesús no iba a juzgar por la vista ni por lo que oigan sus oídos (Isaías 11: 3). Los fariseos parecían justos exteriormente, pero estaban llenos de inmundicia por dentro (Mateo 23:27). En consecuencia, la percepción visual es importante pero no puede funcionar adecuadamente sin otros medios de discernimiento. Y puesto que la realidad es tanto material como espiritual, es necesario el discernimiento espiritual para distinguir una realidad de otra. (1° Corintios 2:14).
La diferencia fundamental entre las uvas silvestres y las buenas uvas tiene que ver con el gusto. Una es agria, la otra dulce. La primera procede de la naturaleza, la última del cuidado del labrador. Mientras que la primera creció en libertad indomable, la segunda maduró en sujeción, bajo la mano misericordiosa de la gracia de Dios y el trabajo de los viñadores. De ahí que una es agradable a Dios, la otra no.
Escuche lo que Dios dice acerca de su viña: "Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá son su agradable planta. Miró por la justicia, pero he aquí opresión; por justicia, y he aquí, un grito de ayuda "(Isaías 5: 7).
Ahora podría afirmarse que, si bien existen similitudes entre las buenas uvas y las uvas silvestres, no hay tales semejanzas entre la justicia y la opresión, o la justicia y un grito de ayuda (por causa de la tiranía, véase Santiago 5: 4). Sin embargo, Dios sostiene que el camuflaje religioso es tan penetrante y eficiente que la opresión y la tiranía se pueden confundir con la justicia.
En Isaías 5: 7 justicia y rectitud representan buenas uvas mientras que la opresión y la tiranía representan uvas silvestres. En hebreo hay una asombrosa similitud en estas palabras. La palabra traducida como "justicia" es מִשְׁפָּט mishpat, y la palabra traducida como "opresión" es מִשְׂפָּח mispach. Ambos términos son muy similares pero su significado es muy diferente. Otra acepción de “justicia” es  צְדָקָה tsedaqah,  y grito צְעָקָה tsa`aqah. El parecido es sorprendente.
Lecciones que podemos aprender. 
1°- Es posible que una persona se engañe a sí misma justificando algo mal, creyendo lo que no es o canonizando una práctica pecaminosa. 
2°- Otro efecto de tales maquillajes es hacer creer que un cristiano es mejor que un pagano pero tiene el sabor de una manzana podrida.

3°-  Lo triste de todo esto es que en la actualidad poco se puede hacer para erradicar el engaño. Nos guste o no, la cizaña y el grano de trigo están en el mismo campo (Mateo 13:29); las ovejas y las cabras en el mismo reducto (Mateo 25:32). 

4°- Nos corresponde no dejarnos engañar por el maquillaje religioso o la coloración evangélica. Comamos mantequilla y miel para que podamos ser capaces de discernir entre lo que es de Dios y lo que no es. (Isaías 7:15)

Todo lo considerado, que se reduce en esto: "El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá ..." (Juan 7: 17).
¿Qué pasa con aquellos que carecen de este discernimiento? Los verás un día lluvioso tomar una sombrilla en vez de un paraguas o aceptar una falsa doctrina pensando que viene de Dios. En cuanto a los que conocen mejor, la vigilancia es imprescindible. La historia de Josué y los gabaonitas nos enseña a no guiarnos por lo que ven nuestros ojos u oyen nuestros oídos (Josué 9:3-15). Que Dios nos ayude a aprender de Él para que evitemos trampas similares.

 

 

 

 

 

 


 

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