sábado, 26 de septiembre de 2015

EL GIMNASIO DE DIOS 2° Edición Víctor Rodríguez



Competencia. ¡Que palabra! ¿Verdad? ¡Qué actual! Hoy todos compiten.
¡Qué extraordinaria competencia fueron los juegos olímpicos! He admirado el punto de preparación que tenían los atletas; algunos venían entrenándose desde la niñez. Para batir nuevos récords la dedicación tuvo que ser sumamente intensa.
Lo que más me impacta es que la participación es de pocos minutos o, en algunos casos, sólo segundos. Años de preparación, varias horas por día, todo para una competencia que se define en un tiempo mínimo, aparentemente desproporcional al periodo de adiestramiento.
También, el obstinado diablo compite con Dios. La estrategia que usó al principio con Eva y sus descendientes le dio algunos resultados, hasta que Jesucristo lo derrotó definitivamente, y hoy nosotros somos vencedores por medio de él.

LA PERSISTENCIA SATANICA

Hubo un atleta espiritual preparado por Dios: David. Satanás también entrenó a su pupilo: Goliat. Estaba en juego si los israelitas serían esclavos de los filisteos, o si éstos serían tributarios del pueblo de Israel (ver 1ra Samuel 17:9). Ciertamente, la estrategia satánica a través de Goliat fue efectiva. Este campeón de los filisteos descendía hasta el campamento israelita y desafiaba a cualquiera que quisiera luchar contra él. El gigante era impresionante, hombre diestro para la guerra, casi de tres metros de altura, con una especie de armadura de sesenta kilogramos de peso, armado de una lanza con una punta que pesaba unos siete kilos.
Durante cuarenta días estuvo desafiando al ejército de Israel. Lo hacía a la mañana y a la tarde; lo veían dos veces al día, en total ochenta veces. Aquí podemos aprender algunas lecciones de valor espiritual.
Así como los israelitas se debilitaban más y más ante cada aparición de Goliat, también los hijos de Dios se debilitan cuando permanecen frente a la tentación constantemente, o ante situaciones difíciles en el hogar, el medio ambiente agresivo, el apremio económico, día a día, hora tras hora, minuto a minuto, siendo bombardeados por la radio, la televisión, los diarios, los compañeros, etc. El estar constantemente frente a los problemas hace que éstos tomen un tamaño gigantesco.
El ejército  de Israel veía a Goliat dos veces al día y escuchaba sus provocaciones e insultos que los humillaba. A la noche, ¿con quién les parece que soñaban pesadillas? ¡Con Goliat! Cualquier ruido extraño ya creían que era el gigante contra ellos. Estaban nerviosos, se acusaban unos a otros; cada vez se veían más acobardados. Algunos ya veían a Goliat como de cuatro o cinco metros, tremendamente fiero e invencible. La persistencia satánica de presentarse ante nosotros con sus provocaciones hace que veamos las situaciones difíciles, imposibles de solucionar y sufrimos hasta desmayar, damos lugar a la queja, permitimos la rabia, y todo habla de nuestra impotencia.
Por otro lado, Goliat frente al pueblo de Israel, al no encontrar a nadie que lo frenase, que reaccionara, se agrandó más. Cuando no nos defendemos ante la primera provocación y nos quedamos tímidos, mirando cómo crece el problema, la segunda y la tercera vez son peores. Cuando alguien cedió a un pecado, sea lo que fuere, es probable que siga cediendo.

LA PREPARACION DE UN CAMPEON

Dios tenía una sorpresa para los filisteos, para Goliat y para los mismos israelitas. Hacía un tiempo que venía preparando a su nuevo campeón, casi un desconocido para todos. Hacía tiempo que se había dedicado a él, desde su embrión (Salmo 139: 16). David pasó mucho tiempo a solas en el “gimnasio” de Dios. Allí practicó con la alabanza, con la contemplación, con la meditación, con el clamor, con el alegrarse en Dios, con aclamarlo. Esto último se ve que fue tan útil para él que dijo: “Bienaventurado el pueblo que sabe aclamarte………..porque tú eres la gloria de su potencia y por tu buena voluntad acrecentarás nuestro poder” (Salmo 89: 15-18). Fue en la soledad donde conoció y admiró a su Señor y “entrenador” que le enseñó sus secretos: tantos que David dijo: “¡Cuán preciosos me son, oh dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos! Si los enumero se multiplican más que la arena” (Salmo 139: 17, 18).
Fue en la soledad donde Dios lo concientizó de su rival, tanto que llegó a preguntar: “¿No odio, oh Jehová, a los que te aborrecen, y me enardezco contra tus enemigos?” (Salmo 139: 21,22). Fue en la soledad con Dios que le vio como el castillo fuerte, el escudo a su alrededor, como el varón de guerra, su roca, su ayudador. En la soledad con Dios lo vio como el que reina “y se vistió de magnificencia, se ciñó de poder” (Salmo 93: 1); lo vio en su trono estable por los siglos. Fue también en esa soledad que como buen entrenador, el Señor le hizo practicar no con muñecos sino con los más poderosos del reino animal, con osos y leones. Era tal el entrenamiento que tenía que matar a los leones tomando el arma de ellos más temible (a saber, la quijada). Lo mismo hizo después con el gigante: tomó su misma espada y le cortó la cabeza.
Mentalizado así, David contemplaba cómo Goliat se pavoneaba intimidando al ejército de Israel día a día terminando con la resistencia de éstos, a tal punto que al ver al gigante, “huían de su presencia y tenían gran temor”.
¡Cuántos de los que están leyendo esto están pretendiendo ganar alguna batalla sin entrenamiento! Les doy la dirección del “gimnasio” de Dios: Mateo 6: 6. Hay un cartel que lo distingue: “Cámara secreta de oración”. Allí serás atendido personalmente por el dueño, ¡Aleluya! Muchos entusiastas han pasado por allí que luego han desertado; pero los que quedaron son los campeones de Dios. Te animo a que te unas a la compañía de vencedores, esos que no hacen más que vencer por medio de Aquél que nos amó.

EL DIABLO: SIN POSIBILIDADES

Volvamos a la escena de Goliat provocando y blasfemando contra Dios y su pueblo, pero entendiendo porqué David reaccionó de la manera que lo hizo. Mucho del tiempo ocupado por el pueblo en mirar y escuchar a Goliat, David había estado a solas con Dios. Esto trajo como consecuencia que no le impresionara ni la estatura ni el armamento del gigante, pues venía impresionado de la presencia de Dios. El producto era una fe que no admitía derrota. Había un solo criterio: Goliat no tenía ninguna posibilidad de triunfo. Esa seguridad se consigue en la cámara secreta de oración.
¿Le has dado alguna vez una posibilidad al diablo para que gane alguna batalla? Cuando escucho hablar más del diablo que del Señor Jesús, pienso que es probable que se le estén dando posibilidades gratuitamente. Aunque con otros no escucho hablar de ninguno de los dos; esto es peor.

¿QUE VES CUANDO ORAS?

Como producto de este adiestramiento en lo secreto, David veía a ese débil grupo de personas que eran soldados de Saúl _vapuleados, humillados, vencidos_ no como el ejército de Israel, sino como “los escuadrones del Dios viviente” (1ra Samuel 17: 26).
Mira a tus hermanos. ¿Qué ves? Aquel es un quejoso, el otro un irresponsable. Al estar en la cámara secreta verás lo que Dios ve: ese grupo de personas con que te encuentras semana a semana es el Cuerpo de Cristo, la Familia de Dios, el Templo del Dios vivo, la Nación Santa. Son los escuadrones del Dios viviente. Son aquellos contra quienes “las puertas del infierno no prevalecerán” (Mateo 16: 18). Esas puertas no podrán detener su avance; al paso de este ejército son derribadas.

Una buena prueba para saber si hemos orado suficiente y correctamente es lo que vemos cuando miramos la iglesia. Si todavía estamos viendo sus fallas y carencias, no argumentamos más; nos falta entrenamiento en el gimnasio de Dios.

¿IMPOSIBLE?

David traía y tenía una identidad clara. La había adquirido en el secreto con Dios. El pueblo de Israel había olvidado quienes eran. Si alguien les gritaba “¡Reino de sacerdotes y gente santa!”, estoy seguro que nadie se daba vuelta. Quiero que sepas que serás convencido por aquel o aquellos a que estés expuesto. Algunos sólo pueden hablar de programas de televisión o partidos de fútbol. Los israelitas habían estado tanto tiempo expuestos a Goliat que hasta ¡lo veían en la sopa! Consideraron ridículo a David y lo juzgaron de orgulloso, Su hermano Eliab, el mayor, le dijo: “Yo conozco de tu soberbia y la malicia de tu corazón” (v. 28).
Goliat está convenciendo a tantos que para Dios muchas cosas son imposibles, que por allí alguien viene de un entrenamiento intensivo en la cámara secreta y decimos que es presuntuoso, y tratamos de equilibrarlo. Alguien dijo con respecto a otro: “Cómo no sabía que era imposible, lo hizo”. Esto le ocurrió a David. Él no sabía que era difícil ni imposible vencer al gigante; por el contrario lo veía fácil. Esto se lo había enseñado Dios en su cámara.
La fe que se produce en oración y tiempo con el Señor es una fe destrabada y ágil para definir lo que ocurrirá en la crisis. Tiene una capacidad de reacción que asombra. La cordura de David se debía a su capacidad para reaccionar como Dios lo haría en el momento crítico.

RECURSOS DE SOBRA

Cuando alguien ha pasado tiempo con el Señor, todas las cosas las compara con Dios mismo. El que no lo hace, todas las cosas las compara consigo mismo y sus recursos. El ejército de Israel estaba admirado de Goliat; lo llamaban “paladín”, un campeón. Hay hermanos metidos en situaciones difíciles que las admiran, hasta lloran al pensar en lo difíciles que son. Piensan en ellas; no duermen; tienen úlceras y las recuerdan todo el tiempo. Aquí venía David después de estar con su “mánager”. ¡Comparó a Goliat con Dios! Le advirtió: “Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado” (v. 45).
Dios había desarrollado en David una fe con la que podía pensar en las cosas muy grandes de Dios. A los que no concurren a la cámara secreta no les es permitido ni admitir que puedan ser reales.
Como ya sabemos, David venció a Goliat, pero casi, eso no es lo más importante, como tampoco en una competencia olímpica lo es el momento de la actuación ante el jurado, aunque es lo que más nos impresiona. Al contemplar un concertista de piano, nos quedamos pasmados al ver la facilidad con que desliza sus dedos por el teclado y decimos: ¡Cómo me gustaría tocar el piano así! Lo que vemos en un concierto es el producto de horas, días, años de encierro y práctica con el piano. Eso no se da a conocer, pero es lo que ha producido un virtuoso. Es el entrenamiento lo que determina resultados confiables.
La cámara secreta está abierta las 24 horas del día. La obra y el propósito de Dios son más delicados y exigentes que cualquier competencia deportiva, como para presentarnos con los músculos espirituales flácidos y excedidos en peso carnal.

PREPARATE PARA COMPETIR

El momento del encuentro final ha llegado. Uno a uno le llegará el turno de la batalla. Hay un gigante preparado exclusivamente para ti por Satanás, para avergonzarte y quitarte de la gracia de Dios, de tu triunfo en Jesucristo, de tu andar en el Espíritu. Di ahora: Señor, me anoto en tu gimnasio. Estaré en la cámara de oración; entréname, quiero serte útil hasta el fin. Dejaré tan solo de admirar a tus campeones como Moisés, Josué, David, Elías, Pablo y otros. Iré donde ellos fueron. Estaré delante de ti para ser enseñado, conducido, equipado, desarrollado. Señor, me anoto en la lista de los vencedores en Cristo Jesús que pasaron por tu gimnasio.

“Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros”.  

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante”.
Hebreos 11: 39-40; 12: 1

                                         

 

 


 

A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...