EL CULTO RACIONAL



“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12: 1 y 2)


Según Pablo, nuestro culto a Dios es “racional”, inteligente. La verdadera alabanza surge cuando empezamos a comprender las misericordias del Padre y quedamos absortos, maravillados y postrados ante su majestad. Esta comprensión es el culto racional o razonado, pero no es una razón fría sino iluminada, llena de gozo, que nos hace sensibles y nos quebranta.  Como se trata de un culto de perplejidad, no todos hacen lo mismo; algunos pueden cantar con el entendimiento, otros hacerlo en el Espíritu,  otros postrarse y otros estar en absoluto silencio. No hay reglas para esto, lo único que se requiere es estar lleno del Espíritu Santo.


Si la mente y el corazón son afectados por las misericordias y los favores del Padre, el cuerpo se presentará integralmente, en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, las manos se levantarán, los pies danzarán, la lengua cantará, bendeciremos al Señor y los unos a lo otros sin necesidad de persuasión externa. Será el momento donde comprobaremos la buena voluntad de Dios, que es agradable y perfecta. Es indudable que se debe producir un cambio mediante la renovación de nuestro entendimiento.

 

El verdadero culto es una respuesta

 

El culto racional es un culto continuo, sigue después de la reunión en virtud que es una respuesta al Señor que puede darse en cualquier momento del día. Es un tipo de adoración que se ofrece en espíritu y en verdad.  Este culto que agrada a Dios no es un programa, es consecuencia de lo que él es, de su cuidado, aceptación, gracia y merced para con nosotros. Los que son cautivados por el amor del Padre podrán brindar un culto así.


La Palabra nos da suficiente fundamento para una adoración sin medida, de esta manera se cumplirá la función real de cada uno de los santos. Más que teoría, será una realidad,  un tiempo donde cada uno expresará lo que tiene y lo que siente hacia Dios ¡Volvamos al culto racional!


                                                                                                                                               Oscar Gómez

 

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