miércoles, 9 de septiembre de 2015

DE REGRESO AL EVANGELIO Jon Zens



Sentado en la sala de espera de una clínica leí un artículo de la revista de Oprah Winfrey, escrito por una mujer creyente, el cual captó totalmente mi atención. Pensé que su contenido valía la pena transcribirlo.

"Nací en los años cincuenta, cuando el catolicismo era casi imposible seguirlo, se trataba de una religión puntillosa y cada creencia determinaba una regla sumamente rígida. La Biblia solamente podía ser filtrada a través de los sacerdotes y estábamos en un perpetuo estado de pecado. Con el tiempo me dí cuenta que las confrontaciones de Jesús con los fariseos revelan a un grupo religioso centrado en las observancias puntillosas de la ley y no en Cristo. Aprendí que los asuntos trascendentes se pueden perder cuando hay una obsesión por las reglas y tradiciones humanas. No hay excepciones a esto. 
La mayoría de la gente en las iglesias no se anima a leer sus Biblias. Una estadística realizada determinó que el analfabetismo bíblico entre los "cristianos" es atroz. Hay una Biblia en cada uno de los hogares en los Estados Unidos y en muchas habitaciones de hotel, no obstante la realidad señala que acumulan polvo y rara vez se consultan o leen con seriedad. No es de extrañar que las tradiciones junto con las falsas enseñanzas se multipliquen en vez de ceder. Los sistemas religiosos también se aprovechan de esta ignorancia generalizada. 
La idea de que la Biblia se filtra mejor a través de expertos religiosos es una creencia de larga data, y representa en gran medida el por qué los “creyentes” no leen sus Biblias. ¿Por qué deberían, si existen profesionales que los alimentan con cuchara varias veces a la semana? Muchos líderes religiosos, tanto abierta como encubiertamente, aman la idea de que la Biblia solamente es comprensible por medio de los "ministros". Incluso los reformadores del siglo XVI, que se separaron de la jerarquía católica, terminaron con una manera clerical de hacer las cosas. El grito de "el sacerdocio de todos los creyentes" apenas se oía, pero no se practicaba. 
El verdadero evangelio capacita a los cristianos para servir libremente al Señor desde el corazón, declara que ya han sido aceptados por Dios, no sobre la base de su desempeño, sino de la obra de Cristo. La aceptación de Dios no se basa en las obras humanas que celosamente puede hacer el cristiano. 
James DG Dunn ofrece un resumen perspicaz y crujiente de las desviaciones que comenzaron a surgir rápidamente después que los apóstoles originales salieron de escena. La religión que tenemos hoy en América refleja más o menos el resultado de esos yerros: "El aumento de la institucionalidad es la marca más clara del catolicismo temprano - cuando la iglesia se identifica cada vez más con la institución, cuando la autoridad se vuelve cada vez colindante con la oficina, cuando una distinción básica entre profesionales del evangelio y el pueblo se vuelve cada vez más evidente, cuando la gracia se estrecha cada vez más a los rituales, es síntoma que el catolicismo romano está regresando a pasos agigantados”


A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...