CRISTIANISMO Y POSTMODERNIDAD Luis Leal




Siempre es bueno tener presente que nosotros, los discípulos de Jesucristo, estamos en el mundo (para transformarlo) pero no somos del mundo. Tenemos nuestra propia y altísima identidad de hijos de Dios por medio de Jesucristo. ¡Somos un linaje de valientes! Tenemos al Poderoso, al Invencible, a Aquel ante quien toda rodilla se dobla, al Santo de los santos, dentro de nosotros. Siempre dispuesto a la acción, siempre vencedor. ¡Gloria a Dios!

¿CÓMO ESTÁ  EL HOMBRE DE HOY EN LA SOCIEDAD?

Señalaré dos aspectos importantes.

La aparición del hombre light. La sociedad de consumo fue creando un hombre que se caracteriza por estar más informado que antes, pero que a la vez es poco profundo.
La televisión primero y la aparición de Internet después contribuyeron en forma notable a que esto ocurriera. 
La acción sistemática de la sociedad de consumo sobre el hombre moderno ha hecho de él alguien extremadamente egoísta, insensible a las necesidades ajenas, cómodo, frívolo, conformista, consumista, con falta de valores, amoral, sin una preocupación por el bien común sino solo por su propio bienestar. Alguien que en todo busca aquello que le pueda favorecer, sin que le importe lo que pueda resultar beneficioso para otros.
Para el hombre Light, la definición del bien y el mal se reduce a aquello que le viene bien a él, que lo hace feliz, que lo divierte. No tiene claridad sobre lo justo e injusto ni le interesa que algo sea correcto o incorrecto. Solo se muestra interesado en lo que le produce placer y rechaza todo lo que le signifique alguna molestia.
Vive el instante, no planifica, no le interesa el futuro, solo piensa en la satisfacción del momento.
Adhiere al mundo superficial de las apariencias. Sacrifica lo esencial por lo material.
Algunos se refieren a la magnífica exposición de 1 Corintios 13, como el «himno al amor». De la misma manera, podríamos decir que la descripción del hombre light es precisamente todo lo contrario. Diría que la descripción del hombre light es el «himno al egoísmo».
El hombre contemporáneo ha ido cediendo terreno en el campo de sus responsabilidades en las distintas áreas de la vida. En este sentido notamos que fue abandonando paulatinamente los rasgos típicamente masculinos con los que Dios lo dotó para hacer frente a la vida y fue adquiriendo ciertos matices femeninos en su personalidad. Lo opuesto sucedió con las mujeres. Porque alguien tenía que asumir las responsabilidades del diario vivir.
o   La influencia de la Postmodernidad. En los últimos años hemos sido testigos de grandes cambios sociales y culturales en el mundo. Esos cambios se han originados por la búsqueda continua de un fundamento por parte del ser humano.
Durante la Modernidad el fundamento fue el conocimiento del hombre, su férrea voluntad, el avance de la ciencia. Todo giraba en torno del hombre; a  Dios se lo limitaba solo a los templos. El razonamiento del hombre y la sistematización del conocimiento parecieron convertirse en el centro de una nueva religión en la Modernidad.
Hoy la Postmodernidad proclama el fracaso de la Modernidad. Establece gradualmente el reinado del sentimiento y de las sensaciones del hombre. Y del individualismo. Va instalando una ética totalmente personal (a la medida de cada uno) y acomodable a las circunstancias que le toque vivir a cada persona: «Si te agrada, si te hace sentir bien, entonces es bueno para vos». Destruye progresivamente todo lo que tenga que ver con los valores, el principio de autoridad y la familia.

¿QUÉ SUCEDE DENTRO DE LA IGLESIA?

A lo largo de los siglos la iglesia ha sido vulnerada de alguna manera por estos conceptos y por estos cambios de «fundamento» que la humanidad ha sufrido.
Con tristeza notamos que hoy un buen número de expresiones cristianas promueven un evangelio «antropocéntrico» (centrado en el hombre) en lugar del evangelio del reino de Dios (centrado en Cristo).
Esto da como resultado que algunos se estén transformando en «cristianos light» (si se me permite la expresión): viven para ellos mismos, toman todo lo que signifique bendición y bienestar para su vida, pero se muestran indiferentes hacia sus hermanos y mucho más hacia su prójimo.
Este tipo de «cristianismo postmoderno» produce hombres sin estatura espiritual; es decir, los mantiene niños. Son personas a las que les cuesta arriesgarse por una causa digna, que viven encerradas dentro de sus propios gustos y placeres, aunque, según su criterio, «sin pecar». 
Más que discípulos de Cristo se asemejan a religiosos, a «cristianos nominales». No reflejan las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. Ni están interesados en hacerlo.
La espiritualidad del «cristiano light» es egocéntrica y no tiene el santo temor de Dios como su eje. Por eso le cuesta reconocer la autoridad delegada por Dios en la iglesia, o bien la reconoce formalmente, por compromiso, no de corazón. 
Muchas veces prefiere recibir a través de los medios (TV, Internet, radio) aquello que lo «bendice» antes que relacionarse convenientemente con el cuerpo de Cristo.
Este tipo de espiritualidad afecta sustancialmente a los hogares. El «cristiano light» se limita a mantener tranquila su conciencia asistiendo a algunas reuniones. Pero lleva incorporadas en su interior las características de estos tiempos. 
Se trata de un hombre cómodo y no sacrificado. Servido en lugar de servicial. Alguien que ha abandonado el papel de sacerdote de su hogar, delegando esta tarea a la iglesia o a su esposa. Alguien que cultiva la apatía en lugar de vivir diariamente la gran aventura de la transformación de su carácter a la imagen de Cristo.

EL DESAFÍO PARA LOS HOMBRES CRISTIANOS

Queridos hermanos, estamos a las puertas del «valle de la decisión» donde la humanidad se verá expuesta a optar, según lo expresado en Apocalipsis 22.10-11:
No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca. El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía. He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.
Leamos detenidamente, en actitud de oración y con santo temor esta palabra que encontramos en 2 Corintios 6.14-18:

No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo:
Habitaré y andaré entre ellos,
Y seré su Dios,
Y ellos serán mi pueblo. Por lo cual,
Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor,
Y no toquéis lo inmundo;
Y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre,
Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.

Aquellos que en verdad hemos decidido seguir al Cordero mantendremos nuestras vidas asentadas sobre el único fundamento: Jesucristo, nuestro Señor ( Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. 1 Corintios 3:11), al que amamos y servimos apasionadamente, sin reservas, con todo el ser.
Proclamamos con la autoridad de nuestro Rey que no quedaremos presos de otros fundamentos, de modas y costumbres ajenas al reino de Dios. 
Modernidad y Postmodernidad pasarán, y todo vano fundamento que el hombre quiera levantar está destinado al fracaso total, a la destrucción. Edificar la vida sobre esos fundamentos es literalmente edificar sobre la arena: ¡todo se derrumbará! Nosotros edificamos sobre la roca firme, la fortaleza de nuestra vida: Jesucristo, nuestro Señor.

Luis Leal

(Tomado de la revista "Vayan y hagan discípulos")

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