ARTEMAS EN EL TÚNEL DEL TIEMPO


Un cristiano del primer siglo fue traspuesto a nuestros días.

Un discípulo de la iglesia primitiva llamado Artemas fue transportado en el túnel del tiempo apareciendo en una populosa ciudad actual. Estuvo solamente un día y al regresar contó a los hermanos de su comunidad todo lo acontecido. He aquí su estremecedor relato.
“¡Mis amados! Lo primero que hice fue acercarme a un hombre que caminaba por el lugar donde aparecí y le pregunté con mucha cautela, por las dudas los discípulos fuesen perseguidos, donde podía hallar una iglesia cristiana, muy gentilmente me señaló un gran edificio que se encontraba a poca distancia sobre la misma avenida. Pensé por un momento que aquella persona se había equivocado sin embargo un gran cartel decía “IGLESIA EVANGÉLICA INTERNACIONAL RENOVADA”, ya desde lejos oía un sonido estridente de instrumentos musicales, por unos instantes creí que era una sinagoga de los judíos, pero al escuchar nombrar a Dios con voz amplificada decidí entrar.

Todo era muy extraño para mí. La reunión recién comenzaba y el excesivo ruido en el ambiente no me permitía escuchar ni mis propias palabras. La gente era espectadora de algo parecido a una función de teatro griego. Las potentes luces encandilaban mis ojos y sobre una tarima observé a un hombre, como un director de orquesta, que decía a los presentes todo lo que tenían que hacer, “levanten las manos”, “aplaudan”, “parense”, “canten más fuerte”, etc. Al costado de la tarima había cantores junto con los que tocaban los instrumentos. En un momento el que dirigía ordenó a todos que se sienten en sus bancos. Después otra persona tomó la palabra y por más de una hora elogió la prosperidad del patriarca Abraham. Más confundido estaba todavía. Mientras tanto veía jóvenes y adolescentes que jugaban con aparatos iluminados, otros entraban y salían casi sin saber para qué estaban allí. La reunión duró más de tres horas y solamente dos personas participaron esa noche. El resto se mantuvo inmóvil y nadie habló hasta que todo terminó. Toqué el hombro de un joven que se retiraba apurado del recinto y le dije “Soy Artemas, discípulo de Cristo” y en la antesala le conté que era un hermano transportado en el túnel del tiempo ¡No lo podía creer! Fue muy atento conmigo y me invitó a cenar. Conversamos hasta el cansancio esa noche, le pregunté como funcionaba su iglesia (aunque él la llamaba congregación). Me dijo que tenían un solo pastor que se dedicaba exclusivamente a su oficio, un ministerio de alabanza integrado por músicos y cantores, también los que se dedican exclusivamente a los niños, adolescentes y jóvenes. Algunas personas trabajan en el mantenimiento de lo que él llamaba iglesia, pero se refería al edificio. Dos o tres veces al año salen a invitar a la gente para que vengan a conocerlos. Cuando terminó su relato quiso saber algo de nuestra comunidad. Un tanto incómodo, respiré hondo y con mucha tristeza le dije: Sinceramente hermano querido allá no hacemos nada de lo que ustedes hacen. No tenemos un edificio como el que ustedes llaman iglesia, comprendimos que nosotros somos esas piedras vivas que se van uniendo hasta llegar a ser un templo espiritual. Nos reunimos en las casas de los discípulos y cuando la iglesia crece nuevas casas son dispuestas.  Allí se leen las cartas de ánimo y edificación que nos envían los amados apóstoles del Señor. No cesamos de predicar y enseñar a Jesucristo diariamente y en todo lugar. Nada nos impide hablar de la obra que el Señor hizo en la cruz a favor nuestro, ni siquiera las autoridades romanas. Jesús es el centro cuando estamos juntos y toda la comunidad participa libremente con sus dones. Cada uno tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, interpretación, no obstante procuramos que todo sea para edificación. Nadie regresa sin haber compartido su profecía o palabra que recibió del Señor. No hay un grupo especial de alabanza, las canciones surgen de cualquier sector de la asamblea, aunque mayormente se trata de cánticos nuevos; tampoco tenemos instrumentos musicales como los que usan los judíos. Creemos que el nuevo pacto de Jesús terminó con esa forma de adorar a Dios. Tal como nos enseñó el querido Pedro, todos debemos ofrecer sacrificios de alabanza, labios que confiesen su Nombre. No tenemos hermanos dedicados a los jóvenes, adolescentes y niños, ellos participan en las reuniones en las casas, son instruidos en el hogar por sus padres y también a través de las coyunturas y ligamentos del cuerpo, mediante relaciones muy estrechas. En lo mejor de la charla, entré nuevamente en el túnel del tiempo y hoy, gracias a Dios, estoy con ustedes. En realidad no hubiese querido ver lo que ví, como al pasar los siglos la iglesia del Señor se iba a desviar de su práctica y enseñanza. Si nuestro amado hermano Pablo hubiese estado en mi lugar seguramente habría enfermado" Así concluyó Artemas su relato.

                                                Por Oscar Gómez

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