ALCANZANDO LOS OBJETIVOS Jorge Himitian

             

La renovación espiritual que está aconteciendo en nuestro medio, como en el mundo entero, no es un movimiento que se origina a partir de una reforma teológica, sino a partir de una soberana irrupción del Espíritu de Dios. Sin embargo esto, no significa que la renovación se haya desarrollado únicamente en el plano de un avivamiento, pues desde la primera hora esta efusión del Espíritu ha ido trayendo revelación y luz para redescubrir antiguas verdades de la Palabra de Dios que a través de los siglos habían sido eclipsadas y descuidadas.

Es cosa sabida para todos nosotros que esta corriente del Espíritu está trayendo significativos cambios teológicos, litúrgicos, metodológicos y eclesiológicos. Quisiera dejar claro que nosotros más que teólogos, somos pastores, y más que interesados en producir teología estamos entregados a la formación y al crecimiento del pueblo de Dios. Valoramos la teología en la medida en que sea útil  para echar fundamentos sólidos para la vida de la iglesia. Y procuramos alejarnos de aquellos aspectos de la teología que han consistido mayormente en especulaciones filosóficas, apologías sectarias o academismos estériles.

Lo más importante es el logro de los objetivos, y no el de hacer del medio un fin. Lo más importante es el cambio de vida, y no un mero cambio en la teología, o en los métodos y formas litúrgicas. La teología es un medio y no un fin. Una sana teología ha de producir, con la irrupción del Espíritu (y nunca sin ella), sanos resultados. Los métodos y las formas litúrgicas  correctas producirán, por la obra del Espíritu, mejores resultados. Una acertada eclesiología proveerá el medio, el ambiente y la estructura adecuada para el desarrollo de la vida cristiana y de los propósitos del Señor.

No nos sentimos realizados por poder hacer claros enunciados teológicos, sino al ver hombres y mujeres que viven llenos del Espíritu, sumisos, consagrados al Señor, generosos, humildes, fervientes, santos; al ver que en las familias hay armonía, paz, amor, sujeción, respeto, cariño; al ver el surgir de un pueblo de Dios que canta, alaba, ora, ayuna, sirve, hace buenas obras, testifica, ama, perdona, crece, se multiplica y se parece a Jesús.

¡Que siempre sea así!

                                        

 

 

 


 

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