TESTIMONIO DE SALVADOR BAHÍA 3° Parte Por Marcos Moraes


Dios comienza a ordenar las cosas

Me acuerdo que fue muy difícil ese primer año. Yo fui a ayudar en una denominación. Era todo un lío, no había nada de pie, Me acuerdo de muchas veces que me iba a la oficina, me ponía debajo del sofá para llorar, y decía: “Dios, ¿porqué me mandaste acá? Yo no sé que hacer acá. Esto es todo una locura”. Tenía muchas cosas que había recibido de Moacir, tenía noción de algunas prácticas, pero no sabía como empezar. Fue un tratamiento muy importante de parte de Dios. Siempre me acordaba de Embalse y lloraba… ¡Yo quería estar en Embalse!

Seguimos en contacto con Moacir. Fuimos a veces a Él y nos ayudaba. Pero un año después hubo en Porto Alegre un encuentro de pastores. Tres semanas de encuentro. Toda la mañana con reunión. Por la tarde, libre para jugar al fútbol. Y por la noche, reunión. ¿Y quienes estaban esas tres semanas predicando allí…? Estaban Iván Baker y Orville Swindoll, los dos… Y después de eso fue como si yo tuviera toda la información.  Esto acá, aquello allá, esto se hace así. Todo nuevo.

Y volví a Salvador con una convicción, con una certeza de lo que Dios quería. Y en ese tiempo, la iglesia también envió a Mario, no para la ciudad, sino para una isla cercana a Salvador. Y ahí estábamos, la Biblia bajo un brazo, y en la otra mano los apuntes de lo que dieron Iván y Orville. Y esto fue una revolución. Fue tanta la revolución, que en seis meses, la gente de la denominación quería saber cuando se iba a librar de nosotros. ¡Nos quería lejos! Porque todo lo que estabamos hablando era locura para ellos.

Comienza la obra en Salvador

Se arrimaron a mí un grupito pequeño de jóvenes, todos solteros. No estaban en la denominación, y querían el evangelio del Reino. Aunque yo estaba todos los domingos en la denominación,  tenía este grupito en mi casa. Yo los llevaba los domingos, pero ellos me decían: “No somos de esta denominación, nosotros somos de Jesús”. Y cuando no fue posible andar más con los hermanos de la denominación, surgió la posibilidad de que yo volviera a Porto Alegre. Pero estaba este grupito de siete, con sus corazones en que yo no podía dejarlos. Yo pensaba en dejarlos, y lloraba. Ellos oyeron que yo podía irme y lloraban también. Salvo dos, que me decían: “No hay problema, vos te vas y nos vamos también”. Y ahí, los pastores de Porto Alegre entendieron que Mario y yo debíamos empezar a trabajar juntos en Salvador, con este grupito de siete solteros.

¿Y por qué dos…? ¿Por qué no uno…? Marcos solo no, tiene que ir alguien con él… Y oraron, y Dios mostró a Mario Roberto Fagundes, mi amado compañero. ¿Te das cuenta que Dios, por medio de Jesús, nunca envió a uno solo? Nunca, ni para buscar a un burrito…. ¡Mandó a dos! ¿uno era incapaz de traer al burrito? No sé, pero Jesús mandó a dos… Siempre a dos.

Así, Mario y yo comenzamos juntos. Esto comenzó a crecer. Y como nosotros habíamos oído a Iván, luego, estabamos un poco perdidos entre lo de Moacir y lo de Iván. Necesitábamos mayor ayuda de Iván. Fue cuando empezamos a escribirle a Iván para que viniera a Salvador. Él estuvo por primera vez con nosotros en el año 1983. Él es muy sincero, cuando llegó al aeropuerto, la primera palabra que nos dijo fue: “ Yo no quería venir... Las cartas de este me hicieron venir” . Porque yo había escrito, no una, sino dos o tres cartas. Desde el 83 hasta ahora estamos bajo el apostolado y la ayuda de este amado hermano.


Continuará....... 

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