TESTIMONIO DE SALVADOR BAHÍA 1° Parte Marcos Moraes


Lunes 15/08/05 – Rosario Argentina

1era. Parte:  LA OBRA EN SALVADOR

Comienza la renovación en Porto Alegre

Me pidieron que diera un testimonio, un poco histórico…. Yo estoy viviendo en Salvador, Bahía, que está a 4500 Km de acá. Nunca tenemos este frío. En el invierno, cuando baja, baja a  20ºC. Pero yo no soy de ahí, yo soy de Porto Alegre, más al sur, parecido a acá. Mucho frío y también mucho calor.

Soy hijo de unos de los pastores que están allí, Moisés Moraes. Mi papá era pastor de una denominación, pastor metodista. Yo no estuve, como cristiano, dentro de la denominación. Yo me convertí después que él salió de allí. Participe de la escuela dominical, estuve hasta los catorce años, pero nada más.. Pero después, Dios hizo una obra muy interesante en Porto Alegre, uniendo muchos pastores de varias denominaciones, todos juntos teniendo comunión. Y esto luego fue a las congregaciones de ellos. Mi papá estaba en esto, y ahí hubo un cambio total, en la vida y en el ministerio de él. Después de todo esto, con todo lo que yo vi de Dios, me convertí, a comienzos del año 76.

Moacir, el “Biblia ambulante”


Cuando mi papá estaba aún en la denominación, había un hermano trabajando con él, ayudándole, que había estado en la Argentina. Este hermano se llama Moacir, estuvo acá en el año 74 ó 75. Era el comienzo de todo. Él vino porque oyó hablar de Juan Carlos Ortiz. Y quiso venir a ver lo que estaba ocurriendo, y estuvo aquí por seis meses, en Buenos Aires. Y de ahí salió con una idea, con algo de comprensión de lo que era el evangelio del Reino, del discipulado, etc. Y este movimiento en Porto Alegre fue tal, que los pastores debieron salir de sus denominaciones. Imagínense a mi papá. 20 años de pastor, ir a la pileta para bautizarse ¡Terrible! Después empieza a hablar en lenguas ¡Peor aún! Después de un tiempo tuvo que salir y este hermano, Moacir, salió con él.

Después fue uno de los pastores de la congregación allí. Y él tenía algo de la visión del discipulado, de hacer discípulos, porque había visto a Iván, a Jorge, a Juan Carlos. Y  dijo: “Voy a empezar a hacer esto acá”. Y él, entonces, llamó a un grupo de jóvenes, todos solteros. Y yo era uno de ellos. Y aquella maravillosa chica, que hasta el día de hoy es ni esposa, Rejane, también estaba en este grupito que él comenzó. Empezó en el año 76, cuando yo me convertí. En este grupo también estaba Mario, a quien ustedes conocen. Y Moacir comenzó dándonos lo que tenía. Era muy bueno para nosotros, porque era más de lo que tenía la mayor parte de la congregación.

Este Moacir, era conocido como el “Biblia ambulante”, de tanto que conocía la Palabra de Dios. Y nos metió la Palabra de Dios. Yo me acuerdo de situaciones, cuando yo salía del trabajo, esto antes de casarme, e iba a la casa de él. Me acuerdo de una vez que salí, fui a su casa. Tenía un montón de preguntas, estaba leyendo Romanos. Él era muy exigente y me dijo que yo tenía que estudiar Romanos. “Bueno, empecemos”, le dije. Me contestó: “No, no, después que vos leas 50 veces Romanos, empezamos”. ¡Era para empezar! No se podía si primero no se leía 50 veces Romanos. ¡Era fuertísimo! Una vez fui a su casa, comenzamos a charlar… Vino la cena, sacamos de la mesa la Biblia, los cuadernos, y cenamos. Luego la esposa sacó y vino otra vez la Biblia, los cuadernos y ahí nos quedamos hasta las doce de la noche. Y él después dijo: “¿Estás con hambre? ¿Quieres otra cena?”. Le contesté que sí. Y ahí salió la Biblia, los cuadernos y comimos. Luego salieron los platos, volvieron la Biblia y los cuadernos y…. ¡Bueno…! A las 5 de la mañana no había nadie para decir: “¿Quieres un desayuno?” Entonces ahí nos fuimos a dormir… Era así nuestra relación con Moacir, muy apegados. Fue un tiempo muy precioso, importantísimo, en nuestras vidas. Mario también estaba en lo mismo.

Estaba empezando el discipulado, ahí, en Porto Alegre. Mucha gente hacía reuniones de discipulado. Pero con este hermano empezamos a aprender que Jesús no mandó a hacer discipulado, Jesús mando a hacer discípulos ¡Muy diferente! Hacer discipulado es hacer una reunión, estar sentado allí con un escrito… bla...bla... y chau. Pero hacer discípulos es muchísimo más que eso. Hay, ahí, una amistad, un compromiso, una relación, apertura, confianza, sacrificio, muchísimo más que discipulado ¡Ustedes lo saben!

Pero Moacir, que había estado en la Argentina, nunca dejó de decirles a los pastores: “Hay algo que ver en la Argentina”. De manera que cuando llegó el año 77, vino a la Argentina y trajo un grupo de hermanos con él. Uno o dos pastores y otros hermanos vinieron con él a Argentina, a un encuentro, no sé en que lugar. Y me acuerdo hasta hoy, que Moacir, cuando vuelve a Porto Alegre, empieza a compartir algo de lo que había oído aquí y me dice: “Marcos, necesitamos mucho ir a la Argentina, porque los hermanos de allí están 10 años delante de nosotros ¡necesitamos muchísimo estar con esta gente!”. Y yo lo miraba, porque a mi me parecía tan maravilloso lo que pasaba en Porto Alegre…. Y decía: “¿10 años…?¿Qué son, ángeles y están en el cielo?”.


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