SUCESOS INESPERADOS

                              


En el mundo acontecen cosas imprevisibles, irregulares, algunas de alto impacto que traen consecuencias de largo alcance y cambian el curso de naciones, familias e individuos tanto para bien como para mal. Multitudes quedan bajo el efecto de estos sucesos. Podemos citar hechos de gran escala como el nacimiento de Jesús, este hombre santo produjo un antes y un después en la humanidad; la venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés, la conversión de Saulo, el advenimiento de la segunda guerra mundial que se gestó en cuestión de días, la llegada de Internet, el ataque a las torres gemelas, el terremoto en Japón, etc.
El escritor libanés Nassim Taleb expresa: “Aunque nos cueste aceptar, la vida es muchísimo más laberíntica de lo que aparece en nuestra memoria; la mente convierte la historia en algo uniforme y lineal haciendo que subestimemos las circunstancias inesperadas” Un pastor pierde a su esposa y a su hija en un accidente, un cismo cambia el curso de una congregación en Chile por la destrucción de su espacio físico que fue construido durante años por el esfuerzo de los hermanos, y así sucesivamente.

Hechos que alteran la lógica

Los sucesos imprevisibles nos inundan y reaccionamos frente a ellos de manera exagerada. Los saqueos en Argentina en la década del 80 y el inevitable desabastecimiento produjeron una locura colectiva. Estos acontecimientos no lineales y extraordinarios nos dejan expuestos e indefensos. Por otra parte, un ascenso a un cargo gerencial o recibir una suculenta herencia sin haberlo esperado subvierten radicalmente la vida de cualquiera. También los hechos milagrosos alteran la lógica y el futuro, el embarazo de la joven María por obra del Espíritu Santo cambió para siempre la vida del piadoso José, de la familia, de la ciudad y del mundo entero.
Las circunstancias complejas e inexplicables abundan, son difíciles de prever y cuando son de “gran calado” generan reacciones incontroladas.

La vida moderna multiplica los sucesos imprevistos

El mundo actual, virtual y hedonista, hizo que las cosas sean más imprevisibles. La superficialidad y la banalidad reinante, el alejamiento del modelo judeocristiano, la pérdida de valores y la falta de cuidado del ecosistema, entre otros, hacen que los hechos imprevisibles vayan en aumento. No obstante, aquel que vive ajustado a las sagradas escrituras gozará de mayor probabilidad de orden y estabilidad, aunque no exento de imprevisibilidad. Los sucesos raros en la vida de los hombres son imposibles de calcular. Cuanto más extraño un suceso menos se presta al cálculo y aún menos podremos determinar la frecuencia de su aparición.
La creación lesionada por el hombre es la mayor experta en sucesos raros y la mejor gestora de circunstancias inesperadas. Inundaciones, terremotos, catástrofes, etc. Estos fenómenos son agresivos, destruyen, cambian la historia de naciones, de familias. Todos se vuelven vulnerables. También suceden cosas planificadas por el hombre mismo como las guerras, las invasiones o los genocidios que afectan directamente a sus semejantes de manera exponencial. No hay antídoto contra estos acontecimientos repentinos y súbitos, me arriesgo a ser considerado ingenuo: Nuestra parte es estar seguros que hacemos la voluntad de Dios cada día.

El cristiano en medio de las cosas imprevisibles

Llevando estas cosas al ámbito particular, frente a la noticia de una enfermedad terminal, la pérdida de un familiar cercano, o el alejamiento de un hijo como el que experimentó el padre en el relato de los evangelios ¿Qué podemos decir? No mucho, casi nada. Sin embargo los cristianos tendríamos que sacar algún provecho de los acontecimientos inexplicables en lugar de simplemente padecerlos. La Biblia cuenta la historia de una muchacha que era del pueblo de Israel y fue secuestrada en forma violenta por los sirios. Esta joven en vez de quejarse y reclamarle a Dios lo sucedido aprovechó la situación para decirle a su señora que en su pueblo había un profeta que podía sanar a su marido que era ni más ni menos que el general Naamán (2° Reyes 5: 2 y 3) No es nada fácil convertir el infortunio en oportunidad. Creo que Dios nos ayudará.
No podemos pensar que el mundo funciona gracias a un diseño programado, a la investigación de las grandes universidades o la bolsa de valores. Es imposible calcular los riesgos y las probabilidades de las crisis y los sucesos raros por muy sofisticados que sean nuestros métodos. Job procuró hacer todo para gozar de una vida ordenada y lineal, sin embargo las pérdidas y perjuicios que sufrió nunca los hubiese esperado ni soñado.

En definitiva

1. Que Dios tenga misericordia de nosotros.
2. Las cosas imprevisibles suceden.
3. Dios sabe todas las cosas.
4. Estemos en el centro de la voluntad divina.
5. Tengamos solidaridad con las víctimas de sucesos imprevistos.
6. Si es posible, convirtamos las crisis en oportunidades.

                                                             Por Oscar Gómez






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