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NO DEVOLVAMOS MAL POR MAL Serie Puerta, Camino y Meta



Conformamos una sociedad de personas que suelen fallar en el trato los unos con los otros. Como discípulos de Cristo estamos aprendiendo a no pecar contra Dios ni contra nuestros semejantes. Debemos aprender a no hacer mal a nadie, sea por descuido o intencionalmente.
El Señor nos enseña a amar a todos y hacerles bien. Si fallamos, pecando contra alguien, debemos arrepentimos, confesar nuestro mal y reparar el daño.
Pero, ¿qué debemos hacer si otro nos hace mal? ¿Cómo reaccionar si alguien nos ofende, nos trata injustamente o nos hace algún daño leve o grave? Como discípulos de Cristo, ¿cómo debemos comportarnos ante aquel que nos hace mal? Este es el tema que desarrollaremos en el presente estudio.

¿QUÉ SIGNIFICA DEVOLVER MAL POR MAL?

No paguen a nadie mal por mal…
No tomen venganza, hermanos míos, sino dejen el castigo en las manos de Dios, porque está escrito: «Mía es la venganza; yo pagaré», dice el Señor. Romanos 12:17,19
Asegúrense de que nadie pague mal por mal; más bien, esfuércense siempre por hacer el bien, no sólo entre ustedes sino a todos.
1° Tesalonicenses 5:15
No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto. 1 Pedro 3:9
El mal que otros nos hacen puede consistir en agresiones verbales, gestuales o físicas; puede ser un daño material o una injusticia contra nuestro honor, posición, bienes, familia o persona. Ante cualquier clase de mal que nos hagan, la palabra del Señor nos ordena no resistir al que es malo (véase Mateo 5:38-39) y no pagar a nadie mal por mal.
Pagar o devolver mal por mal es la reacción natural de la vieja naturaleza en represalia por un daño recibido. La represalia es el derecho que uno mismo se atribuye a causar un daño por lo menos igual al recibido.
Generalmente es una reacción espontánea y directa: «Me gritas, te grito; me pegas, te pego; me insultas, te insulto».
Muchas veces, a causa de haberse alterado los ánimos, el mal devuelto resulta mayor que el recibido: Alguien me insulta; yo me encolerizo, le insulto y le pego. Y el conflicto pasa a mayores o se crea un clima de rivalidad y agresividad que perdura. El pagar mal por mal va acompañado de un sentimiento personal de justicia, pues se hace buscando una compensación: «ojo por ojo, diente por diente». Es querer hacer justicia por las propias manos, o sea, vengarse. El Señor nos lo prohíbe: «Mía es la venganza; yo pagaré, dice el Señor» tal como ordena el apóstol Pablo: «No tomen venganza, hermanos míos».
La inclinación a devolver mal por mal es uno de los sentimientos más dominantes del corazón humano. Esta reacción se manifiesta en el niño pequeño, en el hombre maduro, dentro del matrimonio y la familia, entre hermanos carnales y entre compañeros. A veces en situaciones cotidianas y triviales, otras veces en situaciones más serias y delicadas con consecuencias graves.

DISTINTAS MANERAS DE DEVOLVER MAL POR MAL

¿Cómo suele reaccionar la gente cuando le hacen mal?
Consideremos algunas actitudes equivocadas de la vieja naturaleza que debemos desechar:
Reacciones interiores.
• guardar rencores y resentimientos
• desear el mal al que lo dañó
• maldecir secretamente a la persona
• odiar al agresor
• alegrarse con su desdicha.
Agresiones directas y manifiestas
• ofender, insultar
• gritar, herir con palabras
• burlarse, menospreciar
• amenazar
• golpear físicamente, lastimar
• hacer gestos groseros
• poner mala cara
• retirar la ayuda
• retirar el saludo y la palabra
• vengarse
• hacer sufrir a quien causó el daño
• dejarlo sufrir
• hurtarle, robarle
• matarlo
• hacer cualquier clase de daño contra su persona, familia, honor, bienes o salud.
Agresiones ocultas
• hablar mal de la persona con otros
• echar a correr chismes, detracciones
• levantar calumnias.
La reacción pecaminosa más frecuente y cotidiana es tratar mal al que nos trata mal, ofender al que nos ofende, agredir al que nos agrede.

CRISTO NOS ENSEÑA A VENCER CON EL BIEN EL MAL

Cristo es nuestro Señor; no podemos hacer lo que queremos, sino lo que él nos ha ordenado a través de mandatos claros. El crucificó nuestro viejo hombre y al darnos su Espíritu Santo nos proporcionó todo el poder necesario para hacer su voluntad. «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:13). «Ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí» (Gálatas 2:20).
En Mateo 5:38-48 y Lucas 6:27-36 Cristo nos enseña a:
• no resistir al malo
• sufrir el daño y no defendernos
• amar a nuestros enemigos
• bendecir a los que nos maldicen
• hacer el bien a los que nos aborrecen
• orar por los que nos ultrajan y calumnian.
En Mateo 6:14-15 y en Marcos 11:25-26 nos enseñan a:
• perdonar de todo corazón a otros sus ofensas.
En Efesios 4.32 y Colosenses 3.13, Pablo nos enseña a:
• ser bondadosos y compasivos unos con otros
• perdonar como Dios nos perdonó en Cristo
• tolerarnos unos a otros.
En Romanos 12.17-21, Pablo nos enseña a:
• no pagar a nadie mal por mal, no vengarnos;
• procurar estar en paz con todos los hombres;
• dar de comer y beber a nuestro enemigo cuando lo necesite;
• vencer con el bien el mal.
En 1 Pedro 2:21-23 y 3:8-13, el apóstol nos enseña a seguir el ejemplo de Cristo y:
• no responder con maldición cuando nos maldigan
• no amenazar cuando padezcamos injustamente
• ser compasivos, misericordiosos, humildes
• no devolver mal por mal
• bendecir en lugar de maldecir.
Finalmente, el Señor nos enseña en Mateo 5:10-12 que:
• Cuando nos toque sufrir injustamente, lejos de tener un sentimiento de tristeza y autocompasión, nos gocemos y alegremos grandemente pues nuestra recompensa será grande.

La virtud superlativa de un cristiano es devolver bien por mal. Y esto tan solo es posible por la presencia de Cristo resucitado en él.

RESUMEN


El devolver mal por mal es una reacción de la vieja naturaleza acompañada por un sentimiento de que se haga justicia en compensación (represalia) por un daño recibido. Cristo nos manda no devolver mal por mal sino sufrir el daño, perdonando al ofensor y venciendo el mal con el bien. El devolver bien por mal es la virtud que expresa más cabalmente la presencia de Cristo en el discípulo.

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