LA RESURRECCIÓN DEL PUEBLO DE DIOS Jorge Himitian




En Ezequiel capitulo 37, el profeta habla de su fuerte experiencia con Dios cuando el Espíritu lo llevó a aquel gran valle de los huesos secos. Primero Dios le ordenó a Ezequiel profetizar sobre esos huesos, y al hacerlo los huesos se juntaron cada hueso con su hueso, y tendones, carne y piel subieron sobre ellos. Luego el Señor le ordenó profetizar al Espíritu: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán. Exactamente así sucedió, y se levantó un ejército grande en extremo.

En los versículos 11 al 14 el profeta relata la conclusión de esta visión:
Me dijo luego: Hijo de hombre, todos estos huesos son la casa de Israel.
He aquí, ellos dicen: Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo destruidos.
Por tanto, profetiza, y diles: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel. Y sabréis que yo soy Jehová, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío. Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová.
 
La primera causa del debilitamiento espiritual de la iglesia a través de los siglos ha sido su alejamiento del Espíritu Santo. La iglesia nació por una poderosa irrupción del Espíritu Santo, y en la medida en que se fue alejando de esa fuente se fue secando.

Los líderes de la iglesia se fortalecieron en su intelectualidad, en su estructura, en su institucionalización, en su teología, en su academismo, pero lamentablemente no en su espiritualidad. Se fue perdiendo la sencillez del principio y sobre todo la dependencia del Espíritu Santo. Lo que llevó a que creciera el lugar del hombre y menguara el lugar de Dios en la iglesia.

Cada vez que en la historia hubo un avivamiento se debió a que se abrió un nuevo espacio a la acción del Espíritu.

La reforma protestante del siglo XVI no implicó necesariamente un avivamiento espiritual sino más bien una reforma teológica. Aunque hubo una fuerte acción del Espíritu trayendo luz y revelación sobre la Palabra, la espiritualidad no constituyó la nota preponderante, sino la controversia doctrinal y teológica. Son conocidas las peleas aun entre los mismos reformadores.

Con todo, a lo largo de la historia, y antes, durante y después de la Reforma se produjeron avivamientos en diversas regiones, los que aportaron nuevas corrientes de espiritualidad a la iglesia.

En el avivamiento de principios del siglo XX, que dio origen al Movimiento Pentecostal, el énfasis fue casi exclusivamente el Espíritu Santo y sus carismas. No trajo nada importante a nivel de reforma teológica; más bien se continuó con los mismos esquemas de los siglos precedentes en cuanto a soteriología, eclesiología y escatología.

Todo lo cual nos indica que una reforma sin avivamiento no es suficiente, ni un avivamiento sin reforma. Necesitamos el Espíritu y la Palabra, o la Palabra y el Espíritu.


En cambio en el derramamiento del Espíritu que dio comienzo a partir de la década de los sesenta del siglo pasado, y que continúa hasta hoy, se está produciendo simultáneamente un renovación espiritual y una profunda reforma teológica. Y creemos que esta reforma seguirá hasta que la iglesia recupere el cien por ciento de su espiritualidad y el cien por ciento de la verdad revelada que está registrada en las páginas del Nuevo Testamento.

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