LA NECESIDAD DE CONTINUAR LA OBRA Oscar Gómez

         

“Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros”

                                                                2° Timoteo 2:2

Un precioso hermano, multiplicador y formador de discípulos, denominó este pasaje como “los tres patitos”. Aquí el apóstol Pablo expresa su profunda carga por la continuidad de la obra. Que no se termine en él ni en Timoteo. En el texto aludido observamos cuatro generaciones de discípulos.

1° El apóstol Pablo “lo que has oído de mí”

Comenzando por Pablo la obra requería expandirse. Mediante su entrega, sacrificio y pasión logró su objetivo. Se dedicó a formar a Timoteo como un segundo y nuevo eslabón de la cadena de discipulado.

2° El joven Timoteo “esto encarga”

Timoteo fue el segundo eslabón de la cadena, entendió la enseñanza, conducta y propósito de Pablo (2° Timoteo 3: 10-11) y se concentró en seguir el proceso, es decir que la multiplicación no se detenga. Este joven trabajó conforme a la visión de su padre espiritual, no se apartó ni un ápice de aquello que fue enseñado tanto por teoría como por práctica.

3° Hombres fieles e idóneos

Esta es la tercera generación. Timoteo tenía que formar esta clase de hombres, aunque también se incluyen las mujeres. Aquí se mencionan los dos ingredientes necesarios para asegurar la propagación de la obra. Estas personas tenían que ser:
Fieles: Se traduce por fiel aquella persona que es firme y constante en sus afectos y obligaciones. Es el discípulo que siempre está. Que es dispuesto. Aquel que persevera en medio de las pruebas. Pero esto es el 50%. Es necesario también que sea,
Idóneo: Que esté capacitado, fundamentalmente en la Palabra de Dios, en la evangelización, en el trato con las personas, en el consejo. Alguien idóneo es un perito, especializado en lo que hace. Apto para hacer la obra del Señor.

¡No debe faltar ninguna de estas dos cualidades!

4° Los otros

Éstos componen el cuarto eslabón. Son aquellos que tienen que llegar. Que todavía no se decidieron por Cristo. Están andando por el mundo esperando que los que somos discípulos los vayamos a buscar. Nuestro deber es orar por ellos y llevarles el mensaje que transforma, a Jesucristo como Señor de sus vidas e incorporarlos en la cadena.

En todo el proceso debemos ser fieles transmisores de la verdad que nos fue revelada, los canales de comunicación deben estar sanos y abiertos. No nos conformemos con ser un “único eslabón”, hagamos discípulos.









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