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LA JUVENTUD Keith Bentson


INTRODUCCIÓN

Aquella criatura que nació tan pequeña, tan indefensa, totalmente dependiente de los padres, ha venido subiendo la montaña de la vida. Los padres habían tomado de su mano mientras pasaba las suaves lomas de la infancia; avanzó temeroso por el terreno accidentado de la niñez, luchó con altibajos para ganar el cerro chico de la adolescencia, y ahora puede divisar a la distancia – y es más distante de lo que él se imagina – la hermosa y promisoria meseta de la adultez. Pero antes, tiene que andar un penúltimo trecho en la vida, la juventud. Parece que le va a resultar simple, pues se presenta delante de él un monte ancho, hermosísimo, seductor, menos escabroso que el cerro chico que acaba de dejar atrás. Peor, descubrirá que este nuevo monte que se extiende delante de él tiene bastante pendiente. Y hay valles ocultos a los ojos jóvenes é inexpertos. Hasta se encontrará con cañones y desfiladeros. Pero, igual, no podrá detenerse, ni volver atrás. La gran meseta le llama y él tiene oídos y ojos sólo para ella.

Esta es la juventud. Es la primavera de la vida. Es tiempo de aventura, de nuevos comienzos, de amor; tiempo de probar las alas propias; no hay límites, la sangre corre libre y alegremente por las venas; es tiempo de asaltar la vida, al mundo. Todo es posible.


1. QUIENES SON LOS JÓVENES

En nuestra cultura juzgamos joven al que ha llegado a los 18 ó 19 años de edad. Su infancia, niñez y adolescencia han pasado para nunca más aparecer. Por delante está la plena madurez. El está en el penúltimo período de desarrollo – así piensa él y así lo catalogamos popularmente. Este período de la juventud se prolongará hasta los 25 años é irá terminándose hacia los 30, aún casándose.

Dentro de los 18 a 25 y hasta los 30 años hay etapas intermedias. Podemos hablar de la juventud temprana: 18 a 21 años; de la juventud mediana: 22 a 25 años; y de la madura juventud: de 26 a 30 años. (Esta subdivisión es relativa, pues hay casos y casos). Estamos seguros que el joven ya no es adolescente, y si tenemos oportunidad de seguirle de cerca, veremos que no conviene denominarle, tampoco, adulto. Está en su juventud

Todo lo que ha llegado a su vida hasta ahora, comenzando desde su nacimiento – las experiencias, los golpes, las alegrías, las influencias – está por desembocar en lo que será su forma “final”: Dicho de otra manera, lo que dentro de pocos años él llegará a ser como adulto, ahora en la juventud se le está cristalizando, se le está cuajando. Para darle diferente forma, ya es un poco tarde, aunque no del todo. La juventud es la etapa en que se concreta en su vida aquello que él ha venido recibiendo; de arraigar lo recibido. Pero este arraigo no será tanto por obra de padres, maestros y pastores, sino por el ejercicio de su propia voluntad, decisión y acción.

NOTA:

Si estuviéramos viviendo en una sociedad simple, agrícola, donde el hijo trabaja al lado del padre desde los 9 años, aprende de la vida de él, de sus tíos y vecinos, en una cultura donde no fueran necesarios tantos años de educación formal en escuelas y universidades, nuestro joven de 18 años sería un adulto, adiestrado para afrontar el desafío y las vicisitudes de la vida. En esas culturas _ que aún existen en ciertas latitudes del mundo hoy – el desarrollo emocional de los jóvenes coincide más y mejor con su desarrollo físico. Se casan entre los 13 a 17 años de edad. En tales culturas ni piensan en la etapa de la adolescencia, y la juventud es para ellos la primera etapa de la adultez. Entendemos que la norma creacional encuadraba mejor dentro de ese esquema. Pero no podemos volver artificialmente a esa vida simple (y dura). Nuestros jóvenes no son adultos aún.

2. QUÉ ES LO QUE YA HAN RECIBIDO LOS JÓVENES

Al llegar a la etapa de la juventud, los jóvenes han recibido todo una educación, sea ésta buena, mediocre ó mala. Su educación ha comprendido al menos las siguientes áreas de la existencia humana:

- Enseñanza acerca del cuidado físico de su persona:
• La alimentación, el descanso, la locomoción, el lenguaje, la higiene, la vestimenta, los peligros, etc.


- Enseñanza acerca de las relaciones familiares:

• El respeto, los celos, el narcisismo, el amor, la solidaridad, el sexo, la fidelidad, etc.

- Enseñanza acerca de actividades productoras y recreativas:

• Las tareas hogareñas, los estudios y tareas escolares, la destreza física, el juego, los deportes, las artes, la música, etc.

- Enseñanza acerca del rol del trabajo:

• Para realizarse; para ser autosuficiente; para servir a otros.

- Enseñanza acerca de las relaciones sociales:

• Su relación con otros familiares, con abuelos, tíos, primos, etc. y con amigos y personas en general.

- Enseñanza acerca de las relaciones sentimentales:

• Las amistades con posible tinte romántico, la elección de la Pareja, el noviazgo.

- Enseñanza religiosa:

• La persona de Dios, Jesucristo, el cristianismo, otras religiones
y sectas.

- Enseñanza ética y moral:

• La honestidad, la humildad, la mentira, la impureza, el respeto,
La caballerosidad, el amor, el odio, el servicio, la obediencia, la responsabilidad, la puntualidad, los complejos y temores, la palabra comprometida, etc.

- Enseñanza acerca de la formación y consolidación de un nuevo hogar:

• Dónde vivir, cómo vivir, cómo convivir, etc.

3. A QUÉ DEBEN ASPIRAR LOS JÓVENES

En este período de la vida el joven tiene que proyectar, concretar los deseos que vienen incubándose en su interior. Es el momento de apuntar directamente hacia la realización de ciertas metas. Para ello, tendrá que volver a pensar serena y seriamente en cuáles son sus metas é identificarlas bien. Por ejemplo:
Qué tipo de trabajo le interesa. Qué vocación es suya. Qué quiere en su vida.
Hacia qué nivel de vida apunta.
Qué tipo de hogar y familia desea formar.
Qué calidad de relación quiere mantener con sus padres y hermanos.
Qué relación pretende con el Señor. Qué ejercicio de don y servicio le alienta para dedicarlo al Señor.
Cuál ha de ser su rol en la iglesia y en la sociedad.
Según la fuerza de su visualización y anhelos, así serán sus convicciones, fe y fuerza de decisión al llegar el momento de determinar rumbos. Una vez que él se defina, los padres deben acudir para apoyar y ayudarle a encauzarse hacia lo propuesto. Vivir con los hijos esos momentos y caminar con ellos hacia su realización, es una gloria para los progenitores.


4. PROBLEMAS Y TENSIONES QUE ENFRENTAN LOS JÓVENES

El joven ya piensa por su propia cuenta, y afectivamente tiene que hacerlo así. Así que tiene que reconocer con realismo que la vida no es un picnic de fin de semana; hay luchas, pugnas y peligros. El debe particularizar los problemas y tensiones que más le afectan y buscar sortear los mismos con fe, convicción y coraje. Los padres deben, también, interpretar acertadamente las tensiones que vive el hijo y apoyarle en su orientación para con las mismas. Entre los problemas y tensiones que experimentan los jóvenes figuran las siguientes:
El impulso sexual en los varones. Las ansias del matrimonio de parte de las jóvenes.
Los estudios: entre lo que quisiera estudiar, lo que puede y lo que resultaría beneficioso para su posterior inserción en el mercado laboral. Las chicas necesitan orientación para equilibrar la tensión entre el estudio y la formación de su hogar.
La música moderna, la vestimenta y las modas cambiantes.
Las atracciones, las distracciones y las diversiones.
La televisión.
El movimiento de liberación femenina.
Los partidos políticos y la inserción del joven cristiano en la política, la relación de la iglesia con el estado.
La diferencia generacional.
El estilo de pareja, “mi chico, mi chica” (girl friend, boy friend), que desde los 13 años practican los adolescentes y jóvenes del mundo.

5. CON QUÉ CUENTAN LOS JÓVENES PARA ALCANZAR SUS METAS

Seguro que cuentan con el afecto y apoyo tanto de su familia como de la iglesia. Pero los padres, especialmente, deben entender y tener confianza en que el mismo hijo, también, tiene en su haber hermosos recursos propios que aflorarán si se les da lugar.

En primer lugar, los hijos se valen de su propia inteligencia natural, ampliada por las experiencias de la vida y santificada por la verdad de Dios que mora en ellos. También, tienen a su alcance su espíritu noble y decidido. Aún habrá una mezcla de debilidad/fortaleza en su espíritu (y por unos buenos años más), pero igual, asumirán una postura firme frente a la realidad de la vida y la posibilidad de alcanzar todo lo que se ha propuesto.

Ellos cuentan, también, con una buena dosis de dependencia-independiente, para saber a quién acudir cuando se presenta la debida cuestión. O sea, voluntariamente dependerán del conocimiento y sabiduría de otros. Su humildad y sincera aceptación de su persona con las limitaciones que le son propias, le permitirán buscar la palabra autorizada de otros. Cuentan, también con un estado emocional bastante maduro. Ya no tienen que dejarse sumir en
el desaliento. Son capaces de aceptar negaciones y aplazos y sufrirlos con paciencia.

Su sociabilidad entre la gente les ganará nuevas oportunidades de progresar y de ampliar el radio de sus servicios e influencia. Su experiencia espiritual les valdrá para enfrentar circunstancias adversas con fe y esperanza. No duden los padres de que sus hijos clamarán a Dios en los momentos difíciles de la vida. La autodisciplina que han adquirido durante su vida les servirá de casco de protección para la cabeza y de escudo contra los dardos del maligno y del mundo. Sabrán autodisciplinarse en el manejo del dinero, en el uso de su tiempo, en controlar los altibajos de su temperamento y de sus impulsos sexuales. Se entregarán al trabajo, al estudio y al cuidado de otros. Sabrán buscar a Dios sometiéndose a su buena voluntad.

Sí, el joven no tiene por qué sentirse inadecuado y pusilánime frente a la vida.
Es cierto, que cuando inicia el período de la juventud, al tener que valerse más por su cuenta, habrá momentos en que vacilará dubitativamente; pero se irá sobreponiendo cada vez más si es que sus buenos padres se ubican y saben alentar y apoyar sin dominar. El está en marcha hacia la madurez, la adultez.
Su meta es alcanzar la independencia con responsabilidad. Es una meseta alta.
¡Que llegue bien!.


6. CÓMO RECIBIERON LO QUE TIENEN, CÓMO RECIBIRÁN MÁS

Todo ser humano comienza recibiendo ideas, conceptos, imágenes y sensaciones siendo inocente, de infante; luego, de niño, aprende imitando y repitiendo lo que ve y oye. De adolescente recibe su educación por absorción ó a empujones, de buena ó de mala gana. Pero ahora, en su juventud, el joven se encamina hacia la independencia – dirección que ya inició en la adolescencia -. Antes, vivía en un círculo reducido; pero ahora se ha roto el círculo. Sus hormonas, sus estudios, sus amistades, sus pensamientos han hecho romper el pequeño círculo y el mundo ancho lo llama. Lo que vale ahora, y cada vez más, es su intelecto, sus ideas, sus deseos, sus metas, todo lo cual será alcanzado mediante el uso de su voluntad, decisión y acción. Le ha amanecido un nuevo día.

Pero, aún es joven. No puede romper abrupta y drásticamente con el pasado; no puede lanzarse así nomás al vacío de sus ilusiones. Dejaría liberado a sus propios arranques é instintos, sería una irresponsabilidad de parte nuestra para con él; una infidelidad. Por otro lado, no podemos ahogarle; tampoco restringirle desmedidamente. No sería nada saludable. De hecho, los mayores podemos ahogarle, coartarle, no dándole libertad de pensamiento ni de acción. Si obramos así, él, ó se nos rebelará ó servilmente se nos sujetará, lo cual le mina su propia dignidad; ninguna gloria para nosotros. ¿Cómo tratarlo? ¿Cómo educarlo y ayudarle a atravesar este tramo promisorio de la juventud para que llegue sano y salvo a la meseta de la adultez?

(A esta altura en la vida del hijo, los padres apreciarán más que nunca el tremendo valor de haber logrado una buena relación con su hijo. Si él les aprecia y los estima, le será fácil escucharles y confiar en sus opiniones y juicios, justo en este momento exuberante de su vida).

Los padres deben conversar debidamente con su hijo y hacer que él razone. Ordenarle ya es anacrónico (a menos que sea un caso límite). Hay que estimularlo a que investigue, busque, aprenda, ore, confíe en el Dios de sus padres y en su propio Dios. En la época de la juventud es necesario que los padres muestren confianza en su hijo (casi nada les irrita más a los hijos como la desconfianza manifestada de parte de los padres para con ellos). Hay que felicitarlo cuando es creativo, cuando toma una decisión buena, cuando algo le sale bien, y no echarle en cara cuando le sale mal; hacer que él tenga cada vez más confianza en sí mismo, en sus propios pensamientos y juicio; que tenga fe y optimismo. Los padres así llegarán a ser más amigos que maestros aparentes (aunque seguirán siendo poderosos educadores si así contribuyen a forjar semejante fuerza y dignidad en sus hijos). En una palabra, hay que cederle libertad. Dejar de protegerle y aconsejarle demasiado. Permitirle equivocarse; no tomar demasiado a pecho sus problemas y pequeñas angustias. Ha llegado el tiempo para que él experimente con la libertad, con el fin de que vea lo que es, para poder así fortalecer lo que aún es débil é indefinido en su personalidad. Es muy importante que él procure integrar toda su personalidad. Es muy importante que él procure integrar toda su personalidad, potencialidad y dones, ya que en última instancia sólo él puede hacerlo.

7. DOS COSAS QUE DEBEN HACER LOS PADRES CON LOS HIJOS QUE AÚN ESTÁN EN SU JUVENTUD.

La primera es que deben analizar la vida de su hijo para descubrir esas áreas que no están tan desarrolladas como deberían estarlo. Es cierto que el hijo ya ha recibido supuestamente todo lo básico que constituirá el formato y forma de su vida. En algunas cosas él ha respondido bien, y hay que reconocérselo. Pero puede haber otras cosas donde él está rezagado en su desarrollo. Valiéndose del cambio de táctica que hemos señalado en esta ponencia (el punto N° 6), los padres deben entablar conversaciones con el hijo con el fin de estimularle a que ponga especial atención en estas deficiencias y debilidades restantes. Así lo hizo Salomón “Hijos, atiendan a los consejos de su padre; pongan atención, para que adquieran buen juicio... Pues yo también he sido hijo: mi madre me amaba con ternura y mi padre me instruía de esta manera...” (Prov. 4:4-5). Así los padres incentivarán al hijo, sugiriéndole pasos que puede tomar. A esta altura de su vida son sugerencias, no imposiciones, pues el padre actúa más como asesor que como director.

Hay que preguntarse: ¿Se caracteriza mi hijo por ser autodisciplinado? ¿Es cumplidor? ¿Responsable? ¿Sabe lo que quiere ser y hacer en la vida? Etc. No es cuestión de presionar al hijo a que enfrente estas realidades, pero sí alertar su mente y encauzar sus pensamientos, estimulándole para que se dirija hacia las respuestas concretas y las soluciones tangibles del caso. Sí, es deber de los padres seguir velando sobre su hijo y no dejar que su progreso sea sólo por los accidentes fortuitos de la corriente de la vida. El hijo tiene que adquirir agarre.

La segunda cosa que tienen que hacer los padres en este tramo de la vida del joven es mantenerse unido y comprometido con la familia y el hogar. Es cierto que él se encamina irreversiblemente hacia la independencia; pero también es cierto que todavía está bajo el cuidado de los padres, es integrante de la familia y debe ser miembro activo de la casa. ¿Cómo hacer para que él ocupe su lugar, cumpla con la casa y así siga desarrollándose hacia la plena madurez?. Loas padres, tomando conciencia de que es casi adulto, deben comenzar a hacerle partícipe de algunas cargas y responsabilidades que reflejan su verdadera capacidad y estado avanzado de maduración. Veamos.

Los padres pueden comenzar a consultarle a él; le pueden pedir consejos. Esto dignificará al hijo, pues lo incluyen en los asuntos que corresponden a las personas mayores. Hasta los padres pueden hacerle copartícipe en algunas decisiones. Decisiones así ya no serían del padre por los consejos del hijo, sino decisiones del padre y del hijo. Más dignidad aún para el joven. Al hijo, también, se le puede pedir una colaboración importante en la realización de un proyecto de la casa, y aún hacerle totalmente responsable por el mismo. Además, al surgir problemas, sean en la vida de los componentes de la familia, o fuera de la familia, en el trabajo, o lo que fuere, involucrarle en buscar las soluciones.

Todo esto constituye un ajuste en los roles. ¡Hermoso!. Es señal de maduración. La familia y la casa se tornan más tipo comunidad. Los hijos se sienten más útiles, más reconocidos y se autovaloran más.

Precisamente, esto es lo que tiene que suceder ante de que los jóvenes se independicen de los padres. En muchos casos los hijos se van de la casa, o por estudios y por casarse, y descubren que el cambio es demasiado abrupto para ellos, pues nunca habían llevado tanta responsabilidad. Las hijas recién casadas se abruman por no saber organizar tantas tareas domésticas. Antes, ayudaban, pero mamá llevaba la carga. Los varones, por su parte, ya fuera de casa, se ven muchas veces amedrentados por tener que premeditar, calcular, coordinar y ejecutar muchas cosas al mismo tiempo. El lugar para iniciar la maduración es en casa, y se madura cuando se le brinda la oportunidad de llevar carga y cumplir responsabilidades mayores.


8. LOS PADRES COMO SUEGROS Y ABUELOS

Para cuando el hijo se casa, no afirmamos que ya sea maduro del todo; aún le falta. Sin embargo, se ha casado y eso significa un gran cambio que requiere de parte de todos los afectados una nueva orientación y ubicación.

En primer lugar, lo más esencial es reconocer que el hijo ha dejado a su padre y a su madre; ya ha formado otro núcleo familiar. No está más bajo la autoridad directa de su padre; la madre ya no es responsable por atender a las necesidades del hijo. La pareja que no corta el cordón umbilical con sus respectivos progenitores – en lo que se refiere a autoridad y dependencia – acarrea para sí muchos problemas innecesarios. Los padres que pretenden preservar la otrora relación de la dependencia de ellos, no son sabios y comprometen lo que debería ser una nueva y hermosa relación con los hijos.

Ciertamente, lo ideal es que la nueva pareja viva en su propia vivienda. Es difícil mantener felices a dos reinas bajo el mismo techo (pero si tiene que ser así, normalmente es preferible que la hija casada esté con su marido en la casa de los padres de ella, que en la de sus suegros).

Los suegros tienen que aprender a callar respetuosamente cuando ven a los hijos hacer las cosas de otra forma que ellos.

Asimismo, los suegros deberían aceptar a la nueva adquisición (sea yerno ó nuera) como si fuera su propio hijo/hija. Tampoco darán lugar a hacer acepción de personas. Si surgiera un problema entre los nuevos cónyuges, en ninguna manera los padres de uno se inclinen a la posición de su hijo porque es su hijo; siempre han de inclinarse por el lado de la verdad y del buen juicio.

Con la llegada de los nietos, es bueno recordar que los mismos flamantes padres son los responsables por sus hijos, y no los abuelos. Y al mismo tiempo es bueno que los nuevos padres reconozcan que los abuelos no deberían ser cargados con la crianza de los nietos, ni se debe abusar de ellos usándolos desmedidamente como “baby sitters”.

Los abuelos, al mismo tiempo, cumplen una función muy importante: sirven de punto de referencia, tanto para sus propios hijos como para los nietos en una sociedad cambiante e insegura: Son pilares, columnas, cuando alrededor se tambalean y se fragmentan muchas instituciones veneradas. El mero saber que los padres y abuelos estén allí – estén presentes – inspira confianza en la nueva generación.

En cuanto a la ayuda material, una costumbre de nuestros días es que al morir los padres, recién se reparten los bienes entre los hijos, los herederos. Hay dos debilidades en esta práctica: desgraciadamente, en muchísimos casos, aún en la experiencia de cristianos, surgen malentendidos, celos, peleas y pleitos entre los hermanos. Es una gran vergüenza, pero así es. El otro mal es este: que en la mayoría de los casos, para cuando los padres ancianos hayan muerto, los hijos ya se han instalado en la vida y no les reporta de tanto bien necesario el recibir la herencia. Mejor hubiera sido haber recibido un sustancioso aporte cuando recién se habían casado, o al menos durante los primeros 5 a 7 años de su matrimonio, pues durante ese tiempo ellos pretendían conseguir su casa y así asentarse en la vida. Esto sí, es una buena práctica, y una que dará muchas satisfacciones a los padres que ya en vida no necesitan tanto para vivir.

Si es cierto que los nietos no están bajo la autoridad directa de los abuelos, no por eso la influencia y ascendencia espiritual de éstos sea poca cosa. Al contrario, Dios encomienda a ellos la sagrada tarea de enseñar a sus hijos y a sus nietos las cosas de Dios. (Deuteronomio 4:9). Mejores maestros no debería haber. Si uno piensa en una pareja anciana que ha vivido bien, ha temido a Dios, habiendo atravesado muchos lustros enjalonados con la fidelidad y gracia de Dios, y ya están en el ocaso de su vida con la conciencia limpia y la frente erguida ¡qué fuerza de predicación son sus vidas!. Dios pueble nuestras congregaciones de gente anciana, grande, fiel y robusta en su fe y amor. Enseñarán a sus nietos y a los de otros muchos.

Los niños tienen interés en la muerte. ¿Y quiénes mejor para enseñarles en palabra y ejemplo como los cariñosos abuelos, llenos de años, fe y esperanza?

Bueno, terminemos esta ponencia declarando bienaventurados los padres que establecen y conservan una hermosa relación con los hijos desde su nacimiento hasta después de casados éstos. Si se ubican los padres en esta nueva etapa de la vida de los hijos, descubrirán que siguen siendo de mucha influencia en la vida de ellos, que aún, por su ejemplo, tino y tacto, son compañeros, consejeros y educadores.

Publicado Noviembre  2011 por 
Etiquetas: Keith Bentson

   

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