CUADERNILLOS Y CLAVOS HINCADOS




La iglesia del Señor tiene dos necesidades básicas para su desarrollo. 

La primera es la enseñanza de la didaché que son los mandatos claros y expresos del Señor. Esta instrucción se brinda en las relaciones personales de discipulado, es decir maestro-discípulo, en el ámbito de los grupos pequeños y también está presente en el mensaje a toda la iglesia. Para trasmitir la didaché hemos incorporado distintos materiales de estudio que nos sirven de guía y ordenan mejor el trabajo. No obstante, la sana enseñanza se puede dar sin referencias o manuales, siempre y cuando la fuente sean las sagradas escrituras.

La segunda necesidad es la palabra ungida que marca el rumbo de la iglesia, la proclama del kerigma que trae convicción y apela al cambio, al arrepentimiento, se trata de los "clavos hincados" martillados por el pastor. El ministerio de la Palabra a toda la congregación es una de las herramientas más valiosas en la construcción del pueblo santo. 

"Las palabras de los sabios son como aguijones; y como clavos hincados, las de los maestros de las congregaciones, dadas por un Pastor" (Eclesiástes 12:11)

Jorge Himitian dice que para declarar el kerigma el predicador debe arder con el fuego del Espíritu Santo de otra manera no se producirá ningún efecto en la asamblea. Enseñemos la didaché pero no nos olvidemos de los clavos hincados, del mensaje transformador donde se percibe la gracia profética que penetra hasta partir del alma del espíritu.

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