EL MINISTERIO APOSTÓLICO HOY Jorge Himitian




INTRODUCCIÓN

El movimiento evangélico se caracterizó por ser un movimiento bíblico. Siempre se ha enfatizado la lectura diaria de la Sagradas Escrituras.

La Iglesia Católica después del Concilio Vaticano II, comenzó a recomendar fuertemente a sus fieles la lectura de la Biblia. Gracias a Dios.

Los evangélicos siempre nos hemos gloriado en decir que la Biblia es nuestra única regla de fe y práctica. La Iglesia Católica, en cambio, sostiene que sus tres fuentes de autoridad en materia de fe son: La Biblia, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia. Pero he descubierto que en la práctica nosotros también tenemos nuestras tradiciones y nuestros respectivos magisterios, y que en muchos temas dependemos más de ellos que de la Biblia.

Conceptualmente todos los cristianos creemos y aceptamos que Jesucristo es la plena revelación de Dios; que los apóstoles y profetas del primer siglo fueron los receptores de esa revelación, y que por medio de sus escritos transmitieron esa revelación para todas las generaciones. Creemos que el Nuevo Testamento es el registro fidedigno y divinamente inspirado de esa revelación. Ellos establecieron el fundamento doctrinal y kerigmático de la iglesia para todos los siglos. Y ese fundamento es inmutable, no admite cambios, disminuciones ni agregados. “Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la piedra angular Jesucristo” (Ef.2.20).

Sin embargo, al pasar los siglos, la iglesia se fue alejando de ese fundamento. Hubo cambios, desviaciones, agregados y hasta se introdujeron prácticas y enseñanzas contrarias a las enseñanzas de Cristo y de los apóstoles. Era imperiosa una reforma. Y la reforma llegó.

¿Cuál fue la intención de la reforma del siglo XVI, y la de la reforma de cualquier siglo? Volver a la Palabra de Dios, al fundamento establecido por los apóstoles.

¿Hoy, el movimiento evangélico ha recuperado la totalidad de la verdad bíblica? ¿Estamos libres de todo error doctrinal y práctico?

Mi respuesta, y creo que la de muchos, es que no. Mucho se ha avanzado en estos siglos. La iglesia ha ido recuperando gradualmente las verdades de la Palabra, pero aún la reforma no terminó, debe continuar hasta que recuperemos la totalidad de la verdad del Señor. Para ello necesitamos seguir leyendo las Escrituras con un corazón quebrantado, como niños, para que recibamos revelación del Espíritu principalmente acerca del misterio de Cristo y de su iglesia hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios.

Vayamos al tema que nos ocupa.
De los ministerios mencionados en Efesios 4:13, la iglesia evangélica en general ha aceptado la vigencia del ministerio de pastor, de maestro y de evangelista, pero no el de apóstol y profeta. ¿Por qué? Por nuestras tradiciones y nuestros temores.

Por eso decimos que la reforma debe continuar hasta que recuperemos, entre otras cosas, plenamente el funcionamiento de todos los dones y ministerios que Dios establece en su iglesia. Y gracias a Dios esto es lo que está sucediendo.

Desde la década de los ’60, se viene insistiendo en varios lugares del mundo sobre los  ministerios de Efesios 4.11. En estos últimos años ha habido en algunos lugares del mundo una aplicación exagerada del ministerio apostólico, pero el abuso no debe ser un motivo para el desuso sino para buscar en Dios el uso correcto y equilibrado de este importante don ministerial para el cuerpo de Cristo.
Hoy en muchos sectores existe una convicción creciente de que los ministerios apostólicos y proféticos están vigentes hoy.

 I.     LOS MINISTERIOS PRINCIPALES DE LA IGLESIA SEGÚN EL MODELO Y LA ENSEÑANZA DEL NUEVO TESTAMENTO

Hay dos pasajes fundamentales en los que se señalan los ministerios principales establecidos por el Señor en la iglesia: 1 Cor. 12.28 y Efes. 4.11-16

1 CORINTIOS 12.28:
“Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente APÓSTOLES, luego PROFETAS, lo tercero MAESTROS, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas”. (Valera 60).

EFESIOS 4.11-16:
“Y él mismo constituyó a unos, APÓSTOLES; a otros, PROFETAS; a otros, EVANGELISTAS; a otros, PASTORES y MAESTROS;
a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe, al conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes … sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquél que es la cabeza, esto es Cristo, de quien todo el cuerpo bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.” (Valera 60).

Este texto bíblico nos indica claramente que:

1) Todos estos ministerios están vigentes hasta que la edificación del cuerpo de Cristo sea completada, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe, y hasta que lleguemos a la estatura de la plenitud de Cristo.
2) La única cabeza de la iglesia es Jesucristo, y él nunca delegó esa función a nadie. Él está vivo y sigue gobernando su iglesia. Y él mismo es el que da estos dones a los que él quiere, con los que capacita a sus siervos para ministerios específicos en el cuerpo.
3) La iglesia es un cuerpo (no muchos cuerpitos), un organismo (no una organización). Todo el cuerpo debe estar bien coordinado y unido entre sí por las coyunturas, y ayudándose mutuamente para su edificación y crecimiento.
4) La iglesia es edificada y debe funcionar según los dones ministeriales que Cristo pone en ella, y no según los estatutos o cargos que establece una organización.
Por estos textos y por la enseñanza general del Nuevo Testamento, entendemos que los PRINCIPALES DONES MINISTERIALES que Cristo ha dado a la iglesia son cuatro o cinco, según interpretemos si el ministerio de pastor y maestro es el mismo o si son dos ministerios diferentes:



§      APÓSTOLES                                  
§      PROFETAS
§      EVANGELISTAS
§      PASTORES-MAESTROS

§      APÓSTOLES
§      PROFETAS
§      EVANGELISTAS
§      PASTORES
§      MAESTROS



APÓSTOLES

Según podemos deducir del Nuevo Testamento, hay 3 clases de apóstoles:

1.   Los doce apóstoles

Ellos tenían un carácter único por ser los testigos presenciales de la vida, ministerio, muerte y resurrección de Cristo. Además fueron los directos receptores y transmisores de las enseñanzas de Jesús. Al faltar uno de los doce, Judas Iscariote, el sustituto tuvo que ser alguien que había estado con ellos desde el bautismo de Juan hasta la ascensión. (Hch. 1:15-26)

2.   Los otros apóstoles del primer siglo, que junto con los doce 
establecieron el fundamento de la Iglesia.

El Señor levantó otros apóstoles y profetas aparte de los doce (como lo fueron Pablo y Bernabé), quienes, junto con los doce, recibieron por el Espíritu Santo la revelación del ministerio de Cristo y de su iglesia (Efesios 3:1-7). Ellos fueron el canal de la revelación para darnos a conocer el misterio de Cristo, y dejaron registrada esa revelación en las páginas del Nuevo Testamento.Todos ellos tuvieron la FUNCIÓN PIONERA, EXCLUSIVA E IRREPETIBLE DE ESTABLECER EL INMUTABLE FUNDAMENTO DOCTRINAL Y KERIGMÁTICO DE LA IGLESIA PARA TODOS LOS SIGLOS (Ef. 2:20). Esta revelación se encuentra registrada en las Sagradas Escrituras del Nuevo Testamento, y no admite agregados ni modificaciones posteriores al período de los primitivos apóstoles (Gá.1:8-9).

3.   El ministerio apostólico de carácter permanente.

Según Ef. 4:11-16, Cristo sigue dando a la iglesia apóstoles, profetas, evangelistas y pastores-maestros hasta que se complete la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe, etc. Habiendo distinguido el carácter único y exclusivo de los apóstoles del primer siglo, nos queda señalar en qué consiste el ministerio apostólico:

a) Evangelizar. Apóstol quiere decir enviado. Es un enviado al mundo. Es el hombre que está mas cerca del corazón de Dios y arde con el mismo deseo de Dios de que el evangelio llegue a todo el mundo y a toda criatura (Ro. 1:1, 5, 14, 15; 15:18-24).

b) Acompañar la evangelización con prodigios, señales y milagros (2 Co. 12:12; Ro. 15:19)

c) Fundar iglesias (1 Co. 3:10-11). La evangelización en nuevas áreas genera el nacimiento de nuevas iglesias. Esta tarea requiere el adoctrinamiento de las nuevas comunidades, la capacitación de los santos, la formación de nuevos obreros, la ordenación de presbíteros, etc. Pablo señala que el haber sido el instrumento para levantar la iglesia en Corinto es el sello de su apostolado entre ellos (1 Co. 9:2).

d) Supervisar las iglesias con autoridad apostólica: interceder por ellas, enseñar la sana doctrina, alentar, instruir, corregir errores, disciplinar a los impenitentes, etc. Esta supervisión y ministración se realiza mediante visitas personales, cartas, y el envío de delegados apostólicos. El propósito de esta cobertura apostólica es que las iglesias sean sanas en su fe, vivan en santidad, mantengan la unidad, sirvan en amor y evangelicen al mundo.

e) Ser hombres con luz y revelación del Señor. Ya hemos señalado que los apóstoles junto con los profetas son canales de revelación (Ef. 3:5). La revelación en lo referente al “kerigma” (la revelación completa del misterio de Cristo y de la Iglesia) y la “didaqué” (la totalidad de los mandamientos que revelan la voluntad de Dios) ya nos fue dada por los primeros apóstoles y la tenemos registrada objetivamente en las S. E. Pero hoy, como siempre, necesitamos ministerios de revelación en dos sentidos:
– Para ayudar a los santos a comprender “lo ya revelado”. Dios, por la iluminación del Espíritu, da a algunos de sus siervos luz sobre antiguas verdades de la Palabra, las cuales siempre han estado allí, eran leídas, pero muchas veces no comprendidas, por la carga de erróneas tradiciones, por condicionamientos culturales y religiosos, o por nuestras naturales limitaciones humanas. El buen uso de este don ha producido siempre en la iglesia avivamiento y renovación, y su mal uso herejías.
– Por la necesidad de una palabra circunstancial y particular. Así como Jesucristo le dio a Juan un mensaje específico sobre cada una de las siete iglesias de Asia, hoy tenemos la misma necesidad. Dios puede revelar a sus siervos una palabra específica para cierta iglesia, nación, o individuo.

f) Ser la autoridad principal en la estructura eclesial. En las listas de los dones ministeriales, siempre se menciona en primer lugar. En 1 Co. 12:28, en el griego, dice textualmente: “PRIMERO, apóstoles; SEGUNDO, profetas; TERCERO, maestros; DESPUÉS...” Este orden no es casual sino intencional, revela el orden de los ministerios. Los apóstoles, bajo la autoridad de Cristo, son la principal autoridad sobre las iglesias y los otros ministerios.

Este es el orden de Dios para la iglesia y es lo que hace posible su unidad. Es responsabilidad de los apóstoles la conducción general de la obra, bajo la guía del Espíritu Santo.

PROFETAS

No son muchas las referencias en el Nuevo Testamento en cuanto a este ministerio. De entre las que hay, podemos puntualizar lo siguiente:

1) Al hablar sobre los apóstoles ya señalamos que los profetas también son canales de revelación. Lo que hemos dicho sobre la gracia de la revelación es aplicable igualmente a los profetas. Pues ambos son mencionados en el N.T. como ministerios que reciben revelación. (Ef. 2:20; 3:5).

2) En el orden de los dones ministeriales, ocupan el segundo lugar, tanto en  1 Co. 12:28 como en Ef. 4:11.

3) Resulta evidente que el apóstol tenía autoridad estructural y espiritual sobre las iglesias que estaban bajo su ministerio, mientras que el profeta parecería mayormente solo tener autoridad espiritual.

4) Se pueden apreciar dos perfiles diferentes de profeta:

- Profetas con las características de Agabo, quien aparentemente se movía más en “palabra de ciencia” sobre personas y circunstancias. El Señor le reveló que vendría hambre sobre la tierra habitada, por lo cual los discípulos de Antioquia enviaron ayuda económica a los hermanos de Judea (Hch. 11:27-30). En otra ocasión le reveló que Pablo sería apresado en Jerusalén (Hch. 21:10-11).

- Profetas con las características de Bernabé, Silas y Judas. De estos dos últimos dice Hch. 15:32: “Y Judas y Silas, como ellos también eran profetas, consolaron y confirmaron a los hermanos con abundancia de palabras”. Creo que este perfil difiere un poco del de Agabo. Estos, evidentemente, desarrollaban más el ministerio de edificación, consolación y confirmación en las iglesias. Algo parecido se dice de Bernabé al describir su ministerio cuando llegó a Antioquía (Hch. 11:23-24). Silas, acompañó a Pablo después que este se separó de Bernabé, y fue, por un buen tiempo, integrante de su equipo apostólico.

5) Al igual que los apóstoles, su actuación es tanto local como translocal.

(Permítanme dar una muy breve explicación de los otros ministerios)

EVANGELISTA

Este término aparece 3 veces en el N.T.: Ef.4.11; Hech.21.8 y  2 Tim.4.5
Son los colaboradores de los apóstoles,  miembros del equipo apostólico. Su función es evangelizar y transmitir las enseñanzas apostólicas, fundar iglesias, establecer ancianos, etc. Siempre bajo la autoridad de los apóstoles. Es un  ministerio translocal.

PASTOR-MAESTRO / PASTOR ó MAESTRO

Son los ministerios locales para pastorear, enseñar, predicar, cuidar y gobernar la grey. Es el don que se requiere para ser ordenado como presbítero ( 1 Tim.3.2).

II.     LA NECESIDAD ACTUAL DEL MINISTERIO APOSTÓLICO

El hermano Orville Swindoll en el año 1982 en Argentina, al enseñar sobre la vigencia del ministerio apostólico dijo (pág.3 y 4):

“…Nuestro interés en la actualidad [sobre este tema] se basa en la convicción de que el desarrollo de la obra en todo el país pone de relieve la necesidad de un ministerio apostólico…
Han surgido preguntas y situaciones cuya solución no se halla en el ministerio estrictamente pastoral ni evangelístico, como por ejemplo:
    1) Hay situaciones que no responden a una relación meramente de “coyunturas” (Antioquía no era una “coyuntura” de Jerusalén. Jerusalén no figura como una “iglesia madre” . No hay una clara base bíblica para afirmar la autoridad de un pastor en una ciudad sobre un pastor en otra ciudad (aunque podría existir una relación estrecha entre ellos, por otras razones).
    2) Hay congregaciones que se van desarrollando bien con un buen ministerio pastoral. Pero para crecer con una visión integral y amplia, para lograr coherencia y crecimiento parejo, se dan cuenta que haría falta otra clase de ministerio que abriría la congregación a una visión mayor y que la llevaría a la realización de esa visión sin perder lo positivo logrado con el ministerio pastoral.
    3) En la evangelización clásica ha faltado una coordinación más efectiva con la visión integral de la iglesia. Como el ministerio evangelístico involucra la iglesia en la extensión del reino de Dios, creemos que hay una necesidad implícita de un enfoque mayor para orientarlo.
    4) Cuando se observa en cierto hermano dones y gracia (junto con una buena medida de experiencia y madurez) para la formación de líderes, el establecimiento de nuevas congregaciones, la orientación de pastores y de comunidades en dificultades, etc., ¿es correcto seguir limitándolo a un ministerio netamente pastoral? ¿No sería más conveniente para todos reconocerlo por la gracia que tiene y animarlo para que se dedique más bien a esas tareas que contribuyen a la extensión?
    5) Varias preguntas surgen con respecto a problemas en las congregaciones:
• Al surgir una dificultad en una congregación que excede la capacidad o la autoridad de los líderes locales para resolverla, ¿a quién o a quiénes deben los hermanos apelar para encontrar una solución?
• ¿Qué se puede hacer para salvar una congregación de una desgracia o de un desbande cuando el liderazgo local abandona su responsabilidad, o incurre en pecados que le desacreditan frente a la comunidad?
• Cuando varios pastores en una ciudad o en una comunidad no logran ponerse de acuerdo y hay amenaza o peligro de una división, ¿no hace falta un ministerio más que pastoral que pueda actuar con gracia para resolver la situación? ¿No es conveniente poder identificar esos ministerios antes de producirse una crisis?
• Hay situaciones empantanadas en confusión, indisposición, tradicionalismo y terquedad, que se extienden y afligen toda la comunidad cristiana y que no serán resueltas aparte de un ministerio sabio, con un mandato amplio y con claridad en cuanto a las metas y los métodos a usar para su plena realización. Claramente, en estas situaciones hace falta un ministerio más amplio.
    6) Al extenderse el testimonio de renovación y restauración espiritual a diferentes zonas del país, a veces se ha dado el caso de varios pastores en una misma zona que desean ver una renovación espiritual en sus congregaciones. ¿No se ganaría tiempo a la vez que se promovería el compañerismo entre ellos si algún ministerio de características translocales pudiera orientarles en forma conjunta?
    7) En la práctica, muchos grupos cristianos se han dado cuenta de la necesidad de un ministerio que excede lo estrictamente pastoral, pero suelen dar a esa función otro nombre; por ejemplo: obispo, superintendente, misionero del distrito, etc. Uno de los problemas con este esquema es que, como estos títulos no son bíblicos —o se combinan con responsabilidades que no se relacionan bíblicamente— nos hallamos sin puntos de referencia en las Sagradas Escrituras para definir funciones y responsabilidades. Esto, a su vez, puede dar lugar a excesos inconvenientes o a definiciones arbitrarias. Además, esta práctica se presta a la creación de cargos que se perpetúan y que son ocupados a veces por hombres que, aunque no posean la gracia ni tengan una relación vivencial con las iglesias y los pastores, desempeñan una función institucional (en esto se observa la diferencia entre organización y organismo).
    8) Cuando se presenta la necesidad de reconocer nuevos pastores que se han levantado en una congregación, ¿cuáles serían los otros ministerios que estarían autorizados para acordarles el reconocimiento público?

Más adelante Swindoll hablando de nuestro contexto específico dice: (Pág.11 y 12)

Hoy en nuestra sociedad enfrentamos un contexto cristiano en decadencia. Hay profundas diferencias y divisiones entre los cristianos … En esta situación, el ministerio profético cobra gran vigencia, ya que su énfasis es el llamado a volver a los principios divinos. Pone la plomada a la situación actual y revela su verdadero estado frente a la revelación de Dios. Se pronuncia en contra de los sustitutos humanos inútiles. Despierta inquietudes. Nuclea a las fuerzas vivas en favor de una renovación. Aclara la visión; despeja el horizonte espiritual; enfoca con claridad la meta divina.
    Pero sin un ministerio apostólico que traduzca todo esto en realidad, que corrija errores, que ponga fundamento y forme comunidades, no se logrará una penetración significativa en el contexto social. Después del despertar, hay que poner manos a la obra. Después de la visión, tiene que procederse a la realización. Una vez nucleada la gente, hay que formarla en una comunidad coherente, pujante, atractiva. Y todo esto hay que efectuar con un propósito singular, con claridad y con una metodología efectiva.
    Otro elemento de enorme importancia, que proviene del ministerio apostólico, es la unidad y la universalidad de su visión. Es esta visión la que unifica su trabajo y une a las comunidades cristianas. En su conjunto, los apóstoles están haciendo una misma obra, aunque sus actividades en diferentes momentos o en distintos lugares pueden variar grandemente. Sin una visión apostólica, las iglesias tienden a distanciarse entre sí y a dedicarse a variados énfasis, según la gracia particular de sus pastores y demás ministros en la comunidad. La visión amplia y singular del apóstol asegura que las distintas iglesias se mantengan en estrecha relación hermanable y les ayuda a considerar sus trabajos particulares como complementarios en lugar de sentirse en competencia las unas con las otras.
    Enfocando ahora nuestra situación, podemos decir que hace varios años hemos experimentado un despertar espiritual que, obviamente, ha sido el producto de una visión y de un ministerio profético que ha adquirido gran relevancia en nuestro medio. Esto nos ha dado mayor discernimiento espiritual y agudizado nuestra visión y nuestro aprecio del propósito eterno de Dios en la formación de un pueblo para su gloria aquí en la tierra. Nuestro entendimiento hoy, con respecto al objetivo divino, es mucho más claro que antes. Hemos recibido luz del cielo y discernimos mejor hacia dónde vamos.
    Pero es necesario que tengamos la conciencia de que la visión sola no es suficiente. Si nos quedamos así, podríamos frustrar el propósito de Dios. Hace falta un ministerio apostólico para realizar la visión, para coordinar las actividades y las relaciones entre las iglesias, para dar forma coherente al pueblo de Dios, para descubrir —y en algunos lugares, establecer— el fundamento verdadero y realizar todo esto dentro del contexto actual en que todos vivimos.
   
III.     CARACTERÍSTICAS DEL DON APOSTÓLICO

Apóstol significa “enviado”. Pero no todos los enviados son apóstoles. De acuerdo al N.T. el don apostólico incluye:

1.   El carisma de la revelación ( Efes. 3.3-5)
- Revelación sobre el misterio del reino de Dios
- Revelación sobre el misterio de Cristo
- Revelación sobre el misterio del cuerpo de Cristo: la iglesia
- Claridad sobre la doctrina de Cristo y de los apóstoles (Didaké).

2.   El carisma de la evangelización. El apóstol es un ‘enviado’ ¿Enviado a dónde? Al mundo. Al llegar a un nuevo lugar lo que hace es evangelizar (Rom. 1.1 y 5).

3.   El moverse en los dones del Espíritu. (Rom.15.18-19; 2 Cor. 12.12)
4.   El carisma de la comunicación. El apóstol es ‘predicador’ y maestro (1 Tim.2.7; 2Tim. 1.11)
5.   El carisma de la ejecución: Este es uno de los aspectos que diferencia el don apostólico del profético. El apóstol tiene el don de la ejecución de la visión. Tiene el don para poner fundamento, plantar iglesias, formar vidas, formar obreros, establecer ancianos y edificar la iglesia (1 Cor. 3.10; 9.1-2).
6.   El carisma de gobierno y paternidad: Sabiduría, gracia y autoridad para edificar, velar, supervisar, instruir, guiar, corregir, disciplinar, cubrir con toda responsabilidad, paciencia y perseverancia. El contenido de las epístolas indican claramente esta función.


IV.     REQUISITOS PARA FUNCIONAR EN UN MINISTERIO APOSTÓLICO

1.   Tener un llamado, una convicción personal de parte del Señor. ( 1 Cor.1.1).
2.   Haber tenido un ministerio reconocido en un presbiterio en la edificación de una congregación local, como Bernabé y Saulo en Antioquia (Hechos 13.1-3).
3.   Reconocimiento de presbiterios o iglesias que aceptan su ministerio y autoridad apostólica.
4.   Estar unido y sujeto a una red apostólica que confirma y reconoce su ministerio.

 V.     CARGA Y PASIÓN DE UN APÓSTOL
1.   Tiene carga y pasión por la extensión del reino de Dios.  Es un hombre de la frontera; su carga y pasión es llenarlo todo del evangelio, llegar a nuevos lugares. (Rom.15.18-24)

2.   Tiene carga y pasión por dar a conocer a todos el misterio revelado. Que todos conozcan a Dios, su plan y propósito eterno, las inescrutables riquezas de Cristo…  (Efes.3.8-11).

3.   Tiene celo para que la iglesia sea edificada según la sana doctrina y según la revelación de la Palabra.  (Gál.1.6-9; 1 Tim. 1.3-4; 2 Tim. 2.2; 4.1-5) )

4.   Tiene carga y pasión por la unidad de la iglesia. Ve la división como un horror, como una caricatura grotesca de la nueva creación. (1 Cor. 1.12-13; Efes.2.14-16). La unidad de la iglesia para el apóstol no es un accesorio optativo de la iglesia, tiene que ver con su misma esencia y naturaleza.

5.   Tiene carga y pasión por la calidad y la santidad del iglesia. Tiene celo para que la iglesia sea edificada con oro, plata y piedras preciosas. Predica, amonesta, enseña a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre (Col.1.28)       

6.   Tiene carga y pasión para que toda la iglesia alcance su plenitud en Cristo. (Efes.3.19-20; 4.13)


VI.     CARACTERÍSTICAS ESPIRITUALES DE UN APÓSTOL

1.   Es un hombre de fe. Aunque las metas de Dios son altas y humanamente imposibles de alcanzar, nunca dice ‘no se puede’. Su lenguaje es siempre un lenguaje de fe: Fil.1.6; Fil.4.13; Efes. 3.20; 4.13; 5.27. 

2.   Es un hombre esforzado y sacrificado. No le importa el costo o el sufrimiento con tal de alcanzar sus objetivos. ( 2 Cor.11.23-28)

3.   Es un hombre espiritual y no carnal. No tiene celos, envidias, ambiciones personales (1 Cor. 2.16 – 3.3).  No busca lo suyo, sabe muy bien que las iglesias que está plantando y cuidando no son de él ni para él, sino de Cristo y para Cristo (2Cor.11.2).

4.   Es un hombre apasionado por Cristo. (Fil. 3.7-14). Cristo es su vida, su pasión, su amor, su meta. Es lo único que le interesa ganar; vive sediento por conocerlo y ser como él.

Una palabra a las que son esposas de apóstoles: Mi más alto aprecio, respeto y honra por tu valiosa tarea de ayuda idónea, apoyo y consierva en el ministerio. Tu galardón será sobremanera grande.
 CONSIDERACIONES FINALES SOBRE EL MINISTERIO APOSTÓLICO
 1.   Son ‘ministerios’, que significa literalmente ‘servicios’, (en griego ‘diaconías’). No es una jerarquía carnal o humana sino una autoridad y una función en orden a la edificación de la iglesia. Jesús nos enseñó que el mayor debe ser el servidor de todos.

2.   Con excepción de Cristo que ordenó a los doce como apóstoles, no vemos en el N.T. un ordenamiento oficial de apóstoles ni de profetas ni de evangelistas. Estos surgen gradualmente en el ejercicio de su función y luego son reconocidos. Tal es el caso de Felipe que en Hechos 8, va a evangelizar a Samaria, pero recién en Hechos 21.8, se lo menciona como ‘evangelista’. Lo mismo sucede con Bernabé y Saulo; en Hechos 13 se ora por ellos con imposición de manos pero no se los ordena como ‘apóstoles’. Recién a partir de Hech. 14.4, después de comprobarse por sus frutos el ministerio apostólico de ellos, se los menciona como tales.  

3.   Lo importante no es el título sino la función. El que tiene un don apostólico con el tiempo va a ser evidente su gracia ante la iglesia y ante otros ministros. Si es su caso no se trabe con un reconocimiento oficial, fluya con fe y gracia en lo que Dios le ha dado. La mayor evidencia será el fruto. 




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