EUROPE ALIVE! ¡EUROPA VIVA! Jorge Himitian





   La resurrección del pueblo de Dios

En Ezequiel capitulo 37, el profeta habla de su fuerte experiencia con Dios cuando el Espíritu lo llevó a aquel gran valle de los huesos secos. Primero Dios le ordenó a Ezequiel profetizar sobre esos huesos, y al hacerlo los huesos se juntaron cada hueso con su hueso, y tendones, carne y piel subieron sobre ellos. Luego el Señor le ordenó profetizar al Espíritu: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán. Exactamente así sucedió, y se levantó un ejército grande en extremo.

En los versículos 11 al 14 el profeta relata la conclusión de esta visión:
Me dijo luego: Hijo de hombre, todos estos huesos son la casa de Israel.
He aquí, ellos dicen: Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo destruidos.
Por tanto, profetiza, y diles: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel. Y sabréis que yo soy Jehová, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío. Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová.
 
La primera causa del debilitamiento espiritual de la iglesia a través de los siglos ha sido su alejamiento del Espíritu Santo. La iglesia nació por una poderosa irrupción del Espíritu Santo, y en la medida en que se fue alejando de esa fuente se fue secando.

Los líderes de la iglesia se fortalecieron en su intelectualidad, en su estructura, en su institucionalización, en su teología, en su academismo, pero lamentablemente no en su espiritualidad. Se fue perdiendo la sencillez del principio y sobre todo la dependencia del Espíritu Santo. Lo que llevó a que creciera el lugar del hombre y menguara el lugar de Dios en la iglesia.

Cada vez que en la historia hubo un avivamiento se debió a que se abrió un nuevo espacio a la acción del Espíritu.

La reforma protestante del siglo XVI no implicó necesariamente un avivamiento espiritual sino más bien una reforma teológica. Aunque hubo una fuerte acción del Espíritu trayendo luz y revelación sobre la Palabra, la espiritualidad no constituyó la nota preponderante, sino la controversia doctrinal y teológica. Son conocidas las peleas aun entre los mismos reformadores.

Con todo, a lo largo de la historia, y antes, durante y después de la Reforma se produjeron avivamientos en diversas regiones, los que aportaron nuevas corrientes de espiritualidad a la iglesia.

En el avivamiento de principios del siglo XX, que dio origen al Movimiento Pentecostal, el énfasis fue casi exclusivamente el Espíritu Santo y sus carismas. No trajo nada importante a nivel de reforma teológica; más bien se continuó con los mismos esquemas de los siglos precedentes en cuanto a soteriología, eclesiología y escatología.

Todo lo cual nos indica que una reforma sin avivamiento no es suficiente, ni un avivamiento sin reforma. Necesitamos el Espíritu y la Palabra, o la Palabra y el Espíritu.

En cambio en el derramamiento del Espíritu que dio comienzo a partir de la década de los sesenta del siglo pasado, y que continúa hasta hoy, se está produciendo simultáneamente un renovación espiritual y una profunda reforma teológica. Y creemos que esta reforma seguirá hasta que la iglesia recupere el cien por ciento de su espiritualidad y el cien por ciento de la verdad revelada que está registrada en las páginas del Nuevo Testamento.

 La iglesia necesita volver a la sencillez

La iglesia necesita limpiarse del lastre que fue incorporando a través de los siglos y volver al fundamento establecida por Cristo y sus apóstoles. Volver al poder y a la espiritualidad que la caracterizó en sus comienzos. 

La iglesia necesita librase de la influencia de la filosofía con la que se mezcló en sus primeros siglos y volver al kerigma apostólico, locura para los sabios de este mundo, pero poder de Dios para los que creen. Necesita volver a la sencillez de la didaké de Jesús, y creer que en ella está la sabiduría que puede transformar al mundo. 

La iglesia necesita limpiarse de la estructura imperial que copió del Imperio Romano, embriagada de poder, ambiciones, riquezas, lujo, fama, pompa y vanidad y regresar al modelo de Cristo, modelo de servicio, humildad y amor. Estar cerca de los pobres, de los que sufren y de los pecadores para cumplir con su misión redentora.
   
La iglesia necesita dejar las ceremonias y los ritos sin vida. Las liturgias estructuradas. Volver a la oración sencilla, al canto libre, a la alabanza espontánea y a la libertad del Espíritu en sus asambleas y encuentros.

La iglesia necesita volver a las casas para vivir la verdadera koinonía y el pastoreo eficaz. Para llorar con el que llora, para poder servir los unos a los otros, y para partir el pan con alegría y sencillez de corazón.

La iglesia necesita liberarse de la supremacía de la razón, del intelectualismo estéril, del relativismo moral, del veneno de la teología liberal, y volver a la preponderancia del Espíritu sobre la razón y a creer como un niño en la verdad revelada.

Y en estos tiempos más recientes, la iglesia necesita cuidarse de las propuestas de la pos-modernidad, de un espiritualismo sin Cristo, del pragmatismo que produce «resultados», del relativismo moral, de una religiosidad amoral. Necesitamos volver a los absolutos de Dios, a la centralidad de Cristo, y a creer en la inmutabilidad de la palabra de Dios. Necesitamos volver al fundamento y a la fuente.

Estamos aquí, venidos de distintos continentes, para unirnos y juntos clamar y profetizar al Espíritu: ESPÍRITU VEN DE LOS CUATRO VIENTOS, Y SOPLA SOBRE EUROPA.

Ha habido y hay avivamientos en otros continentes. En los últimos 60 ó 70 años la iglesia ha crecido mucho en casi todos los países de Latinoamérica, en África, Asia, y hasta en países tan difíciles como Corea del Sur, China, Indonesia, India, y algunos de la ex Unión Soviética. Clamemos a Dios por Europa. En la noche más oscura las estrellas brillan más. Cuanto más seco sea el bosque, más rápido se propagará el fuego. Cuanto más difícil parezca el milagro, más gloria habrá para Dios.

Digamos todos juntos: ¡Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre Europa!

 LA DIMENSIÓN DEL ESPÍRITU

La recuperación de nuestra facultad espiritual

Jesús vino al mundo para rescatar al hombre muerto espiritualmente en sus pecados. Por eso habló de la necesidad de un nuevo nacimiento. Al nacer de nuevo, el hombre recupera su facultad espiritual. Jesús le dijo a Nicodemo: «El que no naciere de nuevo no puede VER el reino de Dios» (Juan 3.3). El reino de Dios pertenece al ámbito espiritual, celestial, y el que no nace de nuevo no lo puede ver, no lo puede percibir. Es como pedirle a alguien que no tiene el sentido del olfato que huela el perfume de una flor. Es como pedirle a un sordo que escuche un concierto. Es como pedirle a un ciego que contemple un paisaje maravilloso.

Para ver el mundo espiritual es necesario nacer del agua y del Espíritu. Arrepentirse, aceptar a Jesús como Señor, bautizarse y recibir el bautismo del Espíritu Santo. El hablar en lenguas es la primera manifestación, la iniciación de una experiencia sobrenatural. Sobrenatural quiere decir más allá de lo natural, de lo físico y de lo intelectual. Las dos primeras manifestaciones en esta esfera son el hablar en lenguas y el oír en nuestro espíritu la voz de Dios.

El Espíritu Santo viene para introducirnos a esta dimensión espiritual. Nos da una nueva Biblia (aunque sea la misma). Nos revela la Palabra, nos inspira, nos ayuda a ver lo que está escrito. Nos revela a Cristo en la Palabra, nos lleva a la comunión con el Padre, nos introduce al ámbito celestial, inspira nuestra adoración, nos da nuevas canciones para Dios.

El Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que  somos hijos de Dios. Nos habla, anima, consuela, fortalece. Nos da alegría, paz, amor, palabras de ánimo para otros. Nos transmite valor para ser testigos de Cristo, unción y autoridad para predicar, fe para echar fuera demonios y sanar a los enfermos. Nos da poder para vivir en santidad. Y nos transforma día tras día a la imagen de Jesús. 

En 1 Corintios 12, Pablo, al instruir sobre las manifestaciones del Espíritu de carácter sobrenatural, menciona nueve dones: palabra de sabiduría, palabra de ciencia, fe, dones de sanidades, el hacer milagros, profecía, discernimiento de espíritus, diversos géneros de lenguas, e interpretación de lenguas. Son operaciones sobrenaturales que suceden desde el ámbito espiritual y producen un efecto tanto sobre lo material y físico como sobre lo espiritual.

La llave que acciona nuestra facultad espiritual

Sabemos usar nuestra mente. Sabemos usar nuestro cuerpo y nuestros cinco sentidos. Pero, ¿cómo usar nuestro espíritu? ¿De qué modo podemos usar nuestra facultad espiritual?  La clave es la fe.

- La fe es lo que acciona nuestra facultad espiritual.
- La fe no es una facultad de la mente sino del espíritu. La Biblia dice: «Con el corazón se cree» (Romanos 10.10).
- La fe es un don y un fruto del Espíritu. Es un regalo de Dios.
- ¿Cómo nos llega ese regalo? Por la Palabra. «La fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Dios» (Romanos 10.17).
- La fe es una substancia espiritual producida en nosotros por el Espíritu Santo cuando oímos la palabra de Dios y la recibimos. La Palabra es el estímulo; la fe es la respuesta a ese estímulo.

- Hebreos 11.1 dice: «Es, pues, la fe la certeza (hipostasis= substancia) de lo que se espera, la convicción  de lo que no se ve».
- Fe es ver al Invisible. Fe es ver lo invisible. Fe es ver la gloria de Dios en el firmamento, en cada flor, en cada árbol, en cada criatura que nace, en cada pollito que rompe el cascarón.

- Fe es ver lo que la Palabra declara como hechos reales; más reales aun que el mundo material que contemplan nuestros ojos físicos. Fe es ver el reino de Dios, ver su trono, ver al que está sentado en el trono.

- Fe es creerle a Dios. Es creer lo que Dios dice. Es creerle más a Dios que a nuestros cinco sentidos o a nuestra razón. Nuestros sentidos pueden engañarnos; también nuestros razonamientos. Más aun nuestros sentimientos. Pero Dios, jamás.

- Fe es ver con los ojos del espíritu, ver al viejo hombre crucificado con Cristo, verme a mí mismo como una nueva criatura, verme con Cristo, sentado en lugares celestiales.

Europa se secó y murió por poner el intelectualismo por encima de la fe.
Por poner como condición entender para creer. Cuando la realidad es inversa: creer lo que Dios dice para entender lo que Dios dice. Por eso la mayoría de los teólogos están muertos espiritualmente.  Muchos que tienen vocación ministerial van a los seminarios (mejor dicho, a los «cementerios») y allí con tanto intelectualismo terminan matándoles la fe.

 EL TESTIMONIO DE DIOS

1 Corintios  1.18:   
Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios...

1 Corintios  1.21-24:  
Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación (kerigma).
Porque los judíos piden señales, y los griegos sabiduría; pero nosotros predicamos (kerissein) a Cristo crucificado, para los judíos tropezadero (skándalo), y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios y sabiduría de Dios.

1 Corintios  2.1- 4:
Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría.  Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.
Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación (kerigma) fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

En el acontecimiento único de la muerte y resurrección de Cristo ocurrieron cosas en dos dimensiones: en la dimensión física y visible y en la dimensión espiritual e invisible.

El hecho físico fue visto y relatado por los testigos presenciales, registrado principalmente en los Evangelios. Todos los que presenciaron la crucifixión de Cristo vieron solo la dimensión física: la cruz, un hombre clavado, la sangre. Oyeron los gritos de su agonía. Pero ninguno de ellos vio lo que realmente estaba sucediendo en la cruz en la dimensión espiritual.

 ¿Qué sucedió en la dimensión espiritual cuando Jesús murió en la cruz?

Hubo un solo testigo que vio lo que sucedió allí en el plano espiritual: DIOS.

Por eso el apóstol Pablo, al escribir a los Corintios, les dice: «Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios…» Eso es justamente el kerigma: el testimonio de Dios. Dios es el único que vio plenamente lo que sucedió en la cruz y lo reveló a los apóstoles y profetas. Y ellos a nosotros.

 1.    Quitó el pecado del mundo

Isaías 53:5-6:
Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.
Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. 
2 Corintios 5.21
Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado,
para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

Esta es una de las expresiones más fuertes de la Biblia al declarar lo que sucedió en la cruz.  Jesús no solo cargó el pecado de todos nosotros sino que ¡FUE HECHO PECADO POR NOSOTROS!

La crucifixión implicó la ejecución del juicio divino sobre cada uno de nosotros, solo que fue ejecutado sobre la persona del Hijo de Dios. Por eso Pablo dice: «El cual me amó y se entregó a sí mismo por mí»  (Gálatas 2.20).

 2.   Triunfó por completo sobre Satanás a nuestro favor

Hebreos 2.14-15:    
Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.

Aquí la palabra «destruir» en griego es «katargese» y significa literalmente «dejar inoperante, ¡reducir a una total impotencia!»
¿Cómo lo logró? La respuesta está en el siguiente pasaje:

Colosenses 2.13-15:
Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.
Era el acta de decretos de mi causa y de la tuya. Allí estaba escrita la larga lista de nuestros pecados y delitos, y la condenación que nos correspondía: LA PENA CAPITAL, LA MUERTE. Satanás, como acusador, apelaba a ese instrumento legal para condenarnos y dominarnos. Jesús ocupó nuestro lugar en la cruz y fue ejecutado. Así con su muerte pagó la condena.  Le quitó a Satanás todo documento, toda causa de acusación y condena. iALELUYA! 
¿Cómo lo sabemos? Porque hubo un testigo que lo vio todo, y nos da testimonio. Ese testigo es Dios. Y nosotros le creemos. Y al creerlo experimentamos el poder y la sabiduría de Dios.

 3.   Crucificó nuestro viejo hombre

Cuando Jesús fue crucificado, todos los que estuvieron presentes vieron tres cruces y tres crucificados.

Pero el Padre observó una escena muy diferente. En la cruz del medio, junto con Jesús, vio a millones y millones de crucificados. Jesús no solo cargó nuestros pecados, no solo se hizo pecado, sino que también nos cargó a nosotros mismos en aquella cruz. Su muerte fue «all inclusive». Nos incluyó en su cuerpo. Nos incluyó en su muerte. Morimos con él.


Romanos 6.6:
Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.  (En el griego dice: fue co-crucificado).

Gálatas 2.20:
Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Todo esto ya sucedió hace 2000 años en la cruz, pero no lo recibimos automáticamente sino por medio de la palabra de la cruz, del kerigma. Agradó a Dios salvar a los que creen por la locura del kerigma (1 Corintios 1.21).

 4.   Nos abrió el camino al Lugar Santísimo
         
Mateo 27.50-51:
Más Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. 
Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo

Imaginemos el estupor de los sacerdotes que estarían ministrando en el Lugar Santo al ver ese velo, que había estado allí por siglos, rasgarse de arriba abajo y dejar el Lugar Santísimo completamente abierto. 

Eso era figura de lo que había sucedido en el verdadero santuario

Hebreos 9.12:
…Cristo… por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.

Hebreos 9.24 y 26:
Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios…
… pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado…

Hebreos 10:19-22:                                                                                                                         
Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.            

 5.   Derribó la pared de separación entre los hombres

Efesios 2.14-16:
Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.

¿A qué se refería Pablo al decir «la pared intermedia de separación» ?

En el atrio del templo de Jerusalén había una pared que separaba el atrio de los gentiles del atrio de los judíos. En esa pared había una puerta sobre la que rezaba la siguiente inscripción: Cualquier gentil que traspase esta puerta debe morir apedreado. Dios le reveló a Pablo que cuando Jesús murió en la cruz no sólo el velo del templo fue roto sino que espiritualmente aquella pared que dividía a los judíos de los gentiles fue completamente destruida. Por eso dice: «de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación». Cristo, a través de su muerte, logró la paz y acabó con toda división. Ahora la iglesia es el pueblo de Dios, y ese pueblo es uno solo. La unidad de la iglesia se logró en la cruz. Toda división entre los hombres terminó con la cruz. Dios tiene una sola iglesia. Cristo tiene un solo cuerpo. La división actual de la iglesia va a llegar a su fin, y eso acontecerá cuando el misterio de Cristo y de su obra en la cruz sea revelado por medio del kerigma a la iglesia, a través de los verdaderos apóstoles y profetas del Señor.

 ¿Qué sucedió en la dimensión espiritual cuando Jesús resucitó?                                                                                                                                                     Efesios 1.19 – 23
Y cual la supereminente grandeza de su poder … la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.

¿Qué sucedió con nosotros en la resurrección de Cristo:
Efesios 2.4-7
Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.
Romanos 8:29-30 
Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.

¿Qué hacemos con esta declaración?
Aquí hay cinco verbos: Conoció, predestinó, llamó, justificó, glorificó.
Y los cinco están en tiempo pasado.
No tenemos problemas con los cuatro primeros verbos. Pero ¿qué hacemos con el último: … a estos también glorificó?

¿A quienes glorificó? Pues, a los que justificó.
Cuando lo analizamos con una mente racional, tenemos la tentación de corregir a Pablo, y decirle: Pablo, deberías haber escrito: a los que justificó, a estos también glorificará (en el futuro). Pero no, Pablo proclamó: a estos también glorificó.

Tú y yo ya fuimos glorificados. No físicamente aun, pero sí en nuestro espíritu. Y estamos sentados con Cristo en lugares celestiales.

 LA VIDA DE FE

Para comprender y vivir esto debemos ser llenos del Espíritu Santo y andar en el Espíritu y no en la carne. Vivir por la fe y no por nuestros razonamientos o sentimientos.
Las verdades reveladas no se pueden captar ni experimentar estudiando la Biblia con una mente racional. No es el fruto de un análisis intelectual de la palabra de Dios. Jesús dijo: Mis palabras son espíritu y vida.

Cuando Dios nos bautizó con su Espíritu nos trasladó a una nueva dimensión, nos conectó a una vida sobrenatural, para que pudiéramos vivirlo en el plano natural y cotidiano.  Humilló nuestra razón haciéndonos hablar en nuevas lenguas, nos volvió niños. Decidimos creer tal cual lo que su Palabra dice. Se abrieron los cielos, comenzó a brillar la luz. La misma Biblia parecía una nueva Biblia. Los pasajes se iluminaron. La verdad resplandeció.

Si la Palabra dice que «tenemos libertad de entrar en el Lugar Santísimo»,  digamos amén. Creámoslo como cree un niño. Y por la fe entremos en el Lugar Santísimo y contemplemos a Dios sentado en el trono. Dejemos de orar por larga distancia;  acerquémonos confiadamente al trono de la gracia, postrémonos ante su misma majestad, y adorémoslo en espíritu y en verdad.

Si Dios dice que nuestro viejo hombre está crucificado juntamente con Cristo,  creámoslo, y considerémonos muertos al pecado y vivos para Dios. «Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis» (Romanos 8.12-13).

Si dice que nos resucitó juntamente con él, y nos hizo sentar en lugares celestiales con Cristo Jesús, gritemos ¡Aleluya! Y si dice que «a los que justificó, a estos también glorificó», creamos exactamente lo que Dios dice, y vivamos en el poder de su resurrección.

Si la Palabra declara que Dios «nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo». Abracemos la verdad, creámosla como niños, y ya no pidamos más que Dios nos bendiga, sino alabémosle porque él ya nos bendijo con toda su bendición espiritual. Eso sí, pidamos más revelación para conocer las inescrutables riquezas de la gloria de su herencia en  los santos.

Si Cristo dice que nos dio poder para pisar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del maligno, ¡creámoslo!. Y resistamos, en sus fuerzas, al diablo hasta aplastarlo bajo nuestros pies.

Aunque pasemos por pruebas, tribulaciones, persecuciones hambre, sed o desnudez, creamos con todo nuestro corazón que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien, y que en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. ¡Aleluya!

Su Palabra declara que el resucitado Señor levantará apóstoles, profetas, evangelistas, y pastores-maestros, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Decidamos creer que así será, pues él es fiel y poderoso para hacer todo lo que prometió mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos.

Su Palabra también declara que Jesucristo vendrá a buscar una sola iglesia, santa, gloriosa y sin mancha. Y aunque humanamente nos parezca imposible que las divisiones y la mediocridad actual de la iglesia se puedan superar, creamos que para Dios no hay nada imposible, y que lo que él se propuso desde antes de la fundación del mundo lo va a lograr en su plenitud aquí en la tierra. La iglesia, antes de que él vuelva, va llegar a ser UNA, SANTA, GLORIOSA Y MULTITUDINARIA. ¡Aleluya!

 CONCLUSIÓN

¿Seremos capaces de creerle a Dios por Europa?

El Señor le dio a Abraham “la promesa de que sería heredero del mundo” (Romanos 4.13). Y Abraham le creyó.

Y en el mismo capítulo 4 de Romanos, versículos 17 al 21 dice:

Como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes (naciones), delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen. El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes (naciones), conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que ya estaba como muerto (siendo casi de cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó por incredulidad de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderosos para hacer todo lo que había prometido”.

¿Seremos la generación que le crea a Dios? ¿Somos capaces de creer que Dios es poderoso para hacer todo lo que ha prometido?

En los días de Moisés, la generación que no creyó a Dios murió en el desierto sin alcanzar lo prometido.

Dios le preguntó a Ezequiel: Hijo del hombre, ¿vivirán estos huesos?
-Señor Jehová, tú lo sabes.
- Pues tienes razón, yo lo se. Entonces profetiza sobre estos huesos, y diles:
«Huesos secos, oíd palabra de Jehová.
Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis».
Profetizar es decir lo que Dios nos dice que digamos.
«Profeticé, pues, como me fue mandado;
y hubo ruido… y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso».

 Ante el cuadro actual de una iglesia dividida y debilitada en Europa, con muchas manchas y arrugas, ante el cuadro de una iglesia institucionalizada y casi muerta, nos pregunta hoy el Señor:

Hijo del hombre ¿Vivirán estos huesos? ¿Recuperará la iglesia su gloria y esplendor? Alcanzará la iglesia la unidad de la fe? ¿Volverá a ser un solo cuerpo en cada ciudad, en cada nación y en el mundo?  ¿Llegará a ser gloriosa y santa, sin mancha ni arruga?  ¿Volverá a ser la sal de la tierra y la luz del mundo? ¿Será nuevamente el factor de transformación social en medio de las naciones?

          ¿Crees que yo soy poderoso para hacer todo lo que está profetizado y        escrito en mi Palabra?
         
          Dios te dice:
Si lo crees, profetiza, proclama con tu boca lo que yo digo en mi Palabra.

Si lo crees en tu corazón, declara que acontecerá, y lo que tú creas y digas yo lo haré.

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