sábado, 23 de mayo de 2015

DIÁLOGO CON IVÁN BAKER EN 1990 2° Edición

          



 Presentamos aquí un diálogo con Iván en Buenos Aires en el año 1990. En él Iván se refiere extensamente respecto de su entendimiento de los relacionamientos en el cuerpo, la necesidad de que en la iglesia se reconozca y trabaje en los distintos niveles de madurez, la función pastoral, y particularmente nos revela su preocupación ante el abandono del trabajo en coyunturas del cuerpo como consecuencia de algunos abusos cometidos en los años anteriores. 

¿Qué me puedes decir, Iván,  de un pastor que está solo, que, ya sea por las circunstancias de tiempo, de activismo, teniendo una congregación de unos 30 miembros, está solo, que no tenga apoyo, que no tenga compañerismo, que no esté trabajando junto con otro pastor, y que considere que por las circunstancias del lugar donde está desenvolviendo su obra, por no tener el tiempo él u otros pastores locales, no puede relacionarse?

Consideraría esto como una cosa transitoria pero no aceptable. Transitoria, digo, porque hay circunstancias en las que, por ejemplo, una persona llega a una ciudad y aún no conoce a nadie, y  deben producirse lazos naturalmente. Como algo transitorio lo acepto, pero no como algo permanente. Es completamente impropio que, habiendo alrededor otros siervos de Dios, un pastor no tenga comunión con ninguno de ellos.
Hay circunstancias en las que vamos buscando entender cómo Dios quiere obrar, sabiendo que estoy mal, clamando a Dios por el cambio que tiene que venir. Yo no puedo estar solo. Dios mandó a sus discípulos de dos en dos. La soledad, algunas veces es por ausencia o inexistencia de otros que puedan estar cerca. Pero eso no es lo más grave. Lo más grave es cuando existen otros con los que podría relacionarme, pero tengo el concepto de que “yo solo me basto”. O peor todavía, cuando pienso: “solo voy mejor, otros me van a estorbar”.
Porque en tal caso tenemos el problema de una conversión a medias. ¿Qué es la conversión? -Que el cuerpo del pecado sea destruido, y que nazca una nueva criatura en Cristo. Se muere uno que dice: “sírvanme” y nace uno que dice: “sirvo, estoy para servir”. Muere uno que está lleno de su propio egoísmo y orgullo y nace uno que está lleno del espíritu manso de Jesús, y esto puede verse en su capacidad de relacionarse.
Porque hay algunos que no tienen la facultad espiritual  de relacionarse. Están tan detrás de su propio interés, tan detrás de que nadie les moleste en sus planes, tan detrás de sentirse capaces solos, que les ha tomado un espíritu, yo diría, del enemigo, porque es el enemigo quién nos hace sentir capaces en nosotros mismos, que no quiere la iglesia, que no quiere el cuerpo, que no quiere la relación.  Una de las pruebas más grandes para un hombre en cuanto a su conversión es que es capaz de relacionarse.
-Yo te estoy trayendo el ejemplo de un pastor en particular. No tiene eso en su corazón. No es que se cree capaz, no es que piensa que no necesita a otros, o que él es suficiente solo. Es alguien que yo considero humilde, que ama al Señor, desea servir al Señor, sirve sin ningún interés, No percibo en él intereses materiales o vanagloria, pero no ha él podido hallar compañerismo con otros pastores, no ha podido dejar de estar solo desde hace 5 años. Su relación con otros pastores es solo esporádica. Y cuando se le pregunta acerca de esta situación, su respuesta es: “no tengo tiempo”, “estoy muy ocupado”, “no puedo relacionarme con otros”, “los demás no tienen tiempo”. Es una congregación estancada, de unos treinta miembros.  Llega gente que se convierte, se bautiza, peros si bien no hay un flujo muy grande, entra y sale gente que no permanece.  Hay ciertas vidas que sí, han sido edificadas, pero son muy pocas. ¿Considerarías que una de las razones es la soledad del pastor?

HUMILDAD Y SUJECIÓN: Tu pregunta va muy a fondo, y habría que ver muchas cosas.  Me concentraría, en primer lugar, en la relación del pastor con otros pastores.
¿Por qué me dices que es humilde, que no tiene ambiciones personales? Una de las señales de humildad que buscamos es cuando podemos andar al lado de un par; cuando tenemos que compartir el ministerio al lado de otros, esto es lo primero que yo buscaría ver.
-Ya me has contestado todo.
LA IGLESIA CON PUERTA GIRATORIA. En cuanto a la congregación en sí, me describes una obra que obedece al patrón “cinta transportadora”. Un predicador una vez fue abordado por un feligrés que le dijo: “lo que usted habla me entra por un oído y me sale por el otro”. Ante lo que el predicador le dijo, con buen tino: “porque no hay nada en el medio para detenerlo”.  En esta congregación que mencionas, aparentemente hay muy poco en el medio para detener las vidas. La gente entra con mucho entusiasmo al oír la palabra, pero al unirse a la iglesia no encuentran nada, o muy poco reflejado en las vidas, de aquello que se dijo.
La gente busca amor, comunión, no sentarse en un asiento para oír sermones. Busca el cuerpo de Cristo, los santos, el amor, la paz de los santos, las virtudes del servicio de los santos. Cuando entran en una congregación en la que no encuentran nada de esto, se buscan otro lugar.
PASTORES SOLITARIOS: Ahora, volviendo a lo que dije antes, esta cuestión de la verticalidad en la congregación, es decir el hecho de que el pastor no está sujeto a otros, siempre fue uno de los puntos fuertes para nosotros. Nuestro lema siempre ha sido. “si no estoy bajo autoridad, no puedo estar en autoridad”.
INFORMACIÓN VS. FORMACIÓN DE VIDAS. Otro punto fuerte para nosotros ha sido obedecer el principio de no “informar” sino “formar”. Si uno desea comprar un automóvil, es necesario informarse acerca del mismo, pero no se llega a realizar la compra con la mera información. La información nos debe llevar a la transacción. En lo espiritual, la información debe llevarnos a la formación.  Yo puedo mostrarte fotos de Hawái, de las playas de Honduras, pero algo muy distinto es tener el pasaje de avión para ir personalmente a esos lugares.
No hemos querido, en este mover del espíritu en Argentina, informar a los hermanos respecto de lo que Dios quiere, sino que siempre nos ha interesado la transformación de las vidas.
RECONOCIENDO Y TRABAJANDO EN NIVELES DE MADUREZ. Además, ha sido vital para nosotros, reconocer grados de crecimiento.  En la Iglesia no creemos en la democracia, en que todos tenemos el mismo grado de madurez.  Debemos reconocer el crecimiento de cada uno. Dice el Señor: “por sus frutos los conoceréis”. Nosotros reconocemos grados de crecimiento. Tenemos discípulos nuevos, también discípulos que, a pesar de que hace tiempo conocen al Señor, no han crecido nunca. Estos casos los suelo llamar “enfermería”, porque entendemos que esta situación es completamente anormal y muestra una enfermedad.
Tenemos también “cementerio”. Aquí se trata de algunos que exteriormente dijeron palabras, manifestaron decisiones, pero no sabemos si esas expresiones obedecen al patrón de alguien que ha nacido de nuevo. Tenemos discípulos fieles, hombres y mujeres que aún no ganaron a nadie, pero oran y tienen carga para servir a Dios, se están ocupando de otros, están sufriendo por causa de Cristo, orando y ayunando para llevar fruto para Dios, y sabemos que lo llevarán, que es solo cuestión de tiempo para que el fruto llegue.
Luego tenemos los discipuladores, que han ganado y están formando a otros. Según sea el grado de madurez, debemos dar el alimento a cada uno, relacionarlos de acuerdo a su necesidad, y poner a cada uno en su peldaño ministerial. Su madurez, debe determinar un ministerio adecuado y una oportunidad adecuada, a medida que los discípulos van creciendo hacia la madurez plena.
Entre los discipuladores, buscamos discernir quienes serán los nuevos líderes. Y cuando son líderes experimentados y probados vemos también cuál sería su nuevo lugar de ministerio. Podrían ser diáconos, o pastores, sin  que esos ministerios sean escalones por los que deben pasar.
Lo que estoy buscando hacer es explicarte que tratamos de evitar el estancamiento. Para poder responder tu pregunta, veo necesario que pudiese describirte lo que entendemos por proceso de formación, madurez y los distintos grados que identificamos. La identificación de todo esto nos ayuda a evitar el estancamiento y la pérdida de propósito.
EL FRUTO DEL ESPÍRITU Y EL FRUTO DE MI TRABAJO. En cuanto al concepto del fruto, Dios no solo busca el fruto del Espíritu en nosotros. Dios por un lado se va manifestando en mí, derramando su gracia. Pero además, Dios está interesado en lo que yo hago, en el fruto que yo debo salir a buscar. En la parábola de los talentos, Dios da a cada uno su u sus talentos. Uno, a quien le fue dado uno, lo guardó sin usarlo, y es fuerte ver que Dios lo descalificó.
Entonces, es verdad que tengo vida eterna, que tengo paz, que voy a las reuniones, que guardo mi vida de comunión con Dios, pero además, debo asegurarme que haga lo que Cristo mandó hacer. La obediencia al mandamiento o a la comisión de Dios, por supuesto, ocurrirá según la gracia que Dios me ha dado. En Juan 15 Jesús dice: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca“. No dice “para que llevéis fruto” sino “para que vayáis y llevéis fruto”. Esa palabra “vayáis” en la mente del Señor, habla de nuestros pies, en nuestro salir, en cómo nos movemos, en el ir y predicar, en el “id y haced discípulos”, en dónde estamos yendo para llevar la palabra, a quién visitamos.
En Mateo 13 Jesús habla un sembrador que sale a sembrar, y hay semilla que cae en diferentes suelos y situaciones. Si yo soy grano de trigo y caigo en tierra y muero, no quedo solo sino que produzco fruto. El discípulo de Cristo produce otras vidas. Así que no solo está la gracia del Espíritu que Dios puso en mí, sino el fruto que Dios quiere obtener de mí. El entender esto para nosotros fue muy positivo. Se multiplicaron los discípulos, generalmente al doble por año. Se multiplicaron también los líderes.
ABUSOS DE AUTORIDAD. Lo negativo: algunos se cansaron, otros hicieron abuso de autoridad, que fue sufrido por otros. Algunos se frustraron, y muchos sufrieron la soledad. Nosotros tratamos de corregir el abuso de autoridad enseñando a los hermanos la diferencia entre la palabra de Dios y el consejo del líder.
Hemos buscado enseñar la diferencia entre la palabra de Dios  y la opinión o el parecer personal de un líder respecto de algún aspecto de la vida. Todo aquello que Cristo dice, tiene la autoridad de la palabra de Dios. Ahora, cuando yo soy líder y tengo una opinión personal respecto de algo, esto último no tiene esa autoridad.
Cuando un discípulo no obedece o sigue el consejo personal de un líder debemos ser muy cuidadosos de no decir: “has desobedecido a Dios”. No puedo decir: “cómprate tal o cual vehículo, no te compres aquel”, y esperar que él haga como yo sugiero. Nunca puedo decir ante tal situación: “me desobedeciste”. En todo aquello que Dios no dijo, que no es absoluto, debo dar libertad. Ahora, en el caso del discípulo que no siguió mi consejo respecto a qué vehículo comprar, quizás hizo mal en no seguir mi opinión, y quizás esto se haga patente un año después, cuando la decisión que tomó se evidencia inconveniente. El tal, en ese caso tendrá que evaluar cuán sabia fue su decisión y aprender de ella.
Ahora, si un discípulo quiere casarse con una joven no creyente, yo puedo decir con toda autoridad, que eso no es la voluntad de Dios, y aconsejar esto con toda firmeza.  Pero si se trata de una joven creyente, diez años mayor que él, está bien que le haga saber mi parecer, insinuarle lo que pienso, pero él siempre tendrá el derecho de casarse sin que esto sea desobediencia. No puedo ser dogmático en lo que Dios no ha hablado en su palabra. Puedo opinar que tal joven no es el o la mejor candidata, pero no puedo poner una ley más allá de la que pone Dios. Yo podría decir: espera un poco, y quizá él no lo haga y sufra el daño de no esperar, pero tal cosa no es desobediencia a Dios, y si uso tal lenguaje esto es abuso y es exceder lo que Dios me permite.
 -Cuando  regresé a mi país, me relacioné con gente de Costa Rica, Guatemala, Honduras. Para mi fue de tanta bendición la sujeción, el discipulado. Mi experiencia fue excelente. No me canso de decir la bendición que fue para mí el discipulado y la luz que trajo a mi vida el señorío de Cristo. Estar bajo cobertura es mi seguridad, estar en sujeción. Eso lo absorbí y lo vivo y me refrescó, y creo que allí está mi seguridad. Pero cuando quise compartir con distintos grupos evangélicos la palabra “discipulado”, con todo respeto te lo digo, sonaba a mala palabra.

Es verdad. Yo quería llegar a este punto, que espero puedas entender. Muchos se desalentaron y palabras como “coyunturas” y discipulado” llegaron a ser despreciadas, inclusive la palabra “discipulado”. El diablo ganó la batalla. ¡Cómo odia al verdadero discipulado y las verdaderas ligaduras del cuerpo! El tiene gran odio por estas cosas, les tiene pavor.
El diablo quiere insistir de cualquier forma para desalentar a la iglesia en cuanto a ser una iglesia de relaciones estrechas de compromiso.
El resultado fue el estancamiento. No las campañas ni las reuniones de evangelización resultaron. Hoy, tenemos que decir, la iglesia está estancada. En muchos sentidos, para gran dolor de mi corazón volvimos al tiempo de antes. Me refiero a nuestras congregaciones de Buenos Aires. Muchos cuestionaron todo, y la luz que Dios nos había dado quedó en tinieblas. Yo digo, de manera metafórica, que tiraron el agua sucia con el bebé.
¿Qué estamos haciendo los pastores hoy? Quisiera, por la gracia de Dios, transmitirte lo que está pasando. Porque es muy precioso. Han sido muy duros estos catorce años ver tanto desprecio ante la luz  tan buena que vino de parte del Señor. No te digo que todo se perdió, pero sí se perdió el filo de la espada. En muchos, todo se perdió. En muchas zonas de Buenos Aires se abandonó por completo la enseñanza bíblica de las coyunturas, del discipulado, aunque hoy están desesperadamente tratando de reencontrar el bebé.
En este último tiempo, desde hace un año y medio, estoy comenzando a animarme. Tuve que esperar, tuve que soportar, fui a trabajar más de cerca de otras congregaciones en otras partes, pero sabía que Dios quería curar heridas y modificar cosas que estaban fuera de orden y aportar luz en áreas donde no había, para que la luz fuese plena;  pero nunca pensé que acabaríamos destruyendo por completo todo lo que, si bien tenía que ser perfeccionado, tenía tanto de bueno. Tuvimos que pasar todos estos años en ese claroscuro.
COHERENCIA. Esto comenzó a revertirse cuando hace unos tres años uno de los hermanos, Afif Chaikh, predicó un mensaje sobre “Coherencia”, sobre el ser coherentes. El dijo: “si esta es la luz que predicamos, este tiene que ser el resultado que tenemos”. No podemos hablar de vidas transformadas si no las hay, no podemos hablar de una iglesia pujante si no existe, no podemos hablar de discípulos si no los tenemos.
El punto central de todo es la visión. Todo tiene que ir a apuntando hacia la formación conforme al plan de Dios. Si vemos a un escultor dando golpes a una piedra de mármol con el martillo, y hallamos que no tiene nada en mente, una figura, idea, o algo a qué llegar, nos damos cuenta que el tal está trabajando sin lógica, sin tener un objetivo concreto en su trabajo. Si él tuviese un plan concreto al cual llegar, eso limitaría cada golpe, obligaría y dirigiría la ubicación del cincel y los toques que le daría, porque todo se conformaría hacia algo que está haciendo.
La iglesia del Señor, si no tiene una orientación, o si su orientación es vaga, como “salvar almas, ganar vidas, salvar hombres”, estaríamos como ese escultor, dando golpes aquí y allá.  Pero el Señor nos mostró que él desea una familia de hijos iguales a su Hijo. La iglesia tiene como propósito llegar a la unidad de la fe y del conocimiento del hijo de Dios, y esta no es una cuestión para cielo, sino para la tierra. El versículo siguiente, el v.14 dice: para que ya no seamos niños fluctuantes. El 13 nos marca a dónde debemos llegar, a la unidad de la fe y del conocimiento de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Por supuesto, esta plenitud no es celestial sino terrenal. Se trata de una madurez plena, la cual es para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados de aquí para allá por cualquier viento de doctrina.
Está claro que no se trata, nuevamente, de una cuestión celestial, sino algo que debe ocurrir aquí en la tierra. Y la responsabilidad de alcanzar este fin, recae justamente en la iglesia.
Cuando predicamos el evangelio, tenemos un objetivo muy claro, cuando trabajamos en el discipulado, tenemos algo bien concreto hacia lo que apuntamos: que cada uno sea formado a la imagen de Cristo. Entonces, la incoherencia es declarar esto, y no estar trabajando para ver una iglesia que está uniéndose en el amor de Cristo, en la medida que lo glorifica.
LA UNIDAD Y LA EDIFICACIÓN VAN JUNTAS. La unidad y la edificación, dicho sea de paso, dependen una de la otra. Edificar a la imagen de Cristo y edificar en unidad son dos cosas que van juntas. Necesitamos por un lado la unidad de los miembros, como Pablo dice, para ser formados a la imagen de Cristo, y por el otro necesitamos ser formados a la imagen de Cristo para alcanzar la unidad de los miembros del cuerpo. Estos son dos aspectos del cuerpo de Cristo que deben darse conjuntamente. En palabras de Pablo: “todo el cuerpo bien concertado y unido.. que se ayuda mutuamente… recibe el crecimiento para ir edificándose…” Esto es una clave muy importante y profunda.
La incoherencia es hablar de todo esto, sin buscarlo, sin siquiera esperar tenerlo. Afif en 1988 nos despertó a nuestra incoherencia, y este se ha vuelto nuestro tema hasta el día de hoy. Entendemos hoy que no debemos pasar a otra cosa hasta que obtengamos lo que Dios nos está diciendo. Esta inquietud ha alimentado todos nuestros encuentros, nuestros retiros. Luego del retiro en Termas de Río Hondo [en 1988, dónde Afif Chaikh dio su mensaje sobre coherencia]  tuvimos todos los pastores otro retiro (yo quedé maravillado por esto) para preguntarnos qué nos habló Dios en el retiro de Termas.
LO ABSOLUTO Y LO RELATIVO. Luego de este retiro en José C. Paz, sucedió algo que para mí fue clave (entiendo que no todos los pastores describirían las cosas de esta manera, y en ese sentido me siento completamente libre). Jorge nos trajo dos claves, dos elementos esenciales.
Después del decurso por las exageraciones que hicieron que, como dije un poco pictóricamente, se tiró el agua sucia y el bebé, quedó un interrogante: si bien el discipulado, las coyunturas, la iglesia fuertemente relacionada es maravillosa: ¿cómo podemos hacer que esto maravilloso no se mezcle con lo humano, no se malogre? Intuyo que este interrogante estaba en el corazón de Jorge cuando ese día dijo algo en el retiro en José C. Paz, que marcó un hito para mí. Él dijo así: “deberíamos distinguir entre lo absoluto y lo relativo. Lo absoluto siempre es absoluto, lo relativo siempre es relativo. Cuando absolutizamos lo relativo estamos mal, y cuando relativizamos lo absoluto también”.
Entonces, el primer punto que él destacó fue distinguir entre una cosa y otra; obrar, actuar y hablar todo de acuerdo a una cosa u otra. Desde el punto de vista práctico, debemos distinguir entre las enseñanzas de Jesús, lo que el Señor dice, aquello que “escrito está”, y nuestras opiniones o formas de entender.  Pablo a veces decía: “esto es lo que digo y pienso yo”. En base a este esquema dividimos tres niveles de autoridad: El consejo, la opinión (ambos de distinto grado de relatividad) y la palabra absoluta.
Jorge, en el retiro continuó diciendo algo que me trajo mucho gozo y claridad. Dijo así: “debemos, sin embargo, entender que lo relativo es indispensable para realizar lo absoluto”.  Si queremos comer fideos al mediodía, hay muchas cosas relativas. Si bien los fideos son lo absoluto, hace falta ir a comprarlos, ponerlos en una olla con agua, hace falta encender el fuego, cocinar a cierta temperatura, luego hacen falta platos, tenedor, salsa, etc. Si no nos ponemos de acuerdo en todas aquellas cosas, no podremos comer fideos. Lo relativo, entonces, es indispensable para alcanzar lo absoluto.
La Biblia no da mi nombre, dirección y teléfono, sin embargo habla de un absoluto: ¡debemos tener comunión! Pero no habrá comunión si no intercambiamos nuestros datos personales,  que son relativos. Por otro lado, está claro que debemos tener comunión, pero para ello, también tendremos que tener acuerdo en cuanto a qué hacemos cuando estamos juntos. Siempre habrá cosas relativas que deberán existir para que podamos tener comunión.
Hemos  tenido un pueblo en el que hay diferentes tipos de ministros. Algunos están en el monte. Y no quieren bajar al valle, pues para ellos el valle sería lo relativo, de modo que se quedan en el monte. Y tenemos otros que están en el valle que no desean subir al monte.  ¡Esta es una situación ridícula! Nosotros no podemos, como siervos de Dios, cumplir nuestro ministerio si no unimos el valle con el monte.
Pedro quería hacer tres enramadas, tres tabernáculos, y quedarse arriba del monte, pero Jesús dice: “vamos a volver a bajar al valle”. Nos damos cuenta que en el valle, hablaremos del monte, declaramos lo que hemos recibido en el monte. ¡Qué indispensable es el monte cuando bajamos al valle! Y cuando subimos al monte, ¿De qué le hablamos al Señor? ¡Del Valle! De las necesidades, de lo que ocurre, además de adorarlo.
Es aquí en el valle donde tendremos que ponernos de acuerdo para poder alcanzar los propósitos eternos que Dios se ha propuesto, y si no lo logramos, no alcanzaremos nuestra misión de Iglesia.
EL CLERO Y LAICADO. Imaginemos una iglesia que ha cumplido su misión, que ha alcanzado su propósito, y viene toda ella delante del Señor, y allí están los apóstoles, lo profetas, los evangelistas, los pastores y maestros, todos ellos presentando ante el Señor la iglesia formada tal como se les había encomendado ¿Cómo les hablará el Señor a ellos que han trabajado tan bien, que han formado tan bien la iglesia?
Aquí están, por un lado los ministerios, y por el otro está la iglesia. ¿Cómo califica el Señor el trabajo de estos hombres? Quizá te hayas dado cuenta ya de la trampa: ¡No estarán los ministerios separados de la iglesia! ¡Los ministerios son parte de ella! los ministerios no son una casta especial de dignatarios sino miembros de la iglesia.
Alguno me dirá: “Ivan, has quitado autoridad a los ministros”. ¡No! porque darles el lugar exacto que Dios les dio a ellos, es darles el mejor lugar. No estoy hablando ni de deshonrar ni de desconocer, sino de no jerarquizar. Lamentablemente hemos muchas veces institucionalizado a la iglesia. Dios no quiere que honremos a algunos hermanos solamente, sino que toda la iglesia esté llena de honra mutua. El Señor nos dice: “ámense unos a otros como yo los amé”. Está bien reconocer y honrar un ministerio, porque los ministerios son indispensables, pero el amor es el mismo, y la honra a la persona es la misma, la oportunidad es la misma, y el llamado es el mismo en cuanto a que la santidad y la consagración es la misma.
A veces digo a los pastores: “cuando ustedes terminen de otorgarse a sí mismos la jerarquía que desean, habrán destruido toda la iglesia. Porque muchos se rodean de multitudes que vienen a escuchar sus sermones, que de nada sirven, y son ustedes quienes les enseñaron a ellos a acostumbrarse a tal cosa”. Les digo: “¿Por qué no se visten de una manera especial para ser distinguidos más fácilmente? ¿Por qué no se ponen una sotana y anillo de oro? ¿Por qué no hacen que la gente les bese la mano?”.
Pero el llamado es único: negarse a uno mismo, tomar la cruz y seguir a Jesús. Cuando se acepta otra cosa, se ve claramente el trabajo de Lucifer. Porque todos tenemos el mismo llamado a la santidad, a la misma consagración, y todos tenemos que ser discípulos que deben cumplir un sacerdocio en común. Es verdad que sobre esto hay ministerios especiales, pero estas cosas deben estar en todos lo que siguen a Jesús y no en una casta especial de clérigos.
La iglesia es una nación de sacerdotes, en la que cada miembro es un sacerdote, y todos tenemos un ministerio sacerdotal y un ministerio de intercesión, lo cual indica que todos debemos compartir con el mundo la palabra de salvación, por medio de la palabra de la reconciliación. Todos fuimos reconciliados y todos recibimos el ministerio de la reconciliación.  Tenemos 1 Pedro 2.9, 2 Cor 5.18, Hechos 1.8, y Hechos 2.39. Un solo llamado, una sola consagración, y un solo ministerio sacerdotal de todos de ir y hacer discípulos. Debemos destruir el concepto de separación de clérigo y laicado. Debemos entender mejor la metáfora de la oveja y el pastor. Muchos se ven a sí mismos pastores, y ven a su congregación como su rebaño. ¡Qué locura! Esta imagen está simbolizando a Jesús y su pueblo, no al pastor de una congregación. El pastor de la congregación, ¡es parte del rebaño!
Algunos dicen: “las ovejas dan a luz, no así los pastores” ¡Qué mal manejo de las Escrituras! ¡Al contrario! El pastor, es una oveja que debe ser ejemplo de todo lo que se le ha encomendado enseñar. Jesús no enseñó meramente con las palabras. Lucas dice muy acertadamente: “comenzó a hacer y enseñar“. Él nunca enseñó nada de lo que no hizo, y yo no puedo enseñar nada que no hago. Hago discípulos, predicando el evangelio a quienes encuentro a diario, los llevo a mi casa, tengo la alegría de tener un grupo en casa (a pesar de que otro es el responsable, debido a mis viajes frecuentes, y debido a que mi función pastoral no me permite ser el único y directo responsable). No quiero perder el sabor de ganar y hacer discípulos, de ser alguien que está fuertemente ligado a la conducción de un grupo de hogar, no quiero sacar la mano de la masa, porque el día que la saque, me voy a transformar en un esclerótico, en un pedazo de pan verde lleno de moho. Estaré dando meramente teorías, perderé frescura, no tendré autoridad espiritual, lo cual muchísimos de mis colegas no tienen.
Han ganado el enorme beneficio de satisfacer las exigencias de la iglesia en ser excelentes expositores de la palabra pero son nubes sin agua, y las iglesias se  desviven tratando de encontrar el camino y no lo encuentran. Las iglesias se desgranan y fosilizan. Un grano de vida cuando  es vivido en la realidad de Dios y es transmitido por el ejemplo, vale mucho más que 25 millones de sermones, donde el que los da no vive como tiene que vivir según Dios.
EL SACERDOCIO TERMINA SOLO CON NUESTRA PARTIDA AL CIELO. Y en esto no se madura nunca. Cuando Pablo era un viejo, todavía hacía discípulos. No se sale de esto nunca, no se emerge en otra cosa. No hay otra cosa. No es que cuando alguien es apóstol y es viejo, se pone a escribir libros. No, siempre hace discípulos. No hay problema que escriba libros, pero tiene que hacer discípulos. Aunque tenga 90 años, y ve a su vecino de la esquina, le debe predicar la palabra. ¡Lógico! ¿Qué otra cosa va a hacer en un mundo como este en el que uno está siempre rodeado de gente que no conoce al Señor?
-Ivan, tu eres hombre reconocido como pastor, con una trayectoria de liderazgo, muy respetada, pero también yo me he enterado que eres hombre que sales como cualquier creyente a predicar; si tienes un contacto, el otro día te oí como le hablaste del Señor a alguien, como fuiste a verlo, como lo buscaste. Yo quiero saber bien tus funciones. Son de pastor, de líder, pero también te dedicas a la prédica personal, y a visitar gente como cualquier hermano. Aquello que se le pide al pueblo, tu también te involucras en esa actividad, y cuidas esa responsabilidad.

Absolutamente. Yo debo ser ejemplo a los hermanos. Además el día que no lo haga más, entonces los hermanos conjeturarán lo siguiente: “para no hacer esto, tengo que volverme pastor”. Se madura y se llega a una jerarquía (usando el término malo de los evangélicos) cuando uno no hace más discípulos. Alguien dice “yo quiero escollar, y para eso no tengo que hacer más discípulos,  esas cosas comunes”. ¡No, al revés! Tenemos que hacer discípulos durante toda la vida. Debemos siempre hacer todo lo que los demás tienen que hacer. Y nunca dejar de vivir esa vida simple como Jesús vivía.
LA NECESIDAD DE ESTAR EN LAS CALLES. Gozo mucho de estas conversaciones como esta que estamos teniendo, pero no aquí, sino en la plaza, afuera, en un café, para que esté la posibilidad de que alguien venga y escuche lo que estamos diciendo, y se interese y nos pregunte: “ustedes están hablando de Jesús”, antes de que te des cuenta tienes 20 personas oyendo tu conversación, la palabra, al punto de que debemos suspender  nuestra conversación personal pues debemos atender la gente que nos rodea. ¡Eso fue lo que hizo Jesús!
Estuve en Porto Alegre hace pocos días y tuve una hermosa reunión con unos 20 líderes y pastores. Tuvimos 3 horas desde la mañana juntos, y yo dije: “esta reunión tuvo un solo defecto”. Cuando capté la atención de todos con esta frase continué diciendo: “tendríamos que haberla tenido en la plaza”.
Cada uno lleva un banquito, nos sentamos debajo de un árbol, muy felices, y hacemos la reunión exactamente igual a la que tenemos en lugares cerrados, pero se transforma en una reunión en la plaza. Porque la gente puede arrimarse para oír lo que estamos diciendo, y quizá como fruto de ello, alguien se convierta. Si nadie se acerca, no hay problema, pues no vamos con pretensiones, pero vamos adonde está la gente. Porque Jesús usaba este método todo el tiempo. Todo lo que decía a los discípulos también podía ser escuchado por la  multitud.
El sermón del monte, fue en el monte, no en la casa de Pedro, sino en un lugar abierto y público para que lo escucharan los discípulos y quien quisiera oírlo. Esto, sin que sea un esfuerzo mayor, nos permite hacer dos cosas a la vez: formar a los discípulos y evangelizar, sin que sea algo complicado, sino fácil. Debemos ser más sencillos, haciendo nuestro mensaje fácil de ser entendido por cualquiera.
Entonces tú crees que es un engaño sutil, eso de que los pastores deben preocuparse solamente por el funcionamiento general de la iglesia, por la administración, por las vidas, sin ocuparse en el evangelismo personal. ¿Crees que esto es algo que Dios va a restaurar o algo que ya está restaurando en la iglesia?

LA NECESIDAD DE DISCIPULADORES. Si los pastores no se ocupan directa y gozosamente con toda su energía, y con todo su empeño en la evangelización, que empieza por hablar a sus vecinos, tener su casa abierta, dando la palabra por donde van, si no son así ellos que son la punta de la iglesia, detienen toda la evangelización de la iglesia.  Supongamos que hacemos una campaña, y que el resultado es superior a lo que siempre ocurre, que en este caso, 1.5% de las decisiones permanecen (el gasto es tan alto y el esfuerzo que requiere una campaña, que yo me maravillo que la iglesia aun sigue entusiasmada con ellas) Una vez que termina la campaña, recién comienza la evangelización, pues esas personas no saben casi nada acerca de lo que es la vida cristiana. El pastor reúne, digamos, un grupo de cien nuevos convertidos, entre los que hay problemas matrimoniales, materiales, laborales, etc. ¿Este pastor va a atender todos los problemas? Todos ellos necesitan comunión, amor, instrucción, quién los escuche. Todos precisan algún hermano lleno de Dios, alguien que es ejemplo, que conoce los caminos del Señor, ¡eso necesitan!
Pero hay un solo pastor. Alguien viene y le dice: “pastor, aquí le presento a este amigo para que lo cuide”. ¡No, no!, si tu lo has ganado, tu deberías cuidarlo. Precisamos un ejército de discipuladores para tomar a los que se salvan y discipularlos. Para llegar a esto, el camino no es corto. Éxito en el primer día, éxito en el segundo, al año, ya no lo llamábamos éxito, sino que reconocíamos el aporte de los que habían trabajado, y luego de unos años, comenzamos a ver esto como algo negativo, más que positivo. En dos congregaciones, hubo una campaña de un famoso predicador, que como resultado, quedaron unas 4.000 tarjetas de contactos para visitar. Todas ellas fueron visitadas porque había discípulos y discipuladores, y quedaron unas 150 personas en la congregación.
Durante dos años, ese ejército intentó incorporar a esos 150 contactos en la congregación. Pero a ellos no se les había predicado en la campaña el evangelio del reino. Yo tengo la sospecha de que nunca habrá una campaña muy masiva si predicamos en ella el evangelio del reino. Es muy difícil tener masas de gente escuchando si predicamos la verdad, porque la verdad es cáustica, no gusta al hombre. Es la minoría que la quiere, es el grupo pequeño el que la busca. Entonces, en este caso, en el que se había predicado el evangelio de las ofertas, (“no te va a costar, te vas a sanar, vas a ser feliz” -hubo sanidades, fue una campaña centrada en la sanidad y no en las demandas del reino), los pobres discipuladores estuvieron dos años intentando traer el verdadero evangelio a estos 150, pero solo unos 20 quedaron, y entre ellos, algunos se convirtieron de verdad.
Esto nos muestra la dificultad. Aquí había discipuladores para recibir el fruto, pero el evangelio no había sido presentado correctamente. Y cuando alguien ha sido atraído con el evangelio de las ofertas, es muy difícil cambiarlo por otro, porque ellos vinieron detrás de la “bendición”, de la sanidad, de alguna palabra de aliento, y prefieren estas cosas. De modo que quiero decir que si tenemos un cuerpo de discipuladores, tenemos una mayor capacidad de absorber el fruto de una campaña, la cual será mucho más efectiva si se predica el evangelio del reino de Dios. Porque cada uno de esos discipuladores puede tomar a dos o tres y discipularlos. Así hay mucho más posibilidades de retener el fruto.
Tengamos siempre cuidado de predicar el evangelio del reino, el evangelio que predicó Cristo, el que no solo contiene las promesas sino las condiciones para alcanzar esas promesas. El evangelio de la “gracia” que no cuesta nada es en realidad el evangelio de la “desgracia”.
Yo me convertí con el evangelio de las ofertas. Tuve un encuentro profundo con el Señor y en ese lugar donde recibí el evangelio de las ofertas, comencé a buscar al Señor con mucha sed, y Él me fue llevando más cerca de Él, hacia la entrega absoluta. Mi entrega terminó siendo absoluta, a pesar de que esto se dio paulatinamente. Desde el primer momento que oí acerca de Jesús, vino sobre mí un temor, y la convicción de que yo no podía solo estar motivada para recibir lo fácil del mensaje. Con el tiempo llegué a la congregación en la que estoy hoy, donde me ayudaron a profundizar mi conocimiento de Dios, me enseñaron lo que es la negación a uno mismo. Antes yo predicaba así: “Dios te resuelve los problemas, te da paz” porque así se me había enseñando, no tenía en orden el evangelio.

AUTORIDAD Y SUMISIÓN. Ahora, en cuanto al relacionamiento unos con otros. Lo que Dios nos mostró al principio, fue que, lógicamente, el nuevo entendimiento de la vida en Cristo del discípulo que Dios nos reveló, no podía ser el resultado de meramente reuniones. Uno puede hacer un desfuerzo desesperado por dar numerosos sermones, pero la gente no entiende de esa manera. Cuando te sientas a conversar con ellos y comienzas a preguntar a cada uno, te das cuenta lo poco que aprendieron de un sermón, por más maravilloso que haya sido. En un corto tiempo ya ni se acuerdan del sermón. Uno llega a desesperarse con esto y a vislumbrar que hay otro camino más efectivo: el camino de la relación personal.
Nos dimos cuenta que para tener 100 discípulos que vivieran de verdad el mensaje de Cristo, debemos tener 100 padres y madres espirituales cuidándoles. La mitad de la congregación alimentando a la otra mitad. Tenemos a esta relación vertical como algo fundamental. Tú debes tener un maestro, una maestra ¿Quién te enseña? ¿A quién te sujetas? ¿Quién vela sobre tu vida? Este fue el tema que, desde que empezó este mover del Espíritu, llevaba mucho de nuestra atención. El resultado fue buenísimo.
El centurión le dijo a Jesús, “tú eres hombre bajo autoridad, di la palabra y mi siervo sanará”, “yo también soy hombre bajo autoridad y digo a este ven y viene, y a este ve y va”. Él vio que Jesús tenía autoridad porque estaba bajo autoridad.  Era un militar, por lo tanto sabía que su autoridad como militar emanaba de su sujeción a sus superiores. Por primera vez amaneció este entendimiento en nosotros.  Si yo no estoy bajo autoridad, no tengo autoridad.
También podríamos decirlo así: si este es un cuerpo, y tiene miembros, y los miembros deben estar relacionados entre sí, acoyuntados, un miembro que no está acoyuntado no está en el cuerpo. ¡Esto se nos volvió muy claro y tremendo! Hemos descubierto este principio tan claro de las escrituras y lo aplicamos hoy a la iglesia. Todos debemos tener a alguien a quien consideramos nuestro padre o madre espiritual. ¡Nadie debe estar solo, sino todos relacionados!


A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...