LA MENTALIDAD DEL DISCÍPULO DE CRISTO Oscar Gómez


 La sociedad actual tiene una mentalidad individualista. La mente del ser humano o se edifica o se atrofia, no tiene términos medios.
La nueva vida en Cristo Jesús no solamente implica un cambio de agenda, de actividades. Antes los domingos iba al club ahora voy a la reunión o los miércoles miraba mi programa favorito y ahora voy al grupo casero. Esto es una parte importantísima, pero la verdadera conversión trae aparejado un cambio de mentalidad, esto es algo interior y se produce en el laboratorio de mi mente.
El significado de arrepentimiento se describe con la palabra metanoia, “meta” es cambio y “noia” es mente, es decir un cambio de mente, un trueque de pensamientos.

1-Quitar la antigua mentalidad

Nuestra mente es como una compactera. Esta vieja manera de pensar era individualista, discriminatoria y materialista.
Hay factores que presionan creando una determinada mentalidad y de esta manera un estilo individualista de vida.
Dos externos:
-la sociedad que nos rodea.
Fundamentalmente a través de los medios de comunicación que alientan el consumismo y el confort a tal punto que todo se puede hacer desde la casa, sumado a que cada hogar hoy en día se ha convertido en una trinchera. También están los así llamados formadores de pensamiento. ¡Esto es así! Inciden en la forma de pensar y ver las cosas.
Al respecto Pablo nos exhorta: «No se amolden al mundo actual» (Romanos 12:2).

-Satanás: El libre pensador

Un libre pensador es aquel que no tiene parámetros, límites en sus criterios y pensamientos. Sus elementos de engaño (Colosenses 2:8)
Satanás construye estructuras mentales, argumentos e ideologías en nuestra mente que son opuestas al reino de Dios. Y esto es fuerte. Podemos echar fuera un espíritu de curanderismo pero ¿cómo hacemos para romper una fortaleza mental y desalojar una ideología que se enquistó en el pensamiento a través de los años?
El otro es interno:
El egoísmo de nuestro corazón que nos arraiga a este estilo de vida. El apóstol nos dice: «Con respecto a la vida que antes llevaban, se les enseñó que debían quitarse el ropaje de la vieja naturaleza» (Efesios 4:22).

2-Tener la mentalidad de Cristo     (1°Corintios 2:16)

El otro día alguien me dijo: “Hermano: en la iglesia tiene que haber democracia, hay que decidir lo que el pueblo quiere”
Pude entender que me encontraba ante una persona que no había cambiado su mentalidad. Debemos preguntarnos:
¿Qué piensa Cristo sobre el matrimonio, los religiosos, las fascinaciones de este siglo, el perdón, etc? ¿Cómo piensa? ¿Cuál es su mentalidad? ¿De qué pensamiento estaba cautivado desde su nacimiento hasta su muerte? ¿Tuvo un patrón mental que lo guió todo el trayecto de su vida?
Para ello debemos remitirnos a las escrituras, especialmente a los evangelios donde él no solamente habló sino que actuó.
Creo que todavía no tenemos la mente de Cristo.
Pensamos así: “cuando termine mi casa serviré a Cristo” “cuando gane más dinero ofrendaré a Dios” “cuando tengo un mejor auto voy a otros pueblos” “los domingos es mi único día de descanso” “no estoy preparado para discipular”.
Pedro sufrió una reprimenda verbal del Señor al tener su misma mente: “Señor ten compasión de ti, nada de esto te acontezca”.

3-Armarnos de una misma mentalidad    (1° Pedro 4:1)

Ejemplo del barco que naufragó y terminó en una isla desierta.
Si al pensar en la iglesia nos limitarnos a la reunión dominical o al grupo casero, nos trabamos. El cambio en la edificación de las vidas se produce cuando tomamos plena conciencia de que estamos formando, levantando, una comunidad, un pueblo. Esto es producto del padecimiento de Cristo. Todo cobra un nuevo valor; aun las cosas más pequeñas o naturales de la vida son importantes. Ya no nos preocupamos solamente de la conducta, de los aspectos espirituales y del servicio en la iglesia, sino de todo lo que concierne a la vida de un pueblo. (Por ejemplo, una correcta tabla de valores, el descanso, la salud, la alimentación, la piedad, el testimonio, etc.).
Necesitamos una mentalidad de comunidad. Debemos ser transformados mediante la renovación de nuestra mente (véanse Romanos 12:2; Efesios 4:23). Los cristianos tenemos que revestirnos en una mentalidad nueva, una mentalidad de comunidad. Esto pondrá fin al individualismo, al personalismo y el exclusivismo. Somos miembros de un solo cuerpo, hijos del mismo Padre, piedras vivas de un solo templo, hermanos por la eternidad. Somos uno en Cristo.
Esta verdad debe dominar nuestra mente y transformar nuestra manera de ser. Nuestro entendimiento precisa renovarse continuamente.

Somos parte de una comunidad; por lo tanto no podemos actuar, pensar, sentir, proyectar de manera individualista sino como participantes de la comunidad. Nuestra vida familiar, el empleo de nuestro tiempo y bienes, el ejercicio de nuestras capacidades, nuestro trabajo y proyectos y aun nuestro lugar de residencia no pueden ser elementos independientes de la comunidad. Precisamos tener una mente comunitaria.

Satanás, el libre pensador, apunta a desbaratar esto; quiere afirmar los derechos individuales en detrimento de la UNIDAD. Nosotros, en cambio, al tener la mente de Cristo, debemos contribuir a fortalecer la unidad que Dios mismo ha efectuado.
  
4-El liderazgo de la iglesia debe imprimir su mentalidad al resto de la iglesia.

Imprimir su mentalidad no es comunicar sus caprichos, sino la visión celestial, recibida de Dios. La cual debe ser una sola, no muchas visiones.
Tiene que estar alineada con el propósito eterno de Dios: Una familia de muchos hijos semejantes a Jesús.
Esto implica tres cosas: -una mentalidad de unidad, -una mentalidad de cantidad y crecimiento -una mentalidad espiritualmente madura.
Debemos estar pegados a los que entienden mejor las cosas en Dios, los que están recogiendo el mejor fruto, los que avanzan con los planos de Dios.

Voy más allá: El discípulo para que sea discípulo debe tener la mentalidad de su maestro (se entiende que éste tiene la mente del Señor), comunicarle luz, revelación, vida, frescura pero también sus pensamientos, su mentalidad, sus planes. Su tu discípulo al pasar los meses y los años sigue teniendo valores, planes, criterios y pensamientos distintos a los tuyos tené cuidado, fijate con quién estas relacionado no vaya a ser que estés perdiendo el tiempo. A mí me pasó.
La misma mentalidad se adquiere estando juntos, compartiendo, en la oración unida, en la comunicación constante de la Palabra.

Así lo hizo Cristo con sus discípulos, ellos abrazaron la causa porque estaban imbuidos de la mente de Jesús, de su misión y de sus proyectos. Dijo delante de ellos “Yo edificaré mi iglesia y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”. Está bien comunicar la visión, los objetivos, las metas a mediano y largo plazo, declarar lo que se viene que ya fue visto, vislumbrado, comunicado  por el Espíritu Santo a los conductores de la grey. Es más, hay que hacerlo, no esconder lo que se nos ha sido mostrado en el monte.

¿Cuáles deberían ser las pretensiones de un líder o discipulador frente a los hermanos? ¿Remendar a unos, animar a aquel otro, que este nuevo no se pierda? Hay una mentalidad estrecha, de acomodamiento, de complacencia del ego. Es el resultado de la falta de este espíritu. El espíritu de Pablo es diligente, atento, detallista, el quiere enseñar a todo hombre en toda sabiduría. Todo esto brota de un corazón que está cautivado, no se conforma con mantener más o menos al grupo y que alguno por allí fructifique.
Nada lograremos con una mentalidad mediocre. Pablo trabajaba con estos altos ideales, y estos dominaban no solo sus pensamientos, sino también su ministerio. Las Sagradas Escrituras nos libran de una mentalidad equivocada y mediocre, y nos introducen en una dimensión celestial maravillosa. (Filipenses 3:12 al 14)







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