FORJADOR DE UNA VISIÓN Capítulo 7 Oscar Gómez




 El hombre de visión procura extender su afecto a cuantos tenga a su alcance, no es sectario o exclusivista, tampoco alienta los círculos cerrados. Si pudiera abrazaría a todos. Por ser visionario es amplio en sus relaciones interpersonales.

Al ser tratado en la fragua divina no se permite hacer acepción de personas, recibe, enseña, aprende, ayuda, ama y es amado, mientras tanto transfunde sus sueños. Si se cierra a una parte de la hermandad su propósito se verá cercenado porque seguramente en el resto ignorado estarán las personas que necesita para cristalizar su visión.

Amplitud, extensión y acercamiento son los blasones del forjador de una visión. No entiende el idioma de la estrechez ni del sonso elitismo que practican los cristianos contemporáneos. Si se separa del cuerpo habrá que temerle y si escapa de las contingencias comunes que padece toda comunidad su visión no echará raíces.

Lleno de la palabra de verdad y saturado con la visión celestial no se atreverá a proferir palabra alguna que atente contra la iglesia. No es un guerrillero, es un combatiente del reino. Sabe cuando correr, caminar o detenerse según sea el ritmo de sus hermanos, pero nunca pierde su norte ni deja de mirar el horizonte. Su corazón nunca deja de latir y su mente de pensar en los mejores caminos para concretar su visión.

Para el simple observador el visionario aparentemente no se destaca del resto, esto es por su humildad, sin embargo dentro de suyo ebulle poder y gracia. El visionario no posee nada externo que llame la atención pero cuando nos acercamos a él descubrimos un hombre fuera de lo común ante quién no podemos permanecer iguales.


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