REPARADOR DE CRISTALES Oscar Gómez

           

  Vidrios rotos

Después de la terrible caída de granizo en Rosario en el año 2006 las calles de la ciudad quedaron llenas de cristales rotos debido al impacto violento de las piedras en casas y edificios. Llevó varios días limpiar ese desastre.
¡La sociedad de hoy también está llena de cristales rotos! Me refiero a aquellas relaciones que se rompen en cantidades industriales dejando una gran secuela no solamente en las partes sino en el entorno.
¿Por qué digo esto? Por la sencilla razón que día a día nos enteramos asombrados de relaciones que se quiebran, vínculos que desaparecen y amistades que toman distancia.  Esto acontece en todos los órdenes de la vida, y la iglesia no escapa a ello.
Observá por un momento ¿No están las calles llenas de cristales rotos? Si tuviéramos que diagnosticar el porqué nos encontraríamos con infinidad de causas, razones distintas, argumentos contrarios, criterios enfrentados y cada uno presentando “su verdad” en desmedro de su semejante. Aún nosotros seguramente hemos sido causantes que algunos cristales más se rompan y ensucien las calles.

  ¿Está crucificado el viejo hombre?

La falla adámica que todos heredamos “hace pata ancha” y parecen no tener fin los alejamientos y las apatías entre los hombres. Quisiera poner una nota de fe en este artículo, como en otros que escribí, pero día a día vemos cristales que se parten en nuestro alrededor. ¡Estamos frente a una devastación relacional! ¿Dónde está el restaurador de portillos? ¿Y el tejedor de relaciones? Procuro remediar alguna que otra situación propia y de otros, reconozco que también soy uno más que necesita la mano del Vidriero de los corazones, a Cristo Jesús, aquel que derribó la pared intermedia de separación, que de ambos pueblos hizo uno y en su misericordia nos entregó el ministerio de la reconciliación.

Alguien tendrá que ceder

"¿Rendirme? ¡Nunca!" es el lema de muchos. En todo conflicto alguien tendrá que humillarse, deponer las armas, entregarse, considerarse muerto y estimar a los demás como superiores. Sinceramente, quisiera ver más acercamientos, manos estrechadas, abrazos fraternales y una clase de comunión como la que nos enseñó el Maestro. Finalizo con sus palabras en Lucas 6: 27 al 38.

27.«Pero yo os digo a los que me escucháis: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, 28.bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen. 29. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica.30. A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames. 31. Y lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros igualmente.32. Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Pues también los pecadores aman a los que les aman.33. Si hacéis bien a los que os lo hacen a vosotros, ¿qué mérito tenéis? ¡También los pecadores hacen otro tanto!34. Si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente.35. Más bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien, y prestad sin esperar nada a cambio; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los ingratos y los perversos.36. «Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo.37. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados.38. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá.»

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