EL SÍNDROME DE ANA Oscar Gómez



L
a esterilidad espiritual es una constante en el cristianismo actual. ¿Frutos? ¿Discípulos? ¿Paternidad? ¿Qué es esto? Me llama poderosamente la atención la falta de conciencia que tenemos sobre estas cosas.        
                         
Ana era una mujer del Antiguo Testamento que fue estéril hasta que Dios en su misericordia le dio hijos. Los cristianos afectados del síndrome de Ana son aquellos que todavía no engendraron para Dios, no forman discípulos, tampoco cuidan otras vidas.

   Sintomatología del síndrome

·       El que sufre del síndrome de Ana se congrega con regularidad, da sus diezmos pero por el momento no  tiene  hijos espirituales.

·       Muchos no se dan cuenta que están afectados por este síndrome,  desconocen que cuidar a los nuevos en la fe  es una responsabilidad ineludible que trae gozo y alegría. Otros sí lo saben, sin embargo no toman ninguna determinación para revertir su condición.

·       Este síndrome no debe estar presente en el liderazgo. Es más, los dirigentes tienen que procurar por todos los medios posibles que sus hermanos no lo contraigan.

·       Por lo general, el que padece del síndrome de Ana es feliz y está satisfecho, piensa que si cuida de otros tendrá problemas,  perderá la paz y la privacidad.

   Curación del síndrome

“Y se levantó Ana después que hubo comido y bebido en Silo; y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto a un pilar del templo de Jehová, ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza” (1° Sam. 1: 9 al 11)

1. Estar afligidos por no tener hijos espirituales.

2. Orar con amargura de alma.

3. Llorar abundantemente.

4. Levantarse en fe, creyendo que Dios quiere que fructifiquemos.

5. Predicar el evangelio, cosechar el fruto  y cuidarlo.

Ana tuvo hijos ¡Nosotros también los tendremos si confiamos en el Señor y hacemos nuestra parte!














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