domingo, 26 de abril de 2015

EL PROPÓSITO ETERNO DE DIOS Daniel Divano


 Muchos principios que sustentamos en la vida cristiana derivan de este principio “el propósito eterno de Dios para nuestras vidas, para la iglesia”. El saber que Dios quiere formarnos a su imagen nos ayuda para que nuestra vida tenga sentido.
El apóstol Pablo en Efesios 3 habla que este secreto, este propósito, estaba oculto en el pasado a los hombres de Dios del Antiguo Testamento, y que ahora fue revelado a la iglesia. Nosotros somos herederos de esa revelación a través de los apóstoles y de los profetas. Dios corrió el velo (revelar = correr el velo) y queda revelado “lo que queríamos ver” y así hizo el Espíritu Santo. Somos privilegiados, pero también somos responsables de practicarlo, y somos responsables de comunicarlo a todo el mundo.


Pablo dice “a los que antes conoció también los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo”. Y en Efesios 1:4 “nos escogió en Él, (en Cristo) antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos y sin mancha delante de El, en amor habiéndonos predestinado (nos dio un destino de antemano) para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo”.
Te tengo un evangelio, te tengo una buena noticia: fuiste predestinado desde antes de la fundación del mundo para ser adoptado hijo (a) de Dios.
Cuando conocí por primera vez el propósito eterno de Dios tuve dos hitos en mi vida y que cambiaron por completo mi manera de pensar, mi manera de ser y el rumbo de toda mi vida. Todo lo que decidí después está basado en estas dos cosas:
1.                Conocer el evangelio del reino, el señorío de Cristo, lo que significaba ser cristiano y lo  que significa seguir a Cristo.
2.                El propósito eterno de Dios y que me revolucionó de tal manera que quedé preso de este propósito.
El evangelio del reino y el propósito eterno de Dios es una unidad, una sola cosa.

Cuando conocí por primera vez el propósito eterno de Dios fue a través de un ejemplo; éste me ayudó muchísimo a entenderlo. Me contaron una historia: Un hombre era escultor y que pasando por un zanjón maloliente, lleno de barro, lleno de suciedad, lleno de aguas servidas le llamó la atención un pedazo de roca que sobresalía. Lo miró, se bajó del puente y se metió en el barro bien hundido. Comenzó a darse cuenta que esa roca estaba mucho más hundida y que era mucho más grande de lo que él veía. También se dio cuenta que era un mármol de la mejor calidad que había para poder esculpir. Así que contrató operarios, hizo andamios y sacó del barro ese mármol blanco, llevándolo a su taller. Lo limpió, lo lavó y apareció un mármol de dos metros por dos metros, un trozo muy grande, brillante, resplandeciente. Pero todavía tenía unos poros que hacía falta limpiar; así que tomó algunos químicos, algunos cepillos y cepilló y cepilló hasta que quedó un trozo de mármol blanco, resplandeciente. En su estudio tenía la mejor calidad de mármol, de roca, para esculpir. El comenzó con su mazo y su cincel a hacer una escultura, a trabajar ese pedazo de mármol, limpio, resplandeciente, la mejor calidad. La historia que yo escuché era un caballo, el escultor iba sacando el caballo de adentro del mármol y en  el momento en que la escultura estaba por la mitad, un amigo que vio lo que estaba haciendo quedó maravillado y dijo: – Pero ¡que bárbaro! esto parece un caballo saliendo del mármol ¿cómo lo lograste? – Y, el amigo escultor que estaba haciendo una broma le dijo: – Es muy fácil, con el cincel y la maza tienes que sacar todo lo que no sea caballo y tienes que dejar lo que es caballo, así de fácil –.  Ahí entendí el propósito eterno de Dios.
Jesús no podía morir en la cruz de ninguna manera. Si alguien le hubiese clavado un cuchillo o dado un tiro, no hubiese muerto nunca porque la paga del pecado es la muerte, pero sin pecado no hay muerte por lo que Jesús no podía morir en la cruz. 2 Corintios 5 dice “a quien no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que la justicia de Dios se cumpliese en nosotros”. Cuando venimos a Cristo y nos arrepentimos de todo corazón y nos bautizamos, el misterio espiritual que sucede es que la sangre de Jesucristo nos limpia de todos los pecados y Dios te hace de una roca inútil metida en el barro, te hace una roca limpia; y no solamente nos limpia de nuestros pecados, la sangre de Cristo tiene poder para limpiarnos también de nuestras enfermedades interiores, sana nuestra alma, limpia la maldad que genera el pecado aún la máquina de pecar la del viejo hombre la crucifica y la elimina, es la obra de la cruz.
¿Y ahora qué? Dios te sacó del barro, te salvó, hizo la obra en tu vida porque ahora quiere formarte a la imagen de Cristo. Tiene que comenzar con el mazo y el cincel a sacar todo lo que no le sirve, todo lo que entorpece su obra y tiene que dejar todo lo que sea Cristo en nosotros.
El apóstol Pablo en 2 Timoteo 1:9 dice “nos llamó y nos salvó con llamamiento santo no conforme a nuestras obras sino conforme a su propósito y a la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús desde antes de la fundación de los siglos” (*). La salvación fue un medio que Dios utilizó para levantarnos otra vez y ponernos en línea con su propósito eterno que se echó a perder en el jardín del Edén, y Dios quiere ahora esculpir la imagen de Cristo en nosotros, no te limpió para muchas de las cosas que hacemos: venir a reuniones, o estar en una denominación, en una iglesia, comunidad cristiana o como quieras.

Hemos entendido dos cosas:
·                     El evangelio del reino es el único que produce discípulos.
·                     La única iglesia que responde al propósito eterno de Dios es una iglesia de discípulos.

La iglesia está para que el propósito de Dios se cumpla a través del discipulado a través de hombres y mujeres que están aprendiendo a ser como Jesús.
Nosotros decimos que "a los que antes conoció también los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo”. Y una muy buena Biblia católica de consulta, la Biblia de Jerusalén dice: “a los que antes conoció también los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo” (Romanos 8:28), me gustó esta expresión porque Jesús es el original que Dios nos entregó.
Jesús estuvo tres años y medio sobre la tierra porque Dios tenía que proveernos de un modelo, teníamos que saber cómo era aquel que Él quería que fuésemos. Fuimos llamados para reproducir en nuestra vida la imagen de su Hijo. Dios quiere que sobre la tierra haya muchos Cristo, mientras estuvo Jesús sobre la tierra  había un solo Cristo. Por eso Jesús dice “a ustedes les conviene que yo me vaya porque cuando yo me vaya el Espíritu Santo va a venir a estar con ustedes y en ustedes y ustedes van a poder mostrar la imagen de Cristo” (*) Cuando tú vas por la calle, es Cristo caminando porque Él está contigo y el Espíritu Santo está con nosotros. La imagen que tenemos que reproducir es la de Jesús de Nazaret; cómo Él hizo, como Él caminó, como Él amó, como Él perdonó, como Él habló, lo que dijo en cada circunstancia, lo que hizo, como anduvo haciendo bienes y sanando a los oprimidos por el diablo. Dios no sólo nos proveyó en Cristo el salvador, el redentor, el que nos va a rescatar, el que nos va a limpiar con su sangre; sino que nos proveyó el modelo para que sepamos cómo tenemos que ser, cómo quiere Él que nosotros seamos.
Filipenses 2:5 “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús.”
1 Juan 2:6 “El que dice que permanece en Él, debe andar como Él anduvo.”
A través de la palabra conocemos más de Jesús. A través de nuestra comunión con Él, de nuestra vida de oración de devoción conocemos más de Él, tenemos más de Él. Y estas dos cosas tienen que estar en nuestras vidas porque la salvación responde al propósito eterno de Dios.
¿Por qué la iglesia que responde al propósito eterno de Dios es una iglesia de discípulos?
Porque así era la primera iglesia. Ellos no se consideraban miembros de la congregación, ellos no se consideraban parte de una religión cristiana, no se llamaban ni creyentes, ni cristianos, ni convertidos, ni nacidos de nuevo; ellos se consideraban discípulos. En Hechos 11:26 hay una referencia que es interesante entenderla. Lucas (autor de Hechos) menciona“…y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía…”
El término discípulo aparece continuamente porque la iglesia primera vivía con esta conciencia “somos discípulos porque tenemos que aprender a ser como Jesús y estamos en un proceso continuo de ese aprendizaje” (*), a los discípulos se los llamó cristianos por primera vez en forma peyorativamente, despreciándolos.
En el Nuevo Testamento aparecen las palabras:
Cristiano, tres veces. Dos veces en este sentido de burla y una sola vez Pedro por primera vez la introduce y dice “si padecéis como cristianos…”
Creyentes, siete veces. Una de las veces dice “el creyente Abraham”, jamás se usaba la palabra creyente como nosotros la usamos como salvados, como redimidos.
Discípulos, más de 260 veces. Porque lo que daba la tónica era el propósito eterno de Dios.
La palabra discípulo, en el griego Mathete puede traducirse también como aprendiz, Jesús mismo les dijo: “aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”. Aprender a amar al enemigo, aprender a perdonar al que te ofende, aprender a poner la otra mejilla, aprender a usar la mirada como Jesús dice que hay que usarla.
Cuando Jesús dijo: “Id y haced discípulos a todas las naciones…" los apóstoles entendieron perfectamente porque Jesús estuvo haciendo tres años y medio con ellos, sabían las condiciones para ser un discípulo, sabían lo que significaba bautizar sabían lo que había que enseñar.
Las condiciones para ser discípulo según Jesús y que enseñó a su generación dejándolo escrito en los evangelios para que no tuviésemos ninguna duda, menciona en Marcos 8:34“…Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame.”
Para ser discípulos de Jesús; que es lo mismo que ser salvos, que es lo mismo que ser nacidos de nuevo, que es lo mismo que es estar en el reino de Dios, que es lo mismo que ser cristiano, que es lo mismo que ser creyente; las condiciones son éstas: primero y principal “niéguese a sí mismo”. ¿Tú, estás dispuesto si tienes tu forma de pensar, tienes tus criterios, tienes tus convicciones, queriendo hacer valer tus derechos e imponiendo tus opiniones? Al negarse a sí mismo toma su cruz y sigue a Cristo.
Jesús menciona “si alguno quiere ser mi discípulo y no aborrece (no pone en segundo lugar a su padre, madre, esposo (a), hijo (a) y aún también su propia vida no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:26-27 (*)) quiere decir no puede ser salvo, no puede ser formado a la imagen de Cristo, la salvación no lo puede alcanzar porque necesita que la roca que va a ser esculpida a la imagen de Cristo, sea y esté disponible para hacer ese trabajo en su vida.
Y en Lucas 14: 33 Jesús aclara ese “niéguese a sí mismo” diciendo: “el que no renuncia a todo lo que posee no puede ser mi discípulo.”
El evangelio del reino es así de radical. No hay dos puertas. No hay dos caminos. No hay dos formas de ser salvos. Hay una sola puerta, hay un solo camino y hay una sola forma: siendo discípulo de Jesús, negándose a sí mismo, tomando la cruz, siguiéndole, dispuesto a perder su vida, poniendo en segundo lugar todo otro amor y renunciando a todo lo que posees.
Estos requisitos que Jesús predicaba no eran antojadizos, eran necesarios. Era el mensaje que producía discípulos, mathetes, dispuestos a seguirle y obedecerle en todo. Sólo con una condición aceptada así, Dios podía formar la imagen de Cristo en nosotros.
Jesús nos dejó ejemplo y modelo. Él hizo discípulos y nos encargó que hagamos discípulos. Para Jesús hubiera sido imposible formarlos sin la disposición de ellos de sujetarse a su enseñanza y a lo que Él les mandaba sin obedecerle. Jesús ejerció su autoridad porque Él mismo estaba bajo autoridad, en Juan 8 declara: “yo de mí mismo nada hago, lo que veo hacer al Padre eso hago”. Jesús estaba absolutamente sujeto al Padre y Él exigía de alguna manera que si alguien quería ser su discípulo tenía que estar sujeto a Él. Y de todo esto, llegamos a esta conclusión:
Sin maestro no hay aprendiz. Si alguien quiere aprender una profesión necesita que alguien que lo sabe se lo enseñe.
Sin discipulador no hay discípulo. Si no hay alguien que esté sobre tu vida que pueda aconsejarte, que pueda animarte, que pueda corregirte, que pueda enseñarte la escritura no hay discípulos.
Sin sujeción no hay discipulado. Si no hay condición de discípulo no puedes enseñar, si no hay una disposición a aprender. Entendamos que la sujeción no es opcional, es el primer medio que necesitamos para ser ayudados a ser formados a la imagen de Cristo.
Sin autoridad bajo autoridad no hay autoridad. No puede haber ninguna autoridad.
El ser formado a la imagen de Cristo es un proceso continuo. El apóstol Pablo lo veía de esta manera “…estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo…” (Filipenses 1:6) tenemos que ser conscientes de que en un proceso de desarrollo, un estancamiento es un retroceso tremendo. La iglesia, todas las estructuras, está a tu disposición para que crezcas, para que cambie tu carácter, para que cambie tu forma de pensar, de actuar, para que cada vez seas más parecido a Jesús y en todo proceso de crecimiento, un estancamiento es un retroceso o la muerte directamente, o la muerte y muchos se van quedando sin fe.
Decimos que un discípulo normal es:
·                     Alguien que aprende, conoce el contenido, la enseñanza.
·                     Vive la palabra, lo practica porque quiere hacerlo, porque se le enseña.
·                     Enseña a otros.

Hagamos una auto evaluación preguntándonos:
¿Ya llegué a la meta?
¿Reconozco que necesito realizar cambios profundos?
¿Cuáles son esos cambios?
Que el Espíritu Santo te diga y te muestre esas cosas en que tienes que trabajar, pide ayuda a tu coyuntura, a tu líder, al pastor, ¿cómo hago, tengo este problema y no me permite avanzar? 
Somos herederos de este propósito, el apóstol Pablo lo dice así: “en Él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hizo todas las cosas según el designio de su voluntad…” (Efesios 1:11) eres heredero de esta revelación según el designio de su voluntad porque Dios lo quiso.

¡HAGAMOS DEL PROPÓSITO ETERNO DE DIOS EL MOTIVO DE NUESTRA VIDA Y SERVICIO!

A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...