HACER MISIÓN EN EL LUGAR DONDE VIVIMOS Oscar Gómez

   
   

La tarea comienza en nuestra “Jerusalén”

“Me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” fueron las palabras finales de Jesús antes de ascender al Padre. Nuestra primera responsabilidad es atender el sitio donde vivimos, el barrio donde debemos sembrar el evangelio.
No pasemos por alto nuestra Jerusalén. Algunos piensan en llevar el mensaje “hasta lo último de la tierra” y no está mal siempre que no descuidemos el lugar donde hoy estamos. ¿Sabemos, aunque sea por estimación, cuantas personas viven en nuestra zona? ¿Cuántas iglesias hay? ¿Qué cantidad aproximada de cristianos? o ¿Qué cambios urbanísticos se produjeron en los últimos años?

    Nuestro terreno de lentejas

2° Samuel 23: 11-12 relata la historia de Sama, uno de los valientes de David, quién “se paró en medio de aquel terreno y lo defendió, y mató a los filisteos” El terreno tiene que ver con propiedad, con herencia. ¿Cuál es el terreno de lentejas que hay que defender? Se trata del barrio o cuidad donde el Señor nos plantó, allí nos movemos, trabajamos y nos conocen. Es el sitio donde debemos hacer la obra del Señor.
El terreno es la parcela de oración, las personas por las cuales estamos orando y visitando, nuestra área de influencia. Así como hizo Sama, cuidemos nuestro lote.

    El Señor nos plantó con un propósito específico.

Quisiera citar las palabras de un presbítero y pensador contemporáneo:

“No cabe duda que Dios trazó un plan para nosotros en el lote o terreno donde nos colocó. Si comprendemos esto desarrollaremos un compromiso profundo con el lugar que habitamos. Cuando Josué repartió la tierra pensó en que cada tribu administre el territorio conferido. El territorio que Dios nos legó es la gente que nos rodea y los límites son el barrio o ciudad donde vivimos. El Señor dijo que somos sal y luz, no obstante para realizar una tarea efectiva habrá que tener un fuerte compromiso con la tierra y con la gente. Una acepción de la palabra “lote” es esfera asignada y representa los límites del área donde Dios nos plantó para hacer su obra. Todos tenemos una esfera asignada, se trata de una esfera de autoridad, y la única manera de reflejar la luz del Señor es mediante un compromiso verdadero con todo lo que implica ese territorio ¡Es importante definir cual es la jurisdicción donde Dios nos sembró! El Espíritu Santo nos revelará todo lo que sucede dentro de ese ámbito que depende de nuestra entera responsabilidad y esta es la razón por la cual debemos establecer un compromiso con ese lugar. Cuando nos comprometemos con la tierra que habitamos desarrollamos una fe activa, que nos convierte en agentes de cambio mediante el poder de Dios” 

    El gran desafío: Nuestro cercanos.

La compasión por nuestros vecinos y la tristeza de verlos perdidos, sin Cristo, estando tan cerca de ellos es lo que nos debe mover. Más que una estrategia es un acto de socorro, de rescate a quien vive a nuestro lado. La idiosincrasia de cada barrio ejerce una innegable influencia sobre sus habitantes por lo que urge prestar atención a lo que sucede para un trabajo eficaz.
No neguemos a los cercanos la posibilidad de que se arrepientan, tengamos en cuenta que los pobres no son los únicos necesitados, también los ricos, los empresarios y el ciudadano común. Los discípulos del Señor no estamos solamente para ser buenos vecinos, sino compartir noticias, la buena nueva de que Cristo, en la cruz, hizo algo grande por nosotros y por ellos.

¡Cumplamos la misión en el lugar donde vivimos!


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