LUCAS EL EVANGELISTA Oscar Gómez


Lucas, nombre masculino que significa "El que ilumina”; muy usado en la antigua Roma. La tradición dice que era griego, el único de los evangelistas que no era judío. Fue discípulo del apóstol Pablo. Escritor del Evangelio que lleva su nombre y Hechos de los Apóstoles, en el Nuevo Testamento. El Diccionario Ilustrado de la Biblia registra a Lucas, luego de la muerte de Pablo, trabajando en Acaya y que murió en Bitinia a los 84 años, sin haberse casado. 

 Su profesión como médico, su conocimiento de la cultura griega contribuyó a que escribiera quizás el más completo de los cuatro evangelios. Fue uno de los historiadores más íntegros de la antigüedad que ha ayudado a reafirmar la fe en la validez de la Biblia para muchas personas.
La forma en que una persona interpreta las cosas a su alrededor es en gran medida determinada por su formación, educación, cultura, hasta la época en que vivió. El entrenamiento médico de Lucas se nota al describir o "diagnosticar" la condición de los enfermos que Jesús sanó. Por ejemplo, al referirse a una persona con fiebre los autores de los otros evangelios usaron la forma singular de esta palabra en griego que es puretos. Lucas siempre usó puretoi o puretois, que es la forma plural de fiebre, la cual que era usada por los médicos de su tiempo. También sobresale la diferencias al describir la fiebre de la suegra de Pedro, la mujer sangrante, el leproso y el paralitico del capitulo 5. El lenguaje de Lucas siempre es más analítico y preciso. Por su puesto que esto no le quita validez a los demás evangelios, pero si nos ayuda a entender el siguiente aspecto de Lucas.
A lo mejor Lucas usó su profesión para ayudar a personas enfermas durante sus viajes, si no eran sanados por intervención sobrenatural, allí estaba Lucas, el médico.

Es bien conocida su intención de investigar la vida de Jesús para que otros pudieran conocer la verdad sobre él. En Lucas 1:3 dice que investigó "con diligencia todas las cosas desde su origen" para escribirlas en orden. Juntos, los libros de Lucas y Hechos componen un cuarto del nuevo testamento.

La profesión médica nos hace suponer que se dedicó mucho tiempo al estudio. Su formación cultural se nota también por el estilo de sus libros: su Evangelio está escrito en un griego sencillo, limpio y bello, rico en términos. Es el evangelista de la Navidad. Los Hechos de los Apóstoles y el tercer Evangelio nos hacen ver el temperamento de San Lucas, hombre conciliador, discreto, dueño de sí mismo; suaviza o calla expresiones que hubieran podido herir a algún lector, con tal que esto no vaya en perjuicio de la verdad histórica.
Al revelarnos los íntimos secretos del anuncio del nacimiento del Mesías, de la Visitación, de la Navidad, nos hace entender que conoció personalmente a María. Algún exégeta avanza la hipótesis de que fue María misma quien le transcribió el himno del “Magnificat”, que ella elevó a Dios en un momento de exultación en el encuentro con la prima Isabel. En efecto, Lucas nos advierte que hizo muchas investigaciones y buscó informaciones respecto de la vida de Jesús con los que fueron testigos oculares.

Para mejor explicar la integridad de las escrituras de Lucas, Strobel entrevistó a John McRay, experto sobre la arqueología en el Nuevo Testamento, el cual explica que la arqueología continuamente confirma los detalles en Lucas y Hechos. Lucas dio referencia a 32 países, 54 ciudades y 9 islas sin cometer un error al referirse a la geografía, líderes, culturas, o eventos de estos lugares. Si Lucas se preocupaba por detalles pequeños y secundarios, dice Strobel, pues ciertamente iba a asegurarse de no cometer un error al reportar sobre el evento más significativo del cristianismo, la muerte y resurrección de Cristo. Para lograr esto Lucas realizo entrevistas extensivas con personas que fueron testigos de los milagros y las enseñanzas de Jesús.

Gracias a su íntimo contacto con Pablo y otros dirigentes cristianos, y como consecuencia de sus visitas a Jerusalén y Cesarea (cf. Hch. 21.17ss), Lucas tuvo amplias oportunidades para adquirir un conocimiento directo de la vida de Jesús y la historia de los primeros años de la iglesia cristiana primitiva. Bien podía aseverar en el prólogo a su evangelio que estaba adecuadamente capacitado para su tarea, después de haber investigado de modo cuidadoso y prolijo todos los hechos pertinentes en la forma en que los recibió de testigos responsables en la iglesia (Lc. 1.1–4).

Muchos profesionales como él, a lo largo de la historia dieron su vida por el evangelio.

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