LAS RAÍCES DEL CRISTIANO Oscar Gómez

                           




Retorno a lo autóctono


Una sociedad que busca sus propias raíces, el regreso a las costumbres autóctonas y el surgimiento de lo regional son algunos de los efectos del postmodernismo. Los pueblos adquieren cada vez mayor conciencia de lo suyo, de aquello que le es propio, que dio a luz. Esta tendencia se refleja en:

Una revalorización de exponentes locales. En la ciudad de Rosario -por ejemplo- se distinguió al artista cómico Alberto Olmedo, al escritor Roberto Fontanarrosa, y al revolucionario Ernesto Guevara, entre otros, erigiéndose monumentos en su memoria.

La música. El auge de intérpretes y compositores locales; cantantes latinos de todos los géneros musicales que están en alza.

La cultura. Programas que promueven lo regional y las noticias de nuestra tierra ganan cada vez mayor espacio. Por otra parte, como nunca antes se difunde la historia de la Argentina, Felipe Pigna, Pacho O´ Donnell son algunos de sus mentores.

La política. En un marco mayor se habla de “Patria Grande” dando a entender la unión de los países latinoamericanos. Hace poco se conformó el CELAC.

La gente tiene avidez por descubrir sus propias raíces, que no es más que una intensa búsqueda de identidad. Los cristianos también necesitamos conocer y fortalecer nuestras raíces.  Ahora bien ¿Dónde están las verdaderas raíces de los hijos de Dios?

Jesús conocía sus raíces.

(San Juan 18:36) No tenía problema de identidad. Aunque había nacido en Belén de Judea era plenamente conciente de su procedencia celestial. Nunca se preocupó o se detuvo en discutir  acerca de su origen judío. En ningún momento desvió su mirada del Padre, ni de su misión.

El Maestro descubrió nuestras raíces.

(San Juan 15:19) Dijo que el mundo nos iba a aborrecer porque “no somos del mundo” (San Juan 17:16) Luego, en ese mismo contexto, les reiteró a sus discípulos que no son del mundo como tampoco él es del mundo.
Por medio de su oración sacerdotal nos enteramos que nuestras raíces no están aquí, en esta tierra.

Nuestras raíces son celestiales, se encuentran en el cielo.

(Filipenses 3:20) Muchas personas están orgullosas de su ciudadanía, exhiben su documento con gusto, dicen “yo soy ciudadano de…” El apóstol Pablo declara que nuestra ciudadanía está en lo cielos ¡Somos ciudadanos del cielo! La iglesia es una colonia celestial en esta tierra. (Efesios 2:19) Mediante el nuevo nacimiento nos constituimos en conciudadanos de los santos, miembros de la familia de Dios.
Conversando el tema que nos ocupa con mi esposa, ella me dijo algo muy interesante: “Nuestras raíces no están en ninguna denominación”. Se ha hablado del “ADN espiritual”, algunos se arrogan ser del “riñón” de tal o cual líder o ministerio, pero más allá del valioso legado que algunos hermanos nos dejaron, nuestras raíces están en los cielos. 

En una comunidad del Espíritu, donde el Señor se mueve con libertad y se percibe una atmósfera celestial habrá mayor posibilidad de profundizar las raíces.

El apóstol Pablo nos insta a buscar nuestras raíces.

(Colos. 3:1-4) Nos enseña que hemos muerto y resucitado con Cristo, siendo nuestro deber buscar las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios, no en lo autóctono, regional. ¡No hay más nada que buscar en la tierra!

El ejemplo de hombres que conocieron sus raíces.  

(Hebreos 11: 13-16) Comprendieron que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Buscaron su verdadera patria, que era mejor, celestial. Esta es la conciencia, el pensamiento que nos debe embargar.

¿Cómo profundizar nuestras raíces?

Por medio del Espíritu Santo. Él nos revelará estas cosas.

En comunión con Dios.

Siendo parte de una comunidad del Espíritu.


Declararnos peregrinos y extranjeros.

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