LA CONFESIÓN Oscar Gómez

                       


Las personas llevan cargas muy pesadas en su interior, preocupaciones, pecados, cuestiones no resueltas en su corazón, etc. Para estas cosas Dios proveyó un medio efectivo de liberación que es la confesión. (Stgo. 5:16)

I- ¿QUÉ ES LA CONFESIÓN?

Es abrir nuestra vida y corazón, contar lo que sucede en nuestro interior. Puede ser que confiese una lucha, una carga o pecados. (Hechos 19:18)

La confesión es el remedio de Dios para la culpa y la tristeza. A veces la “mochila” es demasiado grande. Es necesario ser libres.

Es el medio para estar a cuenta con Dios y con las personas, produce acercamiento. Como cuando pagábamos la libreta del almacén.
(Isaías 1: 16-18)

La confesión viene junto con el arrepentimiento y el bautismo.
(Mateo 3: 5-6)

II- ¿QUÉ DEBEMOS CONFESAR?

Aquellas cosas que el Señor nos indica.
Nuestros pecados.
Ofensas, críticas, murmuraciones. “Hable mal de vós, perdoname”
Malas palabras, groserías.
Malos tratos (verbales o físicos) hacia nuestra esposa, hijos o semejantes.
Pecados sexuales.
Pecados secretos (fumar, tomar alcohol, concurrir a lugares de dudosa moralidad a espaldas de los hermanos)
Nuestras rebeliones (abiertas y ocultas)
Tengamos en cuenta que miles de personas se llevan sus pecados, sus “secretos” a la tumba. (Romanos 2: 15-16)
También podemos contar nuestras preocupaciones, cargas, luchas, malas decisiones, etc.

III- ¿CÓMO DEBE SER LA CONFESIÓN?

Confesar con claridad nuestros pecados. No la parte que nos conviene o que no nos avergüenza.

Con humildad, dolernos de nuestras malas obras, no orgullosos por lo que hicimos. Algunos se agrandan al contar su historia antes de conocer al Señor. “Yo era el más vivo del barrio” “El que salí con más chicas”.

No “obligar” a nadie a la confesión. “Dale, confesá” no sirve. Tiene que venir por convicción.

Todos deben confesar sus faltas. Líderes, hermanos antiguos y los recién convertidos.

No se recomienda confesar en un grupo de personas. No todos comprenderán la situación. Tampoco abrir el corazón al primero que tenemos por delante.

No hay que demorarse en confesar los pecados. Seamos libres cuanto antes. Una pareja de novios habían mantenido relaciones sexuales durante un año y no lo habían confesado. Su carga de pecado era muy grande.

IV- ¿CÓMO DEBE SER LA PERSONA QUE RECIBE LA CONFESIÓN?

Tiene que saber encaminar aconsejando bíblicamente. No lo que dijo San Martín o Sarmiento.

Debe amar a Dios y a las personas.

El confesor necesita ser un buen oidor, que preste atención a lo que le dicen. Para el otro es muy importante abrir su corazón.

Tiene que ser un cristiano maduro, que no se escandalice, que sepa que el hombre suele caer muy bajo. Sin embargo debe ser firme para no entrar en condescendencia con el pecado.

¡Cuidado con los “amigos” que dicen: “todo está bien” cuando no lo está!

El que recibe una confesión no debe ventilar lo que le contaron. Si lo descubre habrá serios problemas. No obstante, si el pecado afecta a la iglesia debe llevar la situación al liderazgo. (Efesios 5:11)

No condenar a la persona. “Lo que hiciste ni Dios te lo perdona”. La charla tiene que terminar con el perdón de Dios, con libertad y ganas de recomenzar por parte del que confiesa.

 V- COSAS A TENER EN CUENTA

La confesión nos acerca a Dios y a las personas. Es la única solución para el pecado que no se arregla con plata, con asistir a más reuniones, con caminatas, con promesas, etc. ¡Hay que abrir el corazón!

Confesar y apartarse del mal, no seguir haciendo lo mismo. “Vete y no peques más”

Cambiarnos de iglesia o mudarnos de ciudad no soluciona el problema de pecado porque lo llevaremos a cuestas a donde quiera que vayamos. Aquel joven que fue advertido de su conducta y se cambió de congregación.

Si aquella persona que ofendí vive lejos puedo llamarla por teléfono o procurar comunicarme de alguna manera.

Si alguno viene a confesarte una ofensa prestale atención y concedele un perdón genuino. Existe el “perdón barato”. No le digas como el título de la novela mejicana “Que Dios te perdone, yo no” (Colos. 3:13).

A algunos habrá que confrontarlos con su pecado o su mala conducta aunque le duela,  así como hizo el profeta Natán con el rey David.

La confesión nos hace sentir livianos, perdonados y aptos para seguir sirviendo a Dios.

Todos debemos tener un hermano con quien podamos abrir nuestro corazón, confesar nuestras faltas, que nos ayude a perseverar en el camino de Cristo.

Seamos sensibles, sencillos y abiertos. Que el pecado no nos endurezca. Ser como la cera no como el cemento.

Salmo 103: 1-5
































Entradas populares de este blog

LOS MONTES EN LA BIBLIA- OSCAR GÓMEZ

EL SIGNIFICADO DE LOS BARCOS EN LA BIBLIA Oscar Gómez

9 BENEFICIOS DEL ESPÍRITU SANTO- OSCAR GÓMEZ