HOMBRES “DE CARÁCTER” Oscar Gómez

                         

 

 

E
n una entrevista realizada a una reconocida periodista la señalaron como una mujer de “mal carácter” debido a la forma de reaccionar. Luego de escuchar lo que decían, afirmó ser una persona “de carácter” expresando que la sociedad actual confunde “tener carácter” con “mal de carácter”. Analicé sus palabras y encontré mucha verdad en ellas. Una firme respuesta, un planteo diferente, decir lo que es en realidad no lo que se quiere escuchar, o una argumentación diferente a lo que se espera es sinónimo de “mal carácter” para algunos.

En medio de la flojera generalizada debemos ser hombres “de carácter” para afrontar la vida y llevar adelante los propósitos de Dios, de lo contrario las circunstancias nos aplastarán y la obra se detendrá.

       ¿Qué es “carácter”?

Me pareció pertinente compartir en el presente estudio algunas definiciones de carácter que encontré al investigar el tema:

“Carácter es el conjunto de acciones y reacciones mediante las cuales las personas se adaptan al medio en que viven o la manera personal de reaccionar a los estímulos recibidos del mundo interior o exterior. Es la expresión visible de su personalidad. El carácter está constituido por la forma de actuar y reaccionar que se va afirmando a través del tiempo, fenómeno llamado “estabilidad”. El carácter es lo que aparece primero en el ser humano mediante la expresión de sus estados afectivos. Está conformado por los deseos, los impulsos, las tendencias, los sentimientos, siendo éstos últimos su mayor móvil. Es algo más que el temperamento por la intervención misma del intelecto. Clásicamente se describen tres grandes tipos o géneros de carácter: el sensitivo, el intelectual y el volitivo. En la vivencia diaria, el sensitivo sería “el hombre pasional” que se mueve por los sentimientos y las emociones, al intelectual podemos denominarlo “el hombre pensante”, que todo lo filtra por la razón, que todo lo racionaliza. En tanto el volitivo es “el hombre activo”, voluntarioso, que siempre tiene que estar haciendo algo” (1)

El hombre “de carácter” que proponemos:

No es enojoso.
No es pendenciero.
No es el varón que se aísla, que se hace el fuerte y cree que es autosuficiente.
No es el que abusa de la mujer.
No es el que gobierna con su mirada o ademanes.
Tampoco el que hace alarde de su fuerza o de su intelectualidad.

       18 rasgos del  hombre “de carácter

1. Es tratado por el Espíritu Santo procurando cada día ser más parecido a Jesús.

2.  No cede frente al pecado o las invitaciones con fines inmorales.

3.  Su vida se expande proyectándose ilimitadamente en otros.

4.  Está involucrado en otras vidas, entregado a la formación de discípulos.

5. Posee motor propio, no batería prestada. Presenta cualidades diversas y tendencias originales.

6. Es un comprometido con la verdad del evangelio.

7. Es protagonista no espectador.

8. Es activo, no en el sentido estrecho sino amplio, que posee las aptitudes apropiadas para vencer las presiones. Las pruebas lo hacen más fuerte, les dan “más aguante”

9. Es el gladiador que pelea en la cotidianeidad, que lucha por el avance del reino de Dios.

10. Influye en su entorno, no por su elocuencia o verbalismo, sino con su presencia.

11. Es difícil doblegar porque ya está quebrantado en su interior.

12. No tiene en cuenta lo que piensan los chismosos y los críticos malintencionados.

13. Va en contra de la corriente de este mundo que arrastra todo cuanto tiene a su paso.

14.  Refleja y comunica la vida de Dios.

15.  Aprende a convivir con la hermandad, que no traspasa los límites del cuerpo.

16.  Trata de llegar a la meta, de la misma manera que el soldado se exige en un campo minado

17. Se duele, entristece y también llora; luego de esos procesos sigue intacto como la palmera después que pasa la bravura del huracán.

18.  Es el hombre que Dios busca.

       Dos hombres  “de carácter”  (uno era Dios)

Pablo

(Gálatas 2: 11-15) Enfrentó la hipocresía de Pedro y descubrió su simulación delante de todos porque no andaban rectamente, conforme a la verdad del evangelio.

Jesús

Muchos intentaron esbozar la figura de un Jesús débil, tierno y manso, sin embargo una lectura minuciosa de sus actos nos da la pauta que él era un hombre de “carácter”. Al entrar en el templo hizo un látigo de cuerdas, echó fuera a todos, también a los animales, desparramó las monedas de los cambistas, volcó las mesas y las sillas; les dijo a los que vendían palomas que saquen sus cosas porque habían convertido la casa de su Padre en un mercado (San Juan 2:13-19)

Los discípulos de Cristo somos llamados a dejar de lado la obsecuencia y el “status quo” que promueve la injusticia. Somos llamados a ser hombres “de carácter”. Encargados de adelantar los planes eternos en el tiempo presente.



(1) La simulación en la lucha por la vida, Ingenieros José, Ediciones L.J. Rosso 1930


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