¿QUIÉN ES TU AMO? Oscar Gómez

                       



“He aquí como los ojos de los siervos miran a la mano de sus señores, y como los ojos de la sierva a la mano de su señora, así nuestros ojos miran a Jehová nuestro Dios, hasta que tenga misericordia de nosotros”  (Salmo 123: 2)

En los tiempos en que fue escrito este salmo los esclavos estaban pendientes de los movimientos de la mano de su amo, con ella le indicaba lo que tenían que hacer.
¡La esclavitud es terrible! No hacían falta las palabras, con los simples movimientos de la mano los esclavos comenzaban a trabajar. Ahora bien, las personas pueden caer en distintas clases y grados de esclavitud. Veamos algunas:

Distintas clases de esclavitud

Esclavos de la ignorancia

La ignorancia conduce a una mentalidad cerrada, pequeña, a cometer más de una equivocación en decisiones cruciales de la vida, a ser engañado, estafado, a entrar en el auto engaño (San Juan 8:33) a no crecer en Dios, a la idolatría, te puede llevar al mismo infierno por desconocer la gracia de la salvación.
Muchos ni siquiera tienen una educación básica porque tal vez no tuvieron la posibilidad de estudiar, por pereza, o simplemente porque no le interesa el saber. Sin embargo, hay una clase analfabetismo que es peligroso, letal, se trata del analfabetismo espiritual. Desconocer la persona de Dios, sus propósitos y sus obras.

Esclavos en sus almas

Muchos son esclavos en su alma. Están cautivos en su ser interior, llenos de complejos, algunos se creen superiores y otros se creen menos que los demás. Esclavos del miedo, del temor, llenos de pavor. Esclavos de sus sentimientos, de sus emociones, de su falta de voluntad para hacer las cosas.

Esclavos de la tierra

No me refiero a la tierra como planeta, sino a lo que Jesús llamó cosas terrenales (San Juan 3:31) (Filip. 3:19) (Colos. 3:5) Cuando hacemos de las cosas terrenales el todo de nuestro existir, pensando solamente en la recreación, el descanso y los placeres, entonces quedamos esclavos de la “tierra”.

Esclavos de los hombres

“Por precio fuisteis comprados, no os hagáis esclavos de los hombres” (1° Corintios 7: 23)

Hay personas que esclavizan a sus semejantes con su mal carácter, con su mirada y sus gritos lo dicen todo, otros por el mal uso de su autoridad “¿No sabéis que tengo autoridad para soltarte y que tengo autoridad para crucificarte?” (San Juan 19:10) Es lo que llamo el síndrome de Pilatos. Cuando esto ocurre la relación se convierte en algo insano.
También están los hombres que atraen con su elocuencia y producen una dependencia psicopatológica y una influencia nefasta. Hace poco escuché a un predicador que contaba chistes en su discurso y cuando no los decía la gente los  esperaba, discerní una especie de fascinación peligrosa en el público.
José Ingenieros habló demasiado acerca de no ser esclavos de los hombres, se refirió a los serviles, a los que se arrastran, es decir “los chupa medias”, a los simuladores para recibir algún favor, utilizó palabras como obsecuencia, decir todo que sí a fin de no ser castigados, de los hombres de poco carácter, etc.
En este punto resaltamos el compromiso del joven Daniel quien estando en la corte del Rey no se sometió a nada que desagradara a Dios ¡Daniel no era esclavo de ningún hombre, sino de su Dios!

La lista es interminable, como infinita es la cantidad de amos que se puede tener.

       ¿Cómo podemos ser libres de estas cosas?

1. Por el Espíritu Santo (2° Corintios 3:17). Cuando fui lleno del Espíritu Santo las cadenas de esclavitud fueron desechas.
  
2. Por la visión que nos fue impartida. Avanza en la visión que Dios te dio. Que nadie te la quite o interrumpa. Jesús era un hombre libre por la visión “Yo edificaré mi iglesia y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” ¡La visión nos hace libres!

3. Por medio de la verdad y de Jesucristo (San Juan 8: 31-36)

Seamos siervos de Cristo por amor. ¡Qué El sea el Amo, Dueño, el Kyrios de nuestras vidas para la honra de su Nombre!














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