martes, 30 de septiembre de 2014

MISERICORDIA Y COMPASIÓN Oscar Gómez

                  

  

  Trataremos estas dos virtudes como hermanas gemelas. Una está ligada a la otra. Misericordia es la traducción de splagnizomai que tiene su raíz en splagma, un término usado en la medicina para describir el dolor de un infarto o de un parto.
   El sentido de la palabra es hacer suyo el dolor del otro y aliviarlo como si fuera un familiar cercano. Es una descarga de adrenalina que experimenta el cuerpo que impulsa a hacer algo para socorrer.
   Compasión es el sentido de ternura y conmoción que se tiene por la desgracia o el mal que el otro padece, con el deseo de aliviarlo.

·      Lo que produce la misericordia y compasión

   La misericordia y la compasión nos liberan de las ambiciones personales y “ministeriales”, nos cargan de las penurias de los demás pero a la vez nos alivian de las propias. Depuran nuestras motivaciones hasta el extremo. Rompen barreras de distancia, cultura, color, situaciones para llegar al otro. Nos exigen gastar en otros, a dar sin esperar recompensas.
   Nos ayudan a entender muchas cosas de la vida, de las personas, de la realidad, no desde el punto de vista social sino espiritual. Mantienen vivo nuestro ser interior y despierto el espíritu a nuestro alrededor.
   Nos llevan a cambiar el tono de la voz hacia los demás, humedecen nuestros ojos haciendo brotar lágrimas. Más allá de sentir profundo dolor por los demás la misericordia y la compasión nos hacen activos, dinámicos, prácticos, esforzados para suplir la necesidad.
Cuando está presente la misericordia y compasión:
Hay misión real.
Hay obra verdadera.
Hay hermandad genuina.
¡Dios ha puesto su corazón allí!

·      Lo que detiene la misericordia y compasión.

Los conflictos (laborales, familiares, hermanables).
La carne.
La violencia.
La carrera materialista.
El corazón cargado solamente de proyectos personales.

·      Dios es misericordioso y compasivo

“por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que la aurora nos visitó de lo alto” Lucas 1:78
   Dios tiene entrañas (splagcha) de misericordia, sufre, se duele, se compadece, se alegra, estas entrañas de misericordia lo que lo hace acercar al ser humano. El Padre y Hijo están llenos de misericordia y compasión, con este sentir Jesús desarrolló su ministerio entre los hombres.
   En Dios y en Jesús hay una sensibilidad tal que la situación de las personas en necesidad “mueve sus entrañas”. Se conmueven, se sacuden, se alteran, se estremecen, ante la condición de la humanidad.
“Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó,aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia habéis sido salvados)”, Efesios 2: 4 y 5

·      Misericordia y compasión en la evangelización

“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” Mateo 9:36
   Jesús no actuó para su autopromoción, por vanagloria o por alguna intención espuria. No fue por contienda, ni por pretexto. Sus obras nacían de la profunda misericordia y compasión por las personas. No pensaba el rédito, obraba. No tenía que dar cuentas a alguna organización por el fruto obtenido, como dice el himno “su propio amor lo movió”. Los resultados venían.
    No somos proselitistas, propagandistas o anunciadores de una religión nueva. Sin misericordia y compasión no se pueden llevar a cabo las obras de Dios. La tarea evangelizadora de Jesús en Jerusalén y ciudades vecinas, las sanidades, la operación de milagros, la provisión a los hambrientos fue un acto puro de misericordia y compasión. Para Jesús las personas no eran simples números, podía atender a cada uno en su necesidad por el motor de la misericordia y la compasión. Sin este motor nos ocupamos de nuestras propias carencias.
En definitiva:
Seamos llenos de la misericordia y compasión de Dios mediante la plenitud del Espíritu Santo.
Hablemos a otros de Jesús por misericordia y compasión a esta sociedad quebrada.
Hagamos caso de las insinuaciones del Espíritu en nuestro interior, cuando nos dirige hacia los necesitados.
Apliquemos la misericordia y compasión primero en nuestra casa.
  







 
                    























lunes, 29 de septiembre de 2014

BERNABÉ Hugo De Francesco





  Todo grupo necesita un «animador», porque tarde o temprano cada persona necesita estímulo; sin embargo, a menudo el valor del estímulo se pasa por alto debido a que tiende a ser privado antes que público. Está probado que la gente necesita estímulo cuando siente la soledad de manera más intensa. Un hombre llamado José era tan notable en su forma de estimular, que fue una gran ayuda para todos y se ganó el apodo de «hijo de consolación», o Bernabé, de los cristianos en Jerusalén.

Bernabé estuvo siempre dispuesto a estimular y fue de gran ayuda a la gente que lo rodeaba. Es interesante notar que Bernabé dondequiera estimulaba a los cristianos, ¡grupos de inconversos se convertían en creyentes!
Las acciones de Bernabé fueron cruciales en la iglesia primitiva. En cierta forma, debemos agradecerle por gran parte del Nuevo Testamento. Dios usó su relación con Pablo en un punto y con Marcos en otro a fin de lograr que estos dos hombres se mantuvieran en marcha aunque cometieran errores. ¡Bernabé hizo maravillas a través del estímulo!
Cuando Pablo llegó a Jerusalén la primera vez, luego de su conversión, los cristianos de la localidad eran comprensiblemente reacios a darle la bienvenida. Pensaban que la historia de su conversión era una trampa para capturar a más cristianos. Solo Bernabé estuvo dispuesto a poner en riesgo su vida reuniéndose con Pablo para luego convencer a los demás que su antes enemigo era ahora un creyente ferviente en Jesús. Solo podemos preguntarnos qué hubiera sucedido con Pablo de no estar Bernabé.
Fue Bernabé el que animó a Marcos para que viajara con él y Pablo a Antioquía. Marcos se unió a ellos en su primer viaje misionero, pero decidió durante el viaje regresar a casa. Más tarde, Bernabé quiso invitar a Marcos para que se uniera a ellos en otro viaje, pero Pablo no estuvo de acuerdo. Como resultado, los compañeros se separaron, Bernabé fue con Marcos y Pablo con Silas. Esto permitió que se doblara el esfuerzo misionero. El estímulo paciente de Bernabé recibió
el premio eficaz de Marcos. Pablo y Marcos se reunieron más tarde en diferentes esfuerzos misioneros.

Como muestra la vida de Bernabé, rara vez estaremos en situaciones en las que no podamos animar a alguien. Nuestra tendencia, sin embargo, es más bien a criticar. Debemos ganar la confianza de esa persona mediante el estímulo. ¿Estás dispuesto a estimular a las personas con las que te relacionarás hoy?

Virtudes y logros:

• Uno de los primeros en vender sus posesiones para ayudar a los cristianos en Jerusalén.
• El primero en viajar con Pablo como miembro del equipo misionero.
• Era un alentador, como muestra su apodo, y uno de los que más influyó en los primeros días del cristianismo.
• Llamado apóstol, pese a que no fue uno de los doce originales.

Debilidades y errores:

• Apoyó a Pedro, temporalmente, manteniéndose alejado de los creyentes gentiles hasta que Pablo lo corrigió.

Lecciones de su vida:

• El estímulo es una de las formas más eficaces para ayudar.
• Tarde o temprano, la verdadera obediencia a Dios encierra riesgo.
• Siempre hay alguien que necesita estímulo.
Datos vitales:
• Lugar: Chipre, Jerusalén, Antioquía
• Ocupación: Misionero, maestro
• Familiares: Hermana: María. Sobrino: Juan Marcos
• Contemporáneos: Pedro, Silas, Pablo, Herodes Agripa.

Versículos clave:

«Este, cuando llegó, y vio la gracia de Dios, se regocijó, y exhortó a todos a que con propósito de  corazón permaneciesen fieles al Señor. Porque era varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una gran multitud fue agregada al Señor» (Hechos 11.23, 24).

La historia de Bernabé se narra en Hechos 4.36, 37; 9.27–15.39. También se menciona en 1° Corintios 9.6; Gálatas 2.1, 9, 13; Colosenses 4.10.

sábado, 27 de septiembre de 2014

LA “OTRA” CONGREGACIÓN Oscar Gómez




Vamos a elevar la nota en cuanto a la Palabra del Señor.

¿Dónde te congregás? ¿Cuál es tu congregación? ¿Será la de la esquina? ¿La del cartel? Ahora bien, ¿Cuál será la “otra” congregación?

SE TRATA DE LA CONGREGACIÓN CELESTIAL, QUE ESTÁ EN LOS CIELOS, LA QUE NOS ESPERA SI SOMOS FIELES HASTA EL FIN.

I- Consideraciones preliminares

No sé como abordar la “otra congregación”, todavía no fui, espero ir. Sin embargo me atrevo a decir algunas cosas:
1° Por lo que describe la Palabra de Dios.
2° Por el testimonio interior del Espíritu Santo en mi corazón.

No se trata de un simple estudio bíblico o escatológico, sino un sentir que brota con mucha intensidad del corazón, de un fuerte anhelo por ese lugar glorioso.

Se trata de la congregación “plus ultra” que significa “más allá”. Ahora estamos en el “más acá”.

Muchos partieron, algunos conocidos y ya están participando de esa congregación en los cielos. Fueron promovidos y nos dicen: “No te lo pierdas”.

La otra congregación es distinta en muchas cosas a esta. Ya lo veremos.

Nuestra hermandad aquí es una preparación para participar en la otra congregación. Es un “precalentamiento”.

Es en esa “otra congregación” donde debemos asegurarnos un lugar, un espacio, un “boleto”. Hay un dicho popular acerca de la gente buena: “Este tiene ganado el pasaje al cielo”

Es la continuación de esta congregación, pero no en la tierra, sino en el cielo. Tiene otra dirección, no es Santiago 55 bis. En esta estamos por un tiempo muy limitado, en la otra estaremos para siempre, por la eternidad.

Esta es la congregación real, es decir de la realidad. La otra es la congregación ideal. La que Dios diseñó en su plan eterno.

El que se aburre en esta congregación terrenal no califica para estar en la otra. ¿Se imaginan las 24 horas alabando y adorando a Dios?

II- Los nombres que se da a la “otra congregación”

Hebreos 12: 22 al 24 sino que os habéis acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, 23 a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, 24 a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel”.
1. Monte de Sión
“De Sión saldrá la ley”, en esta congregación celestial nos regiremos exclusivamente por la ley de Dios, no habrá más leyes humanas que empañan y desvían a la iglesia a través de líderes que tuercen la Palabra de Dios, no habrá ley de divorcio, de nueva unión, de matrimonio igualitario, ni de abortos.
2. La ciudad del Dios vivo
No es una congregación muerta, fría, apática, indiferente, apagada. Sino que es tan viva y tan vivificada como su Dios, Es la ciudad del “Dios vivo”.
3. Jerusalén, la celestial
No es la Jerusalén actual, que ataca y es atacada, que muchos la honran y otros la desprecian. La Jerusalén de hoy no es más que un cuartel de guerra. La nueva Jerusalén es celestial, desciende del cielo, vestida como una esposa que recibe a esposo. (Apoc. 21: 9 al 11)
4. Compañía de muchos millares de ángeles
No solo estará compuesta por hombres, sino también por ángeles, por seres celestiales del bien, los que están del lado de Dios.
5. La congregación de los primogénitos inscritos en los cielos
Son los que definitivamente quedaron anotados, pasaron el examen “de la blancura”. Se trata de la lista final. El padrón ya depurado. Lo de ahora es una inscripción precaria, que si no la cuidas se puede peder. La otra es irreversible, irrevocable, no se puede perder más.

III-Características de la “otra congregación”, la celestial
1. Dios es Juez de todos
Aquí todavía hay hombres que juzgan conductas, profecías, que intentan impartir justicia entre los hermanos. Así como lo hizo Moisés, y también los apóstoles en la iglesia primitiva. En esta congregación celestial Dios será Juez de todos.
2. Los espíritus de los justos son hechos perfectos
Acá hay pecados, disciplinas, correcciones, restauraciones, conflictos entre hermanos, andamos en debilidad y tentación. En espíritu de victoria pero también en derrota.
Seremos hechos perfectos delante de Dios y para Dios. 1° Cor. 15:53 El cuerpo corruptible será vestido de incorruptible, lo mortal será absorbido por la vida. ¡Aleluya!
3. Jesús sigue siendo al Mediador. Como ahora.
4. Apoc. 7: 16 y 17
Ya no tendrán hambre ni sed
 No será necesario irse de la reunión a las 12 del mediodía, no habrá más hermanitos que vienen con hambre o con sed, otros con la panza llena. No habrá necesidad de asistencia a los carenciados, a los hambrientos.
5. “Y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno”
Esta otra congregación no será afectada por los cambios climáticos. No saldremos a ver como está el día, si llueve, si hay niebla. No diremos más: “Hace calor, no voy a la reunión” o “hace frío, me quedo al lado de la estufa”.
¿Por qué será así? Porque el Cordero, Jesús, que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de agua de vida.
6. Apoc. 21: 4:
No habrá muerte. No hay más velatorios y entierros que presenciar.
Ni habrá más llanto. Por los problemas de esta vida.
Ni clamor. Por hijos, por esposos, parientes, amigos, etc.
Ni dolor. Por pérdidas de personas queridas o cosas de valor. Por frustraciones, como aquella mujer que no pudo lograr sus sueños.
Porque las primeras cosas pasaron.
7. Marcos 12: 24 y 25
No se casarán, ni se darán en casamiento.
Las preocupaciones de la novia por los detalles de la boda y las aflicciones propias del matrimonio dejarán de ser. Los solteros seguirán siendo solteros.
Porque seremos como los ángeles que están en los cielos.
8. Apoc. 22: 3 al 5
No habrá más maldición.
La bruja del barrio. La sal para cortar la tormenta. Los hechizos de umbanda, los  curanderos y curanderas se terminan.
Sus siervos le servirán y verán su rostro.
¿Qué clase de servicio será?
No habrá allí más noche
¡Qué problema para los que aman la noche, aquellos que les gusta la jarana! Los que después de las reuniones van a los boliches, a los bailes, a la fiestas. Los narcotraficantes que salen a transar de noche. Los que duermen de día y deambulan en la noche, no por causa del trabajo.
No tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol
No habrá que hacer malabares para pagar la factura de la EPE. Tampoco lamparitas de bajo o alto consumo, casas de electricidad, ni necesidad de electricistas.
Ni siquiera tendrán necesidad del sol. No importa sin el sol sale o no, si está nublado o por llover. El sol es el astro más importante de nuestra galaxia. Todo gira en torno al sol, el clima, las estaciones, etc.
“Porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos”.

IV- Los que entran y los que quedan afuera de la congregación celestial
1. Los que quedan afuera
Los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de Jesucristo 2 Tesal. 1: 6:9.
Satanás y sus ángeles 2° Pedro 2: 4, Jud. 6 y Apoc. 20:10
Los mencionados en Apoc. 21:8 y 22:15
Los que quitan o agregan a la Palabra de Dios. Apoc.22: 18 y 19.
2. Los que entran
Lucas 12: 37 Los que se mantienen atentos y velando.
Apoc.5:9  Serán de toda raza, pueblo, cultura, lengua o nación.
Apoc. 21: 7 Los que vencen las circunstancias.
Apoc. 22: 14 – Apoc. 7: 13 al 15 Los que lavan sus ropas de sus pecados.

                 ¡Preparémonos para la “otra congregación”!











 
                     























martes, 23 de septiembre de 2014

EL OBRERO Y SU VISIÓN Ivan Baker




  Debemos ahora hablar del obrero y su visión, como algo indispensable para su preparación espiritual y la eficacia de su función.

Un discípulo sin visión es un discípulo anormal. Por su puesto, esta anormalidad sería menos admisible en un obrero del Señor.

Cuando digo visión, me refiero a un llamado de Dios – un llamamiento celestial, esa comisión divina que nos levanta más allá de la mera experiencia: que me salvé, que oro, que leo la Biblia, que me congrego, que asisto a las reuniones, que formo parte del grupo tal o cual. Mucho más allá y muy sobre esto hay un llamado, una visión celestial.

Es la visión celestial que nos ayuda a no perdernos entre una multitud de conceptos y preceptos cristianos, de acciones y obras espirituales, de reuniones y actividades; es algo que nos levanta para hacernos mirar las cosas de Dios por los ojos de Dios, como si estuviéramos mirando todo sentado a su lado, compartiendo sus pensamientos, su expectativa y su emoción.

Cuando el Espíritu Santo implanta la visión en nuestro ser, esa visión nos domina, nos llena; es como una gloria que nos ilumina, nos excita, nos emociona, hemos conocido la mente del Altísimo, sus pensamientos, sus deseos; vemos y comprendemos su obrar y todo nos resulta excitante y maravilloso. Al impartirnos su conocimiento nos ha dicho:
“¿Quieres colaborar conmigo, quieres ser mi conductor? Tú y yo lo haremos juntos. Yo, solo, no lo puedo hacer, te necesito. Si colaboras conmigo te haré participe de mi gracia, mi presencia y mi poder. Juntos haremos proezas, venceremos al maligno, llenaremos mi gloria con hijos que brillarán como estrellas a eterna perpetuidad. Te será administrada una amplia y gloriosa entrada a mi presencia cuando hayas peleado la buena batalla y acabado con victoria tu carrera. ¡Recibirás de mi mano el premio, te coronaré de gloria para siempre!

Dios imparte la visión individualmente.

No es algo que se recibe colectivamente, o que se comunica del púlpito. Es algo que el Espíritu tiene que imprimir personalmente en cada uno, por medio de su iluminación o conocimiento. Efesios 1.18 “Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos”.

Es algo que viene cuando meditamos, pesando esta revelación en la presencia de nuestro Padre al recibir la iluminación del Espíritu. Es algo que penetra y se hace fuerte en nosotros cuando nos disponemos y nos entregamos para obedecer la visión; cuando nuestra voluntad se rinde para unirnos al deseo de Dios y transformarnos en ejecutores con él.

Es para todos su hijos.

Esta iluminación del Espíritu no es la prerrogativa de algunos sino que es la voluntad de Jesucristo que todos sus discípulos, igualmente, estén saturados de la visión. Por eso Pablo escribe la carta a todos los efesios; por eso él es tan claro en dar énfasis a su llamado, su visión y su meta (Fil. 3) e insta a todos a imitarle. Dios no tiene hijos privilegiados: su revelación es para bendecir y llenar a todos sus hijos. Es más, él necesita que todos estén llenos de su revelación para que con su pueblo pueda bendecir al mundo. El quiere una Iglesia de hijos donde todos conocen a él y son conducidos y sostenidos por la visión de su glorioso llamado.

Es lo normal.

Es importante decir otra vez que aunque parezca extraordinario todo esto que venimos hablando acerca de la visión, no es extraordinario sino que debería ser muy ordinario, muy normal. En realidad es “nuestro racional culto…” (razonable, inteligente) Romanos 12.1. Lo contrario sería anormal: un discípulo de Jesucristo que carece de gloria; que no está excitado en cuanto a su divino llamado, que no tiene visión celestial, que sólo canta, alaba, ora y vive una vida espiritual sólo porque es cristiano y va a ir al cielo. Esto sí es anormal. 

Recordemos que cuando Cristo nos llamó para servirle, nos impuso la condición de “perder nuestra vida por causa de él y del evangelio” Mr. 8.34-35.
El orden de Dios es que “busquemos primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas las demás cosas nos serán añadidas” Mt. 6.33

Este marcado desnivel entre el llamado de Dios y las demás cosas de nuestra vida es condición prioritaria si queremos ser obreros eficaces en nuestra obra.

Debemos ser, entonces, mucho más que hombres cristianos, conocedores de doctrinas espirituales, llevando vidas consagradas con buenas intenciones de servir al Señor, TENEMOS QUE SER HOMBRES SATURADOS DE UN SUPREMO LLAMAMIENTO CELESTIAL.


EL CONOCER A DIOS Jorge Himitian




Juan 17.3 

“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”.

En su primera carta, el apóstol Juan habla a los “hijitos” recordándoles que sus pecados han sido perdonados; a los jóvenes les dice que son fuertes y que han vencido al maligno. Pero a los “padres”,  a los más maduros en la vida espiritual, les manifiesta que ellos “han conocido al que es desde el principio”.

Oír su voz

Existe una familiaridad en la relación con y un reconocimiento de su voz que sólo se adquiere con la madurez. Cristo dijo: “Mi ovejas oyen mi voz”. Es interesante que no dijo “mis corderos”, ya que el cordero sigue a la oveja, aún no conoce la voz del pastor. La oveja, en cambio sigue al pastor porque conoce su voz. En la medida que vamos creciendo vamos aprendiendo a distinguir la voz de Dios, pues vamos cultivando nuestra relación con él.

Ser niños

Mateo 11.25-27 “Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar” ¿Cómo podemos conocer al Padre? Pues, por revelación. Cristo, por el Espíritu nos revela al Padre, claro, la condición básica para que él pueda hacerlo es que tengamos una actitud de niños. El solo se revela a los niños.

Ante la grandeza de nuestro Padre somos muy pequeñitos, y cuanto más pequeños nos sintamos con tanta mayor libertad podrá Dios revelarse a nosotros.

Guardar sus mandamientos por amor

Juan 14.21-23 “El que tiene mis mandamientos y los guarda ese es el que me ama, y el que me ama será amado por mi Padre y yo le amaré y me manifestaré a él”. “El que me ama mi palabra guardará y mi Padre le amará y vendremos a él y haremos morada en él”.

La expresión de nuestro amor a él debe ser guardar sus mandamientos. El hijo que verdaderamente ama a su padre, quiere agradarle, quiere guardar sus mandamientos. Además, Jesús es muy claro cuando dice que si expresamos nuestro amor a Dios guardando sus mandamientos él se manifestará, se revelará a nosotros. Por supuesto, debemos destacar que si guardamos sus mandamientos en una actitud legalista y religiosa, no va a suceder lo que Cristo promete.

A veces cuando nos enteramos de hermanos que han caído en pecados serios, temblamos y nos preguntamos: ¿Hay alguna garantía para que yo no caiga? Sí, hay una garantía: ama a Dios, de esa manera guardarás sus mandamientos y no caerás.

Es muy notoria la diferencia entre aquel que cumple los mandamientos por amor al Señor y aquel que lo hace con un espíritu legalista. En el primero se hace manifiesta la presencia del Señor; en el segundo, rigidez, sequedad y dureza. Es la diferencia que hay entre el espíritu y la carne, la revelación y la letra, la vida y la muerte, la gracia y la ley. Mientras que uno obedece por amor, el otro lo hace por obligación.

El que ama dice como Juan: “Sus mandamientos no son gravosos” y los cumple con gozo y deleite. El legalista dice: “Qué difícil es la vida cristiana”.

Conocer a Dios con el corazón, en el Espíritu

A Dios sólo se lo puede conocer experimentalmente. Podemos estudiar la geografía de un país a través de un libro, pero si alguien nos pregunta si conocemos ese país tendremos que admitir que no. Llegará el momento que tendremos que ir personalmente a corroborar todo lo que el libro nos dice. Mientras tanto, nuestro conocimiento seguirá siendo limitado.

Nuestro conocimiento de Dios, si bien se fundamento en un libro – su Palabra escrita- , tiene que ser corroborado por la experiencia, por el trato con él a través del Espíritu.


domingo, 21 de septiembre de 2014

UNA MIRADA A LAS CUATRO IGLESIAS DE GALACIA Hugo De Francesco




Dibujo sociohistórico: 

Si tomamos en consideración el tiempo de viaje, Pablo y Bernabé solamente estuvieron de tres a cinco meses plantando cada una de las iglesias de Galacia.
Es este un patrón que se mantiene a través de todo el ministerio del apóstol Pablo. Estará un corto espacio de tiempo preparando los cimientos de la incipiente iglesia. Luego la dejará por un largo espacio de tiempo sin dirección humana. Pasarán más de dos años antes de que Pablo vuelva a visitar a los creyentes de Galacia. 
La mayoría de los conversos en el Sur de Galacia son paganos gentiles. También hay algunos temerosos de Dios y pocos judíos. Los paganos gentiles provienen de una clase inculta y sin pulir. Su entorno está marcado por la superstición, idolatría e inmoralidad.
Los temerosos de Dios son gentiles que asisten a la sinagoga de los judíos a escuchar acerca del Dios de Israel. Los judíos son los pulidos, con cultura, moralmente conscientes miembros de la iglesia. Estimamos conservadoramente que el 50% de los conversos son esclavos. La otra mitad son hombres libres, los cuales en un tiempo fueron esclavos. Puede haber algunos creyentes pertenecientes al ejército de Roma y alguno que otro mercader.
Los nuevos conversos de Galacia del Sur no tienen Biblias. El Nuevo Testamento aún no ha sido escrito. Probablemente algún judío de la iglesia posee uno o dos Pergaminos de algún libro del Antiguo Testamento. Es muy dudoso que alguna de las sinagogas de Galacia del Sur posea el Antiguo Testamento completo. Pero aun si consideramos que
todos los creyentes poseen una Biblia, de poco les serviría, puesto que solamente del 5 al 10% de la población, dentro del imperio Romano, sabe leer. Muy pocos saben escribir.
Aquellos que saben se convierten en cortos de vista a los 40 años. Es por esto que necesitan de un amanuense para escribir sus cartas. Pablo necesitó un secretario para escribir las epístolas. Él solamente firmará la última parte de cada carta con objeto de confirmar su autenticidad.
La pobreza entre los habitantes de la zona es impresionante. Los hombres libres en la iglesia viven en el borde de la supervivencia humana. Marcharán todos los días a la plaza del mercado en busca de trabajo. El día que lo logran recibirán de paga un denario, o el equivalente de un día de trabajo en moneda romana. Un denario es escasamente suficiente para comprar la alimentación diaria de una familia.
En las colonias romanas, las ciudades están construidas de acuerdo al patrón romano, (hablaremos de esto más adelante). En pocas palabras, son sucias, hediondas y poco seguras. Debido a esas condiciones, muchos de los habitantes están plagados de enfermedades y desnutrición. La vida media para un hombre es de 45 años y para una 12 mujer de 39 años. La mitad de todos los nacidos en el Imperio Romano durante el siglo primero habrán muerto antes de cumplir los 5 años. La Galacia del siglo primero es un lugar desagraciado, sin amor y horrible para la mayor parte de la población. 
Este es el mundo en el que los dos hombres de Antioquia de Siria vienen a establecer la iglesia de Jesucristo. Tengamos presente que esas iglesias de Galacia se encontraban rodeadas de la inmoralidad e idolatría de los gentiles. En el mismo lugar también existen muchos judíos que odian la nueva religión (cristianismo).




domingo, 14 de septiembre de 2014

EL OBRERO Y SU RELACIÓN CON DIOS Jorge Himitian



  Para ser obreros de Dios es esencial mantener una relación personal con él. En la Biblia encontramos en reiteradas oportunidades la referencia al “Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”, al “Dios de Elías”, etc, y Pablo habla de Jesucristo como “mi Señor” y el “Dios de quien soy y a quien sirvo”. Estas expresiones, y de otras muchas nos confirman el hecho de que aquellos hombres piadosos, vivían en una relación muy intensa con Dios.

Nuestro conocimiento de alguien, y por consiguiente nuestra relación con él, puede abarcar una escala muy amplia: desde lo más superficial y accidental hasta lo más íntimo e intenso. Yo puedo decir que conozco al presidente de la Nación porque lo vi y lo escuché por televisión; sería diferente si digo que lo conozco porque es mi vecino, y mucho más si digo que es mi hermano. No es el mismo conocimiento.

Del mismo modo cuando hablamos de nuestro conocimiento de Dios no podemos pretender ser sus obreros eficaces si nuestro conocimiento de él es por referencia, por terceros; es necesario que lo conozcamos de un modo personal.

Nuestra estabilidad, madurez y eficacia en la vida y ministerio cristiano, en el último análisis, dependerá de nuestra relación con Dios. Claro, al decir esto tengo en cuneta el marco comunitario en el cual nos desenvolvemos, donde se enfatiza mucho el sentido de cuerpo, la comunión entre hermanos, las relaciones interpersonales, las coyunturas, el discipulado, la unidad, etc. Todo ello nos brinda el equilibrio necesario para no caer en el individualismo. Lo que sí queremos dejar bien claro es que, aparte de la buena comunión con nuestros hermanos, necesitamos cultivar una relación con Dios de primera mano. Dicha relación es lo único que dará sentido y firmeza a nuestra vida.

Podemos afirmar que alguien realmente se ha tomado de Dios cuando, si llegara el caso de que todo a su alrededor se derrumbara – aún los mismos líderes a quienes él seguía – él permaneciese fiel afirmando: “YO SE EN QUIEN HE CREIDO”.

Tu confianza, tu comunión con Dios, tu convicción y fe, en última instancia, no dependerá de los que te rodean – si es que llegaste a la madurez espiritual y dejaste de ser un “hijito”- sino de tu propia relación personal con Dios.

Muy pobre sería una comunidad si en ella sólo se diera la comunión, la sujeción y el amor en un nivel horizontal solamente; entre los hermanos y nada más. Pero que rica y fuerte sería una comunidad en la cual, además de la dimensión horizontal de comunión, cada uno tuviera una comunión personal e íntima con Dios.

La relación de “coyunturas”entre los miembros del cuerpo de Cristo nunca puede suplantar la comunión individual con Dios. Por eso Pablo dice en Efesios 4.16 “las coyunturas ayudan…” Y esto de que “ayudan” significa que nunca “sustituyen” la relación con Dios.
Si alguien sólo tiene comunión con sus hermanos y no cultiva su comunión con Dios, su vida espiritual se desarrollará muy pobremente.

LA RELACIÓN FILIAL

Para poder tener una relación adecuada con Dios es necesario una imagen concreta de él. Por eso, durante su ministerio terrenal, Jesús nos reveló a Dios como nuestro Padre. “Vosotros, pues oraréis así, decía el. Padre nuestro…”     De modo que ahora podemos relacionarnos como nuestro Padre; Jesús vino para introducirnos a esa relación con Dios.

Jesús hablaba de Dios como su Padre. El, siendo el “unigénito” del Padre (Juan 1.14) llega a ser el “primogénito entre muchos hermanos” (Romanos 8.29) El es nuestro hermano mayor y nuestro ejemplo. Jesús siempre decía que Dios era su Padre. “Mi Padre trabaja y yo trabajo” (Juan 5.15); “honro a mi Padre” (Juan 8.49) También habla de “el Padre”: “El Padre ama al Hijo” (Juan 5.20). Cuando ora, él dice: “Padre…” (Juan 12.28),
“Padre santo…” (Juan 17.11). Podemos decir que entre todas las cosas que Jesús nos enseña esta es la principal: tener una relación filial con Dios, una relación de hijo-padre.

Ahora bien, debemos destacar que nosotros no llegamos a ser sus hijos por cultivar esa relación, sino por haber nacido de nuevo. No es que seremos sus hijos si cultivamos nuestra comunión con él, sino que debemos cultivar nuestra relación con él porque somos sus hijos.

También debemos mencionar que es posible – y lamentablemente es muy frecuente -, ser hijos y no tener comunión con los padres; así como también hay hijos que ni conocen a sus padres. Es cierto, hay hijos que ni intiman con sus padres, no tratan con ellos, no tienen comunión. Para muchos hijos su padre es un desconocido; saben que él es su padre pero no lo conocen profundamente. Generalmente esto sucede cuando el padre no tiene mucho interés en sus hijos; cuando su corazón no está en sus hijos sino en sus negocios, en sus proyectos y ambiciones. Esto, por supuesto, no sucede con nuestro Padre Dios. Para él, lo más grande y lo más valioso del universo son sus hijos: Jesucristo y todos nosotros, sus hermanos.

Por lo que vemos a través de la enseñanza y la vida del Señor Jesucristo, es evidente que no hay gloria mayor a la cual Dios nos puede introducir que a la de ser hecho hijos suyos… El apóstol Juan decía: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios” (1 Juan 3.1)

Cuando leemos el evangelio de Juan observamos a Jesús hablando de su Padre con un entusiasmo especial; como alguien muy real y cercano para él. Hablar del Padre le apasionaba, le desbordaba. Cada día se apartaba para conversar con él y seguía en su comunión todo el día. Qué maravilloso pensar que Jesucristo nos ha introducido a esa relación privilegiada con Dios.

Ser HIJOS DE DIOS es el honor más grande que un ser humano puede recibir. Es más que ser pastor, apóstol o presidente de la nación. No hay privilegio u honra mayor que esta.
El corazón de nuestro Padre está puesto en sus hijos. Nos ama entrañablemente. Eso es lo que le hace decir a Zacarías que el que toca a los suyos le toca a él en la niña de su ojo. Por eso es que él quiere que le conozcamos, que nos relacionemos con él. Es imposible pensar en una ruptura o en un enfriamiento de esas relaciones. ¿Cómo te sentirás tú, como padre, si amando muchísimo a tus hijos, y haciendo lo máximo para ellos, y queriendo relacionarte con ellos y tratarles, ellos te respondieran con indiferencia; si te ignoraran y se alejaran de ti?

¡Oh, Dios se desvive por nosotros, nos ha amado con amor eterno, ha hecho lo indecible por tenernos como sus hijos, y ahora anhela, espera, desea nuestra comunión, nuestra relación de amor con él…! Pablo dice en Romanos 8.14-17, que nosotros somos hijos de Dios por adopción; pero esta no es una adopción hecha en términos humanos. Cuando una familia adopta una criatura lo incorpora a la vida familiar y le da su apellido; ese niño que llega legalmente reconocido como hijo, pero su naturaleza no sufre ninguna modificación. 
En cambio cuando Dios nos adopta como hijos, nos da su Espíritu en nuestro espíritu, modifica nuestra naturaleza; de modo que podemos llamarlo legítimamente, Padre nuestro. Cuando nos dirigimos a Dios, el Espíritu de Jesús que está en nosotros nos hace gritar ¡Papá! (o como dice Pablo: “Abba Padre”) No es una adopción legal y exterior, sino una real e interior.

El término “Abba” usado por San Pablo es una expresión aramea que significa “papá”, forma familiar y aún infantil de dirigirse al padre, que denota las relaciones más íntimas y confidenciales que se generan entre el alma y Dios.

Hay muchos que en nuestras reuniones cuando oran se dirigen a Dios diciéndole papá. Al principio no me acostumbraba a esta expresión, pero ahora, cuando estoy a solas en mi cuarto, la palabra que más utilizo para dirigirme a Dios es ¡papá!... Cuando lo hago siento su proximidad, su cercanía y la profundidad de nuestra relación.

¡Qué insondables implicaciones tiene el hecho de poder orar diciendo: “Padre Nuestro…”!


A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...