miércoles, 30 de abril de 2014

CUANDO LA IGLESIA SE REÚNE 1° Parte Oscar Gómez

                
  

      Un análisis de 1ra. Corintios cap. 11 al 14 inclusive.

   
Tema central: El carácter y desarrollo de la reunión de acuerdo a las enseñanzas  apostólicas. El libre ejercicio de los dones espirituales por parte de los hermanos durante la reunión.

Introducción

   ¿Qué me llevó a profundizar en esto? Hace poco visité una congregación cercana a Rosario. Desde el comienzo de la reunión un hermano condujo la alabanza por más de una hora, después otro oró por la ofrenda y dio algunos anuncios, finalmente me invitaron a compartir la palabra del Señor. Solamente tres personas participaron en casi tres horas de culto y las restantes fueron simples espectadores en una mañana fría.  
   Pero no terminó así, apenas la reunión concluyó, cuando “rompimos filas” y nos saludamos, se desató en forma espontánea la gracia de los hermanos, hubo intercambio de testimonios, experimenté el amor de Dios y fui bendecido. Esta gracia no se detuvo, siguió fluyendo aún fuera del recinto.
  
   Al regresar a casa,  muchos interrogantes invadieron mi mente. ¿Por qué durante el desarrollo de la reunión la iglesia estuvo enmudecida y temblando de frío? ¿Por qué al terminar el culto y no antes, la gracia y la bendición desbordaron? ¿Dé dónde sacamos el programa inamovible de reunión? Escuché que al principio de la renovación nadie conducía, y el Espíritu del Señor se movía en plena libertad. Así lo comenta Ángel Negro:

“Cuando comenzó el mover de Dios en Argentina, éramos atraídos por la gloriosa presencia del Señor. Era como un imán celestial. Fue muy soberano, muy de Dios, Él lo hizo. No fue por oración o intervención humana. Las señales más visibles que se manifestaron en medio nuestro fueron: la sencillez para recibir el bautismo en el Espíritu Santo, la adoración y el amor. Sonaba el acordeón y ya se levantaban las manos sin que nadie dijera nada. En la casa de Darling nadie presidía. La obra del Espíritu corría por todo el país como reguero de pólvora y en todas las denominaciones. Como fuego en pasto seco en tarde de verano”.

   ¡Atención! Voy a soltar una bomba, y espero que al estallar produzca el efecto deseado. Tranquilos porque no provoca daño; al contrario, restaura y encauza a la iglesia del Señor.

   No obstante, mi intención es hacer un aporte positivo a la hermandad por medio de una reflexión conjunta y ajustada a las escrituras, dando pasos en favor de la libre participación de los discípulos en el ejercicio de sus dones espirituales durante la reunión.

   Nuestro énfasis en los últimos años fue la misión de la iglesia, pero acá hacemos un paréntesis para abocarnos a la reunión en sí, obviamente como un complemento útil de lo anterior.

   Ruego que en este tiempo la gracia que habita en todo el cuerpo de Cristo sea manifestada en plenitud, por supuesto sin pretender un cambio dramático del día a la noche.
   
I- Consideraciones preliminares

- 1° Corintios capítulo 11 al 14 conforman un solo tema, un solo bloque: “Cuando la iglesia se reúne en un solo lugar”, 11: 17y 18;  11:20;  11:33; 14:5; 14:19; 14:23; 14:26. Por tanto será necesario leer correlativamente los capítulos citados, como una unidad.

- Cuando nos reunimos debemos estar dispuestos a la reprensión de los hermanos mayores, principalmente del apostolado. 11: 17

- El pasaje central o clímax del presente análisis lo encontramos en el capítulo 14 versículo 26.

- Toda palabra que se quiera compartir a la iglesia debe ser juzgada por los demás. 14:29 ¿Antes o después de expresarla?

- Se trata de la “iglesia de los santos”, no una comisión o directorio de empresa secular. 14:33

- Según Pablo, las cosas expresadas en los cuatro capítulos son mandamientos del Señor para la iglesia, no sugerencias o una receta opcional. 14: 37

- La reunión tiene que llevarse a cabo decentemente y con orden. 14:40

- Se descubre claramente que el interés profundo del apóstol es que  cuando la iglesia se reúna reciba edificación. Es decir completar lo que falta en los hermanos. 14: 3 al 5  -14:12 -14:17 -14:26.

II- Los 9 temas dominantes del bloque y que deben estar presentes en la reunión.

  
1. Escala de autoridad en la reunión.
2. La cena del Señor.
3. La multiplicidad de dones espirituales.
4. La funcionalidad de los miembros del cuerpo.
5. Los ministerios presentes en la iglesia.
6. El amor.
7. El ejercicio de la profecía.
8. El don de lenguas.
9. Las mujeres en el ámbito eclesiástico.


  En los cuatro capítulos de 1° corintios que analizamos se mencionan los 9 elementos que componen la reunión (serán desarrollados próximamente y en la 2° parte del estudio)

III- Las personas que participan regular o eventualmente en la reunión. 14: 22 al 25.

Los que participan regularmente:

         Los creyentes. Es decir los que creen en Dios. Dentro de los creyentes encontramos los dinámicos o participativos y los estáticos. También hay rutinarios, esporádicos, etc.

Los que se reúnen en forma circunstancial:

a)    Los incrédulos, son los que no creen en Dios, todavía no logran confiar en Dios; sin embargo, por hecho de participar de la reunión puede por todos ser convencido y por todos juzgado, lo oculto de su corazón se descubrirá y como consecuencia adorará a Dios reconociendo que está presente en ese lugar.

b)   los indoctos, los que no entienden de qué se trata, tal vez por ser nuevos. Son los “sin doctrina”, aquellos que no tienen nada o escaso conocimiento por no haber sido catequizados, pero pueden llegar a ser verdaderos creyentes si reciben la palabra con fe.

  Algunos afirman que las asambleas de los cristianos eran íntimas y participaban exclusivamente los bautizados. El texto citado deshace este argumento ya que no solo asistían los creyentes, también lo hacían incrédulos e indoctos. Eran reuniones públicas y abiertas “y entran indoctos o incrédulos” 14:23.

IV- El broche final: 1° Corintios 14: 26 como epicentro del análisis.

   ¡Acá está el punto donde quiero llegar! ¡Esta es la bomba! La gran necesidad actual de la iglesia. Los reformadores restauraron ciertas verdades de la Palabra, pero no cambiaron el orden del culto tradicional heredado de la misa católica donde unos pocos dirigen y muchos escuchan sin participar.


¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación”.
  
  
   En las reuniones, el apóstol Pablo da por sentado que "cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación" (1 Corintios 14:26). Aquí no es el caso de uno que dirige y los demás siguen, sino que cada uno contribuye su parte de utilidad espiritual, todos toman parte según el Espíritu Santo guía. No es un ministerio ‘completamente de hombre’, sino un ministerio del Espíritu. Se le da oportunidad a cada miembro de la iglesia para que ayude a otros, y se le da oportunidad a cada uno para que sea ayudado.
   Un hermano puede hablar en una etapa de la reunión y otro más tarde; uno puede ser usado por el Espíritu Santo para que ayude a los hermanos esta vez, y yo, la próxima vez. Cada individuo debe asumir su parte de responsabilidad y compartir con la iglesia lo que él mismo recibió del Señor. La dirección de las reuniones no debe ser el trabajo de un solo individuo sino que todos los miembros deben asumir juntos la responsabilidad, y procurar ayudarse unos a otros, dependiendo de la enseñanza y dirección del Espíritu Santo. Una reunión eclesial lleva sobre sí la estampa de ‘unos a otros’.
   Cada discípulo debe llevar su porción de responsabilidad y transmitir a los demás lo que él mismo ha recibido. La dirección de las reuniones no debe ser la carga de unos pocos individuos, sino que todos los miembros deberían llevar la carga juntos y procurar edificarse unos a otros dependiendo de la enseñanza y guía del Espíritu, y dependiendo también de que el Espíritu les dé poder. 
  
La necesidad de mutualidad, “unos a otros”.

   Todas las reuniones basadas en el principio de “mesa redonda” son verdaderas reuniones de la iglesia. Una mesa nos capacita para expresar algo y pasarlo a los otros. Nos proporciona la oportunidad para la expresión de mutualidad, ese rasgo esencial en todas las relaciones de la iglesia. 
   Vayamos al libro de Hechos para ver el ejemplo que Dios estableció desde el principio para Su iglesia. “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.” (Hch. 2:42, 46).

   Los discípulos deben aprender a usar los dones espirituales que Dios les ha dado para ministrar a sus co-discípulos. El principio según el cual se llevan a cabo todas las reuniones de la iglesia es el de “la mesa redonda”, no el del “púlpito y las sillas”. Cuando algún apóstol visita un lugar, puede dirigir una serie de reuniones para la iglesia local, pero tales reuniones son excepcionales. 
   En las reuniones regulares de la iglesia los hermanos deben contribuir con sus aportes especiales en el poder y bajo la guía del Espíritu. Pero para hacer que tales reuniones tengan mérito definido, es esencial que los creyentes reciban dones espirituales, revelación y palabra; por tanto, los obreros deben hacer un asunto de real importancia que todos sus convertidos experimenten el poder del Espíritu derramado.
   Si las iglesias siguen las líneas que Dios mismo ha propuesto para ellas, la obra de Dios adelantará sin impedimento y su reino se extenderá sobre la tierra.

(Continuará con los 9 temas dominantes en el bloque)




















  


      
















jueves, 24 de abril de 2014

"QUÉ, PUES, ES PABLO" Oscar Gómez

          

“¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos?”

                                              1° Cor. 3:5





   

Cada cosa en su lugar

   El centro de la iglesia del Señor no son sus líderes. Venerar o admirar exageradamente a sus fundadores o precursores no es la voluntad de Dios. Muchas organizaciones giran alrededor de hombres que con su elocuencia y personalidad se convierten en su eje; el problema se suscita cuando este hombre sucumbe moralmente o se desvía arrastrando tras sí toda una multitud. Las escrituras advierten claramente no seguir a los hombres que son colaboradores de Dios.
   Al respecto Jean Vanier en su libro “La comunidad, lugar de perdón y de la fiesta” expresa: “A menudo las personas se agrupan o son agrupadas porque piensan que son una élite. El fundador de este tipo de grupos o “pueblo” con frecuencia es un profeta, elegido verdaderamente por Dios. Dio una inspiración, leyes y tradiciones que han generado cohesión y unidad, que han posibilitado cierta unidad interior y un nuevo sentido a sus vidas. El peligro es considerar que únicamente ese fundador, y ningún otro, es elegido por Dios”
  
El mover de Dios en Argentina

Los inicios del mover de Dios en Argentina se caracterizaron por el obrar soberano de Dios. El Espíritu Santo se derramaba en abundancia, surgían cánticos nuevos, dones espirituales, revelación, gozo, palabra profética y doctrinal sin dirección humana alguna. Todo lo hacía el Señor, los líderes se encargaban solamente de coordinar y modelar estas manifestaciones. Este movimiento no tuvo como centro o eje a sus precursores, ellos se encargaron de encaminarlo llevando el pueblo al Señor y a la Palabra. No debemos perder ni olvidarnos de este origen, se trata de nuestro ADN espiritual.

El anhelo de tener líderes de carne y hueso

Esto no es un fenómeno actual, siempre ocurrió. También el pueblo de Israel en un momento de su historia no se conformó con que Dios los dirija, pidieron un rey como tenían los otros pueblos paganos, un representante humano que esté sobre ellos, que puedan ver y confiar.

¿Qué, pues, es Pablo y qué es Apolos?

   Lo interesante de 1° Corintios 3:5 es que el apóstol no dice ¿quién es Pablo? o ¿quién es Apolos? Sino ¿qué es? Al expresarse de esta manera está demostrando la escasa preponderancia que tienen los hombres en la obra del Señor. Pablo se declara simplemente un colaborador, un ayudante.

Apoyarnos en determinados líderes  degenera en partidismo en medio de la comunidad.

“Porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales?”  1 cor. 3: 3 y 4

Volvamos a apreciar la variedad de dones y ministerios que están entre nosotros. Cada uno tiene un importantísimo aporte que hacer en la iglesia del Señor. Sectorizar o tener un líder como referente en desmedro de otros es peligroso. Un hombre no concentra toda la gracia y todos los dones, siempre necesitará del resto.

Cristo siempre será el centro de todas las cosas
  
Dios el Padre se encarga vez tras vez de colocar a su Hijo Jesús en el centro de la escena y de las situaciones. Con la ayuda del diablo el ser humano caído trata de desplazar al Hijo. Cierto día en Jerusalén se lo sacaron de encima matándolo cruelmente en una cruz. No obstante su Padre Dios lo establece de continuo como centro de todo.








EL EDIFICIO DE LA IGLESIA Frank Viola

                 
                                                                                


El complejo del edificio

El cristiano contemporáneo está enamorado del ladrillo y el cemento. El complejo del edificio está tan arraigado en nuestro pensamiento que si un grupo de creyentes empieza a reunirse, sus primeros pensamientos están dirigidos a conseguir un edificio. Porque ¿cómo puede pretender un grupo de cristianos ser una iglesia legítimamente sin un edificio? (Esta es la forma de pensar.)
El edificio de la “iglesia” está tan relacionado con la idea de iglesia que, inconscientemente, los equiparamos. Escuche simplemente el vocabulario del cristiano promedio de hoy: “¡Vaya, cariño! ¿Viste esa hermosa iglesia que acabamos de pasar?”. “¡Caramba! ¡Esa es la iglesia más grande que he visto jamás! Me pregunto cuánto pagarán por la electricidad para que funcione”. “Nuestra iglesia es demasiado pequeña. Me está dando claustrofobia. Necesitamos ampliar el balcón”.
“La iglesia está helada hoy; ¡Me estoy congelando aquí!”. “Hemos ido a la iglesia todos los domingos el año pasado salvo cuando se le cayó el microondas sobre el dedo del pie de la tía Yolanda”.
¿Y la terminología del pastor típico? “¿No es maravilloso estar en la casa de Dios hoy?”. “Debemos mostrar reverencia cuando entramos en el santuario del Señor”. ¿Y la madre que le dice a su hija feliz (por lo bajo): “Quítate esa sonrisa de la cara. ¡Estás en la iglesia ahora! ¡Hay que portarse bien en la casa de Dios!”. Francamente, ninguno de estos pensamientos tiene nada que ver con el cristianismo del Nuevo Testamento. Más bien reflejan el pensamiento de otras religiones; principalmente el judaísmo y el paganismo.

Los cristianos somos el templo de Dios

Los primeros cristianos creían que Jesús es la presencia misma de Dios. Creían que el Cuerpo de Cristo, la Iglesia, constituye un templo. Cuando el Señor Jesús estuvo en la tierra, hizo algunas declaraciones radicalmente negativas en cuanto al templo judío. ¡La principal fue que sería destruido!
Si bien Jesús apuntaba al templo que existía en el sentido arquitectónico, en realidad hablaba de su Cuerpo. Jesús dijo que, después que el templo fuera destruido, Él lo levantaría en tres días.
Significativamente, se refería al verdadero templo –la iglesia– que Él levantó en sí mismo al tercer día.
Desde que Cristo resucitó, nosotros los cristianos hemos pasado a ser el templo de Dios. Por esta razón el Nuevo Testamento siempre reserva la palabra “iglesia” (ekklesia) para el pueblo de Dios. Nunca emplea esta palabra para referirse a un edificio de ningún tipo. El acto de Jesús de limpiar el templo significaba que el “culto del templo” del judaísmo estaba siendo reemplazado por Él mismo. Con su llegada, el Padre ya no sería adorado en un monte o en un templo. En cambio, sería adorado en espíritu y en verdad.
Cuando nació el cristianismo, era la única religión en la tierra que no tenía objetos sagrados, personas sagradas ni espacios sagrados. Aunque estaban rodeados por sinagogas judías y templos paganos, los primeros cristianos eran las únicas personas religiosas en la tierra que no erigían templos sagrados para su culto. La fe cristiana nació en hogares, en patios, junto a caminos y en salas de estar.
Tal cual. Esto te hace recapacitar una vez más en la potencia que tiene, si se lo deja moverse a voluntad, el espíritu de religiosidad. He aquí lo que llamamos sutileza diabólica, algo que parece hasta bueno si no lo entiendes, pero que en verdad es nefasto.
Los primeros cristianos creían que la Iglesia, la comunidad de creyentes, era el templo. Y que la adoración no estaba localizada espacialmente ni alejada de la totalidad de la vida. Por lo tanto, en sus mentes no existía la idea de un “lugar santo”. ¡El “lugar santo” de los cristianos es tan omnipresente como su Señor ascendido! La adoración no es algo que sucede en cierto lugar en cierto momento. Es un estilo de vida.
Durante los primeros tres siglos, los cristianos no tuvieron ningún edificio especial. Como dijo un erudito: “El cristianismo que conquistó el Imperio Romano fue esencialmente un movimiento centrado en los hogares”. Algunos han sostenido que esto fue por la fuerza. Pero no es cierto. Fue una elección consciente de parte de ellos. Al crecer el tamaño de las congregaciones, empezaron a remodelar sus casas para acomodar mayor cantidad de personas. Uno de los descubrimientos más destacados de la arqueología es la casa de Dura Europos, en lo que hoy es Siria. Este es el lugar de reunión cristiano más antiguo identificable.
Era simplemente un hogar privado remodelado como lugar de reunión cristiano alrededor del año 232 d.C. La casa de Dura Europos era, esencialmente, una casa donde se había quitado la pared entre dos dormitorios para crear una sala de estar grande. Con esta modificación, la casa pudo alojar unas setenta personas. Las casas remodeladas, como la de Dura Europos, no pueden clasificarse correctamente como “edificios de iglesia”.
Eran simplemente casas remozadas para acomodar congregaciones más grandes. Además, estas casas nunca fueron llamadas “templos”, el término que usaban tanto paganos como judíos para sus lugares sagrados. ¡Los cristianos no comenzaron a llamar a sus edificios “templos” hasta el siglo XV!
Debería señalarse que en ocasiones los cristianos usaron edificios ya existentes para propósitos especiales y temporales. El pórtico de Salomón y la escuela de Tiranno son ejemplos (Hechos 5:12; 19:9). Sin embargo, sus reuniones de iglesia habituales siempre se realizaban en un hogar privado.
La casa en Dura Europos fue destruida en 256 d.C. Según Frank Senn, “los cristianos de los primeros siglos carecían de la publicidad de los cultos paganos. No tenían santuarios, templos, estatuas o sacrificios. No realizaban festivales, bailes, espectáculos o peregrinajes públicos. Su principal rito involucraba una comida que tenía un origen y un entorno doméstico heredados del judaísmo.
Por cierto, los cristianos de los primeros tres siglos solían reunirse en residencias privadas que habían sido convertidas en espacios de reunión adecuados para la comunidad cristiana… Esto indica que la austeridad ritual de los primeros cultos cristianos no debe ser tomada como una señal de primitividad sino, más bien, como una forma de enfatizar el carácter espiritual del culto cristiano”. Estas casas reestructuradas se denominaban domus ecclesiae.
Hay quienes han argumentado que los cristianos anteriores a Constantino eran pobres y no podían ser dueños de propiedades. Pero esto no es cierto. Bajo la persecución del emperador Valeriano (253-260), por ejemplo, todas las propiedades de los cristianos fueron confiscadas.

Adoración vs. Vida cotidiana

El edificio de iglesia está basado en la anochecida idea de que la adoración es algo cualitativamente distinto de la vida cotidiana. Por supuesto, la gente varía en el grado de profundidad de esta disyunción. Algunos grupos han hecho un gran esfuerzo para enfatizarlo, insistiendo en que la adoración sólo puede ocurrir en espacios específicos diseñados para hacerlo sentir de forma diferente de lo que se siente en la vida cotidiana.
La disyunción entre la adoración y la vida cotidiana caracteriza al cristianismo occidental. La adoración es vista como algo separado del tejido total de la vida, envasado para el consumo grupal.
Siglos de arquitectura gótica han sido una mala enseñanza en cuanto a lo que es la adoración realmente. Pocas personas pueden entrar en una catedral poderosa sin experimentar el poder del espacio.
La luz es indirecta y tenue. Los techos, exageradamente altos. Los colores son sencillos y ricos. El sonido viaja de una forma específica. Todas estas cosas trabajan en conjunto para darnos un sentido de sobrecogimiento y asombro. Están diseñadas para manipular los sentidos y crear una “atmósfera de adoración”.
Algunas tradiciones agregan fragancias a la mezcla. Pero el efecto es siempre el mismo: Nuestros sentidos interactúan con nuestro espacio para llevarnos a un estado particular del alma. Un estado de sobrecogimiento, misterio y trascendencia que equivale a un escape de la vida normal.
Nosotros hemos eliminado algunos de estos elementos y los hemos reemplazado por un uso específico de la música para lograr el mismo fin. En consecuencia, en círculos protestantes, los “buenos” líderes de adoración son los que pueden usar la música para evocar lo que otras tradiciones logran evocar con el espacio. Lo que evocan es un sentido de adoración “del alma”. Pero esto está desconectado de la vida diaria, aparte del hecho de que tampoco es real.
Jonathan Edwards señaló, correctamente, que las emociones son efímeras y no pueden ser utilizadas para medir la relación que uno tiene con Dios. Esta desconexión entre lo secular y lo espiritual está realzada por el hecho de que el típico edificio de iglesia exige que uno “siga un proceso”, subiendo escaleras o atravesando el vestíbulo.
La razón de esto es que uno está pasando de la vida cotidiana a otra vida. Por lo tanto, se requiere una transición. Todo esto no pasa la prueba del lunes. No importa cuán bueno haya sido el domingo, la mañana del lunes igual vendrá a probar nuestra adoración.
Observe un coro vistiéndose antes del comienzo del culto. Se sonríen, se ríen y hasta hacen bromas. Pero, una vez que comienza el culto, se convierten en personas diferentes. No los encontrará sonriendo o riendo. Esta falsa separación entre lo secular y lo sagrado, esta “mística de los vitrales” de iglesia del domingo a la mañana se opone abiertamente a la verdad y la realidad.
Además, el edificio de iglesia no es un lugar amistoso. Es frío, incómodo e impersonal. No está diseñado para la intimidad ni la fraternidad. En la mayoría de los edificios de iglesia, los asientos consisten en bancos de madera fijados al piso. Los bancos o sillas están ordenados en filas, todos mirando hacia al púlpito. El púlpito está sobre una plataforma elevada donde se sienta el clero (vestigios de la basílica romana).
De nuevo, la arquitectura del edificio de iglesia protestante apunta todas sus flechas en dirección de la persona que da el sermón. El edificio se presta al dominio del púlpito. Y también pone límites al funcionamiento de la congregación. Esta disposición hace que sea prácticamente imposible que un adorador vea la cara de otro adorador.
En cambio, ¡crea una forma de adoración de “sentarse y remojarse” que convierte a los cristianos funcionales en “creyentes de banco”! Dicho de otra manera, ¡la arquitectura misma impide la comunión, excepto entre Dios y su pueblo a través del pastor!
Y, a pesar de estos hechos, nosotros los cristianos seguimos creyendo que el edificio es sagrado. Es cierto que algunos de ustedes pueden oponerse severamente a la idea de que el edificio de iglesia es sagrado. Pero, para la mayoría de ustedes, sus acciones los traicionan. Escúchense hablar acerca del edificio de iglesia. Todavía lo llaman “la iglesia” y, a veces, se refieren a él como “la casa de Dios”.
El consenso general entre los cristianos de todas las denominaciones es que “una iglesia es, en esencia, un lugar apartado para la adoración”. Esto ha sido así durante los últimos mil setecientos años.
Constantino sigue vivo y coleando en la mente de la mayoría de los cristianos hoy.

Los exorbitantes gastos fijos

La mayoría de los cristianos ven, erróneamente, al edificio de iglesia como una parte necesaria del culto. Por lo tanto, la cuestión financiera del edificio y el mantenimiento no es un tema menor. El edificio de iglesia exige una enorme cantidad de dinero. Sólo en Estados Unidos, las propiedades de las iglesias institucionales hoy superan los 230.000 millones de dólares.
Honestidad: Criticamos que con el oro que hay en el Vaticano se podría dar de comer a todas las naciones hambrientas de África, lo cual indudablemente es cierto. ¿Y con estos millones de dólares qué? ¿Nosotros quedaremos al margen de esa comparación?
Las deudas, los servicios y el mantenimiento del edificio de iglesia consumen alrededor de 18% de los 11.000 millones de dólares que se diezman para las iglesias anualmente. El punto: ¡Los cristianos hoy están gastando una cantidad astronómica de dinero en edificios innecesarios!
No hay ninguna buena razón para poseer un edificio de iglesia. De hecho, todas las razones tradicionales propuestas en cuanto a la “necesidad” de un edificio se desploman ante un escrutinio cuidadoso. Nos olvidamos demasiado fácilmente que los primeros cristianos trastornaron el mundo sin edificios.
Crecieron rápidamente durante trescientos años sin la ayuda (o el obstáculo) de los edificios de iglesia. En el mundo de negocios, los gastos fijos son fatales. Los gastos fijos son lo que se agrega al trabajo “real” que una empresa hace para sus clientes. Los gastos fijos pagan el edificio, los lápices y el personal de contabilidad. Son fatales porque sacan a una empresa del mercado por el precio, sin contribuir al valor “real” que los trabajadores entregan a sus clientes.
Quienes escogen reunirse en casas en vez de edificios de iglesia han eliminado dos cuentas de gastos fijos muy sustanciosas: salarios de pastores y edificios de iglesia. Contraste esto con los gastos fijos de una iglesia casera.
En vez de que los “gastos fijos” del personal pago y el edificio succionen 50 a 85% de las donaciones monetarias de la iglesia casera, sus gastos fijos representan un pequeño porcentaje de su presupuesto. Una iglesia casera puede utilizar más del 95% de su dinero compartido para brindar servicios reales como ministerio, ayuda genuina, misión y alcanzar al mundo.
Los edificios de iglesia (así como los pastores asalariados) representan gastos continuos muy grandes en vez de erogaciones de una sola vez. Estos destructores de presupuestos sacan su tajada de las donaciones monetarias de la iglesia, no solamente hoy, sino el próximo mes, el próximo año, etc.
Si elimina estas dos cuentas de su mundo financiero, la iglesia logrará reducir sus gastos fijos a unos pocos cientos de dólares al año. El resto de las finanzas compartidas de la iglesia pueden ser usadas para la misión de la iglesia (otro tema por completo).

¿Podemos oponernos a esta tradición?

El edificio de iglesia es un obstáculo, no una ayuda. Atenta contra el corazón mismo de la fe cristiana, una fe que nació en salas de estar. Cada domingo a la mañana, usted se sienta en un edificio que tiene orígenes paganos y está basado en la filosofía pagana. No existe un ápice de apoyo bíblico para el edificio de iglesia. Sin embargo, usted, querido cristiano, sigue pagando buen dinero para santificar sus ladrillos y piedras.
Al hacerlo, ha apoyado un entorno artificial donde es arrullado hacia la pasividad y se le impide ser natural o tener intimidad. (Aun si está teniendo una hermosa comunión en el estacionamiento, desaparece al pasar por la puerta de entrada e ingresar al “templo”.) No tenemos ninguna conciencia de lo que hemos perdido como cristianos al crear el edificio de iglesia. Nos hemos convertido en víctimas de nuestro pasado. La tradición nos ha derribado.
Hemos sido adoptados por Constantino que nos dio el prestigioso estatus de ser dueños de un edificio. Hemos sido cegados por los romanos y griegos, que nos impusieron a la fuerza sus basílicas estructuradas jerárquicamente. Hemos sido engañados por los godos, que nos impusieron su arquitectura platónica. Hemos sido secuestrados por los egipcios y babilonios, que nos dieron nuestras agujas sagradas. Hemos sido estafados por los atenienses, que nos impusieron sus columnas dóricas.
De alguna manera hemos sido enseñados a sentirnos más santos cuando estamos en “la casa de Dios”. Hemos heredado una dependencia patológica de un edificio para llevar a cabo nuestra adoración a Dios. ¡Pero la realidad es que no hay nada más anquilosado, artificial, impersonal o estirado que el frío edificio de iglesia! En ese edificio, usted no es más que una estadística, un nombre en una ficha para ser archivado en la oficina de la secretaria del pastor. No tiene nada de cálido o personal. En el fondo, el edificio de iglesia nos ha enseñado, incorrectamente, lo que es y lo que hace la iglesia. El edificio es una negación arquitectónica del sacerdocio de todos los creyentes. Es una contradicción de la naturaleza misma de la ekklesia: una comunidad contracultural. El edificio de iglesia impide nuestra comprensión y experiencia de que la iglesia es el Cuerpo de Cristo en funcionamiento, que vive y respira bajo su dirección directa.
Un escritor católico inglés lo expresó de la siguiente forma: “Si hay un método simple de salvar la misión de la iglesia, probablemente sea la decisión de abandonar los edificios de iglesia, porque son, básicamente, lugares no naturales… y no se corresponden con nada que sea normal en la vida cotidiana” Entre 1820 y 1840, las iglesias estadounidenses comenzaron a aparecer con columnas dóricas con reminiscencias del clasicismo griego y arcadas que recordaban la antigua Roma.
La aparición del edificio de iglesia no es más que la reaparición del judaísmo y el paganismo con un nuevo disfraz. Las distinciones jerárquicas implícitas presentes en su arquitectura serían rechazadas por la mayoría de los protestantes si fueran expresadas en palabras. Pero las hemos aceptado inconscientemente durante siglos. ¿Por qué? Por el poder enceguecedor de la tradición.
Ya es hora de que los cristianos nos despertemos al hecho de que no estamos actuando bíblica o espiritualmente cuando aceptamos y apoyamos los edificios de iglesia. John Newton dijo, correctamente: “Que el que adora bajo una aguja no condene al que adora bajo una chimenea”. Me gustaría agregar una pregunta a esta cita: ¿Qué autoridad bíblica o histórica tiene un cristiano para reunirse bajo una aguja en primer lugar? Que los cristianos en la era apostólica hayan construido casas de culto especiales es impensable… Así como el Salvador del mundo nació en un establo y ascendió al cielo desde una montaña, sus apóstoles y sus sucesores hasta el tercer siglo predicaron en las calles, los mercados, en montañas, en barcos, sepulcros, cuevas y desiertos, y en las casas de sus convertidos.
Pero, ¿cuántos miles de iglesias y capillas costosas han sido construidas desde entonces y todavía son construidas constantemente en todas partes del mundo para honrar el Redentor crucificado, que en los días de su humillación no tuvo un lugar propio donde apoyar su cabeza?


viernes, 18 de abril de 2014

“CUANDO OS REUNÍS”

 
 

¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación.
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                                                                  1° Cotintios 14: 26

   La actual estructura de la iglesia evangélica en general y su forma litúrgica se oponen considerablemente a la visión del apóstol Pablo acerca de la iglesia como cuerpo. El cuerpo actual se traduce en una gran boca y una cantidad de pequeñas orejas, uno que habla y muchos que escuchan. La enseñanza viene de una o a lo mas dos personas que «dan» y todos los demás «reciben». ¿Será que esas pocas personas están capacitadas espiritualmente con todos los dones para satisfacer las necesidades de crecimiento de todo el cuerpo de Cristo? Difiere de la enseñanza bíblica que dice que somos un cuerpo, todos miembros los unos de los otros, todos los miembros «bien concertados y unidos entre si, por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro» (Ef 4.16).

   La liturgia protestante es un obstáculo para el desarrollo, porque alienta la pasividad, limita el funcionamiento de todos los miembros. Las Escrituras nunca alientan a un encuentro de la iglesia donde todos permanecen callados y pasivos, “recibiendo”. Por el contrario, los encuentros de la iglesia primitiva (y bíblica) son reuniones abiertas en la guía de Jesucristo, con la presencia real del Espíritu Santo, su dirección y ministerio. Como ejemplo el resultado del concilio en Jerusalén: «ha parecido bien al Espíritu Santo y a nosotros…» (Hch 15.28)
   Es un encuentro activo, dinámico, compartido. Si bien recibimos y somos edificados, exhortados, animados y corregidos, la actitud que sobresale es la de dar, ministrar, a Dios primeramente y a los hermanos en segundo lugar.
   «Cuando os reunís, cada uno tiene… Y otro tiene… Y otro tiene… todo para edificación» Todos tienen algo para ministrar a los demás. En estos encuentros hay salmos, profecías, hay enseñanzas. Todos participan de estas cosas libremente, luego los ministerios de gobierno de la iglesia (Apóstoles, Profetas, Evangelistas, Pastores y Maestros) completan las enseñanzas mas profundas. Estas reuniones no tienen una forma litúrgica, ni están dominadas por el púlpito. Son espontáneas en la guía del Espíritu Santo. Es libre pero ordenado: 1 Co 14.27-32; 39-40

La iglesia no es una reunión, ni una institución, sino una familia, un pueblo que convive alrededor del Padre. Si vemos la vida de la iglesia como una reunión perdemos su realidad, su profundidad y su esencia

Koinonía: En la Iglesia lo primero y mas importante es nuestra relación con Dios, en segundo lugar la comunión los unos con los otros. Estas dos cosas están mucho más allá de cualquier estructura, que cualquier programa o actividad. No importa cómo, cuándo, dónde. Sin comunión no hay iglesia.
Las reuniones son eventos y la iglesia no vive ni se alimenta de eventos. Sino que la vida de la iglesia y su edificación se dan a través de relaciones, la ayuda mutua según la actividad propia de cada miembro, la funcionalidad de todos los miembros (Ef 4.16).
La iglesia es (y debe serlo en la práctica) columna y baluarte de la verdad.1 Tim 3.15
«para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.» 
 


MAÑANAS DE DOMINGOS INAMOVIBLES Frank Viola




“La costumbre sin verdad es error envejecido”

                                                   Tertuliano

   Como cristiano que asiste a una iglesia contemporánea, usted sigue el mismo orden del culto cada vez que asiste a la iglesia. No importa a qué variante de protestantismo pertenezca –bautista, metodista, reformado, presbiteriano, evangélico libre, Iglesia de Cristo, Discípulos de Cristo, Alianza Cristiana y Misionera, pentecostal, carismático o independiente–, su culto dominical es prácticamente idéntico al de todas las demás iglesias protestantes.
Aun entre las llamadas denominaciones “de vanguardia” (como Vineyard y Calvary Chapel) las variaciones son menores. Es cierto que algunas iglesias usan canciones contemporáneas mientras otras usan Himnos. En algunas iglesias los asistentes alzan las manos. En otras, las manos nunca suben más allá de la cintura.
Algunas iglesias celebran la Cena del Señor semanalmente; otras, trimestralmente. En algunas iglesias, la liturgia (el orden del culto) está impresa en un boletín. En otras, no hay una liturgia escrita, pero es tan mecánica y previsible como si estuviera impresa. A pesar de estas variaciones menores, el orden del culto es esencialmente el mismo en todas las iglesias protestantes del mundo.
En la congregación a la que asistí hasta el último día de la década de los noventa, se sabía el orden de culto y cuánto faltaba simplemente observando lo que ocurría en la plataforma. No había manera de equivocarse ya que los tiempos y las acciones siempre eran las mismas.

El orden del culto de la mañana de domingo

Quite las modificaciones superficiales que diferencian el culto de cada iglesia y encontrará la misma liturgia prescrita. Tiene este aspecto: Hay tres excepciones a este punto. Los Hermanos Libres o Hermanos de Plymouth (tanto abiertos como cerrados) tienen una liturgia limitada donde los asistentes pueden compartir libremente hasta cierto punto al principio del culto. Sin embargo, el orden del culto es el mismo todas las semanas.
Los cuáqueros de la vieja escuela tienen una reunión abierta donde los participantes tienen una actitud pasiva hasta que alguien es “iluminado”, luego de lo cual comparten. La otra excepción son los
protestantes de la “iglesia alta”. Son quienes retienen los “olores y campanas” de una elaborada misa católica.
La palabra “liturgia” viene de la palabra griega leitourgia, que significa ‘servicio público’. Los cristianos la usaron para referirse al ministerio público a Dios. Por lo tanto, una liturgia es simplemente un servicio de adoración o un orden del culto establecido previamente. Leitourgia se refería a la realización de una tarea pública esperada de los ciudadanos de la antigua Atenas. Era el cumplimiento de obligaciones civiles.

El saludo

(Al ingresar al edificio, usted es saludado por un ujier o una persona designada oficialmente como saludadora, ¡Que debe estar sonriendo! Después se le entregará un boletín u hoja de anuncios. Nota: Si usted pertenece a la denominación Vineyard, podría recibir café y rosquillas mientras ocupa su asiento.)
La oración o lectura bíblica. (Generalmente a cargo del pastor o director de canto.) El servicio de canto. (La congregación es guiada a cantar por un líder de canto profesional, un coro o un equipo de adoración. Si usted forma parte de una iglesia de estilo carismático, esto durará generalmente entre 30 y 45 minutos. En caso contrario, será más corto.)
Los anuncios. (Generalmente dados por el pastor o algún otro líder de la iglesia.) La ofrenda. (A veces llamado “el ofertorio”, suele ser acompañada por música especial del coro, el equipo de adoración o un solista.)

El sermón

(Generalmente una disertación de 30 a 45 minutos dada por el pastor.) Una o más de las siguientes actividades posteriores al sermón: Una oración pastoral después del sermón, Un llamado, Más cantos dirigidos por el coro o el equipo de adoración, La Cena del Señor, Oración por los enfermos o afligidos. Anuncios finales. (Generalmente dados por el pastor o un “laico” afortunado que puede hablar.)

La bendición

 (Esta es la bendición o canción que pone fin al culto.) Con algunos reordenamientos menores, esta es la liturgia ininterrumpida que siguen religiosamente, semana tras semana, unos 345 millones de protestantes en todo el mundo.Y, durante los últimos quinientos años, nadie parece haberla cuestionado.
Vuelva a mirar el orden del culto. Note que contiene una estructura triple: (1) el canto, (2) el sermón y (3) la oración o canto de cierre. Este orden del culto es considerado como sacrosanto a los ojos de la mayoría de los cristianos contemporáneos. Pero, ¿por qué? Simplemente por el poder colosal de la tradición. Al momento de escribir esto hay 345.855.000 protestantes en el mundo: 70.164.000 en Norteamérica y 77.497.000 en Europa.
Un erudito define a la tradición como ‘prácticas de culto y creencias heredadas que demuestran continuidad de generación en generación’. Hemos heredado esta liturgia a través de una tradición consistente y en evolución. Y esa tradición ha congelado el orden del culto de la mañana de domingo durante cinco siglos, ¡para nunca más ser cambiada!

¿De dónde surgió el orden del culto protestante?

Los pastores que acostumbran decir a su congregación que “hacemos todo según el Libro” y siguen practicando esta férrea liturgia están simplemente equivocados.
(Reconozco que esto es por ignorancia más que un claro engaño.) Usted puede recorrer su Biblia de punta a punta, y no encontrará nada que se le parezca. Esto se debe a que los cristianos del primer siglo lo desconocían por completo. ¡De hecho, el orden del culto protestante tiene casi tanto apoyo bíblico como la misa católico romana! Ninguno de los dos tiene punto de contacto alguno con el Nuevo Testamento.
Las reuniones de la iglesia primitiva se caracterizaban por el funcionamiento de cada miembro, la espontaneidad, la libertad, la vivacidad y la participación abierta. Era un encuentro fluido, y no un ritual estático. Y era imprevisible, a diferencia del culto de la iglesia contemporánea.
Además, la reunión de iglesia del primer siglo no seguía el modelo de los cultos de la sinagoga judía, como han sugerido algunos autores recientes. En cambio, era completamente única para la cultura. La misa medieval es una mezcla de elementos romanos, galos y francos Todos los aspectos ceremoniales de la misa, como el incienso, las velas y la disposición del edificio fueron adoptados de la corte ceremonial de los emperadores romanos.
El estilo de reunión de la iglesia del primer siglo está siendo seguido hoy en una escala muy pequeña. Si bien esta clase de reuniones son consideradas muchas veces como radicales y revolucionarias por el cristianismo establecido, no son más radicales o revolucionarias que la iglesia del primer siglo.: Bradshaw argumenta en contra de la idea de que el cristianismo del primer siglo heredó sus prácticas litúrgicas del judaísmo. Señala que esta idea surgió alrededor del siglo XVII. David Norrington dice: “Tenemos poca evidencia que sugiera que los primeros cristianos intentaron perpetuar el estilo de la sinagoga”. Además, la sinagoga judía fue un invento humano. Algunos estudiosos creen que la sinagoga fue creada durante la cautividad babilónica (sexto siglo a.C.), cuando el culto en el templo de Jerusalén era una imposibilidad.
Otros creen que las sinagogas surgieron más tarde, en el tercer o segundo siglo a.C., con el surgimiento de los fariseos. Aun cuando la sinagoga se convirtió en el centro de la vida judía luego de que el templo de Jerusalén fuera destruido en el año 70 d.C., no hay ningún antecedente en el Antiguo Testamento (ni divino) para una institución de este tipo Además, la inspiración arquitectónica para la sinagoga fue pagana.

Entonces, ¿de dónde surgió el orden del culto protestante?

1°) El culto protestante tiene sus raíces principales en la misa católica. Es significativo que la misa no se originó en el Nuevo Testamento. Más bien, surgió del antiguo judaísmo y el paganismo. Según el famoso historiador Will Durant, la misa católica estaba “basada en parte en el servicio del templo judaico, en parte en los rituales de purificación de los misterios griegos, el sacrificio vicario y la participación...”
Gregorio Magno (540-604) fue el responsable de dar forma a la misa medieval. Gregorio era un hombre increíblemente supersticioso, cuyo pensamiento estaba influido por conceptos mágicos paganos.
En realidad, la misa católica que surgió entre el cuarto y sexto siglo fue básicamente pagana. Los cristianos adoptaron la vestimenta de los sacerdotes paganos, el uso del incienso y el agua bendita en los ritos de purificación, las velas encendidas en el culto, la arquitectura de la basílica romana para sus edificios de iglesia, la ley de Roma como base de la “ley canónica”, el título Pontifex Maximus para el obispo principal y los rituales paganos para la misa católica.
Cuando nacieron varias denominaciones protestantes, todas ayudaron a remodelar la liturgia católica aportándole un elemento característico. Este es un periplo complejo y enormemente vasto para
describir. Su tratamiento riguroso requeriría un volumen enorme. En este capítulo haremos una reseña de la historia básica. Después de que Gregorio estableciera la misa en el siglo sexto, quedó grabada a fuego y varió poco durante más de mil años. Pero, el estancamiento litúrgico experimentó su primera revisión cuando Martín Lutero (1483-1546) entró en escena.
David Norrington señala que, si bien no hay nada intrínsecamente malo en que la iglesia adopte ideas de la cultura que la rodea, el hecho que sean paganas suelen significar que son contrarias a la fe bíblica. Por lo tanto, el sincretismo y la aculturación suelen ser dañinos para la iglesia.

2) El orden del culto protestante sofoca el señorío de Jesucristo. Todo el servicio es dirigido por un hombre. ¿Dónde está la libertad para que nuestro Señor Jesús hable a través de su Cuerpo libremente? ¿En qué parte de la liturgia puede Dios dar a un hermano o hermana una palabra para compartir con toda la congregación? El orden del culto no permite tal cosa. Jesucristo no tiene la libertad de expresarse a través de su Cuerpo a discreción. ¡Se encuentra preso de nuestra liturgia! ¡Él también ha sido convertido en un espectador pasivo!
Es cierto que Cristo puede expresarse a través de uno o dos miembros de la iglesia, generalmente el pastor y el líder de música. Pero, esta es una expresión muy limitada. La manifestación del Señor a través de los demás miembros del Cuerpo se encuentra limitada. Por consiguiente, la liturgia protestante distorsiona al Cuerpo de Cristo, convirtiéndolo en un monstruo. ¡Se convierte en una enorme lengua (el pastor) y muchas orejas pequeñas (la congregación)! Esto violenta la visión de Pablo del Cuerpo de Cristo, en la que cada miembro funciona en la reunión de iglesia para el bien común.

3°) Para muchos cristianos el culto dominical es tremendamente aburrido. Carece de variedad y espontaneidad. Es muy previsible, muy superficial y muy mecánico. Hay poco que sea fresco o innovador. El orden del culto del domingo a la mañana es un violín de una sola cuerda que ha quedado congelado en la inmovilidad durante cinco siglos. Es el mismo espectáculo cada semana.
Dicho sin rodeos, el orden del culto encarna el poder ambiguo de la repetición. Y la repetición se vuelve rápidamente rutina, que a su vez se convierte en algo cansador, sin sentido y finalmente invisible.
Las iglesias “sensibles a los buscadores” (seeker sensitive) han reconocido la naturaleza estéril del culto de iglesia moderno. En respuesta, han incorporado una gran cantidad de medios de comunicación y modernizaciones teatrales a la liturgia.
Esto se hace para comercializar el culto a las personas que no concurren a la iglesia. Utilizando la última tecnología electrónica, estas iglesias han logrado aumentar sus filas. Como resultado, han logrado la mayor participación de mercado entre todas las tradiciones protestantes de Estados Unidos.
Pero, a pesar del entretenimiento adicional que ofrece, el movimiento “sensible a los buscadores” no ha podido sacarse de encima la liturgia protestante, inamovible, poco imaginativa, poco creativa, inflexible, absurdamente ritualista y pro forma.
El culto sigue estando en manos del pastor, el triple “sándwich de himnos” permanece intacto y los asistentes siguen siendo espectadores mudos (solo que ahora están algo más entretenidos.)

4°) La liturgia protestante a la que usted asiste silenciosamente cada domingo, año tras año, en realidad obstaculiza la transformación espiritual porque: (1) alienta la pasividad, (2) limita el funcionamiento y (3) sugiere que la inversión de una hora semanal es la clave de la vida cristiana victoriosa.
1 Corintios 14:26. El Nuevo Testamento enseña que todos los cristianos deben usar sus dones como sacerdotes en funcionamiento para edificarse mutuamente cuando se reúnen (Romanos 12:3, 6; 1 Corintios 12:7; Efesios 4:7; Hebreos 10:24, 25; 13:15, 16; 1 Pedro 2:5, 9). En palabras de Arthur Wallis: “Las liturgias, sean antiguas o modernas, escritas o no escritas, son un mecanismo humano para mantener la ruedas religiosas en movimiento haciendo lo de costumbre en vez de ejercer fe en la presencia y la operación inmediatas del Espíritu”. 1 Corintios 12:1ff.

Cada domingo usted asiste al culto para ser vendado y recargado, como el resto de los soldados maltrechos. Pero esto es algo que nunca se logra. La razón es bastante simple. El Nuevo Testamento nunca relaciona el permanecer sentado durante un ritual que rotulamos erróneamente como “iglesia” con algo que tenga alguna relación con la transformación espiritual. Crecemos funcionando, y no mirando y escuchando pasivamente.
Reconózcalo. El orden del culto protestante no es bíblico, es impráctico y no es espiritual. No tiene ningún equivalente en el Nuevo Testamento. Más bien, encuentra sus raíces en la cultura del hombre caído. Ataca el corazón del cristianismo primitivo, que era informal y libre de rituales. Cinco siglos después de la Reforma, el orden del culto protestante todavía difiere poco de la misa católica, un ritual religioso que es una fusión de elementos paganos y judaicos. (Esto es lo que muchísimos siervos del Señor sin compromisos, hemos llamado en nuestros trabajos: Babilonia)

Como dijo un erudito de la liturgia: “La historia de la adoración cristiana es la del tira y afloja entre culto y cultura. Al predicar el evangelio en diferentes tiempos y lugares, los misioneros traían con ellos las formas y estilos de adoración que conocían... Como resultado, las prácticas de los populares cultos de misterio fueron empleadas a veces por la iglesia...”

Las reuniones neotestamentarias se destacan por una variedad increíble. No están restringidas a un modelo de culto de un hombre, dominado por el púlpito. Hay mucha espontaneidad, creatividad y frescura. La característica dominante de estas reuniones es la dirección visible de Cristo y el funcionamiento libre pero ordenado del Cuerpo de Cristo.
Para cerrar, el Nuevo Testamento no mantiene silencio respecto de cómo debemos reunirnos los cristianos. ¿Optaremos, entonces, por la tradición del hombre cuando se opone claramente a la idea de Dios para su Iglesia? ¿Seguiremos minando la dirección funcional de Cristo en aras de nuestra liturgia sacrosanta? La iglesia de Jesucristo, ¿Es columna y fundamento de la verdad o es defensora de la tradición del hombre?

La única manera de descongelar al pueblo congelado de Dios es haciendo un corte dramático con el ritual del domingo a la mañana. La otra opción es ser culpable de las palabras estremecedoras de nuestro Señor: “Ustedes han desechado los mandamientos divinos y se aferran a las tradiciones humanas”.
El propósito de la reunión de iglesia del primer siglo no era el evangelismo, el sermón, la adoración o la comunión. Más bien, era la edificación mutua a través de la manifestación de Cristo corporativamente 1 Timoteo 3:15. Marcos 7:8. Ver también Mateo 15:2-6; Marcos 7:9-13; Colosenses 2:8


A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...