sábado, 29 de marzo de 2014

DOS MUJERES DISTINTAS PERO AMADAS POR DIOS Liliana Riffel



   

   En las escrituras encontramos dos mujeres opuestas pero tenidas en cuenta por Dios. Una es alabada y la otra muy considerada.

  • La mujer de proverbios 31

   Podríamos decir que es la mujer perfecta según Dios, aquella de su agrado, con su carácter y acciones se convierte en ejemplo a imitar por todas nosotras.

¿Qué podemos aprender de ella? Comentemos.

  • La mujer samaritana

Leamos San Juan 4: 1 al 30

Samaria estaba entre Jerusalén y Judea, de paso. Los judíos no tenían trato ni nada en común con los samaritanos pero debían pasar por allí. Si los judíos podían lo hacían con barbijo. Las que iban a buscar agua con los cántaros eran las mujeres más jóvenes.
Jesús se acercó a ella y le pidió agua, rompiendo con los prejuicios y costumbres de la época.

Era como muchas mujeres de hoy.

Siendo joven ya había tenido cinco maridos y ahora convivía con otro hombre. ¿Se imaginan? ¡Qué muchachita! Seguramente fue criticada por la “chusma” del vecindario, los parientes y los religiosos. Jesús no tuvo problemas en hablar con ella.
El Maestro se compadece de estas mujeres que llevan una vida de desarreglos y intenta sacarlas de ese estado deplorable y traerles salvación. No está bien discriminar a las personas por su condición social o moral.

Algo sabía.

Escuchó de sus padres o abuelos  acerca del “pozo de Jacob”, que vendría el “Mesías”, etc. como tantas mujeres que “algo conocen”, tal vez visitaron alguna iglesia o escucharon algún predicador. Lamentablemente no les alcanza, necesitan un encuentro personal con Jesús. Que les sea revelado el Hijo de Dios.

La consecuencia de su conversión.

Cuando reconoció que Jesús era el Mesías su vida fue revolucionada. Salió a contar que había hallado al Cristo y los conciudadanos creyeron y fueron salvos. Su conversión provocó un avivamiento en su ciudad.

Fue un precioso instrumento.

Nadie daba un centavo por esta mujer pero fue una herramienta tremenda en las manos del Señor para llegar a otros. Nosotras también debemos contar a la gente acerca de Jesús.
Perdemos mucho cuando no consideramos a mujeres como la samaritana, que por sus desarreglos y vida de dudosa moralidad las pasamos por alto, sin embargo tienen un corazón abierto, sediento de la verdad, dispuestas a dejar su pecado y convertirse en siervas útiles del Señor ¡Cuántos barrios o pueblos pueden ser transformados por estas mujeres nacidas de nuevo!
Hay muchas solas, separadas, cargada de hijos, llenas de problemas “cargando el cántaro” para sostener su hogar pero a la vez necesitadas y vacías, a la espera de alguna discípula valerosa que les presente a Jesús.
No olvidemos que el evangelio es para todos. Dios no quiere que nadie se pierda sino que TODOS procedan al arrepentimiento.





jueves, 27 de marzo de 2014

PONGAMOS LA MÁQUINA EN MARCHA Víctor Rodriguez



El cristianismo verdadero no es posible sin la llenura del Espíritu Santo.

¿Llenura del Espíritu? ¿Bautismo del Espíritu? ¿Unción del Espíritu? ¿Cuál es la terminología más adecuada para referirnos a esta experiencia?

Lo más probable es que cualquiera de estas expresiones sea correcta. Sólo que, si usamos una sola de ellas aún nos quedaríamos cortos en lo que respecta al obrar del Espíritu Santo.

El que está insatisfecho espiritualmente, necesita ser bautizado en el Espíritu. El que se ha dado cuenta de su falta de un testimonio personal convincente que venza toda resistencia, precisa ser ungido con el Espíritu santo. Si ante los ojos del mundo la misma persona llama la atención más que la presencia del Señor en ella, debe ser investida del poder de lo alto (Lucas 24: 49).

Si ha respondido al llamado desafiante de Jesús de “hacer discípulos a todas las naciones”, y de ser sus testigos “desde Jerusalén…..hasta lo último de la tierra”, entonces está en guerra, y lo que necesita es poder. Esto viene “cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo” (Hechos 1: 8).

Hemos tenido una experiencia con el Padre, que tanto nos amó, y también con el Hijo que pagó la deuda de nuestros pecados en la cruz. Pero nunca antes se hizo tan necesario como ahora tener sucesivas y crecientes experiencias con el Espíritu Santo, porque la fe cristiana sin el poder para vivir provoca frustración e irritación. Además, la vida cristiana sin este poder y sin esta frescura es la mejor escuela para formar fariseos.

PODER Y PELIGRO

Oí de un caballero que hacía que sus sirvientes empujasen su nuevo automóvil. Cuando se le preguntó si la máquina no podía andar por sí misma, respondió: “Sí, pero tengo miedo de ponerla en marcha”.

Para aquellos que han experimentado el bautismo en el Espíritu Santo y se han quedado con la experiencia inicial, viendo ahora a otros recibirlo, y considerando que para ellos mismos es un hecho pasado, superado y controlado, la palabra de Dios anima a todos a renovarnos con más del Espíritu, sin miedo de “poner en marcha la máquina”.

Pedro fue lleno junto con los ciento veinte en Pentecostés; aparece lleno otra vez ante los sacerdotes judíos (Hechos 4: 7); y luego, con la multitud de los discípulos –ahora contado por miles- nuevamente fueron todos llenos del Espíritu Santo (4: 31).

Sin embargo, si ponemos la máquina en movimiento, advierto que habrá cambios. Vamos a ser más exagerados en las cosas de Dios, habrá más santidad, causaremos más molestias al mundo. Asimismo, predicaremos “fuera de tiempo” con mucho más frecuencia, quedaremos llenos del Espíritu fuera del horario de las reuniones, y el diablo y los tibios tendrán más problemas con nosotros. La máquina en movimiento causará temor en aquellos que no conocen la determinación de Dios de derramar su espíritu sobre toda carne y llenar la tierra de su gloria.

EXCEDENTE DEL ESPÍRITU

A un amaestrador de perros se le preguntó cómo se las arreglaba para educar a los canes.

-      Es muy sencillo – respondió.
-      Lo que se necesita es saber un poco más que ellos.

Debemos estar por encima de nuestro trabajo para que éste no nos fatigue y llegue a ser rutinario. Cuando estamos llenos del Espíritu y nuestra “copa” desborda, eso esexcedente. Que una familia tenga un auto pasa desapercibido, pero que tenga diez autos llama la atención a cualquiera.

Que uno haya tenido una experiencia con el Espíritu Santo hace mucho tiempo, nadie lo tomará en cuenta. Pero el que en sucesivas oportunidades se esté buscando más la dirección del Espíritu Santo, más unción, más presencia de Dios, más fuego, de tal manera que la temperatura espiritual supere a la del mundo y del infierno, entonces allí habrá excedente. Y el primero a quien le llama la atención es a Satanás. El mundo también lo notará.

Un cristiano entra en conflicto personal cuando el mundo y Satanás exceden sobre él, pero eso se termina cuando el Espíritu Santo llena y desborda, y sigue desbordando. Al cristiano sólo le es permitido por Dios tener una cosa en exceso: esto es el Espíritu Santo. En Pentecostés, al ser llenos los ciento veinte, la gente de Jerusalén no relacionó a los del aposento alto con el entusiasmo y el fervor, sino con la embriaguez. El ebrio es alguien que ha tomado alcohol con exceso. ¡Y cómo se le nota!

De entre todas las particularidades del ebrio resalto una: Invita a otros con su vino para que lleguen a estar como él. La exhortación de Pablo es de embriagarse, no con vino, sino con el Espíritu Santo (Efesios 5: 18). Este excedente del Espíritu decidirá todos los resultados. Cualquiera puede llegar a ser vencedor, pero “más que vencedores” sólo lo da la llenura permanente del Espíritu Santo. Es este excedente el que nos permitirá afrontar las tareas y todavía quedar con fuerzas de reserva.

EN AGUA Y EN ESPÍRITU

Con el bautismo en agua dejamos al mundo atrás. Pero con el bautismo en el Espíritu Santo entramos a la abundancia de la vida de Cristo.

Con el bautismo en agua un creyente bautiza a otro, mientras que con el bautismo en el Espíritu, es Cristo quien bautiza (Lucas 3: 16). Es correcto que uno se bautice en agua por un pastor u otro hermano, mas ahora es Cristo el que le quiere bautizar. Ambos bautismos son por inmersión; sólo que en el primero la persona es sumergida en agua, y en el segundo es sumergida en el Espíritu Santo.

El bautismo en agua concreta nuestra decisión de seguir a Cristo, y nos capacita para ir al cielo; el bautismo en el Espíritu Santo nos capacita para vivir el cielo aquí en la tierra. No basta enseñar a los nuevos convertidos acerca del bautismo en agua. ¡Tienen que bautizarse! Y tampoco son suficientes los estudios bíblicos acerca del Espíritu Santo. ¡Tienen que recibir la promesa del Espíritu de la misma manera experimental que recibieron el bautismo en agua!

PENTECOSTES PARA TODOS

Antes de Pentecostés los discípulos tenían al Cristo vivo con ellos. Pero después de Pentecostés produjeron, por la palabra, la vida de Cristo en otros. Sin Pentecostés nunca hubiéramos oído hablar de la iglesia. Obviamente, tuvieron sanos motivos para recibir la plenitud del Espíritu.

Hoy en día se escucha por ahí a hermanos que quieren entrar en la experiencia de la plenitud para hablar en lenguas. Otros quieren tener poder para echar fuera demonios o sanar enfermos. Y algunos, para renovar el fuego del Espíritu. Al que tiene algunas de estas ideas, le diría que está pretendiendo tener esta investidura de poder para su propio beneficio. Por supuesto, habrá lenguas, sensaciones, vida de poder, y no terminará ni menguará, cuando el motivo de recibir este poder es “ser testigos……hasta lo último de la tierra” (Hechos 1: 8).

Si no damos el cauce correcto a estos ríos de agua viva, nos dejarán frustrados, y no llevaremos la gloria a Dios. Será algo que empieza en nosotros, y termina en nosotros.

Se dice que el libro de los Hechos de los Apóstoles es el único libro inconcluso de la Biblia, porque comienza con ciento veinte en Jerusalén, llegando hacia su final a grandes multitudes que se multiplican por todas partes. Hoy el Espíritu Santo sigue actuando y moviéndose, porque apunta a extender el reino de Dios en toda la tierra. Cada generación podrá añadir las obras del Espíritu Santo en su tiempo al libro de Los Hechos, que no ha terminado aún.

Se ve que ellos entendieron el motivo correcto de ser testigos hasta lo último de la tierra. El poder de Dios es, en primer lugar, para estar en su presencia a fin de contemplarle, conocerle y oír su voz, y luego para llevar lo que uno ha conocido allí delante de su trono para contarlo y testificarlo a toda criatura.

Ante la pregunta, “¿el don del Espíritu será para mí?”, encontramos la respuesta en Hechos 2: 4: “Fueron todos llenos del Espíritu Santo”.

Si el Señor nos envía como corderos en medio de lobos, y a enfrentarnos cara a cara con Satanás y sus demonios, ¿lo hará sin equiparnos primero? Me agrada ver a las madres, cuando mandan a sus hijos a la escuela, preguntándoles por toda la casa, “¿tienes lápiz y borrador? ¿Llevas pañuelo? ¿Y el libro de lectura?” Las madres mandan a sus hijos bien equipados al colegio. ¡Cuánto más nuestro Padre! El equipo que nos da es el mismo que tenía Jesucristo, nada menos. Ninguna bendición dada a Jesús será negada al que le sigue. Ciento veinte estaban en el aposento alto en el día de Pentecostés, y los ciento veinte fueron llenos del Espíritu Santo. Vale decir, todosrecibieron. Nadie tiene porque, entonces, sentirse excluido.

¿PEDIR UN REGALO?

Pedro declaró en Pentecostés, “Recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2: 38).Don es lo mismo que regalo u obsequio. El bautismo en el Espíritu Santo es un regalo de Dios.

Sin embargo, Jesús dijo: “Si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?” (Lucas 11: 13). ¿Pedir un regalo? Entonces, ya no sería regalo. Sí, es el único regalo de Dios que hay que pedir a causa del precio pagado en la cruz a favor nuestro, para que el que no tenga interés no lo reciba. Es como dar por enterado a Dios que uno quiere recibir lo que tanto costó.

¿Cuánto tardará en responder a esta petición? El Padre tiene más interés que nosotros en que cada uno sea lleno del Espíritu Santo. De modo que él está aguardando que alguien lo pida para derramarlo. Al igual que la salvación que se recibe por la fe, el bautismo en el Espíritu Santo es por fe. Uno pide, e inmediatamente recibe.

¿Cómo sabrá uno que ha usado la fe y que ha recibido? Porque ha dado gracias. La acción de gracias confirma que algo dado ya le pertenece (Filipenses 4: 6). Entre tanto que no damos gracias, nos pueden quitar lo que nos dieron. Con acción de gracias, ya es nuestro. Así es que una vez pedido, se debe dar gracias por lo que ya tiene, y comenzar a alabar al Señor. Por un regalo pequeño, pequeña es la acción de gracias. Ante un regalo mayor, crece la acción de gracias. Pero si el regalo sobrepasa la medida de toda posibilidad humana, ¡cómo debe ser la acción de gracias! ¡Y la alabanza!

El don del Espíritu Santo es el mayor regalo que Dios tiene para su iglesia; es el logro de Jesucristo su Hijo a favor nuestro. Este regalo si que sobrepasa todo entendimiento. Entonces, que la acción de gracias y la alabanza también sobrepasen nuestra cultura, temperamento y costumbres. El Espíritu Santo que ha llenado a uno hará crecer la medida de alabanza, proveyéndole de un nuevo lenguaje que se acomoda a lo que recibió.

Estas lenguas pueden salir de la boca como torrente, o con palabra fijadas en la mente sin entenderlas (1ra Corintios 14: 2). Uno debe pronunciar estas palabras, dejando que el Espíritu las forme mientras se fije el corazón en Aquel a quien van dirigidas: al Hijo amado, y al Padre. Ante semejante regalo, ¿podemos estar con las manos en los bolsillos o la cabeza inclinada, hundida en el pecho? De la misma manera que elevamos las manos para recibir a alguien muy querido, así levantemos nuestros brazos y nuestro rostro al Señor, de quien viene el don del Espíritu Santo.

VARIEDAD DE EXPERIENCIAS

Ante esta llenura del Espíritu ocurren las más variadas experiencias. Algunos ríen con oleadas de gozo; otros sienten un profundo llanto de limpieza. Algunos experimentan una explosiva alabanza en lenguas; otros un fuego abrasador en su fuero interior; otros un silbo apacible y hasta quieto. No hay una regla fija para todos. El Espíritu Santo obra según la necesidad de cada uno. Nadie debe pensar, al no tener una experiencia igual que otro hermano, que la suya vale menos. Cada uno recibe lo que necesita. No pretendamos imponer de antemano la experiencia que queremos tener. Dejémoslo a la soberanía del Espíritu Santo.

Con respecto a las lenguas, recordemos que ciento veinte fueron llenos del Espíritu Santo en el día de Pentecostés, y los ciento veinte hablaron nuevas lenguas. En el mensaje de Pedro ante Cornelio y los que estaban en su casa, el Espíritu Santo cayó sobre todos con la misma manifestación (Hechos 10: 44-46). En Éfeso, doce hombres fueron llenos del Espíritu Santo, y los doce hablaron en lenguas (Hechos 19: 6).

Surge a menudo la pregunta: “¿Todos los que están llenos del Espíritu Santo hablan en otras lenguas?” Casi siempre el que la hace ya tiene la respuesta preconcebida. Sugiero que la hagamos, más bien, de otra manera: ¿Puedo entrar en la misma experiencia y de la misma manera como ocurrió en Pentecostés, y como lo relatan otros pasaje del Nuevo Testamento? Entonces, la respuesta es: Sí.

UNA ADVERTENCIA

Luego que Jesús fue bautizado en las aguas del río Jordán, Juan “vio al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él” (Juan 1: 32). Hermosa relación la paloma con el Espíritu Santo. Sabemos cuán sensible y delicada es la paloma: cualquier movimiento extraño la espanta. Así será con los que han sido llenados con el Espíritu Santo. Si luego incurren en hechos pecaminosos, palabras fuera de lugar o pensamientos que ofenden a Dios, la “paloma” volará. No espantemos, pues, la presencia sensible de Dios; no entristezcamos al Espíritu Santo.

Es conveniente pensar detenidamente en la frase final del texto señalado: “Y permaneció sobre él”. Si cuidamos lo recibido, la gloria de Dios y la frescura de su presencia permanecerán sobre nosotros. Por otro lado, usaremos las nuevas lenguas como lo enseña la Palabra de Dios: orando en lenguas, como también en castellano, como asimismo cantando (1ra Corintios 14: 15) e intercediendo (Romanos 8: 26), y esto “en todo tiempo” (Efesios 6: 18).

Si persistimos en este ejercicio espiritual, sin duda por esta causa las dificultades estarán llamando a nuestras puertas. Como alguien dijo: “Es como si tuviésemos dentro nuestro a un elefante”. Un elefante descontrolado puede hacer destrozos. La llenura del Espíritu no significa madurez. ¡Qué importante es recibir la orientación necesaria de hombres y mujeres maduros en las cosas de Dios, para que ayuden a encauzar estos torrentes de agua viva!

Satanás intentará sacarnos vez tras vez de la posición de poder y victoria, pero mayor es el que está en nosotros que el diablo. El que ha llenado nuestros vasos no solo tiene poder para resguardarnos sino para atacar, y no hay mejor defensa que un buen ataque. Avanzaremos sobre nuevos terrenos dominados por Satanás, y los tomaremos para Dios, sean estos hábitos, áreas de nuestras vidas, hogares, ciudades, o resistencia contra el Evangelio. La meta es extender el reino de Dios en todo el mundo.

“El Espíritu y la esposa dice: Ven” (Apocalipsis 22: 17). Esto se llama coincidencia. El Espíritu y la esposa, al final de los tiempos, concuerdan. Apuntemos a esta coincidencia en todo: es la mejor manera de cuidar el don de Dios.


¡Y la mejor manera de poner la máquina en marcha!   


miércoles, 5 de marzo de 2014

LOS LENTES DE JESÚS Oscar Gómez

  

 
   
   De chico me recetaron lentes para ver mejor, no eran muy cómodos ni estéticos como los de ahora pero me ayudaron a corregir la visión. En el colegio siempre me sentaba en los primeros bancos para leer el pizarrón. En ese tiempo la contactología no estaba tan difundida por lo que mis padres me compraron lentes aéreos. Hasta el día de hoy uso anteojos y cada tanto asisto al oculista para hacerme un chequeo.
   Los problemas de la vista son bastante frecuentes en las personas, las clínicas de ojos siempre están abarrotadas de pacientes. Sin embargo, la falta de visión espiritual es peor que la miopía física, es tener “la vista muy corta” para ver al Señor y su misión.
   Aprendí a través de los años que para hacer la obra de Dios se requiere visión, es decir ver las cosas como él las ve. Las sagradas escrituras declaran que sin visión el pueblo perece y se desboca.
   Hay una buena noticia: Jesús tuvo sus propios lentes divinos que le proveyó el Padre por medio de los cuales vio las cosas en su real dimensión.  Necesitamos estos lentes de Jesús si anhelamos servir al Señor con obras que permanezcan en el tiempo. ¿Qué pudo ver el Señor Jesús?
  
   Una iglesia triunfante  

   “Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” 

                                                                           Mateo 16:18

   Jesús visualizó una iglesia victoriosa. Estando rodeado de un puñado de hombres sin muchas letras ni proyección declaró “Yo edificaré mi iglesia” ¿Dónde estaba la iglesia? Todavía no había nacido pero el Señor la vio gestada. Esto es visión espiritual. Ver las cosas antes que sucedan, concebirlas en el corazón mediante el Espíritu Santo. No nos olvidemos que Dios llama las cosas que no son como si fuesen.
   El arquitecto cuando edifica una casa no solamente ve los ladrillos, mira de continuo el plano. En la actualidad necesitamos una visión renovada en la construcción de ese templo espiritual que es la iglesia. Efesios capítulo 4 del 11 al 16 nos descubre el plano de Dios.
  ¿Cómo podemos pensar en una iglesia triunfante con las cosas que acontecen a nuestro alrededor?  Jorge Himitian lo explica así: “El vivir una vida victoriosa, el ser vencedores en todas las circunstancias, depende enteramente de la posición que hoy tenemos en Cristo. Cristo ya lo hizo todo por nosotros. En la cruz venció al pecado, a la maldición, a la enfermedad, a la carne, al viejo hombre, a la muerte, a los principados y potestades, a los demonios y al mismo Satanás, y a todo lo que se opone a Dios. Cristo resucitó entre los muertos y fue constituido en el Señor victorioso sobre todo, y sobre todos” 4.
   Algunas décadas atrás un grupo de pastores de Argentina expresaron: “De acuerdo con las Sagradas Escrituras, Jesucristo quiere levantar una Iglesia gloriosa y santa, sin mancha ni arruga ni cosa semejante (Ef. 5:26-27); edificada con oro, plata y piedras preciosas (1°Co 3:11-15); hasta que todos lleguemos... a al medida de la estatura de la plenitud de Cristo. (Ef. 4:13). En términos prácticos, esto significa una iglesia integrada por familias que viven en paz y armonía. Maridos tiernos, sabios, amables. Esposas sumisas de carácter afable y apacible. Hijos respetuosos y obedientes. Muchachos y señoritas que llegan vírgenes al casamiento. Ancianos honorables y venerados por los más jóvenes. Niños felices criados en el amor y temor del Señor. Hombres trabajadores, responsables, diligentes, fieles. Mujeres virtuosas, alegres, llenas de buenas obras. Un pueblo diferente formado por discípulos que aprenden a ser humildes, pacientes, mansos, justos, generosos, sinceros, buenos, felices, honrados, íntegros. Discípulos cuyo estilo de vida es amar, perdonar, servir, confesar sus faltas, obedecer, cumplir, sujetarse a las autoridades, pagar sus impuestos, ser siempre veraces, confiar en Dios, amar a su prójimo, ayudar, compartir con los necesitados, llorar con los que lloran, alegrarse con los que ríen, ser uno con los hermanos, devolver bien por mal, sufrir la injusticia, dar gracias siempre por todo, vencer la tentación, vivir en el gozo del Señor, orar sin cesar, dar testimonio de Jesucristo, ganar a otros para Cristo, hacer discípulos, poner su dinero y sus bienes al servicio de los hermanos, y sobre todas las cosas, amar a Dios con todo su ser. En la medida que progresemos en calidad, progresaremos en unidad. Porque la unidad es fruto de la calidad, así como la división es evidencia de inmadurez y carnalidad (1° Co 3:1-4). Los hijos de Dios, como hermanos que somos, debemos conformar una sola familia aquí en la tierra; la familia de Dios. Únicamente así devolveremos al Evangelio su plena credibilidad ante el mundo. “Que todos sean uno... para que el mundo crea” (Juan 17:21)”

El Padre y su obra

Jesús les dirigió la palabra: «En verdad les digo: El Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino sólo lo que ve hacer al Padre. Todo lo que haga éste, lo hace también el Hijo” 

                              San Juan 5:19

   Los anteojos de Jesús le permitieron ver al Padre, qué hacía y cómo se movía. Fijaba la mirada en su Padre y de allí surgían sus obras y misión. Jesús estaba cautivado por el amor del Padre a tal punto que declaró no poder hacer nada por su cuenta.
   Consideremos lo siguiente:
                                                                                
Nadie conoce al Padre mejor que Jesús.

“A Dios nadie le ha visto jamás; el Unigénito Hijo que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” Juan 1:18
                                                                                                           
   ¿Qué significa el seno del Padre? Es el “kolpos”, pecho, regazo. Es una expresión afectiva, el Hijo eterno esta cerca del corazón de su Padre, como aquel discípulo amado que se recostó en el pecho de su Maestro y amigo. En realidad, solamente Jesús conoce verdaderamente al Padre.

Descubrió a Dios como Padre.

“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” Mateo 5:16

Casi al concluir el “sermón del monte” Jesús muestra a Dios como Padre, hasta ese momento se lo conocía como un Dios temible, el Dios del Sinaí, Jehová de los ejércitos. Jesús nos vino a presentar a Dios como Padre.

Vivió en dependencia absoluta de su Padre

“No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre.”  San Juan 5:30

   La dependencia nos coloca en una actitud de humildad, de espera. No somos autosuficientes; por el contrario, necesitamos de Dios en todo momento. Jesús tenía todos los recursos para actuar, sin embargo vivió y desarrolló su ministerio terrenal en completa sujeción a su Padre.
   El gran tema de Jesús fue su Padre, a quien menciona 107 veces en los evangelios. Alguien expresó: “Para que Dios pudiera  ser Padre era necesario que tuviera una familia, un reino, no podía ser Padre de rebeldes”. Si se establece el reino y se constituye una familia entonces podría ejercer su paternidad. La intención de Dios desde el principio fue llegar a ser Padre. Jesús hablaba continuamente de su Padre. El evangelio de Juan refleja la profunda y perfecta relación que ambos tenían. 

Agradar al Padre fue su máximo anhelo.

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos” Mateo 7:21

   El amor hacia su Padre lo demostró haciendo su voluntad. Él dijo: “Yo hago siempre lo que le agrada”. Y también: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió”. Es fuerte la figura que usó aquí porque no hay en nuestra naturaleza nada más fuerte que el deseo de comer cuando tenemos hambre. El amor a Dios se evidencia cuando hacemos su voluntad, es amor práctico, demostrado, como el marido que se sacrifica para honrar a su esposa debido a que la ama. Esto es verdadero amor.
   Jesús trabajó para satisfacer el deseo del Padre: “Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre,  porque yo hago siempre lo que le agrada.” (Juan 8:29)
   Es primordial que veamos al Padre y sus obras a fin de que todo lo que hagamos prospere. Si logramos ver al Padre y sus movimientos así como Jesús, nuestras vidas serán fructíferas y la tarea perdurable.

Discípulos prometedores

   “Cuando Jesús vio venir a Natanael, dijo de él: «Ahí viene un verdadero israelita: éste no sabría engañar. Natanael le preguntó: “¿Cómo me conoces?” Jesús le respondió: “Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas bajo la higuera, yo te vi” Natanael exclamó: “Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. Jesús le dijo: Tu crees porque te dije te ví debajo de la higuera. Pero verás cosas aun mayores que éstas”. En verdad les digo que ustedes verán los cielos abiertos y a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del Hombre” 

                                                                      San Juan 1: 47 al 51

   Los lentes celestiales de Jesús lo facultaron para captar buenos discípulos. Observó Natanael antes que se le acercara calificándolo de verdadero israelita. ¡Eso es visión espiritual! ¡Qué gran captador de obreros fue el Señor! Nos falta esta clase de discernimiento pero con visión podremos descubrir verdaderos discípulos, que no están muy lejos, así como el Maestro encontró a Natanael. Esta visión nos capacitará para llamar a hombres y mujeres entregados al propósito de Dios.

El Diablo vencido

   “Y El les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo” 

     Lucas 10:18

   Mientras los discípulos anunciaban el evangelio por todas partes Jesús veía al diablo derrotado. Una vez más necesitamos ver al diablo vencido. Puede ser que mediante situaciones que nos sobrevinieron hayamos pensado que nos ganó la batalla. Pero Jesús pudo verlo caer, completamente vencido. No queremos dar una interpretación escatológica de este pasaje solamente declarar que el enemigo ya fue vencido ¡Cristo en la cruz lo derrotó!

   “Y cuando el Espíritu Santo venga convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado”

                             San Juan 16: 8 al 11

   Mirar con los lentes celestiales que tenía Jesús será fundamental para avanzar en sus propósitos.







A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...