viernes, 31 de enero de 2014

EL PESIMISMO Hugo De Francesco



Cito a un hermano:

El pesimismo es un complejo predominante en el mundo de hoy.
La injusticia social.

La facilidad para enterarnos velozmente de casi todo lo malo que sucede en el mundo.

La ausencia de buenas noticias.

La corrupción generalizada que abarca aún a las esferas de gobierno.

La desarticulación de la familia.

El aumento de la violencia y la inseguridad.

La aceleración en los cambios tecnológicos que crean inseguridad acerca del propio conocimiento y una permanente necesidad de actualizarse.

La ausencia de ley moral y valores.

Las grandes concentraciones de poder que trasmiten al hombre actual, la sensación de que las decisiones que mas lo afectan, se toman muy lejos de su interés e influencia.

La realidad de un futuro incierto etc.

Son causas más que suficientes para que esta generación padezca este complejo.

¿Qué sucede con la iglesia de hoy? ¿Cuál es nuestra conducta frente a las mismas presiones que viven los que no creen? Dado que nosotros en medio de tantas malas noticias, tenemos una buena noticia que puede cambiar a todas las otras.
¿Qué noticia creemos? ¿Cómo reaccionamos nosotros?

Estado de Israel en algunos momentos de su historia
En la conquista de Canaán, un año después de salir de Egipto. Envían a doce espías. Núm. 13.

Opiniones de los pesimistas: La tierra es buena, pero… el pueblo es fuerte, las ciudades grandes y fortificadas, ...la tierra traga a sus habitantes y ... ¡Hay gigantes! (nosotros parecemos langostas al lado de ellos)

Opiniones de los que tienen fe: Josué y Caleb. Podremos nosotros más que ellos, Dios está con nosotros… son pan comido…!!

Exodo y el micro-clima vivido por los israelitas frente a las plagas de Egipto.

Situación de Israel en tiempos de los Jueces. Cada uno hacía lo que bien le parecía. Estado de anomia total, depravación, idolatría, corrupción generalizada. Por ejemplo, en el tiempo de Gedeón, los israelitas criaban ganado, ovejas, bueyes y asnos, pero no les aprovechaba. Los madianitas venían a la tierra como langostas, y sus camellos eran innumerables. A su paso no dejaban nada. Israel conoció entonces el hambre y la frustración de trabajar sin aprovechar lo trabajado. Gedeón, actuando en rebeldía a los enemigos comienza a sacudir el trigo (prepararlo) en un lugar hondo y privado (lagar), lleno de preguntas. Y esa fe en cierne tiene una respuesta del Señor que lo lleva a crecer.
Jueces. Rut, una moabita, decide ir a un país con muchos problemas y experimentar al Dios de Israel.
Los padres de Sansón. Israel iba a ser sojuzgada por los Filisteos durante 40 años y Dios encuentra a un par de gente sencilla que está dispuesta a creer, Manoa y su esposa. Una mujer que oraba (13: 3), y dispuesta a hacer lo que Dios le dijo: no comer cosa inmunda ni beber vino ni sidra para ser ejemplo para un hijo que no podía concebir…(13: 7).
Eran muy sencillos, pero creyeron a Jehová, a pesar de no darse cuenta que era Dios mismo el que les hablaba (13: 21-22: vamos a morir porque vimos a Jehová… la mujer: no seas sonso (gil), si nos quisiera matar , no aceptaría nuestra ofrenda…)
Al igual que Israel, nosotros en estas situaciones, como en otras difíciles que nos tocan vivir podemos reaccionar de dos maneras:

Con fe

Con Pesimismo.

El pesimismo es una actitud negativa frente a la vida que muchas personas tienen en la actualidad. Esa actitud pesimista, derrotista y fatalista resulta completamente contraria a la fe y la confianza en Dios que deben caracterizar a los que viven en el reino del Señor. Tampoco condice con la esperanza y el gozo que debe manifestar aquel que cree en la victoria de la obra de Cristo a nuestro favor sobre todo mal.

¿QUÉ ES EL PESIMISMO?

El pesimismo es una propensión a ver las cosas en su aspecto más desfavorable, una actitud personal con respecto a la vida que se inclina a creer en el predominio e inevitable victoria del mal sobre el bien. Muchas veces el pesimismo no tiene causas objetivas sino subjetivas. Sus raíces se encuentran en el egocentrismo. Todo se mira a través de uno mismo. Así como una persona con anteojos oscuros lo ve todo oscuro, el egocéntrico termina siendo una persona negativa, pues la lente oscura en su interior, en su mente y en su ánimo, le hace ver todo de un modo negativo y pesimista.

El pesimismo se manifiesta de muchas maneras:

-desgano por la vida,
-quejas por todo,
-desconfianza de otros,
-lástima de uno mismo,
-sospecha de una confabulación malintencionada detrás de cada palabra o gesto,
-derrotismo,
-fatalismo, etc.
Se trata de una propensión a creer las mentiras de Satanás antes que la verdad de Dios; creer que lo bueno durará muy poco, que hay malas rachas.
Constituye un estado de ánimo contagioso que refleja una idea fija: toda situación dificil es irremediable.

Ejemplos

El pesimista no hace un viaje de placer, porque piensa que le puede pasar algo, ¡puede caerle un rayo!

El pesimista vive de espaldas al futuro, porque considera que el pasado fue mucho mejor que el presente.

El pesimista es un triste crónico

El pesimista cuando todo le va bien, piensa que eso no va a durar mucho.

Propenso a las enfermedades. Exagera todas las cosas,
le duele la cabeza y piensa que es un tumor, le duele el estómago, y crees que es úlcera. El pesimista se automedica, crea síntomas, pero ni ha ido al médico.
Lo que lo tiene enfermo son sus pensamientos
No va a la playa porque puede ahogarse.
No se sube a un avión porque le da temor, (¿y si se cae?)
Le da temor salir solo. (¿y si me roban o matan?)  Siempre está esperando que suceda lo peor. No se mete en piscina porque le da alergia, pero nunca se ha metido.
Teme a la oscuridad.
El pesimista es profeta de desastres
Dice ¡Pero! El que cree dice: Para Dios no hay nada imposible (Lc 1:37).
Mi vida irá de mal en peor.
¡Todo lo puedo en Cristo que me fortalece!
(Fil 4:13).
¿Quién nos apartará del amor de Cristo?
(Ro 8:35-39).

La respuesta cristiana al pesimismo no es el optimismo, que constituye otro estado de ánimo subjetivo, sino la fe y confianza en Dios.
Fe es realismo desde el punto de vista de Dios. Tiene que ver con las cosas como son en verdad y no con lo que aparentan ser El cristiano puede afirmar su fe sobre una base muy sólida, declarando:

CREO que Cristo tiene poder para salvarme del pecado. El pecado es en esencia egoísmo, egocentrismo. Para ser salvado del pesimismo debo ser salvado del egocentrismo, liberado de mí mismo (Isaías 61:13; Salmo 30:11-12).
CREO que Cristo reina. Él es soberano sobre todo cuanto existe, creador, sustentador y consumador de la vida. Todo está bajo su dominio.
¡Aleluya! (Salmo 97:1; Apocalipsis 19:6; Hebreos 1:2-3,13; Colosenses 1:16- 17; 1 Crónicas 16:31; Hechos 2:32-36).
CREO que Dios me ama y que ama a todos los hombres. El que sabe que Dios lo ama no puede ser pesimista. El amor de Dios es positivo, dinámico. El amor echa fuera el temor (Romanos 8:35-39; 1 Juan 4:18).
CREO en el poder de la resurrección de Cristo y en su triunfo definitivo (Apocalipsis 1:17-18). Su victoria es nuestra victoria. La senda del justo se vuelve mejor cada día (Proverbios 4:18; Filipenses 1:6; 4:13).
CREO que Dios tiene un plan y propósito para mi vida y que inter- viene activamente en todas las cosas en bien de los suyos (Romanos 8:28; Mateo 10:29-31). Dios tiene poder para cambiar las cosas. Toda situación puede ser modificada, transformada o encauzada por él. Ninguna situación permanece estática o irremediable a menos que él lo determine así. Dios responde a la oración. Lo hemos visto tantas veces que no tenemos por qué desconfiar más (Efesios 3:20; Romanos 8:26-27; Juan 14:13-14). Sin embargo, el hombre que persiste en sus fines egoístas no puede sino terminar en una horrenda separación de Dios y de todo bien, peor que sus proyecciones más sombrías.

ALGUNOS CONSEJOS PRÁCTICOS

Arrepiéntete de todo pesimismo, reconociendo que deshonra a Dios con él. Es pecado; no concuerda con lo que Dios nos ha revelado en Cristo y en las Sagradas Escrituras. Jesús dijo: «Niéguese a sí mismo».
Por lo tanto, renuncia al egocentrismo y confiésalo ante Dios como pecado.
Por un claro acto de la voluntad, ponga su vida bajo el señorío de Cristo y confía en que él gobierna sobre todo.

Disciplina la mente y alinéala continuamente con la verdad revelada por Dios (1 Pedro 1:13; Romanos 12:2; Efesios 4:23; Deuteronomio 6:5-9).

Descarga ante Dios en oración toda preocupación o situación que te aflige (Filipenses 4:6—7; 1 Pedro 5:7).

Resiste con firmeza a todo espíritu de angustia, desánimo, depresión o lástima de tí mismo en el nombre del Señor Jesús (Efesios 4:27; Santiago 4:7).

Dá gracias a Dios siempre y por todo (Efesios 5:20; 1 Tesalonicenses 5:18).


Proclama la verdad de Dios con fe y gozo (Efesios 6:17; Romanos 10:9). Seamos parte de la solución para este mundo, no parte del problema.

jueves, 30 de enero de 2014

LLAMADO A LA EVANGELIZACIÓN Jorge Himitian




   

(Tomado del mensaje "La última carta del apóstol Pablo""

El primer llamado que hace a Timoteo es a la evangelización.

1.6-11:
Por lo cual te aconsejo que avives el fuego (anazopureo) del don (carisma) de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios,
quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, 10 pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio, 11 del cual yo fui constituido predicador, apóstol y maestro de los gentiles.

4.1-5:
1 Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.
Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.
Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.

El primer tema que Pablo aborda frontalmente al escribirle a Timoteo es la EVANGELIZACIÓN. Pablo era un apóstol. Una de las principales funciones de un apóstol es evangelizar. Su pasión es llegar a nuevos lugares, predicar, hacer discípulos, plantar nuevas iglesias, formar obreros, levantar pastores, estabilizar la obra, y seguir a otros lugares. Pero Pablo es conciente que está al final de su carrera. “El tiempo de mi partida está cercano”. Su primera preocupación es que la acción evangelizadora, la extensión del reino, no se detenga.

Timoteo era un colaborador de Pablo, un delegado apostólico, tenía un ministerio translocal y sobrepastoral. Lo había enviado a Éfeso (1ª. Epístola) a ordenar que algunos no enseñaran diferente doctrina, a reconocer nuevos pastores, a atender los problemas de la iglesia, a enseñar la sana doctrina… Pero existe un peligro: Que los quehaceres de la iglesia lo atrapen tanto que se olvide de la evangelización.

Cuando ya existe una iglesia o varias es muy fácil involucrarse tanto en la atención de los discípulos que uno llega a descuidar la evangelización. La evangelización no es tarea del evangelista únicamente, es la misión de toda la iglesia; de todos y cada uno de los hermanos, y mucho más de cada los pastores. La función del evangelista es capacitar a los santos para la obra evangelizadora.

Queridos hermanos, si los pastores no evangelizamos, no nos hagamos ilusiones, no tendremos una iglesia evangelizadora, menos una iglesia que crezca y se multiplique. Si nosotros mismos no estamos al frente de un movimiento o un programa evangelístico como iglesia, no vamos a llegar a ningún lado. Debemos hacer punta tanto en la evangelización local como en la translocal.

Casi parece ridículo que Pablo le dice a un hombre de la envergadura ministerial de Timoteo: “reaviva el fuego del carisma que recibiste al principio cuando te impuse las manos”. “Timoteo, debes volver a ese fuego del principio”. Pareciera que Timoteo por naturaleza era un joven tímido. Por eso le dice: “Porque Dios no nos ha dado espíritu de timidez, sino de poder, amor y dominio propio. Por lo tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor Jesucristo…”

En el último capítulo hace la misma apelación. Pone a Timoteo ante el cuadro de la eternidad y del inevitable juicio de Dios. Y le dice solemnemente:

1 Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo…
5 … soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio. 6 Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano…

Y esta era la primera preocupación de Pablo al final de su ministerio al escribirle su última carta. Mientras él vivía, él era el motor y la inspiración para todos. ¿Qué pasará después de su partida? Esta es la razón de su vehemente apelación personal a Timoteo.

PROYECTO 2020 -  Plantar una comunidad de discípulos en cada localidad de nuestro país.

Este proyecto debe ser el plan de cada congregación, la carga de oración, y la  planificación y movilización bajo la inspiración del Espíritu Santo de cada presbiterio.



lunes, 27 de enero de 2014

ESTABLECIENDO METAS Y PRIORIDADES Oscar Gómez

                             


 
        Meta es el lugar o punto en el que termina una carrera. Final que se dirige una acción u operación.

I- El propósito de las metas

Para lograr una visión más amplia de la obra cristiana se requiere establecer metas. Debemos vivir y servir al Señor con objetivos definiendo metas. 
Personales (Ej. Ordenar mi tiempo)
        Familiares (Ej. Mejorar la comunicación)
              En el servicio a Dios (Ej. Tener un discípulo)

·       Las metas ayudan al cumplimiento de la visión

Es necesario expresar metas de manera tangible y práctica, es decir que se puedan alcanzar  y también realizar. Se trata de objetivos que puedan cumplirse por la vía de la dedicación, el arduo trabajo y la acción, no meramente un sueño.
¿Cuáles son las metas  de la iglesia, grupo casero y mi propia vida para este año? ¿Qué pasos prácticos habrá que seguir para su cumplimiento?

·       Las metas son pronósticos de fe

Eso es lo que son las metas para los discípulos de Jesús: Pronósticos de fe. No limitemos nuestros planes a lo que la razón o los opinólogos indican que se puede hacer, tengamos un margen de fe, dejemos a Dios obrar. Esto es lo que nos distingue de los demás, del mundo empresarial.
"Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho mas abundantemente de lo que pedimos o entendemos, por la potencia de él que obra en nosotros..." (Ef 3:20).
En todos los casos vamos a tener que afrontar la cruda realidad que muchas veces indica que los objetivos propuestos son locura pero debemos seguir adelante en fe.
"Si puedes creer, al que cree todo le es posible" (Marcos 9:23).
Para hacer "pronósticos de fe" es necesario ir delante de la presencia de Dios en oración y ayuno, luego establecer lo que entendemos que Dios desea que hagamos a futuro.
Dios honra los hombres y mujeres que planifican en fe, en oración, en ayuno, y se apoderan sin temor del futuro sabiendo que Dios está preparando el camino si el plan es según su voluntad. No olvidemos que Él siempre excede cualquier cosa que planeamos hacer bajo Su dirección.

·       Las metas definen la acción

El propósito de las metas es definir la acción, poner manos a la obra. Las metas deben motorizar al discípulo. Una visión viene a ser efectiva únicamente cuando es trasladada a la acción, de otra manera queda en el ámbito de la ilusión. Algunas metas importantes podrían ser incrementar mi tiempo de comunión con Dios, ganar y formar un discípulo, terminar la casa.

II- Cualidades de una meta

A fin de entender lo que es una "meta", primero tenemos que cubrir la falta de pensamientos concretos y claros. Si nos preguntan ¿Cuál es tu meta?   Y respondemos "Mi meta es glorificar a Dios" ¡Eso es maravilloso! Pero ¿Cómo sabrás cuando hayas glorificado a Dios? ¿Qué acción o resultados validarán el hecho de que le glorificaste?
Por supuesto que es algo maravilloso glorificar a Dios. Pero cuando hablamos de metas no estamos hablando de valores subjetivos e indefinibles que nos dejan conceptos nublados e imprecisos. Se trata de una acción práctica que se pueda medir. Por ejemplo si la meta es establecer una comunidad de discípulos este año en alguna ciudad aledaña satisface plenamente el criterio para una meta. No es abstracta, sino clara, y se podrá medir. Las metas son:
        Medibles (no que existan solo en el mundo de los sueños);
        Medibles Tangibles (No abstractas);
        Comunicables (No imprecisas, sino con ideas claras);
        Logrables (Cuantitativas, no de ideales inmensurables);
        Definibles (De acción).
Una vez que Dios nos haya dado una visión, debemos ir a Él y decirle: "Señor, ¿qué pasos deberé tomar a fin de hacer que esta visión encuentre fiel cumplimiento?" Siempre las metas propuestas o las indicaciones del Espíritu Santo tienen que concordar con la Palabra de Dios, ante la duda consultar con los hermanos mayores en la fe.
Debemos sentarnos y escribir los planes, tranquilos, reflexionando en lo alcanzado y no alcanzado el año anterior, con autocrítica (criticarme a mí mismo) y deseos de cambiar, progresar, mejorar y crecer.

III- Prioridades en la metas propuestas

En este punto establecer prioridades. No debemos estar envueltos en diez cosas diferentes a la vez porque se necesitará una compañía de superhombres para realizarlas. Muchas metas diferentes consumen tiempo y energías. Son demasiadas. Nadie puede atender apropiadamente muchas cosas. Pablo dijo: "Pero una cosa hago" (Fil 3:13). Podríamos decir: "Estas veinte cosas hacemos..." Si hay más metas adicionales de seguro que no podremos lograrlas con excelencia. El tratar de efectuar demasiadas cosas simultáneamente resultará en la proliferación de la mediocridad, logrando poco o tal vez nada.
El problema que afrontan muchos cristianos es que están haciendo demasiadas cosas a medias o ningunas, más bien que unas pocas con excelencia. Harían mejor si se aplicaran a la ejecución de unas pocas cosas bien definidas y planificadas.
Colocamos nuestras metas dentro de tres categorías:
-prioritarias,
-las que pueden quedar en espera o “stand by” y
-las diferidas, es decir que las pasamos para más adelante.

La metas en espera o estado de conservación no hay que dejarlas morir, pero tampoco dedicar el esfuerzo necesario para ejecutarlas o realizarlas. Simplemente  dejarlas navegar a lo largo de la costa pero no empujarlas ni impulsarlas. Por ej. Procurar vender mi casa, mudarme de localidad, orar por un nuevo trabajo, etc.

Dios está interesado en hombres y mujeres a quienes pueda comunicar su visión y propósito, obreros que puedan trasladar esa visión y propósito en acción. Hombres que puedan clasificar tales acciones en orden de prioridad razonable, secuencia lógica, y que salgan al campo de labor a ponerlas en ejecución. Levantarse hacia un nivel completamente nuevo en la obra de Dios. Tal vez nos invadió el desánimo o no sepamos cómo comenzar. Tomemos los principios bíblicos hacia el logro y salgamos adelante por fe. Esperemos grandes cosas, y según nuestra fe así sucederá.


sábado, 25 de enero de 2014

VAYAN Y HAGAN FAMILIAS SANAS Roberto Vilaseca


En el contexto de una sociedad sin valores esenciales, el desafío para el Pueblo de Dios es cumplir la comisión de Jesús levantando también familias discípulas, sanas y unidas
Un padre divorciado viajaba en tren con su pequeño hijo. El niño, aburrido del viaje, interrogaba a su padre con infinidad de preguntas. Fastidiado, este se preguntaba cómo hacer callar a su hijo, cuando encontró un periódico a un costado. Lo tomó y lo hojeó rápidamente. En sus páginas encontró un gran mapa del mundo, entonces decidió romperlo en pedazos y le dijo a su hijo: “Toma, arma esto. Es un mapa del mundo roto y tendré un buen rato tranquilo”. Pero a los pocos minutos el niño había resuelto el improvisado rompecabezas. El padre asombrado le preguntó cómo lo había resuelto tan rápido, y el niño mirándolo fijo añadió: “Bueno, tú no te diste cuenta que en la parte de atrás de la hoja del diario había una familia. Armé los pedazos de la familia y el mundo se arregló solo”.
Un proverbio chino dice: “Si hay armonía en el hogar, habrá orden en la nación”. Aunque una sociedad esté compuesta por millones de personas se construye a partir de la familia, y aquellas culturas que no la han cuidado como su bien más preciado han sufrido las consecuencias de una generación débil y enferma. Dios no creó solo al hombre, también estableció a la familia; y un hogar sano y estable es el fundamento de una sociedad fuerte.
Todos los que hemos formado un hogar trabajamos, sufrimos y soñamos con una familia que pueda parecerse al modelo que describió el escritor del Salmo 128: “¡Qué feliz es el que teme al Señor, todo el que sigue sus caminos! Gozarás del fruto de tu trabajo; ¡Qué feliz y próspero serás! Tu esposa será como una vid fructífera, floreciente en el hogar. Tus hijos serán como vigorosos retoños de olivo alrededor de tu mesa”. Anhelamos un hogar en el cual su belleza sea la armonía; su seguridad, la lealtad; su riqueza el amor; su espíritu, el servicio; su nobleza, la alegría y que su verdadero constructor sea el mismo Dios que hizo las estrellas y el universo.
Pero aquel ideal contrasta con nuestra realidad, al fin y al cabo la vida familiar pasa mucho más por lo que Dios es capaz de hacer con nosotros a partir de los escombros de nuestras propias humanidades. Es su gracia la que nos permite edificar una familia sana que busque parecerse a aquél modelo original. Es cierto que la familia vive en tiempos difíciles pero cada una puede escoger entre defender el mejor regalo que tiene o destruirlo. Cuando la familia vive en la forma apropiada se convierte en un lugar de descanso, de satisfacción y de alegría. Alguien dijo que una familia saludable no es aquella que no tiene problemas, no se mide por la falta de conflictos, sino por la capacidad de resolverlos a partir del amor, del perdón, el respeto y el compromiso por ella misma.
¿Qué es hoy una familia? “En la actualidad, cuando hablamos de familia hay que hacerlo en un sentido amplio, con una propuesta inclusiva como lo hace Dios con todos, porque hay una gran diversidad familiar ¾explica María Elena Mamarián, psicóloga, escritora y especialista en estos temas¾. Hay familias monoparentales, donde conviven solo una mamá o papá con su hijo, abuelos con nietos, familias ensambladas de otras anteriores, y personas que se han quedado solas por distintas circunstancias que también necesitan encontrar su lugar en la familia de Dios”.
El desafío es entonces cómo aplicar principios bíblicos de sanidad de fe, de compromiso, aún en familias que distan tanto del ideal y asumir que las crisis familiares más que fracasos, son una posibilidad de encontrar la gracia restauradora de Dios. Al recorrer la historia bíblica nos encontramos con muchas familias sumidas en conflictos y situaciones complejas que fueron rescatadas y guiadas por Dios ¡Y Él usó esas vasijas de barro!
Familias saludables
Jorge Maldonado, presidente de Eirene, un movimiento dedicado al fortalecimiento de la familia en América Latina, escribió un interesante libro llamado Aún en las mejores familias que trata este tema. “Una de las formas más directas y eficaces de aprender juntos en cuanto a la dinámica familiar y a las maneras funcionales de relacionarnos en nuestras propias familias, es por medio del estudio de las familias de La Biblia. Podemos reconocernos en las luchas y esperanzas, en los logros y fracasos, en las penas y alegrías de aquellas personas que experimentaron la gracia de Dios en épocas pasadas”.
En un trabajo sobre cómo construir familias saludables Maldonado describe algunas de sus características distintivas que vamos a repasar ahora. Entre las más destacadas el escritor ecuatoriano menciona la vivencia y transmisión de valores espirituales como la fe, la esperanza y el amor; funcionar sobre estructuras consistentes y flexibles, es decir, las que tienen la capacidad de definir reglas claras y roles para el bienestar de todos, pero también que tengan la capacidad de hacer ajustes cuando sean necesarios.
Otra particularidad de las familias saludables es la de mantener una comunicación clara y directa. “La comunicación no es solo un intercambio de información, sino también de significados, de valoración y de maniobras de conexión. Parte de una comunicación saludable es que las emociones no se reprimen sino son permitidas y expresadas. En una familia que se comunica saludablemente, sus miembros se reconocen mutuamente cuando hablan y escuchan”, explica.
Otro rasgo a considerar es la capacidad de resolver problemas en conjunto. Esto requiere tolerancia para disentir abiertamente y habilidades para acordar soluciones. Cuando en la convivencia de la familia hay amor incondicional junto con la disposición a conversar sobre las pequeñas cosas diarias de la vida, la capacidad para resolver problemas se acrecienta. Por el contrario, cuando el amor no se vive ni se expresa y cuando hay dificultades para dialogar, la ira, la frustración y el desánimo pueden bloquear la capacidad de la familia para resolver los problemas diarios y los relacionados con las crisis.
“Aunque la expresión de afecto no puede medirse y pesarse objetivamente, está muy presente en las familias saludables que dan y reciben afecto con libertad y regularidad. El amor suele expresarse tanto en palabras como en hechos, y ambas formas de expresión son necesarias y deben ser coherentes, es decir, no contradecirse sino reforzarse mutuamente. Nunca será demasiado decir a un hijo o a un cónyuge que se le ama y demostrárselo con caricias y detalles”, expresa Maldonado.
En las familias saludables se da afecto en forma incondicional, solo por el hecho de ser parte de la familia. Eso no quiere decir que no se ejerza la disciplina cuando alguien comete una falta, sino que intencionalmente se preserva el ser de las personas y la disciplina se enfoca en las conductas. En las familias donde fluye el afecto en forma regular puede notarse energía, espontaneidad, alegría y optimismo.
Finalmente dice que debe haber un clima propicio para el crecimiento, donde se crea una atmósfera en la que las personas se gustan unas a otras y se divierten juntas. Por el contrario, las familias disfuncionales demuestran menos espontaneidad y menos energía, y un tono deprimido o desesperanzado parece invadir sus interacciones y limitar el desarrollo del carácter.
En resumen, valores como el amor, la fidelidad, el respeto, el compromiso, el servicio, la comunicación, la búsqueda del bien común y la obediencia a los principios de La Palabra de Dios, siguen siendo los pilares de la familia sana, estable y que procura alcanzar ese ideal que estuvo en el corazón de Dios al crearla.
Los desafío de la Iglesia
Es indudable que estos principios solo pueden ser aprendidos en el contexto de la familia de Dios. Es en la Iglesia donde se debería vivir y enseñar a ser familia, a través de la transmisión de los valores que Cristo nos ha dejado.
Como apunta María Elena Mamarián: “Después de la belleza de Génesis uno y dos, vino un Génesis tres donde irrumpe toda la tragedia del individualismo, los desencuentros y los celos que destruyen el plan amoroso de Dios. Pero Jesús vino para restaurar todas las cosas, y eso incluye los vínculos familiares. Por eso es muy saludable pensar juntos y generar herramientas que nos permitan conformar familias más sanas, procurar ser mejores padres, no equivocarnos tanto, qué hacer si nos equivocamos, cómo criar a nuestros hijos y tener relaciones estables, aunque a veces estemos lejos de un modelo planteado como ideal”.
Hay para la Iglesia de hoy una agenda de trabajo de la que no podemos desentendernos. Declara Isaías 58:12: “Y los tuyos edificarán las ruinas antiguas, los cimientos de generación y generación levantarás, y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar”. En la versión popular lo dice de esta manera: “Serán restauradores de casas en ruinas”.
Si hay algo que nos debe distinguir como Cuerpo de Cristo es reconstruir “hogares en ruinas”. El mandato de Jesús de “ir y hacer discípulos” hoy se contextualiza con “ir y hacer familias discípulas”, porque no somos individuos aislados; formamos parte de una familia, y si aprendemos a ser buenos esposos, buenos padres e hijos respetables, seremos buenos ciudadanos.
¿Cómo restaurar hogares tan alejados de lo que Dios quiere? Restaurando el valor de la unidad familiar más allá de cómo este compuesta, sanando las heridas producidas por tantas relaciones enfermas y guiando a la familia al orden establecido por Dios, donde los principios y los roles sean adoptados por quienes cumplen de papá o de mamá. Los desafíos pasan por:
1- Restaurar el altar en cada hogar: Recuperar el tiempo de oración en familia. Hoy ese altar es desplazado por un sinnúmero de compromisos, las actividades y las distracciones que nos roban todo el tiempo. Si no lo ponemos como una prioridad en nuestra familia, en poco tiempo vamos a ver las consecuencias. Debemos orar a Dios pidiéndole que nos enseñe “de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (Salmo 90:12). El escritor A. Tozer afirmó: “La vida es un ensayo corto y febril para un concierto al que no podemos asistir”. Nuestro tiempo es limitado, y debemos decidir qué haremos y qué no haremos para educar a nuestros hijos de la mejor manera, “en amorosa disciplina cristiana, mediante sugerencias y consejos piadosos”(Efesios 6:4).
2- Restaurar los valores que identifican a una familia cristiana: El hogar actual determina el mundo del mañana. La influencia del ambiente familiar, lo que en él se cree y se practica modela para bien o para mal a cada uno de sus miembros, y en especial a los hijos. Es necesario fortalecer:
El sacerdocio del hombre: Como cabeza, con Cristo como modelo, el varón debería ser el primero en comprometerse a orar y buscar a Dios. Quien asume la responsabilidad de proteger y velar por su familia, de ser ejemplo en santidad y en servicio. Debería ser quien guíe el hogar en el propósito de Dios. Para alcanzar este desafío debe apelar al poder del Espíritu Santo.
El acompañamiento activo de su esposa: Primero honrando y obedeciendo a su esposo. Luego, siguiendo de cerca la formación espiritual de sus hijos. Como promedio, nuestros hijos pasan el 1% de su tiempo en la iglesia, el 16% en la escuela y el restante 83% en el hogar o cerca de él, y las madres cumple un rol fundamental con ellos. Y por supuesto, poniendo el hombro cuando haga falta para proveer lo necesario a la familia, saliendo al mundo laboral.
Una actitud de discípulo en los hijos: Reconociendo que tienen mucho por aprender, que deben honrar a sus padres, y que tienen que adquirir hábitos de santidad, de esfuerzo y de responsabilidad.
3- Restaurar el servicio de la familia en el reino de Dios: La familia para sentirse realizada y plena debe involucrase en el plan de Dios. Ser parte de su proyecto; porque Dios no llama a individuos, Dios llama a la familia. Los tiempos y las prioridades de todos deberían pasar por servir a Dios, llevando amor, esperanza y referencia a otras familias necesitadas.



viernes, 24 de enero de 2014

ENTREVISTA CON JORGE HIMITIAN La corriente.com


Protagonista de la primera hora del Movimiento de Renovación que trajo un avivamiento a la Argentina en la década del 60, el pastor Jorge Himitian se ha transformado en un referente del liderazgo nacional.
 Desde Buenos Aires su ministerio ha bendecido a muchas naciones con un mensaje claro sobre el Reino de Dios, el señorío de Cristo y la unidad de la Iglesia. En esta entrevista nos relata sobre los comienzos del movimiento y la experiencia del consejo de pastores de la Ciudad de Buenos Aires.
L.C.: A más de cuarenta años de que el Espíritu Santo levantara el llamado “movimiento de Renovación”, ¿podría definir cuál ha sido su principal aporte a la Iglesia de Jesucristo?
J.H.: Este mover del Espíritu surge en los años 1965 y 1966, y más ampliamente desde 1967, inicialmente dentro de congregaciones no pentecostales. Varios pastores y líderes experimentamos el bautismo del Espíritu Santo y tuvimos manifestaciones a las que no estábamos acostumbrados, como el hablar en nuevas lenguas, profecías, sanidades y otros dones del Espíritu. Esto fue algo soberano de Dios, pues sin tener inicialmente relación ni contacto los unos con los otros muchos experimentamos este avivamiento espiritual en forma personal. Desde marzo del 67 comenzamos a reunirnos los lunes para adorar juntos a Dios en forma espontánea. Cada semana más hermanos eran llenos del Espíritu. El fuego se extendió a muchas congregaciones y luego a diferentes ciudades de todo el país y del exterior. Al principio pensábamos que ya teníamos todo lo que necesitábamos: la experiencia de ser llenos del Espíritu, manifestación de los carismas, adoración y fuego. Estábamos lejos de imaginar que eso era solo el comienzo de revelaciones mucho mayores que el Señor quería dar a su Iglesia. Desde el año 1968 y por los tres o cuatro años más, el Señor derramó sobre nosotros espíritu de revelación dándonos a conocer antiguas verdades de La Palabra que la Iglesia había perdido a través de los siglos. Fue así como comprendimos el Evangelio del Reino de Dios, el señorío de Cristo como condición de salvación, el hacer discípulos como eje central de la gran comisión, la unidad de la Iglesia, el propósito eterno de Dios, que la meta del cristiano no es meramente llegar al cielo sino ser como Jesús, la Iglesia funcionando en grupos de discipulado por las casas, la vigencia de todos los dones y ministerios incluyendo el ministerio apostólico y profético; la inmutabilidad de La Palabra de Dios, la indisolubilidad del matrimonio, el kerigma y la didaké de los apóstoles, la misión de la Iglesia como agente de transformación en medio de las naciones; y otras verdades más.
 L.C.: ¿En qué medida verdades como la llenura del Espíritu, la unidad de la Iglesia, el señorío de Cristo, el Evangelio del Reino, el discipulado y la Iglesia por las casas han traído una renovación al Cuerpo?
J.H.: En la década de los 60 y 70, este mover del Espíritu al introducir experiencias y enseñanzas nuevas produjo mucha resistencia en muchos sectores más tradicionales. Pero hoy gracias a Dios eso ya es historia. La inmensa mayoría de las congregaciones y denominaciones acepta la mayor parte de esas verdades. Aunque considero que aun nos falta mucho para comprender y sobre todo para vivir de acuerdo a la revelación recibida. Hoy casi en todas las congregaciones el culto tiene el estilo que comenzó en aquellos años.
Recuerdo cuando por primera vez introdujimos el teclado, la guitarra eléctrica y la batería acompañando la alabanza y la adoración. Hoy eso es común en casi todas partes. El aplaudir, saltar y danzar en el culto a Dios escandalizaba a muchos. En la década del 80 el Señor usó poderosamente al evangelista Carlos Annacondia en un fuerte ministerio de liberación y milagros, y muchísimas iglesias, antes cerradas, se abrieron a los dones del Espíritu. Muchos ministerios de alabanza surgieron alrededor del mundo, como el de Marcos Witt, e hicieron extensivo ese nuevo estilo de alabanza en todo el globo. Hoy todos hablan del discipulado, del Reino, de la unidad de la Iglesia. Muchos, poco a poco, van aceptando la vigencia de todos los ministerios de Efesios 4. Aunque el gran desafío que tenemos por delante es ser una Iglesia que encarne y viva el Reino de Dios en la tierra con todo lo que ello significa.
 L.C.: En el liderazgo de hoy, ¿hay una conciencia mayor del valor de la unidad?
J.H.: Gracias a Dios, podemos decir definitivamente que sí. Y este proceso de concientización va creciendo y es irreversible, pues es la respuesta del Padre a la oración de su Hijo en Juan 17. Hoy todos hablan de la unidad de la Iglesia. En aquellos primeros años fuimos muy resistidos y acusados de que queríamos formar una megaiglesia. Hoy pocos discuten el principio bíblico de que en cada ciudad hay una sola Iglesia. En una ciudad puede haber muchas congregaciones pero no muchas iglesias. Y ella está avanzando gradualmente a funcionar en cada ciudad como un solo Cuerpo bien concertado y unido entre sí. El desafío que tenemos por delante es muy grande. Conceptualmente ya no hay tanta resistencia. Aunque hoy tenemos muchos interrogantes, lo que sí sabemos es que llegará el día cuando todos los verdaderos hijos de Dios estaremos integrados formando un solo Cuerpo en cada ciudad del país. Seremos uno, y el mundo creerá tal como lo pidió y lo prometió Jesús.
 L.C.: ¿Los consejos pastorales que se formaron en cada ciudad es un avance concreto hacia esa unidad?
J.H.: Definitivamente. Esto ha sucedido en nuestro país por la obra soberana del Espíritu Santo. En la década del 70 yo conocía solo dos consejos de pastores en todo el país, en las ciudades de Resistencia y Sante Fe. Hoy, para la gloria de Dios, hay consejos de pastores en casi todas las ciudades del país. No hubo ninguna oficina humana que coordinara y organizara esto. Esto fue organizado desde la oficina celestial que está en el trono de Dios. El Señor usó a diferentes siervos suyos para fomentar esto. Sería injusto mencionar a algunos pues nos olvidaríamos de otros. Pero fue algo soberano. Lo mismo sucedió, y está sucediendo en otros países del mundo. Pero en cuanto a la unidad, Argentina es uno de los países que está en la vanguardia. Si Dios lo consiguió con los argentinos, que somos conocidos en el resto de América Latina como soberbios, puede hacerlo en cualquier país. Lo formación de los consejos de pastores es el primer paso para avanzar hacia la unidad total que Dios quiere. Llegará el día, en el tiempo de Dios, en que los consejos serán el presbiterio de la ciudad funcionando en una unidad ministerial para alcanzar y servir a toda la ciudad.
L.C.: ¿Cuál es la experiencia del consejo de la Ciudad de Buenos Aires del cual usted es uno de los coordinadores?
J.H.: La experiencia es maravillosa. Hoy somos cinco los coordinadores del Consejo de Capital Federal. Por la gracia de Dios, soy uno de esos cinco: Carlos Mraida, Juan Pablo Bongarrá, Norberto Saracco, Omar Cabrera y yo. La clave es nuestra unidad. Entre nosotros hay amor, respeto, amistad, honra de los unos a los otros. Jamás he visto en ninguno una disputa de poder, ambición de figurar o el querer ser el primero. Dios sabe que lo que estoy diciendo es la verdad. ¡A Él sea toda la gloria!
L.C.: Además de la comunión entre consiervos, ¿cuál ha sido la experiencia de trabajar en una misión unida?
J.H.: El Consejo pasó por varios períodos. El comienzo, en el año 1992, fue una etapa excelente. Llegaron a participar más de ochenta pastores. Éramos más bien un movimiento; no teníamos presidente, ni vice, ni comisión directiva; los cinco que iniciamos fungíamos naturalmente como coordinadores. Fue un período muy bueno. Luego, algunos comenzaron a insistirnos en que debíamos institucionalizarnos. Aceptamos para no contradecir a los que así proponían. Después de una década, y habiendo tenido varias elecciones de presidente y comisión directiva, nos pidieron que los iniciadores reasumiéramos la conducción del Consejo. Para hacerlo pusimos dos condiciones: en primer lugar, desinstitucionalizarnos y encaminarnos hacia el modelo bíblico de Efesios 4. Y en segundo lugar, tener un plan de misión unida para la Ciudad de Buenos Aires, plan que pediríamos a Dios en oración. Y así lo hicimos. Desde Noviembre del 2009 iniciamos un Plan de Misión Unida, y por cuarenta meses consecutivos hasta fines del 2012, bajo el lema “La Argentina que Dios quiere”, llevamos adelante el plan de entregar en cada casa de unas cuatro mil manzanas de la ciudad un folleto con una de las cuarenta frases que habíamos escogido de la enseñanza de Jesús, y con la proclama: “Con Jesucristo es posible”. Esta siembra abundante se hizo también por radio, televisión, afiches y medios masivos de divulgación. Fue hermoso e impactante ver una buena cantidad de congregaciones diciendo simultáneamente lo mismo a los habitantes de la ciudad. Este año avanzamos con otra modalidad de carácter más evangelístico titulado “¿Probaste con Jesús?”, y por los mismos medios que señalamos anteriormente.
L.C.: ¿Por qué hoy se habla del pastoreo de pastores?
J.H.: Los pastores además de ser pastores somos ovejas. Todos necesitamos un pastor para ser edificados, ayudados, cuidados, protegidos y aconsejados. Necesitamos que alguien nos cubra en oración, sepa cómo estamos y nos pastoree personalmente. Somos humanos; tenemos conflictos personales, matrimoniales, familiares. Sufrimos tentaciones, tenemos debilidades, cometemos pecados. Necesitamos ser aconsejados, corregidos y amonestados a fin de ser santificados y crecer en estatura espiritual. Esta es una de las responsabilidades recíprocas que tenemos en el Consejo de Pastores. Ninguno debe estar solo. Los miembros del cuerpo se preocupan los unos por los otros.
L.C.: ¿Cuáles son los desafíos con que se enfrentan los pastores y líderes de hoy?
J.H.: En primer lugar, ser ejemplos de la grey. No es suficiente predicar o enseñar, sino ejemplificar con nuestro carácter y conducta lo que enseñamos. Finalmente la gente no va a seguir lo que les decimos sino lo que hacemos. Debemos poder decirles: sean imitadores de mí, como yo de Cristo.
Nuestra segunda responsabilidad es cooperar con el Señor en la edificación de una Iglesia santa, sin mancha ni arruga ni cosa semejante. Para ello debemos predicar toda La Palabra de Dios, enseñar todos los mandamientos, sin omitir ninguno. Debemos proclamar toda la verdad, elkerigma, y guiar a cada discípulo a vivir lleno del Espíritu Santo.
 L.C.: La Iglesia ha crecido en número pero, ¿estamos transmitiendo los valores del Reino de Dios?
J.H.: Lamento tener que decir que no. Aunque hay honrosas excepciones. Hoy todos hablan del Reino pero, ¿de qué modo este baja a cada uno de los que dicen ser creyentes? Hay una única manera: cuando cada persona acepta a Jesús como el Señor de su vida, el Señor de sus bienes, de su dinero, de su cuerpo, de su tiempo, de su conducta. Muchos han aceptado a Jesús como Salvador, pero no como Señor. Van a la iglesia, cantan, quizás están en el ministerio de la alabanza, o tienen alguna otra responsabilidad como la escuela dominical, la radio, el ministerio juvenil, etc., pero mienten, tienen relaciones sexuales fuera del matrimonio, dicen malas palabras, ven pornografía por Internet. Son avaros, egoístas, violentos en la casa con la esposa o con los hijos. Necesitamos llevar a cada uno a experimentar a Jesús como Señor y dueño de sus vidas, y desde allí transmitirles los valores del Reino.
L.C.: ¿Dónde tenemos que poner el acento para que podamos impactar a una sociedad tan secularizada?
 Hay tres palabras que definen muy bien dónde debemos poner nuestro acento en una sociedad secularizada: calidad, unidad y cantidad. La gente no quiere oír meras palabras. Quieren ver a Jesús en nosotros. Calidad es ser como Jesús, amar como Él, servir como Él, vivir como Él. Dios nos ha llamado a ser uno con todos nuestros hermanos en Jesús: “Que todos sean uno… para que el mundo crea”. También debemos crecer numéricamente. Sí, Dios quiere cantidad, pero con calidad y en unidad. ¡Podemos imaginarnos el impacto en la sociedad si la Iglesia llega a ser una, santa y multitudinaria en cada ciudad! El gran desafío hoy es crecer en estas tres direcciones.
 L.C.: ¿Sigue convencido de que la Argentina un día proclamará que Jesucristo es el Señor?
J.H.: Mi convicción no se fundamenta en una idea mía sino en la palabra eterna de Dios. Está escrito y se cumplirá: “La tierra será llena del conocimiento de la gloria de Dios, como las aguas cubren el mar” (Habacuc 2.14). Estoy plenamente convencido que Él es poderoso para hacer todo lo que ha prometido en Romanos 4.21.


A CONTINUACIÓN (To be continued)

Ahora estamos viviendo 500 años después de la reforma con Martín Lutero. Estamos agradecidos por lo que él hizo, pero no vemos la Iglesia...