LA VOLUNTAD AL SERVICIO DE LOS OBJETIVOS Normas y Consejos Oscar Gómez

        

 


    

“…a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí”
                                                                                     Colosenses 1: 28 y 29

1.- El apóstol Pablo es un claro ejemplo de alguien que subordinó su voluntad a los objetivos colocándola al servicio del propósito eterno de Dios. Todo su esfuerzo, su trabajo, su ministerio tenía una sola dirección: cumplir con su llamamiento y con la visión que le fue impartida por el Señor.

2.- La voluntad se define como la capacidad de dirigir el propio accionar. Propiedad de la persona para desarrollar una acción hacia un resultado.

3.- Una vez que el cristiano pronuncia el ¡Sí! -claro y recto- comprometiéndose con los objetivos, la voluntad debe ser inflexible. No tiene que dudar cuando la mitad del recorrido ya fue hecho.

4.- Después de pensar los objetivos, será indispensable querer, y aquí entra en juego la voluntad. La decisión oportuna es el secreto del avance verdadero. El que quiere puede.

5.- Sin voluntad firme no se concretarán los objetivos, las buenas intenciones que no se realizan son una caricatura de la virtud.

6.- La voluntad puesta al servicio de los objetivos dice “hago”, no “haré” que es el lema de la voluntad enferma.

7.- La voluntad firme ayudará al cristiano a sobreponerse a cuantas contingencias intenten desviarla. La voluntad de un  discípulo de Cristo no es un frágil juguete, su fuerza es mayor cuando responde a los objetivos trazados.

8.- El cristiano necesita mirar hacia el futuro y trabajar para él. Cada generación de cristianos debe llegar como vigorosa ola a romperse contra la mole del pasado estéril a fin hermosear la iglesia con sus nobles objetivos.

9.- Cristiano que no avanza en función de sus objetivos es peso muerto para el progreso del pueblo santo. Los hombres sin ellos no cooperan en cosa alguna de provecho común.

10.- El cristiano necesita una mente renovada y un corazón dúctil para abarcar el panorama de la vida, de los tiempos de Dios y del desarrollo del plan eterno, también un brazo fuerte para resistir el poder de las tradiciones inútiles y de los enemigos.

11.- La eficacia en el servicio al Señor radica en los objetivos propuestos. La apatía y el fracaso son resultado de la rutina y de la carencia de propósito. La incapacidad de prever y proyectar a futuro obstruye la expansión personal y ministerial del cristiano.

























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