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LA TAREA PASTORAL: EDIFICAR LA IGLESIA Keith Bentson




En el Nuevo Testamento se destacan tres expresiones –entre otras- que señalan el carácter y la naturaleza de la iglesia. La primera es la iglesia como templo en que la idea principal es que el conjunto de hijos en una localidad constituye el lugar de la morada de Dios (I Corintios 3:16). La morada de Dios viene a ser el lugar donde él es adorado, de modo que los redimidos se reúnen (“donde están dos ó tres...”) para acercarse a Dios. Le agradecen, interceden, toman conciencia de su glorioso ser e invocan su nombre.

Con el concepto de la iglesia como templo, los miembros vienen a ser sacerdotes. La tarea pastoral consiste no solamente en enseñar didácticamente que la iglesia es el templo de Dios, sino en adiestrar a los hermanos para que de veras se acerquen a él, cumpliendo así su ministerio sacerdotal. Sin un fuerte ministerio sacerdotal en la iglesia, ésta solamente puede experimentar un debilitamiento en su dinámica espiritual; se disminuirá lo inefable de sus reuniones y eventualmente se volverá tibia.
Otro término empleado en el Nuevo Testamento para describir la naturaleza de la iglesia es el de cuerpo. El apóstol Pablo se vale mucho de esta figura: Efesios 1:22,23; 4:15; Colosenses 1:18; I Corintios 12; Romanos 12. La iglesia como cuerpo se refiere a los ministerios y servicios que efectúan sus miembros. Como Cristo, estando en la tierra en un cuerpo físico, ministraba y enseñaba a otros, igual ahora, siendo él la Cabeza, los creyentes son miembros de su cuerpo y están dotados para continuar la misma obra y ministerios de Cristo. La tarea pastoral consiste en perfeccionar a los santos para la obra de sus respectivos ministerios. Si los santos no llegan a realizar muchos y variados ministerios, será en gran parte porque no tienen buenos pastores.
En tercer lugar, y lo que más nos interesa en este estudio, es el concepto de la iglesia como pueblo (Hechos 15:14; 18:10; Romanos 9:25,26; Tito 2:14; I Pedro 2:9; Apocalipsis 18:4). Si bien los términos templo y cuerpo son figuras, no lo es el de pueblo. Pueblo se refiere concretamente a hombres y mujeres viviendo en la carne, habitando en casas, conviviendo en familia, trabajando y desenvolviéndose unos con otros en una relación de compromiso. Ser pueblo tiene que ver con vivir cierto estilo de vida diaria; entraña vivir dentro de y según una escala de valores netamente cristianos. Dentro del concepto de pueblo se destacan las normas creacionales de Dios, y no sólo los aspectos más comúnmente relacionados con la redención. (Por ejemplo, el matrimonio es creacional; predicar y echar fuera demonios son actividades que se derivan de la redención).
El aspecto pueblo, juzgando por nuestras experiencias como también por lo que encontramos en las epístolas, es lo flojo en las congregaciones. Como pastores, parece que nos es más fácil enseñarles a los hermanos a orar ó ejercer algún don espiritual, que vivir como auténtico pueblo de Dios. Nuestra especialidad son las reuniones donde se ora, se adora y se ejerce algún don espiritual. En cambio, la mayor carga del apóstol Pablo pareciera ser que los hermanos vivieran siempre experimentando la voluntad de Dios, fuera ésta en la casa, en el trabajo ó en la comunión diaria con otros hermanos.
Aclaramos al señalar ciertos aspectos de la iglesia como pueblo, que en ninguna manera se insinúa que sea posible que la iglesia sea un buen pueblo si no es a la vez un buen templo y un cuerpo ministerial. Pero sí deseamos señalar claramente que si los hijos de Dios en la tierra no llegan a vivir entre sí como una auténtica hermandad –como un pueblo- se debilitará su expresión de templo y cuerpo. Estas dos expresiones tienen que estar arraigadas dentro del marco de la iglesia como pueblo. A la postre, las tres expresiones se confunden en una sola cosa (ver Romanos 12)
I.
El concepto de pueblo viene del Antiguo Testamento



Remontándonos al Jardín de Edén, es fácil deducir que si Adán no hubiera pecado, Dios habría logrado obtener su pueblo mediante la multiplicación de la raza. Así, todos le hubieran conocido, desde el más pequeño hasta el más grande (Jeremías 31:34) y toda la tierra se hubiera llenado de la gloria del Señor (Habacuc 2:14). Este fue el propósito original de Dios en haber creado al hombre; y por la redención lograda por Cristo Jesús, Dios llevará aún a feliz término su glorioso propósito (Apocalipsis 21: 1-4)
Pero de hecho, Adán pecó. Posteriormente, al ir multiplicándose los hombres, ellos se contaminaron hasta tal punto que acarrearon para sí el juicio que vino en los días de Noé. Después, Dios escogió a Abraham para comenzar a formar un pueblo para sí. Pero la historia de Israel, también resultó ser penosa, de tal manera que fue necesario que Dios castigara severamente a su antiguo pueblo. Sin embargo, en medio de la más crasa apostasía de Israel, el Espíritu del Señor reveló a Jeremías que con todo, Dios iba a levantar para sí su pueblo (Jeremías 31: 27-33), lo cual nos conduce hasta la época de la iglesia de Cristo Jesús (Hebreos 8: 6-13)

II.
Los apóstoles levantaron iglesias tipo pueblo



En los Hechos de los Apóstoles (2:41-47; 4:32-37) el cuadro de la iglesia que se nos presenta es una comunidad de personas unidas por la experiencia de arrepentimiento y fe, viviendo diariamente en una relación de auténtica hermandad donde predominaba la relación de compromiso mutuo. Les agradaba estar juntos; comían juntos; ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, vendían sus propiedades para que ninguno de sus hermanos sufriera necesidad, atendían con especial cuidado a las viudas
Las iglesias levantadas por el apóstol Pablo se caracterizaban por ser, también auténticas hermandades, comunidades de compromiso. Las mismas llegaban a ser pequeñas colectividades dentro de la sociedad pagana (Filipenses 3:20).
 
III.
Más específicamente, ¿cuáles son las características de una iglesia tipo pueblo?



  • Se enfatiza la relación humana que existe entre los redimidos; precisamente, son humanos redimidos; es una relación que supera a la de los familiares carnales (Mateo 12: 46-50).
  • Se destaca una manera diaria de vivir, basada en el amor, el servicio y el perdón (Hebreos 13: 1; Gálatas: 5:13; Efesios 4: 32).
  • Se incluyen todas las áreas de la vida humana (sin hacer distinción entre lo natural y lo espiritual, ó entre lo temporal y lo eterno): la familia, el trabajo, los deberes sociales y civiles, la salud, la comida, los estudios, la iglesia, los parientes, etc.
Tal vez sería de ayuda mencionar ciertas actividades cristianas definitivamente legítimas, que sin embargo no representan a la iglesia como pueblo.  Por ejemplo, la Sociedad Bíblica es una institución sumamente útil a la Iglesia, pero su naturaleza no es la de ser iglesia. Tampoco lo es una organización evangelística, un orfanato, una casa editora de libros cristianos, ó una entidad que envía estudios bíblicos por correspondencia, etc. Fuera del ámbito cristiano consideramos a los gitanos como una expresión de tipo pueblo, como lo son, también, los judíos ú otra colectividad basada en lazos sanguíneos y unidos entre sí por costumbres, idioma, prácticas, creencias, etc. En contraste, una agrupación de músicos, ó de artistas, ó de deportistas ó de políticos, aunque tienen mucho en común, no constituyen un pueblo, pues la totalidad de su vida no está sujeta a un compromiso.
El apóstol Pedro describe la iglesia en estos términos (I Pedro 2: 9):
a.    un linaje escogido; se refiere a nuestra ascendencia común;
b.    una nación santa: se refiere a la autoridad que nos rige y a las leyes divinas a las que nos sujetamos;
c.     un pueblo: se refiere al conjunto de personas que están comprometidas en esta familia de Dios, caracterizadas por su común estilo de vida.
IV.
¿Cuál es el enfoque principal de la enseñanza que se da en lo que se refiere a la iglesia como pueblo?



Si en la iglesia como templo se enseña la oración, la adoración y la intercesión, y en la iglesia como cuerpo se enseña que cada miembro tiene una gracia que tiene que ministrar a los demás, diremos que en la iglesia como pueblo el enfoque está centrado en enseñar cómo vivir. Esto obedece a uno de los propósitos de la salvación, es a saber, el redimirnos de una vana manera de vivir (I Pedro 1:18).

V.
¿Quiénes se ocupan de enseñar a otros cómo vivir?



  • el magisterio oficial de la iglesia (Efesios 4: 11,12);
  • hombres fieles é idóneos (II Timoteo 2:2);
  • padres a sus hijos (Deuteronomio 6: 5-9; Efesios 6: 4; Colosenses 3:20; I Timoteo 3:4);
  • eventualmente, todos enseñan (Hebreos 5: 12; Colosenses 3: 16; Tito 2: 3).
VI.
¿Cuál es la tarea pastoral en lo que se refiere a dar forma a la iglesia como pueblo?



1.
El pastor tiene que enseñar públicamente las verdades que en forma particular apuntan hacia un estilo de vida concretamente cristiano. (Donde no lo hacemos, ese espacio se llenará de conceptos inadecuados y mundanos). Algunas de las verdades que debemos enseñar serán las siguientes:
  • el varón y la mujer como personas; el varón como esposo y padre, la mujer como esposa y madre;
  • la administración de la casa;
  • los jóvenes como hijos; como estudiantes; la elección de su carrera, profesión y vocación;
  • el noviazgo y matrimonio; el propósito y gracia del sexo;
  • actitudes correctas hacia el dinero y los bienes materiales;
  • la sociedad y sus autoridades;
  • la dignidad humana: huérfanos, divorciados, pobres, encarcelados, incapacitados, los oprimidos, etc.
  • lo sagrado que es el trabajo;
  • las buenas obras (Efesios 2:10; Gálatas 6: 9,10; Tito 2: 14; 3: 1; 8: 14; Hebreos 13: 21).
En fin, pretendemos transmitirles a los hermanos un esquema unificante de la vida, para que en toda área, toda edad y condición, todos sepan cómo andar para agradar a Dios (1ª Tesalonicenses 4: 1,2)
.
 
2.
Los pastores tienen que ser ejemplos vivos de todo lo que enseñan. No se puede enfatizar demasiado esta necesidad. No es bíblico decirle a los hermanos, “No me miren a mí, miren a Cristo.” Ver Juan 13: 15; I Corintios 11: 1; Filipenses 3: 17; II Tesalonicenses 3: 9; Tito 2: 9. y como broche de oro: I Timoteo 3: 2-6 y Tito 1: 5-9.


3.
En tercer lugar, es necesario que el pastor logre una relación personal, hermanable é íntima al menos con algunos miembros (varones) de la congregación. En algunos casos la relación crecerá de esta manera: hermano/hermano; hermano/hermano mayor; luego, hijo/padre (I Tesalonicenses 2: 11; Filipenses 2:19-22). Hará falta formar un grupito tipo –una hermandad en miniatura- con el fin de ir expandiendo esta relación hasta abarcar a todos. Son virtudes que edifican esta relación; el amor, la humildad, la fe, el servicio, el perdón y la lealtad.



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