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JESÚS SE DEDICÓ A LA FORMACIÓN DE DOCE HOMBRES Ivan Baker


         

E
ste es otro punto importante  en la estrategia de Jesús. Es notable descubrir que, a pesar de su vasto programa de predicación, concentro sus mayores esfuerzos y dedicación sólo a las formación de doce hombres.

          


Aquí descubrimos un principio de:

          A) Selección.

          De los que creyeron eligió a los que estarían con él. Jesús no imprimía un sentido democrático a su ministerio. Para él los hombres no eran todos iguales. A algunos ni les contestaba las preguntas, a otros les consolaba y sanaba, mientras que a otros les revelaba los misterios del Reino de los cielos. Mateo 13.16. El obraba de acuerdo con lo que veía en los corazones, pero él nada hacía sin el Padre. Pasó la noche orando antes de elegir a los discípulos. Para él, los que eligió eran un don que el Padre le había dado. Juan 17.9. También se sintió responsable por ellos delante de su Padre a quien dio cuenta de lo que había hecho con ellos. Juan 17.12

          Al imitar a Jesús en esto no es cuestión de formarnos un esquema de que “uno tiene que tener doce”.  Pero sí, debemos aprender a aplicar este principio de su estrategia para alcanzar eficacia en nuestro ministerio y no diluir nuestro esfuerzo,

          El Espíritu Santo nos guiará a tomar a algunos que son más estables y comprometidos a quienes nos dedicaremos más particularmente. Es importante que sea un número no más grande de lo que podemos atender en el tiempo que disponemos. Con estos nos dedicaremos dando todo de nuestra parte. Cuando observamos que hemos cumplido nuestro objetivo con ellos podremos responsabilizarles para que sigan adelante con menos dependencia de nosotros y estaremos más libres para tomar a otros.

          B) Dedicación.

          A los que eligió Jesús se dedicó particularmente atrayéndoles, amándoles y haciéndose accesible a ellos en todo. Su intención era darse a ellos para que pudiesen recibir de él, hasta hacerse semejantes a él.

          Estos serían los hombres que más conocerían su relación con el Padre, su sencillez, su visión y pasión por salvar a los hombres, su compasión y la ofrenda de sí mismo.

          Como Jesús, también nosotros debemos dedicarnos a esos discípulos que hemos seleccionado. Nuestra entrega a ellos debe expresarse en:

          a) Darles nuestro tiempo: Lo que sea necesario para la obra que pretendemos hacer. Al dar nuestro tiempo estaremos dando esa misma proporción de nuestra vida.

          b) Brindarles convivencia: Dentro de nuestras posibilidades debemos acercarnos lo más posible a esto.

          c) Hacerles partícipes de nuestros trabajos en la obra: Al principio ellos no actuarán, pero oirán y mirarán. Ellos necesitan nuestro ejemplo. Después serán nuestros mejores colaboradores.

          C) Formación.

          Al convivir con Jesús y al acompañarle y participar de su ministerio, los discípulos hallaron el “aula de la escuela” de su Maestro. Esta escuela fue sublime en su sencillez e inigualable en su idoneidad para la enseñanza y edificación de sus vidas. Sus lecciones estaban cargadas de significado ya que no consistían en clases teóricas.

      Jesús había escogido el “método didáctico” por excelencia. Las lecciones llegaban al corazón, saturaban la mente, dejaban huellas imborrables, de significado emocional, mental y espiritual. No hacía falta mucha retentiva o inteligencia para asimilarlas; penetraban por los ojos, los oídos, la conciencia y el corazón. Todo el ser palpitaba ante un Maestro que  vivía y actuaba la voluntad del Padre delante de ellos. Se aprendía lo que no alcanzarían los libros a descubrir o las palabras para explicar. Juan 21.25. Es que era la forma de vivir y conducirse de Jesús que se iba plasmando en ellos. Aunque los discípulos era en su mayoría, hombres rudos, sin letras, entendieron todo a fondo y pudieron imitarlo y vivirlo.

          Así también lo encontrarán los discípulos que nosotros estamos formando si imitamos a Jesús. El mismo Espíritu de Jesús estará con nosotros para que lo podamos realizar.

          Punto clave:

          Lo fundamental es que nos vean como hombres espirituales: humildes, dedicados, obedientes a Dios, dependiendo del Espíritu Santo. Debemos ir delante de ellos en todo. Si somos así podremos enseñarlo. De lo contrario no debemos, ni podremos. No podremos inducir a otro a hacer lo que nosotros no hacemos.

         NOTA: Contemos a nuestra familia entre nuestros predilectos discípulos.



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