EMBAJADORES EN NOMBRE DE CRISTO 1° Parte Oscar Gómez

     


“Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio nuestro; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios” 2Cor. 5:20

Regresando a casa vino a mi corazón esta palabra de la segunda carta a los Corintios, entendí que entre otras funciones que el Señor nos encomendó, también somos embajadores. Distintas circunstancias que sucedieron en este último tiempo demostraron que no ejercía mi rol de embajador.

Pero, ¿Qué es una embajada? ¿Y quién un embajador?

Embajada es la residencia u oficina del embajador; la comitiva oficial que tiene a su cargo también se denomina así (Lucas 14: 31 y 32).
Embajador es un diplomático que representa a su Estado en un país extranjero.

Somos embajadores “en nombre de Cristo”.

No nos movemos en nombre propio, o por nuestros intereses, sino que representamos a Cristo, su gloria y su Reino. El testimonio delante los hombres será fundamental a fin de representar al Señor. Somos embajadores del reino de Dios en este mundo. Nuestra ciudadanía está en los cielos.

El embajador es un diplomático.

La diplomacia en las relaciones es la cualidad básica de un embajador, se define como tacto habilidad y sutileza para mantener buenas relaciones sociales.
Aquí tengo una materia pendiente: muchas situaciones y relaciones no las traté como es debido; definitivamente estoy en falta en la “tarea diplomática” con mis semejantes.
Hoy puedo comprender que la diplomacia del discípulo es una virtud concedida por el Espíritu Santo, que no se aprende en la carrera de Relaciones Exteriores o en un curso de protocolo. Hay cuestiones que por falta de sabiduría y madurez no terminan bien, aún entre los hijos de Dios. Y es allí donde entra en juego el rol de embajador. Alguien dijo que comúnmente tratamos las cosas así como lo hace un elefante dentro de un bazar. En distintos momentos de tensión debo ejercer mi rol de embajador.

Acerca del tacto y la diplomacia del discípulo Oswald Sanders en su libro Liderazgo Espiritual dice:
“Cuando se trata de relaciones humanas tacto es la capacidad de tratar con las personas de forma sensible, de evitar la ofensa, de tener un sentido de palabras o respuestas apropiadas para una situación delicada. La diplomacia es la capacidad de manejar situaciones difíciles especialmente cuando involucran personas de culturas diferentes, y ciertamente de opiniones diferentes. Los líderes deben ser capaces de reconciliar puntos de vista opuestos sin ofender, ni comprometer un principio. Un líder debe saber proyectarse dentro de la vida, corazón y mente del otro dejando de lado las pretensiones personales. Tratar con él de la forma que sea más adecuada. Un líder necesita la capacidad para negociar las diferencias de forma que se reconozcan los derechos e inteligencia mutua, y a la vez se logre una solución armoniosa. El comprender como la gente siente y reacciona es fundamental en esta pericia”

Nuestra tarea de embajador esencialmente tiene que ver con la reconciliación.

-Entre personas, familias, comunidades y naciones, según sea la necesidad.

-Por sobre todo, nuestra función como embajadores será RECONCILIAR AL HOMBRE CON DIOS por todos los medios legítimos posibles. Desde este punto de vista, para Dios un embajador es también un pacificador procurando que las personas se vuelvan a unir con su Creador y dependan absolutamente en El.









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