LA HOSPITALIDAD Claudio Pagura





  Un hermano muy querido de otra localidad me pidió si tenía algo escrito acerca de la hospitalidad, especialmente porque en el terreno donde Dios nos ha llamado a desarrollar nuestra tarea ministerial, la primera impresión que reciban los que se acercan a la iglesia define el interés o desinterés, porque son personas despreciadas en otros ámbitos.

Me sentí tentado, y no lo niego, a contar acerca de lo que hacemos, pero quisiera tener primero alguna perspectiva bíblica, porque creo que nuestro proceder debería ser corregido si no se ajusta a lo que la palabra nos enseña.

Pero en primer lugar me gustaría definir la palabra hospitalidad:

Amabilidad y atención con que una persona recibe y acoge a los visitantes o extranjeros en su casa o en su tierra.

Amabilidad: Se aplica a la persona que se comporta con simpatía educación y modo agradable.

Aquí nos detenemos con las definiciones.

Quiero compartir tres textos:

1Timoteo 5:10  que tenga testimonio de buenas obras;  si ha criado hijos;  si ha practicado la hospitalidad;  si ha lavado los pies de los santos;  si ha socorrido a los afligidos;  si ha practicado toda buena obra.

(Este texto se refiere a las viudas que debían ser sostenidas por la iglesia, los otros textos son recomendaciones generales.)
Romanos 12

11 En lo que requiere diligencia,  no perezosos;  fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; 12  gozosos en la esperanza;  sufridos en la tribulación; constantes en la oración; 13  compartiendo para las necesidades de los santos;  practicando la hospitalidad.

Hebreos 13:2  No os olvidéis de la hospitalidad,  porque por ella algunos,  sin saberlo,  hospedaron ángeles. 

Nos suman varios elementos que deberíamos tomar muy en serio:

·         1 Timoteo casi da una explicación de lo que es la hospitalidad practicada, lavar los pies (hacernos esclavos de los demás), socorrer a los afligidos, y practicar buenas obras.
·         Romanos 12, nos requiere diligencia y no pereza en la práctica de la hospitalidad.
·         Hebreos 13, nos advierte que debemos dar una hospitalidad de gran calidad, como si a quienes recibiéramos fuese a un ángel.

Por lo tanto tomando en cuenta la definición y los textos tenidos en cuenta:

Con diligencia deberíamos recibir con simpatía, educación y modo agradable a los visitantes o extranjeros, servirles, socórreles cuando estén en situaciones dolorosas, hacerles bien y darle un trato similar al que le darías a un ángel.

Te tengo que confesar que a medida que avanzo veo cosas que debería corregir en mi y en los hermanos que caminan conmigo.

Pero esta definición bíblica literaria me ayudan a sacar algunas conclusiones:


1.- Diligencia: Según la definición de la Real Academia Española, el significado de esta palabra refiere al cuidado, prontitud, agilidad y eficiencia con que se lleva a cabo una gestión.

Deberíamos prestar singular atención a la hospitalidad. Los que llegan sorpresivamente a nuestros encuentros deberían no sentirse como visitantes imprevistos, deberían sentirse esperados.
Ahora el cuidado, prontitud, agilidad y eficiencia para la hospitalidad, debería ser practicada por todos los discípulos.
En nuestros círculos cristianos, quizás por causa de inmadurez, no todos reciben de esta manera al que se acerca por primera vez a una reunión.
La persona que no conoce a Cristo, está acostumbrada a ganarse un lugar a los “codazos” en los círculos seculares, y la iglesia no debería ser así.
Una familia que se convirtió en la congregación y que fue estigmatizada por la sociedad por su apellido, asociado a un hombre de accionar delictivo, cuando se bautizaron compartieron, algunos de ellos con lágrimas en sus ojos, que la mirada de todos, en cuanto llegaron a la congregación, se posaban en ellos no para hablar mal, en voz baja y entre ellos, sino para amarlos y recibirlos de manera inolvidable.
Deberíamos instar a todos los hermanos que con diligencia presten mayor atención a los que se acercan a la iglesia por primera vez.

2.- Simpatía. Yo he conocido lugares donde los ujieres parecen agentes de policías más que “parteros”.  

En una charla que tuve con los ujieres de la congregación les decía que no deberían cultivar el arte de “retar” a la gente, me recordaba que un sacerdote católico me comentó que su secretaria parroquial era tan mala que le decían la tarántula.
Esto me causa mucha gracia, pero de tarántula al postulado bíblico hay varios estamentos en los cuales no deberíamos detenernos.
Yo les comentaba a los hermanos que deberían en muchos casos ser parteros, aquellos que ayuden con amor al nuevo nacimiento.
Una sonrisa una palabra de bienvenida, con simpatía, hacerlos sentirse importantes.

3.- Educacion. El relato contenido en Lucas 19 acerca del encuentro de Zaqueo con Jesús me sigue sorprendiendo como escribí en “Misericordia + Verdad”.
Hay un detalle de Jesús (el era especialista en darle valor a los detalles), que me sorprende, cuando lo llama a Zaqueo que está arriba de un árbol, lo llama por su nombre. Un “pequeño detalle” de educación que tanto bien le hace a la persona que se nos acerca.
Esforcémonos en recordar los nombre, no les preguntemos mil veces como se llaman, esto demuestra desinteres, pongamos atención, más de una vez escuche, “el pastor se acordó de mi nombre”, y en otros casos “ni mi viejo se acuerda de cómo me llamo y allí en un ratito todos sabían mi nombre.
En algunos casos no pero, en otros el “no tengo memoria” es una excusa. Esforcémonos en recordar los nombres, y cuando nos volvamos encontrar y nos pregunten si recordamos quienes eran podamos decir sin dudar su nombre, esto es un verdadero golpe al corazón.
4.- Modo agradable: Deberíamos también, quitarle formalidad a nuestro trato y acercar al otro con trato agradable. No te canses de decir que somos familia, que queremos que el forme parte de la misma.
Gracias a Dios nosotros hemos aprendido de nuestros mayores, nos ser tan burocráticos en el trato. La gente se sorprende cuando a los que lideramos la iglesia nos llaman por nuestro nombre y no por nuestro “título”.
Hace unos días un hermano de otra congregación me pregunto cómo debería llamarme hermano o pastor, me causo mucha gracia, por supuesto sabiendo que a este hermano su contexto lo condicionaba, y mi respuesta logró que el se sintiese más cerca.
Un trato amable hace que los nuevos se sientan mas cercanos.

5.- Servicio:

Una vieja tarjeta de las publicaciones Paulinas rezaba: “El que no vive para servir, no sirve para vivir”.
No hay cosa que impacte mas a los corazones que el servicio que la iglesia brinda, como forma de recibir a los nuevos a la vida de la iglesia.
A una familia de escasos recursos de la congregación, le estamos comenzando a construir un segundo piso en la casa con dos dormitorios y un baño.
Cuando le dimos la noticia, ella me comentó que una vez que estuvo en mi casa, paso al baño (el cual es muy sencillo), y le preguntó al Señor, cuando podría tener un baño como este. El Señor uso los brazos de la iglesia para ganar definitivamente el corazón de esta familia. Sus parientes inconversos no pueden creer, algunos prometen convertirse por semejante muestra de amor.
El servicio gana definitivamente el corazón de las personas, aunque algunas en ocasiones respondan con desagradecimiento. Pero esto de ninguna manera nos debería hacernos cesar en el servicio.

6.- Socorro a los afligidos: 

Los momentos de dolor no son los más agradable para estar con otros, somos propensos a ocultarnos y escondernos del dolor, pero cuando estamos al lado del que sufre, son momentos que se graban en el corazón. La hospitalidad también nos debe llevar aplicar la diligencia en ser los primeros que estamos con los que sufren.
En ocasiones hemos salido a la madrugada a buscar a familias, víctimas de la violencia urbana,  y llevarlos a lugares seguros, y sin dudas hemos sentido que estábamos donde Jesús quería que estemos.

7.- Trato distintivo: 

En “Misericordia + Verdad” recalco como Jesús tenía la habilidad de darle el minuto de fama a todo aquel que se acercaba a El.

Hemos tomado la costumbre de nombrar y aplaudir a cada uno de los que vienen por primera vez a la reunión.
Un hermano que hoy es líder de la congregación, en un programa para televisión de testimonio, contó lo que sintió cuando le hicimos parar y lo aplaudimos. Esto le hizo decir: “Nunca me voy a ir de acá”.
Los nuevos deben sentir que si están entre nosotros es porque Dios ha desatado una alocada búsqueda de amor por su persona.
Somos el cuerpo de Cristo, y debemos expresar el amor de Cristo hacia los perdidos. En el círculo de la iglesia deberían sentirse especiales, amados, apreciados, valorados como en ningún otro sitio.
No se trata de facilitar nada, sino simplemente ser expresiones del amor inmenso de Dios por el hombre.
Un muchacho que hoy se ha vuelto atrás y está en el mundo  cada vez que nos encontramos me dice: “Lo que más extraño es el amor de los hermanos” y yo se que en realidad extraña el profundo amor de Dios expresado a través del cuerpo de Cristo.

Dios nos ayude a que los que se topen con nosotros se queden a transitar su vida con la iglesia, o si se van que vayan tristes como el joven rico, porque las demandas del reino son demasiado peso para el,  y no espantados porque somos un grupo impenetrable.
Dios no ayude con su gracia.





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