REFLEXIÓN SOBRE LA IGLESIA ACTUAL Mario Fumero





 Cuantos desearíamos ver una iglesia cristiana acorde con el patrón bíblico, y cuantos buscaríamos ese espíritu de fraternidad, sinceridad, sencillez y humildad que caracterizó a los primeros cristianos. Pero nuestra realidad es otra, la iglesia ha prosperado como estructura, como denominación, y como masa de gente, pero ha menguado en su poder de testimonio, y sobre todo, en su humildad y sencillez. Cuando vemos la realidad predominante en nuestro entorno nos decimos; «¿a dónde irá a parar la iglesia, si Cristo no viene pronto?.» Son fuertes las corrientes modernistas y humanistas que luchan por dominar al teólogo. Son grandes los esfuerzos por trasladar las dinámicas mercantiles del mundo secular, a la vida de la iglesia y su obra evangelizadora, por lo que estamos llegando a una secularización generalizada de la sociedad y a una fuerte influencia mundana en la vida de la Iglesia.

Como “Iglesia” debemos modernizar nuestras técnicas de evangelismo, con esto estoy de acuerdo. Hay que usar todos los medios disponibles a nuestro alcance para llevar el evangelio a todo lugar. La velocidad, la tecnología de la comunicación y la informática deben ser sometidas al Señorío de Cristo para proclamar a todas las naciones la verdad del evangelio, pero no debemos permitir que estos nuevos recursos humanos maten la sencillez que nos queda, y la cual ha ido en un proceso de deterioro en la medida que hemos crecido, prosperado y alcanzado un papel importante en los destinos de muchas naciones.

En mi primer libro hablaba de los peligros que asedian a la iglesia en los últimos tiempos. Ahora quiero detenerme en ese gran peligro que es perder la sencillez, para ser arrastrados por los afanes de este siglo, y adquirir una vida “presuntuosa”, en donde la humildad y la natu-ralidad se pierden. No estoy en contra de los estudios, ni tampoco a que un cristiano aspire a vivir dignamente, prosperando dentro de los parámetros de una correcta bendición de Dios. Lo que no apruebo, y condeno radicalmente, es el afanarnos tanto por saber y tener, que llegamos al punto de hacer de esto un todo, y creernos que por adquirir sabiduría humana y bienes materiales somos y valemos más delante de Dios, cuando en realidad la posibilidad es que sea todo lo contrario. 

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