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LA NECESIDAD DE REVISAR Marcos Moraes

                                   
                                                                 

(Mayo de 2010, Salvador, Bahía)


    Amados, vamos a leer tres textos de la Palabra. 
    Comencemos con Ef. 4:11-14

   “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,  a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,  hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error.”

    Recientemente, un hermano me hizo una observación: En general hemos leído este pasaje hasta el versículo 13. No hemos leído el versículo 14. Y es este versículo el que nos muestra una de las principales razones de aquello de lo que está hablando el apóstol aquí: La preocupación de Pablo sobre la astucia de los hombres, los vientos de doctrina. Era la carga que Pablo tenía al respecto.

   Vamos a leer ahora Judas 3-4:

   “Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos.
   Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo.”

     Por último,  2ª Pedro 1:16-19:

   “Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad.  Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia.
   Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo. Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones”.
    Estos tres pasajes nos muestran  la preocupación, la carga que los apóstoles tenían en cuanto a mantener la verdad en la Iglesia. Ya en aquellos tiempos, en los comienzos, surgieron muchos desvíos. Desvíos que están refutados en las cartas apostólicas. Ellas están llenas de correcciones a causa de las distorsiones que se estaban produciendo.
     En algunas cartas, parece que Pablo está literalmente gimiendo de preocupación. Y esos desvíos eran pequeños en relación a los que existen hoy, pero el corazón de los apóstoles estaba continuamente dedicado a corregirlos. Pablo le reprochaba a la iglesia el hecho de que parecían un grupo de niños agitados por todo viento de doctrina.
       Judas, al final del versículo 4, habla de los que niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo. Pero el contexto nos muestra que esos hombres no estaban hablando contra Jesucristo. Eran hombres que predicaban a Jesucristo y la gracia de Jesucristo, pero transformaban esa gracia en libertinaje. Y Judas está diciendo aquí que al  transformar la gracia de Jesucristo en libertinaje, estaban negando al soberano Señor. No eran hombres que decían que Jesucristo no existe, o que no es el Hijo de Dios. Eran hombres que transformaban en libertinaje la gracia de Dios. Judas dice que negaban al Señor Soberano.
    En el texto que leímos de Pedro, notamos cómo él veía la manifestación de su predicación. Les exhorta respecto a la palabra profética, “a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro”. La palabra del Señor que hemos recibido es una antorcha. Y ella brilla en un lugar tenebroso. Ese lugar oscuro es el mundo, pero también el sistema religioso. El sistema religioso es un lugar tenebroso que se levanta contra la Palabra del Señor.
     Si en aquella época, por los desvíos que comenzaron a aparecer, los apóstoles gemían de tal manera, ¿qué vamos a hacer nosotros? ¿Cómo es la situación hoy? Me quedo imaginando a Pablo hoy. Si Pablo viniese y entrase a una librería evangélica, en donde en un mismo estante, hay dos libros basados en la Biblia (se presupone que para enseñar la verdad), que se contradicen completamente. Y usted tiene que escoger cuál prefiere. Hay cristianitos hoy que leen poco la Biblia y no saben cuál de los dos está en lo cierto. He visto algo peor: hay gente muy querida que ha leído los dos, y le han gustado los dos, y ha defendido los dos, y ¡no ha percibido las diferencias entre lo que uno y otro enseñan! Y se vuelve un lector devoto de un autor, y del otro también, y no percibe las contradicciones que existen en la enseñanza de ellos. Creo que si Pablo entrara a una librería evangélica, haría lo mismo que Jesús hizo en el templo. Sería un incendiario de librerías.
    Nunca hubo tanta mezcla de revelación con mentiras, de santidad con iniquidad, como en este tiempo. La iglesia evangélica de hoy se considera heredera de la Reforma. Y no se da un mínimo trabajo de leer, en su gran mayoría, lo que los reformadores enseñaron. ¿Cómo es heredera de la Reforma? Tomaron la Reforma como una herencia eclesiástica, pero tiraron a la basura gran parte de su enseñanza. La Reforma no revisó todo. Le quedaron muchas cosas por revisar a los reformadores. Pero lo poco o mucho que revisaron, en su gran mayoría, fue arrojado a la basura.
    Voy a decirles más: Aún los que oyen sobre el evangelio del Reino, fácilmente lo mezclan con un evangelio donde el hombre está en el centro. Este evangelio distorsionado está enraizado profundamente en la iglesia de nuestros días. Está entrelazado en la teología, los libros, y hasta en las canciones. Yo a veces digo que el evangelio que se predica hoy está basado en un texto que nunca fue escrito, que dice así: “En el principio era el Hombre, pero el Hombre tuvo muchos problemas y dificultades; entonces se hizo Dios, para resolver los problemas del Hombre”. Muchas veces la Iglesia vive así, detrás de un Dios que viva en función de los problemas del hombre. Humanismo. Se configura cuando el hombre se centraliza y focaliza en sus problemas y necesidades.  Aunque el hombre confíe en Dios para la solución de sus problemas, mientras esté centralizado en sus problemas, está centralizado en sí mismo.  Está centralizado en el hombre.

    El hombre tiene un problema: El pecado, la ofensa a Dios. Y ese problema es resuelto solo cuando Dios ocupa el centro por medio de Jesús. No hay otra solución para ese problema. La única solución es cuando Jesús es entronizado, reinando, en la vida de aquel que le conoció.

   ¿Qué haremos nosotros? Delante de este cuadro, ¿qué nos corresponde hacer? Debemos comenzar, por la gracia  de Dios, a revisar. Pero más que revisar, necesitamos avivamiento. Precisamos tomar un nuevo aliento.  Lanzar fuera aquello que Dios no nos dio.  Respirar hondo, tomar la vitamina celestial, y recomenzar a caminar.

   Menciono cinco cosas que necesitamos:

1-      Revisar lo que el Señor nos reveló como quien examina un tesoro.

      Alguien que nos ve de afuera diciendo esto, puede pensar que hay algo de soberbia: “Consideran que tienen tesoros, verdades, que son mejores que nosotros”. Yo digo que no hay soberbia. Porque gran parte, o la totalidad de lo que creemos  y procuramos vivir, lo hemos recibido de otros. Lo hemos oído revisar a otros. Y a través de ellos escuchamos la voz del Maestro. No hay soberbia. Lo que Dios nos dio es un tesoro que debe ser cuidado.

     Necesitamos tener el coraje, inclusive, de hacer una revisión de forma comparativa.  Una vez me observaron que en mis predicaciones,  hacía uso de muchos contrastes. Yo revisé e hice una pasada por el Nuevo Testamento y me quedé tranquilo, porque Jesús predicaba por contrastes, Pablo predicaba por contrastes. Tenemos que trazar contrastes entre lo que la Palabra de Dios enseña y las mentiras que infestan la Iglesia.

2-   Practicar  2ª Timoteo 2:2

  “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.”  Necesitamos una enseñanza que sea coherente. Que haya una sola enseñanza en la casa de Dios. Necesitamos líderes y discipuladores fieles a la enseñanza. Necesitamos pastores y líderes con  corazones llenos de la enseñanza de Cristo Jesús.  Líderes y discipuladores que no anden gastando horas en conversaciones múltiples. Hablando muchas cosas, bonitas y bíblicas, pero olvidándose de lo central, de lo fundamental, de aquello que realmente produce vidas transformadas. Hombres y mujeres que creen, que abrazan, que guardan, que viven, que transmiten la verdad.

3- Necesitamos ser muy cuidadosos con lo que oímos y leemos.

   Me acuerdo de Iván. El padre era pastor y teólogo. Cuando el padre falleció,  la principal herencia que le dejó fue una biblioteca. Centenas de libros.  Iván oró y en un instante supo qué hacer con esa biblioteca. Tenía los libros en un mueble con llave. Puso llave a la biblioteca y  trató de perder esa llave. Y vivió feliz el resto de su vida porque nunca más la encontró.

   Antes de conocer a Iván, yo creía, en parte, (tal vez totalmente), que para crecer en el entendimiento de las Escrituras tenía que leer muchos libros. Y leía. Después, cuando escuché a Iván decir esto (¡bendito sea el nombre del Señor!), fui a mi biblioteca y tiré el 70% de los libros. Del restante 30%  que sobró, he leído el 10% o menos. No quiero confundir mi mente.

    Tenemos la palabra profética, que es como una antorcha que brilla en un lugar tenebroso. Seguí los pasos de Iván y estoy bastante feliz. Cuando tenemos que tratar con una confusión en la cabeza de un hermano, uno va, habla, y generalmente, por detrás hay un libro que está leyendo.

4- Cuidarnos de los desvíos que vienen directamente del mundo.

  Estos no vienen de la religión. Los valores mundanos. Los conceptos mundanos que van entrando en la Iglesia. Sobre todo, lo que tiene que ver con la educación de los hijos. El materialismo. Las confusiones entre los papeles del hombre y la mujer. Los ídolos de este mundo como el fútbol, la vida entregada a los placeres, y tantos otros ídolos que el mundo ofrece. Porque los pensamientos del mundo contaminan también la fe.

5-  Sobre todo, investigar constantemente si estamos viviendo lo que predicamos.

   La teoría no sirve para nada a los ojos del Señor. Debemos corregir los desvíos prácticos que observamos.  Es la hora en que Dios está levantando un pueblo exclusivamente suyo, celoso de buenas obras. Celoso. Necesitamos celo por la práctica de la verdad dentro de la  Casa de Dios. Tenemos que actuar por el cumplimiento de la doctrina de Cristo, como quien cela por el testimonio de la iglesia. Los desvíos prácticos deshonran y desagradan al Señor. Y muchas veces traen la propia perdición para algunas vidas.

  Ejemplos de las prácticas que debemos corregir:

  • Jóvenes que cuestionan o menosprecian la enseñanza de santidad y pureza que es según Cristo Jesús.


  • Maridos que no asumen su sacerdocio.


  • Esposas que abandonan su papel de ama de casa y madre, sin ser ocasionado  por absoluta necesidad financiera.


  • Padres que son remisos en  aplicar disciplina a sus hijos.


  • Hijos que no obedecen a los padres. Necesitamos de hijos que corrijan a hijos. Nada mejor para corregir a un hijo desobediente que un hijo obediente. Pero no sé si hay entre nosotros la sana cultura de corregirnos en amor.


  • Los que abren su boca para cuestionar la enseñanza. No estamos en una dictadura, pero existe autoridad apostólica y profética en la iglesia del Señor. Es muy normal que alguien no esté de acuerdo con alguna enseñanza. Pero que vaya y hable con la persona que trajo esa enseñanza, y no fuera de ese contexto. Y si al hablar con esa persona, considera que ella está equivocada, y no soporta escuchar ese tema, que busque al presbiterio y exponga sus diferencias. Esto ya se ha hecho, nadie se escandalizó, se aceptó que se haga.


  • Jóvenes que han transformado la comunión de los santos en salidas exclusivas para divertirse y hablar necedades.


  • Hermanos y hermanas que hablan mal de otros hermanos, en lugar de hablar directamente con el hermano involucrado, como el Señor nos enseña.


  • Hermanos que juzgan las intenciones del corazón del hermano.


  • Líderes que actúan por interés, para preservar su propio ministerio. Para eso, a veces toman decisiones que no traen lo mejor a sus discípulos, sino para su propio ministerio.


  • Los hermanos que, atrapados en su materialismo y deseo de enriquecerse, roban al Señor en los diezmos y ofrendas.


  • Los que han sido perjudicados y no perdonan, y aún niegan la reconciliación al que los ha dañado. Son ignorantes, y se engañan a si mismos pensando que alguna vez podrán ver el rostro del Señor, albergando desprecio,  amargura e indiferencia en el corazón.


  • Los que valorizan los “shows evangélicos”, donde chicos y chicas saltan enloquecidos, parecido a lo que vemos en nuestros carnavales. El último  relato que oí, fue de uno  que estaba muy mal. Y un hermano  lo acompañó, pero el que estaba mal, (que ahora está apartado), al otro día estaba dolorido de todo lo que había saltado. Shows en los que los cantantes y músicos veladamente roban la gloria de Dios, pero dicen para justificarse: “no nos aplaudan a nosotros, sino al Señor”, cuando ellos saben que la gente va para eso, y para comprar sus Cds.


  • Necesitamos revisar y corregir todo esto por amor al Señor, a su Santo nombre, por su gloria en la Iglesia, pero también movidos por el santo amor a los hermanos. Que Dios nos dé gracia para avanzar en estos días con estas cosas.

   
   “Señor, derrama sobre nosotros la unción que estaba sobre tus santos apóstoles y profetas. La iglesia no es nuestra, es tuya; no tenemos ninguna verdad, tú eres la verdad. Nos toca a nosotros. Ayúdanos Señor.” vivirla y enseñarla








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