EL SÍNDROME DE PONCIO PILATO Oscar Gómez

 Sanando vicios del discipulado cristiano


“¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte, y que tengo autoridad para crucificarte?                                                                      San Juan 19:10

 Permanente evaluación

 Una de las cosas que trajo el movimiento de renovación espiritual fue la práctica del discipulado cristiano. Jesús en Mateo capitulo 28: 18 al 20 nos envió a hacer discípulos a todas las naciones enseñándoles que guarden todas las cosas que él nos había mandado. Es imposible negar los beneficios de un acercamiento a un hermano mayor en la fe quien a través de su conocimiento y experiencia nos guíe en este camino. Con el paso del tiempo, en el laboratorio de la mente de muchos cristianos se han elaborado cientos de fórmulas distintas acerca de la tarea de hacer discípulos, entre ellas, el llamado “discipulado persona a persona”, “discipulado colectivo o comunitario”, “cursos de discipulado”, “trabajo con mentores”, etc. Algunos más ajustados que otros a las sagradas escrituras.

  No obstante, corremos el riesgo de hacer un énfasis erróneo y desmedido de esta práctica e infectarnos del síndrome de Pilato donde el pensamiento que prevalece hacia aquella persona que está a nuestro cuidado es éste: “No sabéis que tengo autoridad para soltarte y que tengo autoridad para crucificarte?” Cuando esto ocurre el discipulado se convierte en una relación insana. Tenemos que repensar nuestra manera de discipular ¿Por qué no descartar la posibilidad de que no estemos en concordancia con lo que el Padre pretende de nosotros?

Necesitamos renovar los parámetros y conceptos sobre los cuales funciona esta práctica. Esto sucede cuando la comprensión y las experiencias sobre las cuales se fundamenta están sujetas a una permanente evaluación y re-direccionamiento.

Fascinación y algo de encantamiento.

  Fascinar significa atraer, impresionar mucho una persona o a alguien. Admirar exageradamente. Sugestionar, obnubilar, deslumbrar. Se puede dar el caso muy extremo y peligroso que se ejerza una influencia casi imperceptible sobre una vida a tal punto que ésta llegue a quedar bajo un efecto de “encantamiento” hacia su maestro, tal vez sin darnos cuenta. Nuestra única fascinación debe ser la persona del Señor Jesús, por supuesto sin perder el respeto por los mayores en la fe.

 Con mucha modestia sugiero:

1) Que las coyunturas no se tornen ataduras. “…tengo autoridad para soltarte y tengo autoridad para crucificarte”

2) Que la relación no se convierta en algo enfermizo u obsesivo. “¿A mí no me hablas?”

3) Que el discipulado no llegue a ser una nueva modalidad de esclavitud subyacente, encubierta y psicológica.

4) Que los vínculos sean profundos no pesados.

5) Que los obreros del Señor gocen de esa bendita libertad de rever su situación particular y cambiar de cobertura espiritual si es que no funciona la que actualmente tienen. “Estén afirmados en aquella libertad que Cristo Jesús alcanzó para ustedes”  (Versión libre  de Pablo a los Gálatas)

En conclusión

 El Señor Jesús nos invita a una vida plena y en libertad, nos dijo que si el Hijo del Hombre nos libertare seremos verdaderamente libres, que su carga es ligera y su yugo es fácil. Como alguien dijo acertadamente: “La carga que el Señor nos impone no es demoledora, sus mandamientos nos son violentadores, ni psicopatológicos".  Si anhelamos una iglesia de muchos hijos semejantes a Jesús será necesario tener en cuenta la salud psíquica, emocional y espiritual de los hermanos mediante una relación que sane, que trate y actúe en la vida en comunidad.



























































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